01.
— Quiero que me pise la cara.
Kaminari comenzó a toser ante la repentina oración que su compañero de trabajo le acaba de pronunciar. Bakugo lo miró con desprecio por un segundo y luego su mirada se giró hacia su gerente, Kirishima.
El pelirrojo estaba muy bien vestido, con camisa de botones y manga larga, que le hacia resaltar sus brazos y el cabello rojizo recogido en una pequeña coleta algo rebelde por supuesto. Bakugo estaba babeando con la imagen de él en su oficina, verificando quién sabe qué en el computador.
Mientras que él, tenía ese tonto uniforme de dulcero en cine, con una escoba en mano, barriendo los restos de palomitas pisados en el suelo. Kaminari a su lado, acomodando la mercancía recién llegada.
— A decir verdad, no esperé que dijeras eso en voz alta. — Dijo Kaminari.
— Lo dije para mi, tú eres un entrometido que escuchas lo que no debes. — le barrió los pies. Kaminari se quejó. — Pero yo no tengo nada qué ocultar y sigo queriendo que me pise la cara.
Bakugo dejó de barrer y comenzó atender clientes. Trabajar en un cine no era complicado, mucho menos en el que le tocó. Era un cine pequeño; los empleados se podían contar con los dedos de una mano y solamente un gerente que se ocupaba de todo. Dicho gerente era Kirishima, si. El mismo que quería que le pisara la cara.
Bakugo observaba a Kirishima desde la distancia, su mente repleta de pensamientos sin ningún orden en específico. Cada movimiento de Kirishima parecía magnificar su atractivo a los ojos de Bakugo. Se preguntaba si alguna vez notaría la intensidad de su mirada o si solamente sería otro empleado más.
Lo quería. Quería estar con él. Le parecía totalmente espectacular ver a Kirishima Eijiro todo el día, dándole órdenes y señalándolo con un dedo cuándo lo regañaba. Le era fascinante, alteraba todos sus nervios. Su vista iba de vuelta hacia Kirishima, quién se arremangaba su camisa y parecía sudoroso. Bakugo tuvo un corto circuito interno.
Kaminari volvió a acercarse a Bakugo y le tocó el hombro antes de hablar. — Cierra la boca, estás babeando.
— No te metas en mis asuntos, tonto de mierda.
Kaminari comenzó a reír y dejó a Bakugo a un lado. Él le hubiera golpeado la cara cómo mínimo, pero Bakugo estaba tan concentrado viendo a Kirishima que no tuvo tiempo de preocuparse por su compañero.
Sintió su cara caliente cuando Kirishima lo miró y sonrió. Definitivamente, Bakugo debía estar obsesionado con ese hombre.








