Capitulo 1
Pasos... uno tras otro resonando a lo largo de un pasillo acompañados por otro par. Dos personas, un hombre Omega y una mujer aparentemente Beta, caminaban imponiendo con su sola presencia y siendo observados por aquellos que pasarán a su lado reconociendo lo que estos eran realmente. A diferencia de lo que muchos conocían de las castas, aquel joven adulto no era lo que muchos llamaban un “Omega convencional” gracias a aquella mirada verde penetrante y esa compostura firme y dura que solo te indicaban una cosa: “muévete”.
Toda esa caminata solo duraron algunos minutos antes de detenerse en una puerta, la chica preparo su tableta la cuál cargaba todos los datos e informes para aquella importante reunión de lideres mientras que él cerraba sus ojos relajándose y dejando escapar un leve suspiro.
-No pierdas compostura...-
Susurró para si mismo de forma tranquila y cálida para posteriormente abrir aquella puerta enfrentando de frente lo que llegara.
La vida era dura y más para un huérfano, sin nadie a quien acudir cuando te sintieras roto... sin alguien que te abrazara y te dijera que todo estaría bien sin importar que tanto caos se hiciera presente. La soledad golpeaba fuertemente las puertas de todos y era el destino (o la muerte misma) que la permitía entrar a la vida de alguien siendo este caso el de un joven Omega.
Toda su vida ahora parecía un sueño lejano con dos amorosos padres que se esfumaron como cenizas. Todavía recordaba a la perfección esa escena como si hubiera pasado hace solo semanas: Una noche estrellada siendo iluminada por las llamas de un bosque marchitándose, una manada de grandes bestias rugiendo y proclamando su recompensa y varias personas huyendo por sus vidas al verse derrotadas por la fuerza que anteriormente crearon. Entre ellos se encontraba un pequeño niño de no más de 11 años que fue enviado a investigar junto con otros chicos acompañados por sus mentores.
“Se suponía que solo era una misión de reconocimiento”
“Se suponía que solo iban a estudiar a las bestias”
Era lo que el pequeño cachorro escuchaba en su cabeza mientras rezaba entre lágrimas poder salir con vida. Estaba rodeado de personas esperanzadas de poder sobrevivir en medio del desastre pero aún así para él se sentía un momento solitario, se sentía como un inútil al no poder hacer nada al respecto, no pudo tan siquiera ser valiente y ayudar a sus padres a pesar de su negativa. Se sentía como alguien débil o mejor dicho...era un inútil y un cobarde!
Era un simple y estúpido Omega!
-Abel!-
El chico rápidamente abrió sus ojos al escuchar como era llamado, logro recomponerse mientras se sentaba con cuidado y daba pequeñas palmadas en sus mejillas tratando de despertarse del todo percatándose de la humedad de estás...había llorado de nuevo
-¿Estás bien, chico esmeralda?-Volvió a hablar aquella voz. Abel rápidamente volteo percatándose de que era uno de sus amigos de la academia llamado Agni: un joven chico de su edad con cabellos rojizos y ojos café claros, optimista ante las cosas que lo rodeaban cosa que era un gran desahogo para el propio Abel. El castaño asintió en silencio sin querer revelar que todavía sentía aquel horroroso olor a azufre dentro de su nariz, tal vez pudo haber sido curado físicamente pero dentro de su cabeza todavía existía heridas aún abiertas gracias a ese doloroso recuerdo.
Pudo haber regresado a la cama de no ser por una voz femenina a lo lejos la cuál pedía que los infantes despertarán haciendo recordar en donde se encontraban ambos. Desde el accidente, ambos niños fueron a parar a la casa de una mujer Beta de no más de 30 años, hermosa y cálida de hermosos ojos brillantes cual estrellas que con el corazón roto por la historia de Abel y Agni decidió “adoptarlos” temporalmente
-Juro que si vuelve a preparar esos panqueques quemados, me largo de está casa está noche...-Susurró el Omega frustrado provocándole una risa al contrario
-Vamos! No son tan malos realmente -Respondió el joven pelirrojo mientras se bajaba de las escaleras de la litera -Si le pones una gran dosis de jarabe no sabe tan mal-
Abel lo observo desde lo alto en su cama estando algo pensativo siendo así que al poco tiempo se arrastro hacia las escaleras para bajar sintiendo el frio piso en sus pies cuando llego al suelo, tomo una gran bocanada de aire relajándose aunque al final fue sorprendido cuando fue cubierto por su toalla misma la cual fue lanzada hacia él. No tenia que ser un genio para saber que era obra de Agni con aquellos juegos pesados de los que estaba acostumbrado
Una vez que se quito la toalla de la cara pudo percatarse de como el pelirrojo, caminaba rápidamente al baño.
-Agni! No te acabes el agua caliente!-Pidió frunciendo el seño ligeramente
-No prometo nada, sabes que me gusta los baños muy largos-respondió el otro chico alargando la "u" en tono burlón para dejar más en claro sus palabras mientras que el baño fue ocupado por él. Abel solos se limito a extender su toalla y doblarla dejándola finalmente en la cama de su amigo.
Estaba a nada de sentarse en ese mismo lugar sin embargo fue detenido por su cuidadora quien se asomo con una sonrisa curiosa de la razón de por que el mas joven estaba solo, miro a aquella puerta de donde salía aquel ruido de gotas cayendo seguido de un leve vapor por lo que regreso su mirada al joven omega
-llegaras tarde otra vez ¿No quieres ducharte en mi baño?-
-No quiero ser ninguna molestia para usted- Bajo la mirada apenado sin embargo ella negó dejando ver una hermosa sonrisa
-Abel, llevas casi un año viviendo conmigo, no es ninguna molestia- Revolvió el pelo del joven omega mientras este cerraba sus ojos sintiendo aquel movimiento por un par de minutos hasta que finalmente se detuvo por lo que levanto la mirada para verla-No te retrases, prepare fruta picada-
Observo a aquella mujer retirarse por lo que decidió seguirla llegando al cuarto de la dueña de la casa en cuestión de algunos minutos y así encerrarse en el baño teniendo cuidado de no ver algo indebido personal de la dama. Toda la habitación estaba adornada por un color azul pastel al igual que el olor a rosas y fragancias dulces inundaban todo el lugar.
Decidió explorar un poco de donde exactamente venia aquel olor particular encontrándose con un bote de shampoo de color blanco con detalles dorado en un cajón de madera, giro su cabeza a ambos lados en busca de otro jabón que pudiera darle otro olor mas...“Normal”, sin embargo la respuesta fue negativa
-Maldición...-Susurro rendido dejando dicho bote arriba de aquel cajón de madera, dejo a su lado la toalla y prosiguió a quitarse su pijama. Su cuerpo estaba lleno de pequeñas cicatrices producto de sus entrenamientos con su mentor, si bien este le decía que no debía de avergonzarse de estas ya que demostraba lo bien que iba en su progreso, quería simplemente ignorar que estaban ahí o colocarse un poco de maquillaje para imaginar que esas heridas jamás ocurrieron, después de todo, su madre las desaprobaría si todavía estuviera con él
Se miro al espejo por unos minutos en busca de alguna cicatriz o moretón pero no había nada, solo él y su mirada “seria” aún más marcada por sus ojos color verde esmeralda y su pelo castaño el cual comenzaba a ponerse largo, se sintió ligeramente incómodo pero decidió encargarse de ello regresando de su largo día
Una vez listo se metió a la ducha y dejo salir aquella agua tibia haciendo que su cuerpo se deshiciera de las tenciones de su pesadilla anterior, lo necesitaría si quería sobrevivir un día más
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-Que tengan un buen día! Recuerden que hoy preparare estofado de res como tanto les gusta!-Grito la mujer viendo a sus dos muchachos irse, Agni le devolvió aquella despedida con un movimiento de manos mientras que Abel solo se abrigo un poco mas temblando. El pelirrojo lo miro curioso.
-¿Abel? ¿Tienes frio?-pregunto de forma inocente
-Honestamente si...-contesto apegándose a su amigo haciendo que este lo abrazara mientras seguían caminando hacia su destino.
El silencio reino entre ellos por unos segundos siendo cuando Agni abrió la boca para hablar de forma burlesca el que Abel lo callo -Ya lo se ,Agni - Murmuro malhumorado provocándole una leve risita al de mayor altura -No me gusta demostrar cariño siempre pero esta es una ocasión especial, no hace falta que me lo restriegues-
La fortaleza, una gran ciudad protegida por grandes muros que los rodeaban para evitar el ataqué de criaturas fieras mismas que se escondían y vivían en el exterior, donde los frondosos árboles cubrían el cielo cuando te adentrabas al bosque, era hermoso pero sumamente peligroso si alguien sin experiencia decidía tener algo de aventura .La vida en la fortaleza era simplemente apagada y con tonalidades grises la mayoría del tiempo en las madrugadas pues ¿Quién saldría a esa hora con ese frío horroroso?... obviamente los pertenecientes a los rangos y sus novatos siendo nuestros dos pequeños niños que (estando bastante abrigados) paseaban por las calles
“Bienvenidos sean todos a TERRANOVA, la tierra donde todos tendremos una nueva vida, esta fortaleza está hecha con el fin de tener a todos sus habitantes de todas las especies y castas a salvo...”
Y así empezó el mismo mensaje rutinario de las mañanas, siempre a la misma hora en casi todas las grandes pantallas que habían en algunos edificios, se reproducía el mismo video con el mismo viejo que en algún momento fue el primer líder del lugar y que ahora mismo estaba enterrado muerto después de liderar 50 largos años, obviamente líderes lo sucedieron continuando con su legado pues nadie era inmortal. Ambos niños detuvieron su andar para mirar la pantalla y su mensaje, un ritual que hacían para tratar de motivarse ellos mismos (o al menos un intento de ello)
“Este lugar tiene las mejores comodidades para todos, desde un lugar cómodo para dormir, un lugar para curar heridas o enfermedades entre otras cosas y por supuesto la mejor seguridad en la palma de tu mano.”
“Contamos con nuestros rangos principales!:”
“Recolectores- Los buscadores de comida”
“Protectores- La confiable policía”
“Exploradores- Los creadores de rutas”
“Curadores- Los médicos bien entrenados”
“Cazadores-Los limpiadores del bosque”
-Mira Abel! Somos nosotros!-Grito Agni emocionado al ver las imágenes representativas de los cazadores, lo que ambos querían ser o al menos lo que eso Abel creía ciegamente
A continuación comenzó a sonar el himno de la fortaleza que Agni comenzó a entonar gustoso mientras por su parte Abel solo observaba el vídeo algo... pensativo. La grabación mostraba a varias personas, hombres y mujeres, difícil de describir si eran androides o humanos (por que claro, la humanidad no podía quedarse quieta con la robótica) y de ser así todavía quedaría la pregunta si eran Alfas, betas o omegas. Esa observación podría parecer algo estúpida para cualquier persona pues ¿Quién se fijaría en esos detalles tan detenidamente? pero... lo que muchos olvidaban era el como tu casta definía el papel que jugarías en la sociedad
-¿Recuerdas el día del juramento?-Soltó Abel después de unos minutos sin apartar la mirada de la pantalla haciendo que Agni volteara a verlo extrañado pero simplemente asintió
-Claro que lo recuerdo!-Sonrió ligeramente para posteriormente ponerse en una postura firme y levantar su mano derecha-Juro solemnemente ante la academia que voy a fortalecerme y así proteger mi hogar sin importar las consecuencias, ¿Por qué?-Ladeo la cabeza curioso mientras que Abel negó con un movimiento de cabeza
-Me refiero al lugar...estábamos rodeados de un montón de personas que parecían peligrosas y fieras, parecía que nos juzgaban o más bien...analizando a su presa-Hablo mientras tomaba con una de sus manos una de las correas de su mochila la cuál reposaba en un costado suyo esperando alguna respuesta. No obstante solo recibió risas haciéndolo estremecerse avergonzado.
-¿Por qué preguntas eso? A eso se dedican ellos-Continúo con aquella pequeña risa por unos segundos más parando al percatarse de la mirada de Abel, por momentos olvidaba lo mucho que había cambiado su amigo desde su perdida y lo que menos deseaba era hacerlo sentir peor -¿Abel?, no quise burlarme, solo...-
No pudo terminar de hablar al ver cómo este se recomponía rápidamente, orgulloso por no aceptar aquella muestra de debilidad -Estoy bien!-.gruño de forma inconsciente haciendo que su amigo retrocediera simplemente continuando su caminar en silencio siendo seguido por el chico quien decidió dejarlo tranquilo y que se recuperará
Pertenecer a los famosos rangos te daban estatus pues literalmente ayudabas a que todo avanzara y prosperara, era lo que todo niño quería ser cuando creciera, ¿No? ¿Qué niño no quisiera vivir aventuras todos los días o ser recordado por su labor? bueno, ese fue el caso de Abel. Las escuelas en esta sociedad nueva eran un caso serio y ridículo a cierto punto siendo lo básico y las “grandes” cosas que podrías hacer en los famoso rangos lo único que llegaban a enseñar para que posteriormente a la edad de 10 años te entrenarán como un soldado o lo que sea a lo quisieras meterte, aunque claro, habían excepciones en donde al no tener rango o incluso ser expulsado de uno en un futuro podrías dedicarte a lo que tu quisieras, después de todo la sociedad todavía necesitaba entretenimientos o ayuda de cualquier tipo
Cada una de las facciones tenía un centro el cuál todos llegaban a reunirse además de estar en una zona estratégica siendo algo similar a la “Rosa de los vientos” para que logrará prosperar con existo, comúnmente la zona de los guerreros cazadores estaba en la entrada de la fortaleza, donde si hubiera un ataqué de bestias o criaturas, los primeros en llegar a proteger a las personas fueran ellos
-Collins!-.
Dijo una voz masculina hacia los recién ingresados haciendo que estos se detuvieran y dirigieran su mirada a aquel hombre notándose a Abel algo desorientado al divagar mucho tiempo entre sus pensamientos
"¿En que momento habían llegado tan rápido?"
Pensaba para él mismo para posteriormente levantar su vida a aquel hombre. La experiencia hablaba por si sola con tan solo ver las cicatrices que esté portaba con orgullo en el rostro y el como se contaba con impresión el como fueron hechas cuando cumplió su primera misión al matar a una bestia
-¿Si, maestro?-
-Llegas nuevamente tarde, se supone que deberíamos estar ya en camino a patrullar el bosque-.
El joven chico abrió su boca para responder ,sin embargo, Agni rápidamente dio un paso quedando al frente de su amigo en una forma protectora pues sabía que se vendría algún castigó duro para el de ojos verdes
-Señor, fue mi culpa sobre nuestro retraso! Nos desviamos de nuestro camino por qué quería ver unas cosas, Abel quería irse pero le obligue a qué se quedará conmigo-Dijo Agni portando una mirada que podía reflejarse su preocupación por su amigo cosa que Abel quería que dejará de hacer pues no era correcto que esté arriesgara su pellejo por él
-¿Eso es cierto, Abel?-.Pregunto el del mayor edad haciendo que el pequeño Omega y su amigo intercambiaran una mirada tratando de decidir que hacer, sin embargo, al ver la mirada decidida del contrario hizo que dejará escapar un leve suspiro resignado. Cerro sus ojos y asintió regresando su mirada a su mentor
-Hey! ¿Cómo estás, pequeño Lobezno? ¿Estás listo para la misión de hoy?-La voz de un chico más joven se unió a la conversación dirigiéndose exclusivamente a Agni notandose el positivismo en su tono, bastante contrario al otro cazador experimentado.
-Es mejor que mantengas a tu aprendiz lejos del mío, siempre es lo mismo con él-comenzó a regañar el mayor de los presentes-Es una mala influencia para mi chico-
-Deja de verlo como un robot, Gerald! Olvidas que es solo un niño, un niño debe jugar y divertirse...-
Y así ambos adultos comenzaron a discutir haciendo que Abel bajara la mirada algo desanimado sintiéndose culpable de que había causado dicho conflicto. Agni por su parte pudo entender lo que sucedía o al menos lo que ocurría en su mente por lo que intento reconfortarlo al llevar su mano a su hombro pero aquella voz ronca hizo que la apartará rápidamente y retrocediera intimidado
-Collins! Vámonos!-
-Si, maestro...-Susurró dirigiendo su mirada hacia Agni-Nos vemos en el comedor común-. Y así, se retiró mientras se acomodaba su mochila
Agni se quedo quieto viendo al chico irse con aquel hombre deseando poder acompañarlo pero sabía que no podía, no quería ser una carga más-Adiós... -se limito a decir levantando levemente su mano y moviéndola de lado a lado despidiéndose.