Capítulo 1
Aclaración: Este one-shot participa en el desafío semanal de songfics del Club de Lectura de Fanfiction, en Facebook.
Inspiración: Kilómetros, Sin banderas.
Observó la hora en su celular y con pesadez suspiró, pues era de madrugada en su ciudad natal; mientras que, donde él se encontraba eran apenas las dos de la tarde.
Una diferencia abismal, ya que trece horas lo separaban de alguien especial. Un ser verdaderamente importante.
—Chifuyu, me voy a adelantar. Tengo que pasar por la biblioteca a recoger unos libros —le dijo su compañero, con quien compartía dormitorio en el campus de estudio—. Te veo en el salón, no llegues tarde.
—No te preocupes, no lo haré —musitó, escuchando cómo la puerta del dormitorio se cerró. Dejándolo solo en la habitación. Matsuno se sentó en su cama, cuando cogió del escritorio un portarretrato que ostentaba una fotografía muy significativa. Una imagen que amó y contempló como lo más sagrado que una vez poseyó—. Te extraño…
Chifuyu llevó el portarretrato a su pecho y con fuerza lo abrazó, mientras evocó momentos llenos de felicidad, dicha y amor. Muchísimo amor, pues la pasión se desbordaba cada vez que ellos se encontraban.
Esta florecía cada vez que se amaban.
Matsuno sintió cómo su cuerpo se estremeció y por inercia una de sus mejillas se tocó. Su pómulo ardió; así como lo hizo su corazón, pues pensar en él lo llevó a una dimensión que no conocía el autocontrol.
Solo los delirios de la pasión.
El joven despegó la fotografía de su pecho y con suavidad la acarició. Como si se tratara del más delicado lienzo que una vez admiró. Él suspiró y se eclipsó; así que, se sumergió en una burbuja en la que fluyó todo su amor. Absorto por la calidez que experimentó, hasta que, su celular sonó.
Sacándolo del mundo de ensueño que creó.
Chifuyu ni siquiera se preocupó en ver el nombre de la persona que lo llamó; así que, simplemente contestó. Algo molesto porque esa llamada lo regresó a la realidad de encontrarse tan lejos del chico que le robó la razón.
»—Diga, ¿qué necesita? —inquirió irritado, olvidando por completo los modales que tanto lo habían caracterizado.
—No sé quién te hizo enojar, pero ten por seguro que lo haré pagar. Así tenga que tomar un avión hasta Nueva York solo para dejarle en claro que nadie te debe fastidiar.
—Ba-Baji… —balbuceó, sorprendido de que fuese él quién lo llamó—. Baji…
—Hola, gatito. ¿Cómo estás? —preguntó, acentuando la voz. Haciéndolo temblar con solo escuchar la sensualidad con la que pronunció su seudónimo—. Aunque por cómo me contestaste, supongo que estás molesto. ¿Me quieres contar qué fue lo que te enfadó?
—Ba-Baji, bueno, es que yo… —No sabía ni qué decir, pues sería ridículo decirle que se enfadó con él porque lo sacó del sueño que tenía con él, sin saber que quién lo llamaba era él. Un completo enredo era su cabeza en ese instante—. Estaba viendo una de nuestras fotografías y, pues… recordé nuestros momentos juntos; entonces —suspiró, Chifuyu no podía mentir ni quería mentir—, como me interrumpieron mis pensamientos me enojé, pero Baji, yo no sabía que eras tú. Perdóname.
Keisuke sonrió al otro lado del mundo, pues se lo imaginó sonrojado contándole lo que pasó, ya que para él sus momentos juntos eran demasiado importantes. Así como lo eran para Baji; por ello, lo entendía perfectamente.
Estar separados, conectados únicamente por el celular era un sacrificio enorme. Una prueba a superar que los hizo aferrarse aún más el uno al otro. Ellos se amaban más que al aire que precisaban. Por ello, se apoyaban y se motivaban a alcanzar sus sueños.
Baji alentó a su novio a aceptar la beca que se ganó como estudiante de intercambio por un año. Chifuyu era un genio en potencia; así que, la universidad lo premió pagando sus estudios en el extranjero; no obstante, este anhelo lo alejaría por un tiempo del dueño de su corazón. Obligándolos a estar separados por mucho tiempo.
Matsuno no sabía qué debía hacer. Por un lado estaban sus sueños y por el otro el amor de su vida. La decisión no era fácil, pues debía sacrificar algo muy importante. No obstante, Baji comprendió que su amor no debía ser la razón por la que su pareja abandonara un sueño por el que tanto luchó. Así que, él mismo lo convenció de que se fuera a cumplir sus deseos.
Desde ese momento su vida cambió, pues un avión lo separó de lo que más adoró. Sin embargo, ellos encontraron una solución para que esa diferencia de horarios no fuese un factor que los mantuviera aún más alejados. Así que, organizaron sus horarios para hablarse y verse por videollamada. Incluso tenían una hora especial en el que su intimidad podía seguir creciendo aun en la distancia.
Su entrega era total y su amor un sello ancestral. Un alma que los unió y los convirtió en uno solo para la eternidad.
—Disculpa, no era mi intención interrumpirte cuando piensas en mí, pero no podía esperar a que amaneciera para escuchar tu voz. Te amo demasiado.
—También te amo, Baji —sonrió, sintiendo un fuerte latido en su corazón—. Tú puedes llamarme cuando lo desees, es solo que por la hora, creí que estarías durmiendo.
—Lo estaba, pero me desperté a tomar agua. Vi la hora y recordé que tienes unos minutos después del almuerzo; así que, en lugar de dormir, mejor te llamé —confesó. Baji tenía todos los horarios de su pareja tatuados en la mente, pues para él no importaba si ahí era de día o de noche, él lo único que quería era estar con el amor de su vida. Así fuese por el teléfono—. Te extraño, mi cama te extraña, todo aquí te extraña, pero me siento tan orgulloso de ti que estoy seguro que estos cuatro meses que faltan se irán muy rápido.
—Mi amor, también te extraño. Me haces mucha falta —musitó, mientras acariciaba la fotografía que tenía a su lado—. Pero te prometo que pronto estaremos juntos. Gracias por todo lo que haces por mí, Baji.
—Los kilómetros que nos separan son simples números que no pueden dimensionar lo grande que es nuestro amor —le dijo, exponiendo lo que sentía su corazón—. Te siento aquí, Chifuyu —señaló para él mismo su pecho—, tan cerca; aunque estés tan lejos.
—Baji…
Matsuno hubiese querido meterse en el teléfono rompiendo las leyes de la física para lanzarse a sus brazos. Lo amaba, lo extrañaba, lo adoraba, ¡Dios! ¡Cuánto lo anhelaba! Su único deseo era estar acunado en su regazo, mientras sus manos lo acariciaban y le recordaban cuando lo amaba. Esa distancia lo estaba matando, pero faltaba poco. Ya solo quedaban unos cuantos meses para estar a su lado.
—Gatito…
—Dime, mi amor.
—Te amo —susurró como en un pequeño bostezo, intentando disimular que le había regresado el sueño. Y es que, cómo no le iba a dar sueño si en Japón eran las tres de la mañana—. Te amo.
—Baji, ve a dormir. No quiero que te sigas desvelando —le pidió, consciente de que su pareja se levantaba muy temprano a entrenar la disciplina que practicaba—. Yo debo volver a clases y tú a la cama.
—Lo que quiero es tenerte en mi cama. Metido en mis brazos.
—Es lo que más deseo, mi amor —musitó, recordando lo poco que faltaba para cumplir ese anhelo—. Quiero dormir en tus brazos.
—Es que no vas a… a dormir —balbuceó—. No te voy a dejar.
—Baji, puedes hacer conmigo lo que quieras, pero ahora debes ir a dormir, ¿sí? Pronto amanecerá y podremos hablar más tranquilos.
—En nuestra hora especial.
—Sí, mi amor, en nuestra hora especial. Ahora ve a descansar.
—Lo haré, pero Chifuyu…
—Dime.
—Te amo. Te amo, gatito.
—Y yo a ti, mi amor. Te amo demasiado.
Chifuyu cortó la llamada, dejando a un lado el celular para volver a contemplar la fotografía que tenía a su lado. Aquella imagen que lo hacía suspirar, pues fue un bello recuerdo de un momento especial.
Matsuno suspiró, formando una pequeña sonrisa en sus labios; ya que una vez más comprobó que ni la distancia ni el tiempo son impedimentos para su amor.
Porque todo es perfecto cuando se sienten tan cerca; aunque estén tan lejos…
Fin.