CAPÍTULO 1
Fue el sábado 12 de febrero del 2005 que Alai se manifestó, no como alfa ni como omega, mucho peor aún, como un omega recesivo, probablemente nunca en su vida olvidaría esa fecha, ya que fue uno de los peores días de su vida.
A veces pensaba que si se hubiera manifestado por lo menos como un omega común y corriente su vida no hubiera sido tan problemática.
El asunto era que la noticia fue inesperada, ese día por la mañana, Alai se despertó como cualquier otro día, se dio un baño y fue a la cocina, donde su madre preparaba el desayuno como todas las mañanas y luego, de un momento a otro, recordaba vagamente un intenso dolor en su vientre, su cuerpo golpeando el frio piso y luego oscuridad.
Para cuando volvió a abrir los ojos, traía puesta una bata y estaba recostado en una cama con sabanas azules que solo se verían en un hospital, había una intravenosa en su brazo, además, el dolor en su vientre aún no se había ido, a diferencia de antes, era un dolor persistente.
Poco después el medico llego junto a su madre, él les explico a ambos que lo que había ocurrido no fue nada grave ni de otro mundo, solo fue la manifestación de Alai como un omega recesivo.
Al escuchar esto, tanto su madre como él se quedaron atónitos.
El problema no era que se había manifestado, si no que, cuando Alai fue llevado al médico cuando era pequeño para descubrir su segundo sexo, el medico de aquel entonces les había asegurado que Alai sería un beta.
Eso fue lo que los tenía confundidos, luego de explicarle esto al doctor, él solo sonrió y dijo con los hombros encogidos.
"Eso suele pasar, los diagnósticos a veces son incorrectos."
Al principio, tanto él como su Madre solo se sintieron desconcertados durante un tiempo gracias a la noticia, era algo que ellos nunca hubieran esperado.
Tanto ella como Alai nunca lo hubieran imaginado ni en un millón de años, ¿Alai como un omega? Sí, esto era totalmente inesperado.
Y al nunca esperar esto, el primer año para Alai como un omega recesivo fue totalmente una tortura, su mente nunca se había preparado para algo como lo fue el celo durante los siguientes meses, nunca se informó ni mucho menos mentalizo de que era ser un omega, ni todo el dolor que se llegaba a sufrir al serlo.
Recordaba muy bien el día de su tercer celo, ese había sido el peor hasta ese momento, al ser un omega recesivo implicaba que los cólicos eran más fuertes que los que sufriría un omega común, algo que Alai recordaría toda su vida era cómo se aferraba a los brazos de su madre mientras ella lo consolaba, él le dijo que lo sentía mucho.
Nunca se había puesto a pensar en el dolor que pasaba su madre mientras ella tenía sus celos, el pensar que eran iguales a los suyos lo hacía sentir mal, ya que algunas veces pensaba que su madre exageraba cuando decía que mejor faltaría al trabajo por el dolor.
Uno de los recuerdos inolvidables que tenía con su madre fue un día durante sus vacaciones de verano del segundo año de secundaria, él bajo de su habitación y se dirigió a la cocina en busca de algo que redujera el calor que sentía, al no encontrar nada fue hasta donde su madre se encontraba.
En ese momento, ella se encontraba cociendo unas prendas con su máquina
de coser, por otro lado, Alai recordaba con claridad que en ese entonces el traía puesta una camisa de resaque que se pegaba a su cuerpo, junto con unos pantalones que le llegaban debajo de las rodillas.
Él se paró en la puerta y dijo con una sonrisa algo traviesa. —Mamá, ¿me das dinero para comprar helado en la tienda?
Su madre solo levanto su vista y se quedó pasmada durante uno segundos, al notar su reacción Alai ladeo su cabeza confundido y le pregunto qué era lo que pasaba, ella apago su máquina de coser y acomodo sus anteojos, se puso de pie mientras se los quitaba y luego cubrió su rostro mientras sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas, Alai solo se mantuvo confundido hasta que su madre se paró frente a él y tomo sus manos con una gran sonrisa y mejillas sonrojadas.
—Mi niño, tu cuerpo comienza a tener curvas. —Dijo ella mientras una lagrima caía por su mejilla, Alai solo frunció el ceño al escuchar a su madre decir esto, ella lo abrazo fuertemente y dijo con gran sentimiento. —¡No! ¡No puedo asimilarlo! ¡Alai no crezcas más! ¡No quiero que ningún alfa te vea y piense que eres bonito, para que luego me abandones solo para irte con él y hacer una vida lejos de mí!
En ese momento Alai solo rio, fue más tarde antes de dormir que recordó las palabras de su madre, se puso de pie y se miró al espejo, y era tal y como lo menciono ella, la cintura de Alai era pequeña y sus caderas podían sobresalir, haciendo su cuerpo el de un omega sin duda alguna. Al ver esto el Alai de catorce años solo abrió sus ojos de par en par para luego abrazarse a sí mismo.
Al día siguiente su madre rio sin parar durante más de quince minutos al ver a su hijo cubierto de pies a cabeza con todo tipo de ropa incluyendo ropa de invierno, ella solo sonrío mientras decía "Estamos a casi treinta grados, quítate eso"
Sin duda algunos los momentos con su madre siempre fueron los más hermosos y felices de su vida, tomando en cuenta que su vida siempre estuvo llena de tragedias, esto no era una exageración.
Alai suspiró mientras miraba el nombre "Danae Johnson" en la lápida de piedra.
Las flores dejadas por él y los conocidos de su madre que muy apenas se preocupaban por ella ya se encontraban marchitas luego de casi una semana junto a la lápida.
El frio del otoño llegando a la ciudad, el color grisáceo en las nubes y la humedad en el aire solo hacían de esta despedida mucho más deprimente de lo que ya era.
Alai dejo una última flor blanca sobre la tierra húmeda del lugar donde había sido enterrado el ataúd donde ahora descansaba su madre. La leve energía brillante en el suelo solo indicaba que la mujer bajo tierra se desvanecía poco a poco de este mundo por completo.
Sí, energías, a veces Alai pensaba que estaba embrujado o algo parecido, a diferencia de él su madre creía que había sido bendecido. Al ser un omega recesivo Alai no podía oler ni mucho menos sentir feromonas, ni de omegas, ni de alfas.
Pero para su mala suerte, desde su punto de vista, desde pequeño Alai podía sentir energías, energías que podían decirle muchas cosas sobre las personas a su alrededor. Estas energías que Alai podía ver también podrían interpretarse como "vibras", las mismas que puedes llegar a tener cuando te acercas mucho a un callejón oscuro y sin salida, sin duda alguna ese callejón te daría un mal presentimiento.
O cuando te acercas a una persona de la cual todos confían, pero a ti no te parece igual que a ellos. Bueno, Alai a diferencia de la mayoría, puede sentir esas "energías" mucho más fuertes y en manifestaciones. Algo así como sentir a un fantasma, que técnicamente él no puede verlos, solo siente la presencia, la cual se manifiesta como la energía ya mencionada.
Estás energías las podía observar en cualquier persona, ya sean omegas, alfas o betas, también lo ayudaban mucho a diferenciarlos.
Alai diferenciaba las energías por sus tonalidades, ya que por lo general son de un parecido al humo. Las buenas energías se manifiestan con colores claros, mientras que las malas con colores feos y oscuros, aunque algunas veces podía estar mezclados, lo cual podría significar muchas cosas.
La de su madre siempre fue de un color dorado brillante con algunos tonos de blanco, lo que significaba que ella fue una gran mujer pura y amable sin maldad alguna en su corazón.
La extrañaría demasiado.
Siempre fueron ellos dos contra el mundo desde que su padre murió cuando él tenía tan solo seis años. Para ser sincero no recordaba mucho a su padre, solo tenía una vaga imagen mental de su rostro que había podido mantener hasta ahora gracias a las fotografías que aún conservaba con él.
—Alai cariño, hora de irnos.
La vieja, pero aun viva voz de su abuela Cloe lo saco de sus pensamientos con rapidez, él se giró levemente para mirarla.
Ella se mantenía observándolo con paciencia y una pequeña sonrisa triste. Su rostro se veía cansado al igual que el suyo, claro, después de todo ella perdió a su hija.
Sin duda alguna su abuela hubiera preferido ser sepultada por su hija, en lugar de que fuera al revés. Trágicamente esto no ocurrió así.
Alai suspiró y miro por última vez la tumba de su madre, lo más probable es que no la vería en cierto tiempo.
Sobre la tierra húmeda de la lápida aun podía notarse la energía de su madre aferrándose a este mundo, por desgracia, solo bastaron unos segundos para que se desvaneciera por completo.
—Adiós, mamá. —Murmuro Alai mientras cerraba los ojos con cansancio, podía sentir como esta energía ya había desaparecido por completo, solo quedaban los rastros de que ella había existido, respirado y caminado en este mundo, pero ya no estaba aquí.
Quería llorar, pero sus ojos estaban tan cansados de hacerlo que simplemente ya no pudo derramar una lagrima más. Alai se puso de pie y sacudió su ropa llena de tierra para luego darse la vuelta y caminar hacia su abuela.
Ella estiro su mano y Alai la tomo con delicadeza para luego comenzar a caminar juntos dejando atrás la tumba de la omega que más amaban en el mundo.
Ambos entraron al auto y se mantuvieron en silencio, no era como si tuvieran algo que decir en este momento, su abuela lo miro y le pregunto mientras encendía el auto. —¿Cansado?
Alai asintió levemente mientras abrochaba su cinturón. —Sí, creo que dormiré durante el camino.
Su abuela sonrió. —Me parece bien, tendrás suficiente tiempo para ello.
—Sí. —Dijo Alai estando de acuerdo con su abuela, él tomo su mochila y saco de ella sus auriculares y reproductor de música, fue entonces que miro a su abuela y comento mientras ponía los auriculares en sus oídos y cerraba los ojos. —Despiértame cuando ya estemos allá.
—Está bien, ¿no olvidas nada?
Alai negó, al ver la respuesta de su nieto, Cloe se limitó a poner en marcha el auto para abandonar así la ciudad que durante dieciséis años había sido su hogar.
Alai cerró sus ojos, y como era de esperarse la música lo arrullo rápidamente, en cuestión de minutos ya se había quedado completamente dormido. Probablemente dormiría todo el viaje, un viaje en auto de ocho horas no sonaba mal para las noches de desvelo que había dejado atrás.
Hace exactamente una semana su madre falleció de pronto durante su jornada de trabajo, según los médicos fue un derrame cerebral que provoco su muerte en tan solo unos segundos. Apenas unas horas de esto, los médicos se limitaron a buscar familiares de los cuales solo existían Alai, su abuela y su tío, quien nunca fue de ayuda.
A causa de esto su abuela decidió que a partir de ahora vivirían juntos, el detalle era que no se quedarían a vivir en la ciudad, su abuela vivía en un pueblo lejano llamado Forest town, la ciudad más cercana a él se encontraba a dos horas de distancia en auto. Según su abuela este pueblo no era pequeño ni gigante, estaba rodeado de grandes montañas y bosques con árboles enormes, de ahí el nombre.
Su abuela era una persona muy amable, demasiado. Alai no lo pensó mucho y acepto irse con ella a ese pueblo, había dos razones por las que tomó esa decisión, número uno, si no era con su abuela tenía que ser con su tío y no era como si su tío le desagradara o algo así, simplemente ese hombre parecía tener muchos problemas, además uno de esos problemas era su adicción al alcohol, esa fue una de las principales razones por las que su abuela no lo pensó dos veces y decidió que Alai tenía que vivir con ella.
La segunda razón era que, si no se iba con ella, lo más probable es que su abuela se preocupara mucho por él, lo cual ocasionaría que ella quisiera mudarse a la ciudad, esto no le gustaría a Alai para nada, ya que su abuela parecía amar mucho su querido pueblo, después de todo, había vivido toda su vida ahí. Por suerte a Alai no le importaba mucho abandonar la ciudad, no era como si tuviera en ella amigos o conocidos los cuales extrañaría y echaría de menos.
Si no lo recordaba mal, la última vez que Alai visito el pueblo de su abuela fue hace más de siete años, recordaba muy poco el lugar, pero, aun así, aun podía recordar con claridad la tranquilidad de los alrededores. Por lo general era su abuela quien los visitaba a ellos, la madre de Alai siempre estaba ocupada con el trabajo y por eso eran pocas las veces que tenía tiempo y dinero de visitar a su mamá hasta el pueblo.
Aun así, a su abuela no le molestaba en lo absoluto ir a visitarlos. Ella decía que disfrutaba mucho los viajes largos en auto, eh ir a ver como se encontraban era la mejor excusa para hacerlos.
—¡Alai!
Alai abrió sus ojos de golpee con su corazón latiendo con rapidez, se quitó sus auriculares y miro a su abuela confundido con el ceño fruncido. —¿Qué pasa?
—¿Quieres algo? —Pregunto su abuela mientras tomaba su bolso del asiento trasero. —Haré una pequeña parada aquí para comprarme un agua, ¿Quieres algo? ¿O prefieres acompañarme?
Alai suspiro aun tratando de controlar su respiración, cuando logro calmarse un poco, noto que estaban estacionados en el estacionamiento de una pequeña tienda de gasolinería, el tallo sus ojos y pregunto con un bostezó. —¿Cuánto dormí?
Su abuela lo observo con una sonrisa. —Aún nos faltan tres horas para llegar, si mis cálculos son buenos, llegaremos al atardecer, ¿Me acompañaras?
Alai negó con su cabeza.
—Nah, me quedaré aquí. —Dijo el mientras se acomodaba en el asiento. —Con que me traigas algo de beber estará bien, de preferencia un jugo de mango.
Su abuela asintió mientras bajaba del coche. —Mango será.
Una vez más Alai talló sus ojos para terminar de despertarse por completo, cuando empezó a sentir sus sentidos volviendo a activarse fue cuando miró los alrededores con curiosidad.
Era bellamente aterrador. Fue lo primero que Alai pensó al ver los altos pinos elevarse a lo alto, sin mencionar la gran carretera vacía que era lo único a la vista además del trabajador sentado en una silla al lado de la gasolinera.
Estaba muy vacío y había mucho silencio, daba miedo, Alai estaba acostumbrado al ruido estruendoso de la ciudad, los autos, las personas, las tiendas, pero parecía que eso se acababa desde hoy. Lo cual lo hizo sentir tranquilo ya que a veces disfrutaba del ruido, pero otras veces deseaba poder meterse a una caja donde esté fuera bloqueado por completo.
Su atención fue traída de vuelta cuando escucho la puerta de la tienda abrirse y a su abuela despedirse con alegría de quien parecía ser el dueño del lugar. Ella entro al auto con una bolsa de plástico llena de comida en la mano.
—Muy bien, aquí está tu jugo, y un poco de golosinas.
Dijo ella mientras le entregaba la bolsa de plástico, quedándose solo con una botella de agua.
—¿Lo conoces? —Preguntó Alai mientras abría su botella de jugo. —Al hombre con el que reías, parecían ser bastante cercanos.
Su abuela se sorprendió y pensó por un momento. —¿Te refieres al hombre del cual me despedí?
Alai solo asintió mientras la miraba con atención y bebía de su jugo. Su abuela observo la tienda para luego cerrar su botella de agua mientras hablaba. —Lo conozco, es un buena alfa, es dueño de esta gasolinera, vive en una cabaña un poco más adelante con su esposa omega e hijos. Me detengo aquí seguido cuando viajo a la ciudad, por lo que sí, lo conozco bien.
—Ya veo. —Respondió Alai mientras cerraba su jugo y comenzaba a esculcar la bolsa de plástico en la cual había todo tipo de chucherías. —¿Ya llenaste el tanque de gasolina?
Pregunto Alai a su abuela. Ella río y asintió con la cabeza. —Ya lo llené mientras dormías. Eso me recuerda, ¿no quieres ir al baño? Aun nos falta un buen tramo de camino, yo ya fui, pero puedo acompañarte.
Alai negó. —Estoy bien.
—Bien. —Dijo ella para luego marcharse del lugar.
El tiempo pasó rápido, Alai ya no pudo volver a dormir, por lo que decidió quedarse despierto y admirar el paisaje que el auto dejaba tras la ventana. No había mucho que observar, solo había grandes árboles, además de uno que otros caminos de tierra que se distinguían por tener buzones de correo, indicando que algunas cabañas se encontraban escondidas en lo profundo del bosque.
Hubo un momento en el cual las casas comenzaron a notarse cada vez más, hasta que un pequeño pueblo fue lo que se podía apreciar a través de la ventana. Era tal y como lo recordaba, las pequeñas tiendas, negocios y restaurantes, podían verse animados, había personas yendo de acá para allá, algunas apuradas y otras disfrutando de la tarde con tranquilidad.
Había todo tipo de energías por las calles, pero por lo general el pueblo emitía energías tranquilas, energías que te recibían con alegría y unos brazos abiertos, era agradable.
Después de haber girado en una intersección su abuela se adentró una vez más al bosque, las casas una vez más desaparecieron a los pocos minutos después de varias vueltas, las cuales lo marearon un poco, su abuela se desvió a un camino de tierra, lo primero que vio fue un buzón de color celeste con rojo. Después de aproximadamente cien metros, los árboles se abrieron y dejaron a la vista una cabaña de madera grande y muy bonita.
—Vaya... —Murmuro Alai para él mismo. —No recordaba que tú casa fuera tan grande.
La abuela rio. —¿En serio?
Alai asintió una vez más. La abuela solo le tocó el hombro con cariño y dijo con una dulce sonrisa. —Bueno, vamos.
Ambos bajaron juntos del auto y sacaron las maletas que Alai había traído con él. Las hojas secas bajo sus pies crujían por cada paso que daban, en poco tiempo ambos se detuvieron en la entrada de la casa, su abuela tomo su bolso y estuvo esculcando por un rato buscando la llave de su hogar, mientras su abuela buscaba la llave, Alai pudo apreciar por un momento los alrededores.
Era muy tranquilo, los grandes árboles crecían altos alrededor de la cabaña, de ellos solo provenía el ruido de pájaros y animales rompiendo ramas mientras rondaban por ahí, las flores que su abuela adoraba cuidar también se mostraban a montones en los arbustos, a diferencia del verano, estas podían notarse algo marchitas por la llegada del otoño.
—Vamos, querido. —Llamo la abuela indicando que la puerta ya estaba abierta, Alai asintió y entro a la casa, la cual había cambiado un poco, tenía un nuevo tapiz en la pared, era un tono rojizo, los muebles seguían igual que antes, había unos nuevos y otros que desaparecieron, por supuesto que en casi nueve años está casa cambiaría.
Alai subió las escaleras mientras seguía a la abuela, caminaron un momento por los pasillos y llegaron a su destino, era una puerta color blanca con un pequeño letrero que decía "Habitación de Alai", la abuela abrió la puerta y sonrió nerviosamente.
—Sigue igual —Dijo Alai mientras subía su maleta a la cama.
La abuela rio —Sí, subo aquí seguido para deshacerme del polvo, pero creo que sería buena idea cambiar las sábanas y cortinas, también donar todos los juguetes. Bueno, en fin, iré por algunas bolsas y sábanas nuevas para limpiar este lugar.
—Gracias, abuela. —Dijo Alai mientras la observaba marcharse
Alai solo sonrió al ver la habitación, la cama era grande y tenía puesto sábanas de dinosaurio las cuales combinaban con las cortinas, el estante con juguetes seguía ileso, la lámpara de estrellas seguía justo en su lugar, además de que todo estaba raramente limpio, su abuela había mantenido todo tal y como lo dejo, tal vez con la esperanza de que su nieto volviera a visitarla.
Pasaron varios minutos hasta que la abuela apareció de nuevo con algunas cosas de limpieza y sábanas nuevas, juntos se pasaron el resto de la tarde hablando y limpiando su habitación, después de un rato de sacar cosas viejas y polvo, la habitación cambio de ser una de un niño de diez años a la de un adolescente promedio.
Por último, Alai y su abuela sacaron las últimas cajas de juguetes que había en la habitación y las subieron al cobertizo viejo de la casa, donde se encontraban otras cuantas cajas más.
Después de guardar las cajas Alai y su abuela volvieron a la habitación, cansado por su día Alai se recostó en su nueva cama, al verlo su abuela solo sonrió.
—Iré a preparar algo para cenar, ve y toma un baño mientras tanto, te llamaré cuando la comida esté lista.
Alai se reincorporo de su cama sentándose en ella y dijo con una pequeña sonrisa a su querida abuela. —Está bien, gracias.
Ella solo sonrió y se fue de la habitación, al verla marcharse Alai suspiró, su abuela era ahora la única persona en el mundo que tenía, al pensar esto Alai no pudo evitar deprimirse un poco, tal vez todo esto de la mudanza era agradable, pero eso no evitaba el hecho de que todo esto paso por qué su madre falleció.
Sin ganas de deprimirse y sin muchas energías para ello Alai se puso de pie, tomo algunas ropas y se metió a la ducha, bañarse después de un día duro y cansado era sin duda algo relajante, ahora limpio y tranquilo Alai volvió a su habitación y termino de guardar algunas cuantas cosas que seguían en su maleta, después de terminar, aún con el pelo húmedo Alai se recostó una vez más en su cama y cerro sus ojos con la intención de dejarlos descansar por un momento.
Después de todo, la última semana había sido muy agotadora emocionalmente para él, solo quería descansar sin preocupaciones por un rato.
Alai no se dio cuenta cuando fue que se quedó dormido, enserio, lo más probable es que realmente estaba cansado. Al despertar, el sonido de los pájaros y el sol mañanero por su ventana le dieron paz, lentamente Alai se sentó en su cama y tallo sus ojos mientras bostezaba, él giro su rostro y miro la hora en el reloj de su buro:
9:37am.
No era demasiado tarde como pensaba, se puso de pie y fue al baño donde lavo su cara con agua lo suficientemente fría como para despertarlo por completo, al volver a su habitación, noto que algunas voces provenían de la cocina, además de eso, en ella había una energía que llamaba su atención, curioso, Alai se cambió de ropa a una que no indicara que acababa de despertar, se puso sus tenis y bajo las escaleras.
—¡Oh! Buenos días, cariño. —Dijo su abuela con una sonrisa mientras sostenía un sartén y una espátula.
—Buenos días. —Dijo Alai devolviéndole una sonrisa mientras la observaba desde las escaleras.
La casa tenía un dulce aroma de panqueques recién hechos en el aire, pero eso no fue lo que llamo su atención, si no el chico sentado en el comedor.
El chico lo miraba con una mirada sería, pero al notar que lo estaba observando rápidamente sonrió, Alai algo confundido, dijo amablemente mientras se acercaba a ellos.
—Buenos días.
El chico en el comedor dijo mientras se ponía de pie y se acercaba a él. —Buenos días, ¿debes ser Alai cierto?
Alai se sorprendió al verlo acercarse, sobre todo porque era muy alto, aun así, respondió a su pregunta con calma. —A si es, ¿tú eres?
Él sonrió y extendió su mano amablemente. — Jonathan, mucho gusto, eh escuchado mucho de ti.
Alai tomo su mano nerviosamente, luego miro a su abuela que los miraba con una sonrisa, al notar la mirada de su nieto confundido, su abuela se carcajeo. Ella se dio la vuelta mientras reía y puso más mezcla de panqueques en el sartén.
—No me mires así, yo ya te eh hablado de Jonathan también, pero apuesto que cuando lo mencioné estabas perdido en tu mundo.
Alai solo sonrió nervioso, mientas tanto Jonathan se sentó de nuevo en la mesa.
—No seas tímido. —Dijo su abuela con una sonrisa. —Siéntate en la mesa, te serviré panqueques para que desayunes.
—Gracias. —Dijo Alai mientras se sentaba en una silla con cierta distancia del chico llamado Jonathan.
Él era alto y tenía un pelo largo y negro atado en una alta cola de caballo, una pequeña trenza caía al lado de su mejilla con algunos mechones sueltos, sus ojos eran un tono azul oscuro y su piel era blanca, traía puesta una chamarra y pantalón negro, y las cadenas tanto en su ropa como en su cuello relucían brillantemente.
El ambiente en el comedor era algo tenso, indicando que tanto este chico como Alai estaban algo incomodos con la presencia del otro. Lentamente Alai levanto su vista y miro a Jonathan con atención, su energía indicaba que sin duda alguna este chico era un alfa, probablemente dominante, aunque bueno, con tan solo verlo cualquiera podría darse cuenta de ello.
Él, por lo que parecía ya había terminado de comer lo que había en su plato, ahora que no tenía nada en el solo estaba sentado observándolo fríamente, lo que lo puso mucho más tenso.
Su abuela se acercó alegremente.
—Aquí tienes Cariño. —Dijo ella mientras ponía en la mesa un plato con panqueques bañados en miel, ella miro a Jonathan y dijo con una sonrisa igualmente alegre. —¿Gustas comer un poco más querido?
Jonathan sonrió y dijo mientras se ponía de pie y la miraba con una pequeña sonrisa.
—No gracias, me tengo que ir, gracias por el desayuno Señora Johnson. —Él hizo una pusa y luego miro a Alai, aun con esa sonrisa que ahora parecía ser falsa. —Un gusto conocerte Alai.
Alai solo lo miro sin decir nada.
—Que te vaya bien. —Dijo su abuela con una sonrisa mientras observaba al chico marcharse.
Fue cuando la puerta se cerró que Alai se relajó y miro a su abuela con ojos bien abiertos mientras comenzaba a devorar su desayuno.
—¿Y ese qué? —Dijo Alai con la boca llena.
Su abuela rio y comenzó a hablar mientras recogía el plato del chico que acababa de irse. —Ya lo dijo, Jonathan, Jonathan Navarra, es solo un chico normal de la zona.
—¿En serio? —Pregunto Alai mientras seguía comiendo su desayuno. —No parece muy normal que digamos.
Su abuela continuó hablando mientras limpiaba la cocina. —Así es, en este momento se dirige a su trabajo, a veces suele venir a visitarme y pasar el rato aquí conmigo, lo conozco desde que era un bebé al igual que a ti, aunque a primera vista de miedo con su apariencia, él realmente es alguien muy amable.
—Si tú lo dices abuela. —Dijo Alai con sarcasmo mientras bebía de su café apenas dado por su vieja abuela.
Alai solo se mantuvo callado y pensó que eso explicaba la confianza que su abuela parecía tenerle a ese tal Jonathan, por otro lado, este chico dejaba mucho que pensar, principalmente su energía, los tonos en ella indicaban con claridad que se trataba de un corazón puro, pero, también los de alguien que en resumen podría ser difícil de tratar.
Su abuela río y luego dijo tranquilamente. —¿No te gusta?
Alai pudo ver ángeles por un momento, el pan en su garganta casi lo manda al cielo, el tosió por un momento mientras su abuela se reía.
—¡Abuela! ¿Qué cosas dices? Apenas y se quién es. —Dijo Alai con enojo mientras sentía su rostro arder.
—Solo bromeo. —Dijo ella mientras se carcajeaba. —Pero aun así ya abra tiempo para que se conozcan.
Su abuela se sentó junto con él, en sus manos sostenía una taza de café humeante. —Hace unos días, después del funeral de tu madre llame a la escuela del pueblo para que puedas iniciar este mismo lunes.
Alai se sorprendió, a su abuela no se le escapaba absolutamente nada.
Al no escuchar alguna respuesta de él, su abuela lo miro y dijo nerviosamente. —Claro, si quieres puedes faltar unos días más, no hay prisa.
Alai rápidamente negó con la cabeza y dejo el tenedor sobre el plato limpio. —Está bien, creo que ya tuve suficiente descanso estos días.
La abuela sonrió felizmente mientras tomaba un sorbo de su taza de café. —Me parece bien.
Luego de un rico y satisfactorio desayuno junto a su abuela, ambos se dedicaron a darle algo de atención a la casa que no lo había estado teniendo durante la última semana. Al terminar Alai espero pacientemente a su abuela en la sala mientras ella se arreglaba un poco para luego salir de compras al pueblo.
Después de casi media hora de camino, ambos llegaron a su destino, donde a pesar de no ser muy grande, había una gran variedad de tiendas de todo tipo. Juntos se detuvieron en un supermercado en el cual estuvieron por más de una hora comprando comida para el resto de la semana y algunas otras cosas de higiene necesarias para su supervivencia.
Mientras su abuela pagaba las compras, Alai salió de la tienda para observar los alrededores, no era muy diferente a los supermercados de la ciudad, solo que aquí, era mucho más pequeño que los grandes centros comerciales de allá. Había lo que debía de haber en los supermercados, personas, tiendas, autos, y nada más. Aunque bueno, era de esperarse.
Alai se dio la vuelta y se dirigió de nuevo a la tienda, pero su atención fue llamada por una gran cartelera colgada fuera del lugar, él retrocedió y se acercó con rapidez y curiosidad. En ella había varios anuncios pegados. Alai se paró frente a ellos y comenzó a leer, no había muchas cosas interesantes, solo avisos de ofertas, mascotas perdidas, y un anuncio sobre la feria de otoño que se celebraría el trece de septiembre.
Fue entonces que sus ojos se abrieron con sorpresa al leer un cartel que sobresaltaba de los demás. Se llevaría un homenaje el día cinco de octubre...
Un homenaje a cinco omegas desaparecidos.
Ah... lo había olvidado por completo, aunque la última vez que había visitado a su abuela solo había uno de ellos desaparecido, en los últimos diez años habían ocurrido cuatro desapariciones más.
Alai no pudo evitar sentir un escalofrió recorrer todo su cuerpo, el cartel decía que se llevaría un homenaje el día cinco de octubre del presente año para recordar a los omegas que hasta el día de hoy no se habían encontrado.
Utilizando ese día en especial por ser el día en el cual el primer omega desapareció. En el cartel estaba la fotografía de un chico, era muy bonito, un omega, en el cual decía:
Ali Brown, 14 años.
—...
Alai se mantuvo en silencio mientras observaba atentamente aquella fotografía, catorce años, era incluso mucho menor que él cuando desapareció. Por lo que se podía leer en el cartel, este chico cumpliría... diez años de desaparecido el cinco de octubre.
—Diez años...
Alai se giró para mirar atento a su abuela, ella estaciono el carrito de super no muy lejos de ellos y se acercó con el ceño fruncido, su energía indicaba que el ver este cartel la había hecho sentir deprimida e incluso algo enojada.
—Abuela, ¿tú lo conocías?
Ella asintió mientras se acercaba para poder leer lo que había en el cartel.
—Sí, Ali era un buen chico, inteligente, talentoso, listo y amable. —Su abuela hizo una pequeña pausa y suspiro con tristeza. —Lamentablemente desapareció... no puedo creer que se cumplirán ya diez años desde entonces...
Alai no pudo evitar sentirse mal al mirar y escuchar a su abuela, fue entonces que pregunto con el ceño fruncido. —¿Solo desapareció a si sin más?
Una vez más su abuela suspiro mientras se daba la vuelta y comenzaba a empujar su carrito de compras, mientras tanto, Alai la seguía de cerca escuchándola con atención. —Ali vivía a las afueras del pueblo al igual que yo, pero un poco más cerca, lo suficiente como para que el caminara hasta el pueblo y de ahí se fuera a la escuela junto a otros chicos. Desgraciadamente él tenía que pasar a través del bosque todos los días. Un día solo ya no regreso a casa.
Alai solo se mantuvo callado mientras observaba a su abuela, él tomo algunas de las bolsas del carrito y las puso dentro de la cajuela del auto que recién había abierto su abuela. —¿Qué hay de los demás? ¿También los conocías?
Su abuela lo miro con cierta curiosidad, pero no dijo nada, en cambio dijo con un rostro serio. —Sí, pero nunca hable con ellos, a diferencia de Ali que debes en cuando llegue a tratar. Solo conocía a sus padres.
—Ya veo. —Dijo Alai mientras cerraba la cajuela. —Y... ¿han encontrado a alguno de ellos?
Su abuela tomo el carrito del supermercado y lo dejo a un lado mientras decía aun con total seriedad.
—No, el homenaje solo es para recordarlos, es una manera en la que las familias de esos chicos participan mientras comparten su sufrimiento y esperanzas. —Ella frunció el ceño, parecía haber recordado algo realmente desagradable. —Esperanzas que realmente ya no existen, solo es una ilusión que les gusta tener.
Alai la miro con confusión, mientras tanto, ella entro al auto sin decir nada más, rápidamente se apresuró y entro junto a ella, luego de esto él la miro e hizo una pregunta más. —¿Ilusión? ¿Por qué dices eso?
Ella lo miro aun con cierta duda en su rostro.
—Bueno... —Suspiro algo abatida mientras volvía su vista al frente. —Este pueblo a veces parece estar ciego, tienen esperanzas en que esos niños estén vivos cuando la evidencia para negarlo ya existe. Es solo... que es algo tan doloroso que simplemente no quieren aceptar.
—¿Evidencia? ¿Qué clase de evidencia?
En lo más profundo de su ser, Alai dudaba si realmente quería escuchar la respuesta a su pregunta.
Su abuela solo negó y dijo sin muchas ganas de seguir con la conversación. —No seré tan explicita, solo diré que se han encontrado restos de esos chicos.
—¿Restos? —Alai frunció el ceño. —Eso no tiene sentido, si se han encontrados restos, eso es suficiente para comprobar si murieron o no.
Su abuela parecía que realmente ya no podía continuar, ella lo miro y dijo son su rostro algo pálido.
—Restos pequeños, sangre, trozos de carne... Eso es todo, ya no hablemos sobre eso. —Dijo ella mientras encendía el auto.
Alai sintió ganas de reír al escuchar a su abuela, pero por supuesto, no lo hizo, porque sabía que no era el momento.
Aun así, Alai siguió insistiendo. —Entonces... en resumen, ¿esos chicos desaparecieron de la nada y tiempo después aparecieron algunos restos que no confirmaban por completo que estaban muertos?
Ella no le respondió y simplemente miro hacia atrás para asegurarse de no golpear algún otro auto. Alai ignoro que lo estaban ignorando y dijo para sí mismo. —Pero... no pudieron haber desaparecido así nada más, alguien debió estar tras ello, ¿no?
Al escuchar esto, su abuela dio un frenon, lo cual lo sorprendió mucho, él la miro con confusión y se dio cuenta del rostro totalmente pálido de su abuela.
Nervioso, Alai pregunto rápidamente. —¿Qué pasa?
—Te traje a un lugar terrible para un Omega joven. —Dijo su abuela mientras cubría su rostro con sus viejas y temblorosas manos. —Y se supone lo hice para tenerte a salvo.
Alai rio nerviosamente. —Abuela tranquila, soy recesivo, sea quien sea la persona loca detrás de esto, nunca se atrevería siquiera a dirigirme la mirada.
Ella abrió sus ojos sorprendida y lo miro con el ceño fruncido.
—¿De qué hablas niño? ¡Eres un omega bonito! ¡No importa si eres recesivo o no! —Rápidamente tomo a Alai y lo jalo hacia ella, sosteniéndolo en un fuerte abrazo. —¡Sea esa persona loca o no! ¡Cualquier alfa que tenga buen ojo se interesaría en ti! ¡Y eso no puede ser!
Su abuela pareció recordar algo más, ella aparto a Alai y dijo con el rostro azul superando el pálido. —No puede ser, te traje a un pueblo donde hay todo tipo de gente peligrosa, no solo es esa persona, los barrios del sur también tienen todo tipo de gente.
Alai rio mientras sobaba su cuello, el cual fue estrujado por su abuela hace tan solo un momento.
—Abuela tranquilízate, este en peligro o no, se cuidarme bien. Además... —Dijo Alai con orgullo. —Soy capaz de darme cuenta de que personas son peligrosas y cuales no, así que no te preocupes, estaré bien.
No fue hasta después de unos minutos tranquilizando a su abuela y convenciéndola de que nada malo le pasaría que ambos abandonaron el estacionamiento del centro comercial.
El resto del día transcurrió con mucha tranquilidad, visitaron algunas tiendas más y un restaurante donde ambos disfrutaron de una deliciosa comida, no fue hasta después de las tres de la tarde que ambos volvieron a casa.
Estando ahí, al igual que antes, el día paso rápido y tranquilo. No fue un mal día si lo pensaba con cuidado, quitando el hecho de que había alguien desapareciendo omegas por el lugar, el día había estado bien. Pudo convivir más junto a su abuela lo cual fue muy agradable, no había duda de que se acostumbraría con rapidez a su compañía.
No fue hasta que la noche cayo y estando en su cama que Alai comenzó a reflexionar un poco más sobre la persona culpable de las desapariciones, si lo pensaba con cuidado, si Alai llegara a tener por lo menos cerca a esa persona él se daría cuenta de su culpabilidad gracias a su energía, aun así, no era como si Alai fuera policía y lo pudiera detener con facilidad.
Por desgracia Alai seguía siendo un adolescente de dieciséis años.
Fue difícil conciliar el sueño, después de todo no podía dormir por tener ese pensamiento dando vueltas por su mente, no sabía cuándo se quedó dormido, solo sabía que la última cosa que paso por su mente era que este pueblo llamado Forest town, no era tan tranquilo como lo parecía.