¿La mujer de su vida?

Summary

Historia corta de Ace x OC

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Antes de que empieces a leer esto, quiero avisarte de que esto no es una historia de amor común. Si lo que esperas es la típica historia de amor en la que los protagonistas tienen una historia profunda y romántica, con miles de adversidades contra las que luchan hasta que al fin pueden estar juntos, por favor, no sigas leyendo, porque no soy esa protagonista. Si esperas también un giro dramático de los acontecimientos, tampoco es tu historia. Si por un casual estás leyendo esto con la mente abierta y sin esperar nada en concreto, esta pequeña historia es para ti. ¿Por qué aclaro esto? Porque ni yo misma sé el final de todo esto.

Cuando cumplí cinco años, mi hermano Zoro y yo tuvimos que irnos a vivir con el tío Mihawk y Perona, su hija adoptiva. ¿El motivo? Nuestros padres fallecieron en un accidente de coche. Sinceramente no recuerdo mucho de ellos. Mi hermano es un año más pequeño que yo así que tampoco recuerda mucho. Sí que nos recuerdo a los dos llorando al saber que papá y mamá no volverían, pero poco más. Ambos lo hablamos mucho, recordamos que con papá y mamá todo iba bien y de repente un día desaparecieron. No fue algo muy traumático para nosotros porque éramos muy pequeños y porque el tío Mihawk con su fiel compañero Shanks se encargaron de agilizar todo el proceso de adopción.

Shanks es importante en esta historia porque gracias a él conocí a los chicos que me cambiaron la vida: la familia Monkey, en la que indiscutiblemente entran Shanks, Makino y Dadan también. Compartí clase con Sabo y Ace desde que me mudé con mi tío y el vínculo con el crío maleducado de las pecas fue automático. Adoraba a Luffy y a Sabo, por supuesto, pero la conexión que tenía con Ace era diferente. Iba más allá, éramos más que mejores amigos.

— ¿Sabes que existen las almas gemelas, Érika? — me preguntó Ace una vez mientras comíamos helado en el porche de su casa. Recuerdo que apenas teníamos once años y acabábamos de llegar de la playa con nuestras familias.

— Sí. Shanks dice que Makino es su alma gemela y que por eso se van a casar.

— ¿Has visto? Yo lo he oído decir que ella es la mujer de su vida. Yo creo que tú eres la mujer de mi vida. Seguro que tú eres mi alma gemela. Cuando cumplamos treinta y dos como tiene el tío Shanks, nos casamos.

— Vale. Seguro que es divertido. —le respondí y seguí con mi helado toda contenta.

Qué fácil era la vida con esa edad.

— Comeríamos todo lo que quisiésemos, estaríamos siempre juntos y podríamos irnos a dormir a cualquier hora. Sería genial. —fantaseó él con un brillo especial en sus ojos, o al menos eso recuerdo yo.

No sabíamos muy bien que implicaba ser almas gemelas ni mucho menos lo que implicaba casarse, pero recuerdo que mi estómago sintió un cosquilleo al oír a Ace decirme eso y me aferré a aquella decisión infantil durante muchos años. Y con muchos años me refiero exactamente a ocho. Sí, sí. Ocho. Ocho largos años aguantando a Ace pensando que algún día cambiaría y acabaríamos juntos, porque estábamos destinados. Porque éramos almas gemelas. Una cría inmadura con estúpidas esperanzas durante esos ocho años, eso es lo que yo era.

Perdón, perdón. Me he adelantado un poco.

Ace y yo siempre decíamos que nada ni nadie iba a romper nuestra amistad. Lo juramos en nuestro parque favorito el día que casi nos pegamos con siete años porque él comió más patatas fritas que yo de la bolsa que Mihawk compró para ambos.

Y así fue durante mucho tiempo. Cuando entramos juntos al instituto y empezamos el camino a ser adultos, muchos cambios surgieron inevitablemente: gente nueva, independencia, cambios corporales, mentales y por supuesto hormonales. Ace pasó de ser el niño pecoso malhumorado con todos excepto conmigo a ser el tipo guapo que sonreía y tenía a cualquier chica a sus pies. Tuvo infinidad de novias durante el instituto, pero se cansaba pronto de esas “relaciones”. Si podíamos llamar así a estar dos semanas o un mes con una chica, claro. Y os preguntaréis: ¿Te molestaba? ¿Que si me molestaba? Me dolía el alma cada vez que lo veía de la mano o besarse con alguna de sus novias, pero al final del día todo eso daba igual porque siempre volvía a mí. Yo era indispensable e irremplazable para él. O eso me decía él y yo le creía. Os preguntaréis también: ¿y a él le pasaba lo mismo? Pues no lo supe nunca, aunque si lo reflexiono supongo que tampoco hubo oportunidades, porque yo no salía con chicos, solo con los que formaban parte de los Mugiwaras. Jamás acepté salir con nadie porque con el único chico con el que quería estar era con Ace.

Zoro siempre me decía en aquella época que era estúpida por aguantarle y más aún por esperarle, que algún día se olvidaría por completo de mí y yo no podía seguir estancada en mi mejor amigo. Tengo que aclarar que siempre fui un poco estúpida, porque claramente mi hermano tenía razón.

Mi hermano y yo nunca nos hemos parecido mucho: él tiene el aspecto tosco e imponente de nuestro padre, pero el cabello verde llamativo y brillante como lo tenía nuestra madre y yo justo al contrario. Siempre he sido mucho más enclenque que Zoro, aunque eso tampoco es muy difícil, y mi pelo es de un aburrido tono oscuro aunque mi cara bastante parecida a la de mamá. Lo único que compartimos es el color de ojos: ambos los tenemos grises. En cuanto a personalidad cuando éramos más pequeños tampoco éramos muy parecidos: Zoro era rudo, maleducado y fácil de enfadar mientras que yo era más calmada y fácil de manejar. Quizá por esto último mi hermano se enfadaba tanto conmigo, porque dejaba que Ace hiciese lo que quería conmigo.

Tal y como mi hermano predijo, poco a poco Ace empezó a pasar de mí, a olvidarse de nuestros planes o a aparecer tarde en ellos; siempre y cuando yo le recordase que habíamos quedado, porque muchas veces disimulaba para no tener que plantarle cara. Me duele admitirlo, pero sé que me mentía muchísimas veces cuando no le apetecía verme porque le surgía la oportunidad de salir con alguien.

— No te enfades, Eri. —me decía siempre que me dejaba plantada por salir con alguna chica nueva—Nuestra amistad jamás va a terminarse porque esté saliendo con alguien. Además, solo voy a pasar el rato, tú siempre vas a ser la mujer de mi vida, tontita.

Y yo le creía, por supuesto. Porque le quería y no solo como mi amigo.

Conforme entramos juntos en la adolescencia comprendí que mis sentimientos por él se transformaron, la amistad que nos unía perdía fuerza para mí porque me estaba enamorando de mi mejor amigo, pero jamás le dije nada. Ace era el chico guapo por el que todas las chicas suspiraban y yo era su mejor amiga, casi como su hermana. A la que acudía cuando algo le salía mal, cuando no tenía los deberes o se le olvidaba que había examen, a la que le pedía consejo incluso sobre qué ropa ponerse o qué excusa debía ponerle a la chica con la que no quería salir más. ¿Qué iba a decirle? Me conformaba con estar con él.

Por supuesto, aquella conformidad fue cambiando en cuanto entramos a la universidad. Ace era un reconocido mujeriego y yo seguía siendo reconocida como su mejor amiga por todos. Me imagino que todos sabrían que yo estaba colada por él y que era una estúpida que esperaba algo que nunca iba a llegar. Nunca nadie me lo había dicho a excepción de mi hermano, muchísimo menos los Mugiwaras, pero sé que era tan evidente como que para Ace yo no era tan importante.

La universidad con sus cambios, las intensas charlas con Vivi, mi nueva compañera de clase y el descaro de Ace fueron el conjunto de cosas que necesitaba para que un once de noviembre por la noche mandase a la mierda la amistad con él.

— ¿Hablaste con él? —me preguntó Vivi mientras envolvíamos regalos para mi hermano, pues era su cumpleaños número dieciocho y le habíamos preparado un sorpresa en el bar de Zeff, el padre de Sanji.

— Sí, me pidió perdón y me prometió que jamás volvería a mentirme para irse con alguna chica. Me dijo que yo era la única chica permanente en su vida.

— ¿Y tú le crees? —me volvió a preguntar sabiamente.

— Claro. Es mi mejor amigo, puede no estar enamorado de mí como yo de él, pero Ace me quiere mucho y jamás rompería una promesa entre ambos.

— Érika, te dejó sola en una fiesta rodeada de cien mil personas borrachas para irse a follar con otra. Tú darías un brazo por él y él te vendería por partes con tal de acostarse con una chica. ¿Estás segura de que quieres seguir siendo tan cercana a él?

No, no estaba segura, pero no me sentía preparada para alejarme de Ace.

Vivi había hecho referencia al festival de música al que Ace me llevó por mi cumpleaños el fin de semana anterior. Habíamos ido juntos, pero una chica intentó ligar con él todo el tiempo, así que en una de mis canciones favoritas desaparecieron ambos. Por suerte, Sabo estaba allí y me acompañó hasta la zona de los baños cuando fui consciente de que mi mejor amigo me había vuelto a dejar olvidada. Ambos le llamamos y él se disculpó explicando que algo le había sentado mal y estaba en el baño vomitando. Yo toda preocupada empecé a buscarle con su hermano y obviamente le encontramos saliendo de uno de los cubículos, pero acompañado de la preciosa chica con la que un rato antes coqueteaba.

— Vivi, hoy es el cumple de Zoro. No me apetece seguir hablando de Ace. Además, ya tiene que estar al llegar para recogernos y llevar todos los regalos hasta el Baratie.

Juraría que ese día mi amiga quería darme un puñetazo por ser tan ingenua, sin embargo, lo que hizo fue asentir y abrazarme. Imagino que no quería hacerme sentir mal el día del cumple de mi hermano. Aunque al final dio un poco igual, porque ella no me hizo sentir mal, pero Ace sí.

Lo llamé para preguntarle cuánto tardaría en llegar e imagino que ya sabéis la respuesta: no llegó. Había comido mucho y algo le había sentado mal. Se quedaba en casa porque su estómago no lo dejaba salir del baño. Como buena (e imbécil) amiga que soy, me ofrecí a llevarle alguna medicina cuando el cumpleaños terminase, pero él se negó y me pidió que disfrutase de la fiesta por él.

Sabo fue quien vino a recogernos, pero no para ir al Baratie, sino para ir a su casa porque una tubería había colapsado y el bar se había inundado. Shanks y Dadan nos permitieron celebrar allí la fiesta sorpresa, así que allí fuimos todos: Vivi, Perona, Nami, Nojiko, Robin, Franky, Chopper, Brook, Jinbei, Sanji, Usopp, Kaya, Kid, Killer, Heat, Wire, Law, Bepo, Penguin, Shachi, Ikkaku y los anfitriones: Sabo y Luffy.

Éramos un montón, ¿verdad? Cuanta más gente mejor, así todos me verían hacer el ridículo ese día.

En cuanto llegamos a casa de los Monkey empezamos a preparar todo mientras Sanji, el novio de mi hermano, y Luffy, el mejor amigo de ambos, se encargaban de ir a buscarlo.

— ¿Y Ace? —me habían preguntado casi todos, excepto sus propios hermanos, claro.

— Arriba, está enfermo. —respondía yo tranquilamente.

Le había enviado también un SMS a Ace para preguntarle por su estado, dando por hecho que sabía que estábamos allí.

Sí, un SMS. Fue hace muchos años, ¿vale?

“Pues me encuentro fatal, comer al ritmo de Luffy me ha pasado factura.”

Esa fue su respuesta, así que me acerqué a Sabo preocupada para preguntarle si a Ace no le molestaría el ruido teniendo en cuenta que estaba enfermo.

La reacción nerviosa del rubio tendría que haberme dado pistas de que Ace enfermo, lo que se dice enfermo de salud no estaba.

— ¡Viene gente! —gritó Franky, que estaba mirando por la ventana para controlar si venía el cumpleañero. Así, salvó a Sabo de delatar a su hermano, pero no a mí de hacer el ridículo.

Rápidamente apagamos las luces y nos apelotonamos todos en una esquina del salón a la espera de que Sanji y Zoro apareciesen con Luffy por la puerta.

En cuanto la luz del salón se encendió todos gritaron sorpresa excepto yo, que había reconocido la silueta de Ace rápidamente a pesar de la oscuridad.

— ¿Tú no estabas mal del estómago? —le acusó Nami enfadada, ignorando la vergüenza que debía estar pasando la pobre chica que acompañaba a Ace.

Supongo que no hace falta aclarar que Ace me había mentido una vez más y se había escaqueado del cumpleaños de mi hermano para acostarse con una chica.

Todos miraban expectantes a Ace, pero él solo podía mirarme a mí. Sorprendido, y supongo que con una mirada arrepentida al verme casi llorando. Bueno, en realidad no sé si estaba arrepentido o no, pero al menos lo parecía. Aunque más arrepentida estaba yo por haberle creído.

¿La mujer de su vida? ¿Seguro? ¿Cuántas vidas iba a tener Ace? Porque claro estaba que no era la mujer de esta vida. Los ojos me picaban y las manos me temblaban, pero aguanté. Aguanté porque en ese instante supe que aquel día iba a ser el último que Portgas D. Ace me rompería el corazón.

Estaba claro que había hecho el ridículo, pero nadie fue capaz de decírmelo, cosa que a día de hoy aún gradezco. Como también agradecí que mi hermano llegase instantes después de aquel horrible momento, para cambiar el foco de atención a él.

Un dato curioso es que años más tarde, cuando mi hermano cumplió los 26, en su fiesta de cumpleaños se disculpó completamente ebrio con Ace por haberle roto el labio por el suceso que acabo de contaros. Hasta ese momento en el que lo escuché, a pesar de que Ace intentó que no, yo no sabía que mi hermano había golpeado a Ace por defenderme, pero, aun sin ser yo una defensora de la violencia, me alegro de que lo golpease.

Volviendo a los dieciocho de mi hermano, aún me siento fatal por recordar su cumpleaños número dieciocho como el día en el que acabé con la amistad que me unía a mi supuesta alma gemela, pero es que estaba tan enfadada, que no podía esperar más.

Mientras todos estábamos en el salón, vi como Ace se llevó a la chica a la entrada de casa, supongo que para darle explicaciones o pedirle que se marchase. Decidí acercarme, sin pensar mucho. Porque estaba harta de Ace, de que fuese tan mal amigo conmigo, de que fuese tan mujeriego, de que viese a las mujeres como objetos a los que usar... En resumen, estaba harta de Ace.

— Hiyori, te llamaré mañana cuando...

No dejé a mi queridísimo amigo acabar.

—Hiyori, te digo esto como mujer. Hazte un favor a ti misma, no esperes su llamada. Porque no te llamará. Si no recuerdo mal, eres la tercera chica a la que se lo dice esta semana. Bueno, quizá sí que te llama, porque doy por hecho que aún no habéis follado, pero siento mucho tener que ser yo la que te diga que en cuanto eso pase, no volverás a saber nada de él. Porque así es Portgas D. Ace. Todo un partidazo, ¿eh?

La chica posó sus ojos en Ace, quien se tapaba los ojos con una mano en su frente, supongo que estresado por la situación o yo qué sé. La verdad que lo que pasase por la mente de él en esos momentos me importaba una mierda.

— De verdad que siento que hayas vivido un momento tan incómodo. — me disculpé captando de nuevo la atención de Hiyori— No sé si esperabas algo más serio con Ace, pero te aviso ya que es un mentiroso, un mujeriego, un mal amigo y un hipócrita. No podía quedarme tranquila si no te avisaba, porque creo que toda mujer que esté con él merece saber antes cómo es.

La chica, a pesar del mal rato, me agradeció enormemente la sinceridad.

— ¡Luffy! —llamé a mi amigo al verle camino a la cocina— ¿Acompañas a esta chica al salón? Puedes comer algo si quieres, antes de irte, porque supongo que no te apetece pasar más tiempo con un gilipollas como Ace, ¿verdad?

Debo admitir que actué de manera impulsiva, pero salí ganando una buena amiga, porque Hiyori esa noche se quedó en el cumpleaños de mi hermano e hizo buenas migas con todos. Nunca volvió a faltar a los cumpleaños, y en el número veintidós de Sanji admitió sin vergüenza alguna que se quedó porque Zoro le pareció muy guapo, pero claro, mi hermano es gay, así que ese día la pobre se llevó dos decepciones, pero ganó un buen grupo de amigos.

Ya me he desviado de nuevo. Perdón, perdón.

Después de ridiculizar a Ace, para que sintiese una quinta parte de mi malestar ese día, me fui al salón con mis amigos ignorándole completamente, hasta que tuve que ir al baño y me esperó en la puerta hasta que salí.

— Eri, sé que estás enfadada, pero...

— Estoy enfadada, sí. Y no sabes lo bien que me sienta. Eres una escoria con las mujeres, Ace. Incluyéndome a mí, que soy tu maldita mejor amiga. No quiero tener relación con alguien tan inmaduro, machista y mentiroso como tú. A partir de ahora la única relación que tendremos será porque compartimos grupo de amigos.

Tengo que reconocer que su rostro dolido jamás se me olvidará. Y que me sentí muy bien al poner punto final a nuestra incomprensible amistad, que tendría que haber acabado años antes. Aunque ese bienestar me duró poco, porque había decidido acabar con la relación más tóxica de mi vida, sí, pero yo estaba muy enamorada de él y lo conocía desde niña, no podía pasar aquello sin dolor.

— ¿Y eso es todo? ¿Cortarás relación conmigo? ¿No crees que puedo cambiar? ¿Después de tantos años de amistad? Tú eres la mujer...

No quería escucharlo decir aquello ni una vez más, así que me adelanté.

— Sí que creo que puedes cambiar, todos podemos. Pero yo no estoy preparada para quedarme a tu lado aguantando que me trates como si fuese estúpida y esperando que tú madures. De verdad que espero que dejes de ser un mierda con las mujeres, Ace, y que aprendas a ser un buen amigo. Y por favor, la próxima vez que le vayas a decir a una chica que es la mujer de tu vida, espero que sea cierto.

— Érika, por favor, —lloraba mientras me hablaba— yo te necesito.

— Yo a ti ya no. Creo que es momento de yo empiece a buscar al hombre de mi vida.

Ahora lo pienso y siento que fue de película. Como todo lo que vino después. Una película que nadie pagaría por ver, claro, pero bueno.

Tras esa conversación con Ace salí al porche donde tantas cosas habíamos vivido. Necesitaba tomar aire y llorar un rato, así que me senté y me desahogué, acompañada por Sabo, que tiempo después me confesó que había escuchado cómo rompía la relación con el que fue mi mejor amigo y que se sintió muy orgulloso de verme poner límites.

— ¿Sabes, Eri? Somos tres hermanos. Tres, eh. El divertido, el aburrido y el mujeriego. Y tú, tía, te tuviste que enamorar del mujeriego. —me había dicho una vez dejé de llorar.

Recuerdo sonreír y rodar mis ojos cuando el rubio me pasó una cerveza tras decir aquello.

— Ni eres aburrido ni estoy enamorada de Ace.

— En ningún momento he dicho que yo sea el aburrido. —fingió molestia antes de sonreírme.

Aquella fue la primera vez que me reí tanto con Sabo, pero sin duda, no sería la última. Poco después le admití que había estado enamorada de su hermano, aunque eso ya es otra historia.

Me juré que esa noche sería la última que vería Portgas D Ace. Y es cierto que fallé ese juramento a mí misma, porque después de esa noche obviamente seguí viendo a Ace. Quizá porque los Mugiwaras eran mis amigos, porque Shanks, el tutor legal junto a Dadan de los tres hermanos, era el mejor amigo de mi tío o quizá el verdadero motivo fue porque me enamoré de Sabo al cabo de los meses y empezamos una relación seria. Fuimos pareja durante dos años y medio en los que trataba a Ace como lo que era, el hermano de mi novio, pero nada más. Después, tras seis meses viviendo juntos, Sabo y yo nos percatamos de que más que pareja éramos mejores amigos, así que rompimos nuestra relación de pareja. Por suerte, romper no significó alejarnos. Seguimos siendo tan solo mejores amigos, prometiendo que siempre nos uniría algo muy especial. Llevábamos dos meses siendo solo amigos cuando me di cuenta de que algo no iba bien. Ese algo resultó ser la noticia con la que conseguí ver llorar por primera vez a Mihawk: me había quedado embarazada.

Así que la promesa con Sabo sí que se cumplió, porque nos une un hijo. Tengo claro que es lo más especial que me puede unir a nadie. Siete meses después de enterarnos de esa noticia y tras un embarazo horrible para mí, nació el pequeño Law.

¿Que por qué le pusimos así? Porque ese es el nombre del cirujano que nos salvó la vida en el parto y también porque creí que así podría verse identificado con Torao y estudiaría Medicina. Ojalá hubiese grabado el momento en el que Trafalgar se enteró de que ese bebé se llamaba igual que él. Nunca había visto a Law emocionarse hasta ese día.

El pequeño Law ahora tiene trece años, no quiere ser médico ni de coña, quiere ser streamer y es el niño mimado de toda la familia. Sí, niño, porque sigue siendo un enano, aunque diga que ya es lo suficientemente grande como para que dejen de llamarlo Law Junior. Es horrible, pero prefiero eso a “Torao Junior” que fue como mi queridísimo amigo Luffy lo bautizó cuando se enteró de que era tocayo de su amigo.

La relación con Sabo a raíz de tener a nuestro hijo solo mejoró. Afianzamos mucho más nuestro vínculo y no es por presumir, pero somos los mejores padres del mundo.

Jamás volvió a pasar nada entre nosotros y nuestra relación también es la de los mejores amigos del mundo.

Y como mejor amiga de él supe que cuando conoció a Koala había encontrado al amor de su vida. Yo los presenté porque Koala y yo trabajamos juntas como trabajadoras sociales en una ONG. Pude ver cómo al mirarse comenzaba a nacer el enorme amor que los une actualmente. Por ese mismo amor, ahora mismo estoy yendo a la habitación donde el futuro esposo de mi buena amiga Koala se prepara para presentarle al altar. Torao había ido a buscarme a la habitación donde preparábamos a Koala. Al parecer Sabo había echado ya a todos incluidos a Luffy, quedándose solo junto a Ace y mi hijo.

¿Qué puedo decir de Ace? Desde que corté la relación con él, Ace mejoró mucho: trató de llevar varias relaciones serias, pero al parecer nunca han funcionado. Actualmente es policía al igual que Zoro y bueno, mantenemos una relación cordial porque es el tío de mi hijo y el hermano de Luffy y Sabo. Mentiría si dijese que los años han empeorado algo de su aspecto. Está incluso más guapo y para empeorarlo es un encanto con todos. Cosa que hace que me hierva la sangre porque parece que necesitó que me fuese de su vida para ser tan adorable como parece cuando habla con los demás.

— Law dice que quieres verme. —aviso incómoda ante la mirada permanente de Ace sobre mí. Después observo al padre de mi hijo: pajarita mal colocada, cuello doblado, despeinado...

— ¡Aquí estás! —me abraza ansioso y me echa un rápido vistazo—Estás preciosa.

— Y tú estás guapísimo, como siempre—lo observo de nuevo y le doy varios toquecitos en el cabello hasta dejarlo medianamente decente— Los mejores genes. Menos mal que tuve el hijo a tiempo. —me burlo a lo que él responde abrazándome con una ligera risa nerviosa que conozco perfectamente: Sabo va a empezar a decir tonterías porque no puede aguantar su ansiedad.

— Qué bien nos lo pasamos haciéndolo. —comenta mi mejor amigo provocando que ambos riamos juntos, al contrario que mi hijo.

— ¿Podéis dejar de hablar como si no estuviese delante? — pregunta molesto nuestro querido retoño.

Puedo notar que Ace le susurra algo a mi hijo, pero no le presto atención, porque el protagonista este día es el padre de mi hijo.

—¿Qué te pasa, Sabo?

— ¿Seré un desastre como marido?

La ternura que me produce su pregunta y su inseguridad por no ser suficiente me hace acariciar su mejilla.

— Si eres tan buen marido como padre, serás el mejor.

— Te quiero. —me dice contento el rubio y besa mi frente. —¿Hago lo correcto seguro?

— ¡Sabo, claro que sí! ¡Koala y tú estáis destinados!

— Eres la madre de mi hijo. Junto a Koala y Dadan eres la mujer más importante de mi vida. ¿Hago lo correcto casándome?

— Como la tercera mujer de tu vida, te digo que a la primera a la que has nombrado es la correcta. — asiento convencida de mis propias palabras.

— Hermano, — interviene el estúpido de Ace— si tienes dudas quizá es mejor que no te cases.

— Ace, si eres gilipollas quizá es mejor que no hables.

Vale, relación cordial, cordial, lo que se dice cordial, no es. No puedo perdonar a Ace actualmente. Llamadme rencorosa si queréis, pero cuando se dirige a mí o habla cerca de mí sigo sintiendo que se ríe de mí tal y como lo hacía años atrás.

— ¡Mamá! —me regaña mi hijo enfadado.

Contra todo pronóstico, Ace es el tío favorito del pequeño Law. Ni Zoro, ni Luffy, ni Usopp que cuenta las mejores historias, ni ningún maldito Mugiwara. El maldito Portgas D Ace. ¿Os lo podéis creer?

— No le grites a tu madre. —le regaña Ace también, dándome incluso más coraje porque me ha defendido después de que yo le haya insultado.

— Es normal que de los nervios te surjan dudas el día de tu boda, Sabo. — consuelo a mi amigo ignorando al estúpido de las pecas que continúa pendiente de todos mis movimientos— Law, cariño, acompaña a tu padre a que se eché agua en la carita, anda. A ver si esa autoconfianza renace por algún lado porque yo ya me he aprendido el maldito baile de las damas de honor y no pienso no mostrarlo al mundo.

Lamentablemente mi comentario provoca no solo la risa de Sabo y nuestro hijo, Ace también ríe.

Mi hijo me hace caso y acompaña a su padre al baño. Me dispongo a marcharme, pero Ace se ha puesto de pie con las manos en el pantalón de su esmoquin.

— Si de verdad fuese la mujer de su vida no dudaría.

No puedo evitar carcajearme al escucharle mencionar eso, aunque algo dentro de mí se remueve al oírle hablar de nuevo sobre ese tema, porque muchos años atrás yo en teoría era supuestamente la mujer de su vida. Muchos años atrás cuando aún estaba enamorada de él.

— ¿Qué vas a saber tú de eso, Ace?

— Porque tú eres la mujer de mi vida y sé que si tuviese la oportunidad de casarme contigo no dudaría ni un segundo.

Y al escucharle decir eso me maldigo a mí misma por dentro porque me doy cuenta que, a pesar de todo, más de quince años después, sigo enamorada de él.