TÍMIDO
Do Kyungsoo era el chico tímido del salón, siempre se sentaba junto a la ventana con cierto aire distraído. Usualmente llegaba temprano, no hablaba con nadie y nadie le prestaba demasiada atención, excepto por Chanyeol.
Park Chanyeol era un idiota de casi dos metros de altura. Tal vez Jongin estaba siendo parcial, pero le parecía que Chanyeol no era ni listo, ni atractivo, para lo único que parecía bueno era para los deportes, pues era el capitán del equipo de rugby. Además era el novio secreto de Kyungsoo, aunque en ese preciso momento, Jongin no quería pensar en ello, no mientras tenía los labios y la lengua de Kyungsoo sobre su cuello.
Dios, qué bien se sentía.
La verdad era que Jongin no estaba seguro de cómo habían acabado así, pero ahí estaban y no había marcha atrás.
Presionó sus manos sobre la espalda de Kyungsoo, sus dedos acariciaron la camisa del uniforme con una mezcla de temor y excitación. Una exhalación escapó de sus labios entreabiertos. La boca de su compañero se había concentrado en la base de su cuello y Jongin empezaba a sufrir con la sofocación que se arremolinaba en su vientre.
—Kyungsoo —Jongin intentó detenerlo, pero lo único que logró fue que las manos de su compañero se colaran por lugares inapropiados—. Por favor, deja de jugar...
—No estoy jugando —Kyungsoo murmuró soltando los pantalones de Jongin.
De acuerdo, tal vez Kyungsoo no era tan tímido.
—Para, tenemos que terminar...
Jongin sofocó un gemido cuando la mano de su compañero acarició su dureza. Kyungsoo soltó una suave risa que encajaría bien en el cielo junto al coro de los ángeles, pero que por experiencia Jongin sabía que lo llevaría al infierno. Oh sí, al maldito y caliente infierno.
—¿La tarea? —Kyungsoo preguntó con un muy convincente gesto de inocencia en su rostro. Sus dedos alrededor de Jongin, tirando suavemente de arriba hacia abajo.
—Sí —Jongin murmuró, derrotado.
—Mmh... la tarea —Kyungsoo exhaló sobre sus labios seductoramente—. La podemos terminar después.
—Siempre dices eso, pero aún no la hemos terminado.
Kyungsoo sonrió abiertamente, se veía tan adorable cuando hacía eso y Jongin sabía que estaba a un paso de caer al precipicio y no quería. Realmente no quería hacerlo sabiendo que su madre y sus hermanas estaban en casa... pero su cuerpo estaba más que listo.
Kyungsoo se bajó del escritorio y empezó a soltarse sus pantalones. Lanzó al suelo la prenda y de un salto volvió a subirse al escritorio, soltó lentamente los botones de su camisa y observó a Jongin, que casi babeaba.
—Ven aquí —le ordenó.
Y Jongin avanzó los escasos centímetros que los separaban, aún sabiendo que la tarea no podía seguir retrasándose. Se inclinó sobre él para rozar sus labios y se ganó el pase para su secretamente ansiado infierno.
—No me gusta ese muchacho —la madre de Jongin declaró durante la cena, arrugando la nariz —, parece... raro.
—¿Raro? —Jongin preguntó con el ceño fruncido. La palabra sexy lo describía mejor.
—Sí, creo que a él le gustan los hombres —la señora Kim dijo aquello con temor, como si esa simple frase pudiera atraer una maldición.
Jongin rió suavemente, restándole importancia, y se llevó el tenedor a la boca.
—Mamá... —la hermana mayor de Jongin intentó persuadirla, pero la mujer le envió una mirada que la hizo callar de inmediato.
—Cariño, no deberías expresarte de esa forma —el señor Kim también intervino y luego miró a su hijo con seriedad—. Y tú, más te vale que sepas lo que estás haciendo. Tengo entendido que ese chico es hijo del sargento Do y todos saben cómo es ese hombre, no quiero que te metas en problemas.
Jongin se recostó en su asiento y observó el pizarrón con un gesto de aburrimiento.
Un papel se deslizó sobre su mesa con disimulo y él lo tomó. Bajó sus manos a su regazo y leyó el mensaje. Forzó una sonrisa a modo de disculpa y negó. Luego escribió una respuesta en el papel con su descuidada caligrafía.
“Lo siento, tengo que terminar el reporte con Kyungsoo”.
Regresó el papel a su remitente y observó de reojo como un puchero se formaba en unos rosados labios.
“De acuerdo, pero el fin de semana tendrás que compensarlo”.
Jongin asintió distraídamente, dando por finalizada la furtiva conversación, y se giró hacia su izquierda.
Aparentemente, su mirada se dirigía al jardín, pero Jongin no dejaba de echar disimulados vistazos a cierto perfil. Kyungsoo, se sabía observado, pero como siempre mantuvo su vista al frente. Tan tranquilo y silencioso como siempre, tan distinto del chico que solía seducirlo por las tardes en lugar de trabajar en la aburrida investigación de historia que su profesora les había asignado.
Jongin miró de nuevo al pizarrón, intentando sacarse ciertas imágenes de Kyungsoo de la cabeza. Tenía que ser discreto, si alguien lo atrapaba mirándolo demasiado, podrían sospechar que no era tan indiferente hacia él como aparentaba.
Cuando las clases llegaron a su fin, Jongin se acercó a Kyungsoo. Ante la expectativa de llevarlo de nuevo a su habitación sus manos empezaron a sudar.
—Vamos, tomé un par de libros de la biblioteca, creo que ahí podremos encontrar...
Kyungsoo negó con un gesto de disculpa.
—Hoy no puedo —anunció en voz baja—, tengo un asunto que resolver.
Jongin asintió, desilusionado y se giró para marcharse, en ese momento notó que Chanyeol esperaba en la puerta. Sabía que debía marcharse en silencio, pero no pudo evitarlo.
—¿Con Chanyeol? —Jongin preguntó. De pronto un sabor amargo se extendió sobre su paladar.
—Sí, con él —Kyungsoo admitió, dándole una mirada escrutadora.
Jongin asintió sin decir más. Aunque le molestara, ¿qué derecho tenía?
Esa noche, alguien inesperado tocó a la puerta de los Kim.
Jongin se sorprendió tanto al ver a Chanyeol en su pórtico, que el color en su rostro casi desapareció. Había pasado toda su tarde maldiciendo su existencia e imaginando un sinfín de posibles asuntos que Kyungsoo tuviera que resolver con él. Había detestado todos y cada uno de ellos.
—Sé que es tarde, pero tenemos que hablar —Chanyeol empezó.
Jongin asintió llenándose de valor. Tenía que hablar, la oportunidad había tocado a su puerta y no debía desperdiciarla. Incluso si eso significaba recibir una paliza por parte de Park.
—Chanyeol, Kyungsoo y yo...
—Sé lo que sucede entre ustedes —Chanyeol lo interrumpió con seriedad—. pero no estoy aquí para hablar sobre él, sino sobre Baekhyun.
Jongin lo miró con confusión y una extraña sensación se arremolinó en su interior. Había estado saliendo con Baekhyun los últimos meses, aunque muy pocos sabían sobre eso. Habían sido discretos, de no haberlo sido se habría armado un escándalo que posiblemente hubiera terminado con ambos expulsados y probablemente enlistados en el ejército.
—Él y yo hemos estado viéndonos a escondidas —Chanyeol confesó de pronto, sacando a Jongin de sus pensamientos—. Ni él, ni yo sabíamos que tú y Kyungsoo...
Jongin abrió la boca, pero no fue capaz de decir nada. Su novio también había estado engañándolo y justamente con Park Chanyeol.
Chanyeol soltó un suspiro lleno de frustración.
—Esto es de locos —comentó.
—Lo es —Jongin confirmó en un murmullo—. ¿Cómo te enteraste de...?
—Kyungsoo me lo dijo esta tarde —Chanyeol murmuró con el ceño fruncido—. Terminó conmigo.
Jongin sonrió por un instante. No pudo evitar sentirse muy feliz y orgulloso por la valentía de Kyungsoo. Aunque era una felicidad corrupta por la culpabilidad.
—¿Baekhyun lo sabe? —preguntó con temor y a la vez con esperanzas.
—Aún no, eso es lo que quería pedirte —Chanyeol respondió—. Habla con él, si tú quieres estar con Kyungsoo y yo con Baekhyun, creo que la solución es simple.
Jongin asintió. Aunque aún estaba demasiado sorprendido.
—Y... ¿estamos bien?
—Claro —Chanyeol soltó un suspiro—. Todos somos culpables de algo, no debería haber rencores.
—Tienes razón —Jongin musitó.
Sonaba lógico, pero a la vez parecía tan ilógico.
Después de sentarse sobre el escritorio, Kyungsoo le dedicó una mirada llena de intensidad.
—Entonces... ¿Obtuve la posición de tiempo completo?
Jongin asintió dando un paso al frente. Esa tarde, como muchas otras, habían caminado juntos hasta su casa, para continuar con su tediosa tarea en pareja.
—Contratado.
Cuando lo tuvo a su alcance, Kyungsoo tiró de él y estampó sus labios contra los de Jongin. Sus roces se sintieron incluso más cálidos, húmedos y excitantes que antes. Jongin se rindió a él de inmediato, como si sus besos tuvieran alguna clase de estupefaciente.
Pensándolo mejor, así fue como todo empezó; Jongin simplemente no había podido resistirse a las miradas curiosas de esos ojos grandes y expresivos, ni al magnetismo que parecía existir entre sus cuerpos. Había bastado un beso, tímido y experimental, para descubrir que cuando se acercaba lo suficiente a Kyungsoo algo extraño sucedía. Todo, absolutamente todo, desaparecía de su cabeza. Cuando sus labios se encontraban solo había espacio para ellos dos y para el intenso calor que se extendía por sus cuerpos.
Mientras devoraba sus labios, Kyungsoo empezó a soltarle los botones de la camisa.
—¡Espera! —Jongin exclamó separándose bruscamente—. Hoy sí tenemos que terminar la tarea, tenemos que entregarla mañana.
Kyungsoo hizo un gesto de contrariedad. Jongin se inclinó para hablarle al oído.
—Y todas las tardes, a partir de mañana, podremos concentrarnos en estudiar anatomía.
Kyungsoo sonrió, más animado con aquella proposición, y Jongin puso un casto beso en sus labios para sellar aquel acuerdo.








