Capítulo 1. Valeria.
Era una cálida mañana de lunes. A Valeria se le debió de pegar las sábanas a su delicado cuerpo porque le costó más de lo normal levantarse. Además había dormido mal. Había tenido pesadillas a lo largo de la noche con la muerte de sus padres. Esas pesadillas las tenía noche tras noche y no conseguía que cesaran. Pero sabía que algún día lo conseguiría. Ella era una joven luchadora y sabía que su hermana Pamela la necesitaba. Hacía dos años que sus padres habían muerto en un accidente de tráfico y ella tuvo que hacerse cargo de su hermana de trece años. Ahora ésta tenía quince y era una joven problemática. No quería estudiar y llevaba loca a Valeria.
Valeria trabajaba los fines de semana en un restaurante en el centro de la ciudad. Entre lo que sacaba del restaurante, las ayudas que recibía de los servicios sociales y una pensión que le habían dado a su hermana por quedarse huérfana, iba tirando. Ella no necesitaba más. Además, era tan responsable que intentaba esforzarse lo máximo en los estudios para que cada año le concedieran una beca y así poder hacer frente al pago de la matrícula.
Cuando se levantó de la cama, fue a despertar a su hermana para que ésta fuera a sus clases, pero Pamela había trasnochado y era incapaz de levantarse para ir al instituto.
Dejó a su hermana durmiendo y se dirigió a la ducha. Sólo tuvo que quitarse las bragas y la camiseta ancha con la que dormía. Tenía un cuerpazo aunque ella fuera incapaz de reconocerlo. Jugaba al vóleibol un par de tardes en la universidad y era el poco deporte que hacía. Pero en realidad Valeria no lo necesitaba porque se mantenía perfectamente bien.
Luego se preparó un café, se comió una manzana y se dirigió en bicicleta a la universidad.
Cuando la joven empezó en la universidad, a mitad de curso fue cuando Valeria comenzó a afianzar una bonita amistad con Diana, otra estudiante de su misma clase.
Actualmente estaban en segundo de carrera estudiando trabajo social. A Diana esa chica le llamaba la atención. Era una joven muy guapa y llamativa, con una preciosa melena negra y unos ojos oscuros que le hacían ser dueños de una mirada tremendamente penetrante.
A Diana le intrigaba su amiga, y por qué no reconocerlo, también su mirada. A parte era muy simpática y poco a poco fueron haciéndose buenas amigas. Luego Diana se enteró de que a Valeria le gustaban las mujeres, pero para ella no era ningún problema, ya que ella disfrutaba mucho a su lado y además tenían muchas cosas en común. En algún momento llegó a dudar de sus propios gustos ya que tenía que reconocer que Valeria era una chica que llamaba la atención. A cualquiera le podría gustar. Pero Diana llevaba saliendo con Pablo un año, y estaba muy enamorada de él.
Cuando acabaron la jornada en la universidad, Diana invitó a Valeria a ir a su casa. Era la primera vez que la invitaba. Vivía sola con su madre y ésta trabajaba hasta tarde. Así que seguramente tendrían la casa para ellas solas durante toda la tarde.
Cuando Diana dejó pasar a Valeria al interior de la vivienda, ésta se sorprendió de la preciosa casa que tenía Diana. Sabía que su amiga vivía con su madre, pero después de haber visto esa casa, tenía claro que la madre de Diana tenía un buen puesto de trabajo.
-Perdona Diana, pero tu madre,¿En qué trabaja? porque esta casa es una pasada. Tiene que ganar mucho para poder permitírsela.
-Sí, Valeria. Ella es una buena abogada y tiene un bufete con mis abuelos. Así que sí, tenemos dinero. Pero también ella trabaja muchas horas. Como me falta la figura paterna ella se piensa que con dármelo todo llena ese vacío que tengo. Pero no se da cuenta que preferiría que trabajara menos y me dedicara más tiempo. En fin, tengo veinte años y ahora mi madre no va a cambiar. Siempre ha sido así. No la culpo, mis abuelos son dueños del bufete y quieren que su hija siga los pasos de ellos, lo cual es normal. E imagino que hoy vendrá tarde, nunca viene pronto, así que ponte cómoda. Por cierto, ¿Te saco algo para beber y comer y empezamos el trabajo que nos han mandado?
-Sí, claro. Si tienes café, necesito cafeína. Esta noche no sé por qué pero he dormido poco y mal.
-Perfecto. Ponte cómoda, yo ahora vengo.
-¿No quieres que te ayude?
-No, tranquila. No es necesario.
Mientras Diana iba a la cocina a preparar algo para comer y para tomar, Valeria se dispuso a ver las fotografías familiares que estaban colgadas por las paredes del comedor. Era un comedor muy acogedor y tenía claro que la madre de Diana tenía muy buen gusto por el diseño. Valeria se quedó de piedra cuando vio a la que se suponía que era la madre de Diana. Era una mujer espectacular además de joven. No sabía que su amiga tuviera una madre tan joven y tan impresionante. Sólo pudo tragar saliva cuando se quedó mirando fijamente las fotos.
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