La Luna sin alma

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Summary

¿Qué ocurre cuando el vinculo de compañeros es envenenado por terceros desde muchos antes de que un lobo pueda reclamar a su compañera? Edwin ha vivido desde que puede recordar en una institución mental por problemas disociativos extremos de la personalidad. Ya de por si, malo en un humano, ¿Pero en un hombre lobo? Y si añades a eso, que es el futuro rey lobo, todo parece que va a irse a la mierda en esta generación. ¿O no? Ava no habla, no quiere escuchar, no quiere entender nada de lo que le sucede, porque desde que puede recordar, en su vida solo hay dolor y sufrimiento. Su alma está rota desde hace demasiado tiempo. La muerte para ella será un alivio. Slo que hay quien no la dejará morir porque dice que ella es su otra mitad y sin ella se muere.

Status
Ongoing
Chapters
19
Rating
n/a
Age Rating
18+
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1. La maldición

En un lugar muy antiguo y místico, donde aún existen dioses y hadas, brujas y duendes, sucedió esta historia que os voy a contar.

Las manadas de hombres lobo corrían salvajes y sin control, pues sus alfas eran aún más salvajes que los lobos de los que procedían. Se cazaban unos a otros y a los humanos también, ya fuera por tierras, alimento o compañeras fértiles con las que engendrar.

Y los Místicos, los reyes y reinas de los seres sobrenaturales, al ver la devastación que provocaban, decidieron hacer un llamado a la cordura entre ellos, sugiriendo les que eligieran a un buen rey.

Digamos que, puedes sacar al lobo del bosque, vestirlo con sedas, alimentarlo con los más sofisticados alimentos, pero, lo que nunca lograrás es sacar al propio bosque del lobo. Así que las manadas no se tomaron nada a bien que intentaran cambiarles el estilo de vida y que quisieran imponerles un rey bajo el que someterse. Ellos eran grandes alfas, poderosos, peligrosos y mortales, por lo que empezaron una guerra contra aquellos que trataron de corregirlos o guiarlos.

Lo que pasa es que sobre estimaron su poder y fuerza. Dos no pelean si uno no quiere, y los otros reinos, por supuesto, no querían, así que usaron su inteligencia y sabiduría en lo que mejor se les daba, confundir al enemigo.

Cuando los lobos creían haber rodeado a un vampiro, este desaparecía. Cuando a una bruja, igual, sin dejar rastro alguno. Duendes, elfos, ¡incluso los ogros estaban a salvo de ellos! Y eso no lo podían tolerar. Así que ahora sí, se reunieron, pero no para elegir un rey, sino para elegir al más fuerte de todos, al más listo y al más veloz, para enviarlos a descubrir cómo y porqué huían sus enemigos en lugar de confrontarlos.

Si, ya sé lo que diréis, ¿Cómo pueden ser tan tontos estos lobos? Sencillo, eran los primeros, más bestias que hombres. Para ellos, la batalla era sagrada, no se huía de ella, se vivía o moría por el colmillo, pues ese era su credo.

Los tres lobos que las manadas mandaron en busca de soluciones y conocimiento se llamaban Alfa, Beta y Omega, siendo Omega el más listo y el más tranquilo de los tres, porque también era el más débil. Si, ya sé que esas son las jerarquías de los hombres lobo hoy en día. No tenéis que recordármelo, pues estaba allí cuando se establecieron y estos, amigos míos, fueron los lobos por los que se llamaron finalmente así.

En fin, que los tres empezaron a recorrer las tierras septentrionales, limitadas por los otros reinos, cuando llegaron a un brillante y tranquilo lago de aguas tan cristalinas, que la luna, reflejada en él, parecía estar cubierta de algas, peces y pequeñas hojas.

Como los tres estaban cansados de correr, decidieron acampara su orilla y refrescarse en las tranquilas aguas. Calmaron su sed y cazaron en sus orillas, hasta que la luna emergió y decidieron, como buenos lobos, cantarle una serenata.

En ella hablaban de la victoria sangrienta, del corazón palpitante de sus enemigos en sus manos, en todo lo que amaban de la lucha, pero nada que ver con el brillo plateado de su cara o la tranquilidad de su espíritu, y la diosa de la Luna, molesta, se presentó ante ellos.

Todo hay que decir que, aunque Selene siempre es y será reverenciada como la madre de los sueños y la diosa de lo sobrenatural, en el caso de los hombres lobo, que ni temían ni respetaban aun a nadie, Selene solo era una diosa muy fértil, con cincuenta hijas nada menos, y una presa tan digna como cualquier otra. Tonnntossss. Pero no para un rato, no, ¡Para siempre! [Si, le robé la frase a José Mota, perdón, Josele, pero es que eran así...]

Nada más presentarse ante ellos, Alfa, que era también el más presumido y coqueto, trató de seducirla con su buena apariencia y su avasalladora masculinidad, ante lo que Selene arqueó una ceja, y muy a lo Maléfica, le dijo: "Patético".

Que puedo decir, Alfa, se enfadó, y transformándose, la atacó. Pero antes de llegar a tocarla, cayó desnudo al suelo, su habilidad anulada, su cuerpo dolorido y su orgullo aplastado, porque la diosa, como buena diosa, solo había suspirado aburrida y lo había señalado con el dedo.

Beta, también enfadado, pero más observador, pensó que podría conquistar a la diosa si lograba al menos dominarla, y para ello, tendría que llegar a ella, así que corrió, corrió y corrió a su alrededor, hasta que, al verla bostezar, pensó que ya la tenía, y se abalanzó sobre su espalda.

Que decir que Selene no se preocupó, era una diosa, no una bruja o un ser mortal, así que solo se hizo intangible y el lobo la atravesó, golpeándose el hocico contra la dura tierra. El joven lobo, completamente humillado, gimoteó lejos de ella y trató de recomponerse.

Fue Omega, al ver a sus compañeros derrotados tan fácilmente, quien se pensó largamente que hacer. Atacarla no servía, y nada la podía tomar por sorpresa, quedaba negociar con ella, aunque a los otros dos no les gustase.

— Divina diosa, porque solo una diosa puede hacer lo que tú haces, dinos tu nombre para alabarte y servirte. — Comenzó Omega, muy servil. — Tu que nos has honrado con tu presencia, ¿Qué podemos hacer por ti?

Selene, que no es mala en realidad, decidió tomar asiento y hablar con aquellos tres, pues aún no había tenido la oportunidad de conocer a los lobos, con una idea en mente.

"Habéis estado alabando a Ares, mi sobrino, al verme a mí en el cielo, decidme, ¿Qué os ha dado la impresión de que apreciaría vuestra oda a la guerra, la matanza y la destrucción, siendo yo una diosa de paz, de harmonía y de renacimiento?" Preguntó sin siquiera mover los labios, pue es bien sabido que la voz de un dios puede ensordecer a los humanos.

— Divina Selene, discúlpanos, es que no conocemos más canciones, siendo criaturas de la batalla. — Le respondió Omega servilmente. — Buscaremos y aprenderemos canciones que hablen sobre ti, oh, mi diosa, al igual que te cantan nuestros hermanos salvajes.

"Las canciones no importan si no se sienten, lobo. Si queréis cantar, debéis aprender a sentir. Por ello, os voy a dar tres regalos y una maldición, para que aprendáis y entendáis. Además de una orden, por supuesto. Ya que, a partir de hoy, como mi sobrino os ha malcriado, yo me haré cargo de vosotros." Le interrumpió la diosa, sonriendo inocentemente.

— Diosa, no somos signos. Tus regalos y tus enseñanzas, no creo que cambien nuestra naturaleza, pues lobos somos y lobos seremos siempre. — Se inmiscuyó Alfa, a quien las maldiciones le daban mucho miedo.

"Ya los he ofrecido, y no voy a retractarme." Dijo Selene. "Mi primer regalo, es la belleza, pues todo depredador ha de ser hermoso en todas sus facetas. A traeréis la atención del sexo propio y ajeno, pues la belleza debe ser apreciada siempre." Aseguró.

— Bueno, ese regalo no está tan mal, mi diosa, pero no sirve de mucho cuando te hieres en combate. — Le explicó Beta, humilde en su tono, pero despectivo en su gesto.

"Por eso mi segundo regalo es la curación. Podréis curar en minutos una herida menor y en horas una mortal, solo la plata podrá dañaros irreversiblemente la piel hasta formar feas cicatrices o causaros la muerte. Recordad, cada bien recibido tiene límites y para vosotros será mi espejo eterno, que no es otra cosa que una lágrima de plata que Hefestos me hizo." Les indicó la diosa, y aunque Beta no se las tenía consigo mismo por el tema de la plata, le agradeció a la diosa.

"Mi último regalo es quizás el más valioso y a la vez, el más traicionero, pequeños míos. Tened cuidado con él. Cada generación será más lista que la anterior, por lo que muchas veces os veréis en disputa con aquellos que se creen superiores a todos. Sedes humildes en ese sentido y todo irá bien. Perded el camino y de mi lado os alejaréis." Les advirtió la diosa.

— Gracias mi diosa, guardaremos con respeto y admiración estos regalos. — Agradeció Omega, haciendo señas a sus compañeros para retirarse antes de que la diosa pronunciara su maldición. Pero era tarde, ella veía en el fondo de sus corazones su cobardía, por lo que los congeló donde estaban y caminó entre ellos.

"Tenía pensado daros una maldición sencilla, como perseguir os las colas o transformar os todas las noches de luna llena, pero como acabáis de intentar huir de vuestro destino, vuestra maldición será mayor. Yo divido vuestras almas en dos, entregando la mitad que os quito a mis hermanas Destino, que las esconderán allí donde os cueste encontrarlas. Podréis vivir sin vuestra otra mitad, pero os fortaleceréis si a ella os unís. Y tres pistas os doy para saber que es ella. La primera, chispas desprenderá vuestra piel a su contacto. La segunda, su olor os volverá locos y posesivos. La tercera, una vez encontrada, ninguna otra os atraerá como ella. Búscala y encontrarás la felicidad. Recházala y el dolor os consumirá a ambos." Los maldijo, y los tres notaron como se les partía el alma en ese mismo instante, dejando un vacío en sus corazones.

"Y ahora, para que partáis tranquilos a vuestras casas y empecéis vuestra búsqueda de vuestra compañera, un consejo. No es malo seguir los pasos de aquellos que ya estuvieron en vuestros zapatos. Si os piden un rey lobo, lo encontraréis en la forma del lobo más grande y bondadoso, no en el más violento y sanguinario." Les aconsejó Selene antes de desaparecer a sus ojos.


Ares no estaba muy contento con lo que su tía acababa de hacer. Acababa de perder a sus mejores guerreros y sus más leales adoradores a su parecer, y el poder de un dios está muy ligado al número de fieles que tiene.

— ¿Tenías que hacerlo, Selene? ¿No te basta que te adoren todas las criaturas mágicas, los poetas y las brujas? ¿Tenías que quitarme a mis sabuesos? — Protestó frente al trono de esta en su templo.

— Vamos, Ares, tienes más que suficientes fieles entre los humanos. Y dado que tanto te molesta haberles dado sentido a los pobres, ¿Por qué no le das sentido a alguno de tus pobres humanos? Todos sabemos que la mayoría, una vez tocados por tí, solo matan por matar. Dales algo más que la plata, un veneno quizá para debilitar a los lobos y que los cacen por placer o por temor. Formas hay, querido niño. — Lo reprendió dulcemente, sabiendo que había dado las herramientas a Ares para destruir muchos destinos.

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