Capítulo 1
Todo el que conoces te acaba mintiendo por lo menos una vez
Jane
Abrí los ojos con más dificultad de la que debería. La cabeza me pesaba y,como si mi instinto supiese exactamente todo lo que estaba pasando,comenzó a acelerarme los latidos del corazón y me desperté de golpe.
No podía moverme.
Mis manos estaban atadas por unas cadenas,aunque mis piernas estaban libres. Intenté tirar de mis manos,pero sólo conseguí que las cadenas hiciesen ruido. Seguí el rastro de las cadenas en mis muñecas,estaban unidas a las dos paredes que me rodeaban,una en cada dirección.
¿Pensaban torturarme estando de pie?
Torturas más dolorosas había visto. Me habían quitado la chaqueta,así que lo único que me quedó puesto fueron los vaqueros azules y la camiseta de tirantes oscura. Dentro hacía frío,pero no un frío que me helase,era hasta reconfortante. Era como la brisa fría de una tarde de verano. Las botas que llevaba me pesaban un poco,dificultándome la tarea de simplemente permanecer de pie,ya que las jodidas cadenas no me dejaban sentarme. Miré a mi alrededor para examinar el territorio.
Estaba dentro de una especie de almacén abandonado,con focos tenues que alumbraban lo suficiente como para no enloquecer debido a la oscuridad.
Volví a mirar las cadenas. Intenté invocar mis llamas negras para que consumieran las cadenas hasta reducirlas a cenizas,pero no sucedió nada y eso me extrañó hasta aterrorizarme.
Estaba sudando y las opciones se me agotaban. No veía ningún punto de apoyo ni tampoco algo que me pudiese ayudar. Antes de que mi cerebro siguiese pensando a gran velocidad,el andar de unos tacones resonó en el eco del almacén.
De pronto apareció un rostro que reconocía,que sabía que había visto anteriormente,pero no supe decir quién era.
—Eres demasiado ruidosa,¿te lo habían dicho ya?
Por mi mente pasó Aleksis diciéndome lo ruidosa que era. De pronto,unas ganas de llorar incontrolables amenazaban con debilitarme,pero no lo permití.
—Técnicamente,tus tacones son más ruidosos que yo.—repliqué en el mismo tono tranquilo.
No se inmutó ante el comentario.
Su cabello era castaño y estaba perfectamente peinado. Sus ondas caían sobre sus hombros en un vestido corto azul marino,y los molestos tacones negros. Todo su aura emanaba furia alrededor de ella.
—No sé porque Angi te perseguía tanto,sinceramente no eres tan guapa—se acercó a mi con pasos lentos—,pero alégrate mujer,no estás aquí por tu belleza.
¿No? ¿Por qué podría ser entonces?
Los engranajes en mi mente comenzaron a funcionar,no sólo era mujer,también era una bruja.
Pero no había forma de que supiesen eso. Si me perseguían,algo deberían de haber visto para saberlo. A menos que también fuesen brujos.
Y siendo sincera,no es que mi ego estuviese por las nubes o algo así,pero si era mucho más guapa que ella,sólo que no iba a entrar en su juego de niña de doce años en un concurso de belleza infantil.
Fui directo a lo que me interesaba saber.
—¿Ah no? Una pena.—la miré a los ojos castaños—.¿Y por qué estoy aquí?
—Esa no es una pregunta que yo deba contestar,pero sólo te puedo decir que deberías sentirte halagada.
Eso tenía aún menos sentido.
—Bueno,una pena que lo único que sienta sea aburrimiento.—me encogí de hombros restándole importancia.
—¿Si? Entonces debería de quitarte el aburrimiento.
Se acercó aún más con pasos lentos,entrando en mi alcance,pero no hice nada,no me convenía dada mi posición. Me agarró el mentón con fuerza antes de mirarme a los ojos y estrellar su mano contra mi mejilla derecha. El golpe resonó en todas las paredes del almacén. Me ardía la cara,pero no dije nada,porque todo lo que tuviese que decir en ese momento solo podrían llevarme a una cosa,a una tortura asegurada.
—¿Sigues aburriéndote?—sonrió.
No contesté.
Una sola palabra salida de mi boca lo único que detonaría sería un puñado de improperios que a nada me llevarían,pero se tomó mi silencio como le dio la gana.
Me agarró del pelo y me atestó un puñetazo que me hizo inclinarme hacia atrás y sentir el sabor de la sangre en los labios.
Pocos segundos después,sentí la gota resbalar desde mi nariz hasta mi labio superior. El golpe me aturdió un poco,pero me mantuve en pie.
Aún me seguía preguntando porque mi Magia no funcionaba.
La mujer se alejó molesta al no poder divertirse conmigo.
—Volveré para verte suplicar,estúpida.—murmuró antes de desparecer del almacén.
Perfecto,me reiré en tu puta cara cuando veas que no te suplico ni a ti ni a nadie.
Volví a re dirigir mis pensamientos hacia el modo de hallar una salida. Volví a mirar con ojo analítico las cadenas. Percibí un brillo apenas perceptible al ojo humano que brillaba sobre los grilletes que rodeaban mi muñeca derecha.
NO
ME
JODAS
Encontré restos de aquel polvo morado que al estar cerca o en contacto con él,deshabilitaba cualquier tipo Magia. Por eso es que yo no podía usar la mía.
Pues entonces estaba en un grave problema.
Desgraciadamente,mi entrenamiento militar no me servía de nada en ese caso,por dos sencillas razones. En primer lugar,no me formé para enfrentar situaciones como esta,sino para defenderme. Y en segundo lugar,las condiciones no me lo permitía. Las cadenas eran demasiado gruesas y estaban sujetas a dos columnas,una a cada lado de mi,que para mi mala suerte estaban demasiado lejos. No había nada que pudiese hacer para liberarme. Así que a menos que tuviese súper fuerza o algo por el estilo,no me iba a librar tan fácil.
Eso ya lo sabía.
Me digné a esperar,pero mi instinto activó el modo supervivencia,el que me llevaba a seguir buscando fallos o que se hubiesen despistado en quitarme todo lo que tuviese a mano,pero de nuevo,nada con lo que ayudarme. Las piernas se me estaban cansando,pero no di muestras de ello. Estaba segura de que me estarían vigilando a través de una cámara escondida en algún rincón del almacén.
No pasó mucho tiempo más hasta que por la puerta apareció un joven vestido en un traje negro que dejaba ver la camisa blanca debajo. Sus zapatos acompasaban su paso;elegante y firme. Al acercarse más,no me costó reconocerlo. Tenía rasgos que no se olvidaban con facilidad,como el pelo rubio perfectamente peinado,la barba que parecía siempre recién recortada y perfilada con pulcritud,pero sobretodo,aquellos ojos verdes amigables y generosos.
Los mismos ojos amigables de una persona que pensarías que no podría ni siquiera gritarle a un perro,pero se dedicaba a secuestrar personas.
No sabía que hacía él allí,sólo sabía que desearía morir si Liam se enterase de esto,y que estaría muerto si lo hiciese Aleksis.
—Sapevo che ci saremmo incontrati di nuovo.–sonrió.
<<Sapevo che ci saremmo incontrati di nuovo.= Sabía que nos encontraríamos de nuevo>>
—Ty yebanyy sukin syn.—contesté.
<<ty yebanyy sukin syn.= Eres un maldito hijo de puta.>>
—¿Cómo dices?—inclinó su oído hacia mi frunciendo el ceño.
—Veo que por fin hablamos el mismo idioma.—rodé los ojos.
—Sabía que esa cara bonita escondería un carácter tan feroz.—volvió a sonreír.
Me estaban dando ganas de coserle los labios,su sonrisa era cínica.
Comenzó a dar vueltas a mi alrededor,sentí como se posaban sus ojos sobre mi culo. Ese tipo por muy guapo que fuese,era realmente asqueroso y repugnante.
—Me apuesto lo que quieras a que no sabes porque estás aquí.
—Esperaba que me lo dijeras tú.—me encogí de hombros.
—¿De que están manchadas las cadenas,principessa?
Hijo de la gran puta.
—Ahí tienes tu respuesta.—contestó tras recibir gustoso mi silencio.
Estaba en peligro,en uno muy grande porque sabían mi secreto,y no sólo eso,sino también sabían cómo contrarrestarlo.
No era como si no me pudiese defender sin mi Magia,pero esas putas cadenas me complicaban aquella tarea,porque si por mi fuese,su nariz necesitaría cuidados intensivos hacía mucho.
—Tú me has hecho una pregunta;yo te haré otra.—se acercó a mi—.¿Dónde está el ruso?
¿Cómo?
—Por la cara que acabas de poner,veo que no te ha contado nada.—esbozó una risa cómica genuina.
Eso confirmaba lo que yo sospechaba,que Aleksis conocía a Angelo.
"—Las apariencias engañan,Aleksis podría ser una de ellas." Dijo Verónica en cierto momento.
¿Podía ser eso posible? ¿Podía ser que Aleksis no fuese quien decía ser?
Por dios,claro que podía. Aparte de ser brujo,nunca dijo ser nada más.
Lo había encontrado tirado a un lado de la carretera,echo una mierda y supo mi nombre nada más verme,por no mencionar que nunca me dijo que pasó esa noche,como llegó a esa carretera ni porque estaba herido. Además,¿por qué a mi? ¿Por qué un brujo llegó a la vida de una bruja que no sabía que lo era?
—Vamos,Jane. Dime dónde está Aleksis.—repitió.
Hubiese sido muy fácil darle la dirección de mi casa y que fuese a por él,si. Pero no lo iba a hacer,no lo haría porque en mi casa estaba Liam,y él si que no tenía culpa de nada. Al fin y al cabo,fui yo la que insistió en acoger a Aleksis,esto me lo había buscado yo.
—No lo sé.—mentí.
—Claro que lo sabes,sólo lo encubres.
—No lo sé.—volví a decir.
Me miró a los ojos,después volvió a erguirse y chasqueó los dedos. Volvió a aparecer la mujer de los tacones ruidosos. Avanzó triunfal y victoriosa por el almacén hasta quedar al lado de Angelo. Angelo me señaló con la mano y sacó algo de su chaqueta negra de traje,para tendérselo en la mano a la mujer.
Era un látigo.
La mujer lo aceptó gustosa y Angelo,con su porte elegante y firme,desapareció del lugar.
Un escalofrío recorrió mi espalda. Sabía lo que me esperaba y por fin entendí porque me ataron de esa forma,dejándome las piernas libres pero las manos atadas y separadas. Quise llorar,quise gritar,quise decir un montón de cosas,propinarle un millón de improperios,pero no lo hice. No lo hice porque eso no me salvaría de lo que estaba a punto de ocurrir.
Iba a torturarme.
—Acabaré cuando me canse,o cuando me digas dónde se esconde Aleksis.
Su sonrisa se ensanchó. Ya no llevaba el vestido azul marino,sino uno rojo,un vestido rojo como la sangre. Sus tacones seguían siendo negros pero ahora sobrepasaban sus rodillas. Con el látigo en la mano le enrolló algo para que no marcase tanto y se posó detrás de mi. Sentí la frialdad de sus manos cuando sus dedos rozaron la piel desnuda de mi cintura y levantó mi camiseta de tirantes,dejando mi espalda al descubierto y a su plena disposición.
Los tacones volvieron a sonar alejándose,volví a sentir miedo,ansiedad,pánico. Antes de que pudiese tomar aire,el látigo se estrelló contra mi espina dorsal. El grito de dolor que salió de mi garganta opacó el ruido que hizo el impacto sobre mi piel. Ardía y sabía que no se detendría pronto,ni el ardor ni los latigazos. Siempre me había gustado mi espalda,ahora las marcas iban a adornarla,marcándome para siempre. No podía hacer otra cosa más que contar los latigazos después de consumir mis cuerdas vocales en gritos,gritos que no suplicaban clemencia,no pedían piedad,no pedían auxilio,sólo expresaban dolor.
6...
17...
32...
53..
66...
En algún momento debí de quedarme inconsciente,porque de pronto,ya no sentí dolor,ya no sentí nada,sólo sentí los brazos de Aleksis rodeándome,apretándome contra su pecho,mi nariz en su cuello aspirando su delicioso olor mientras la tormenta acallaba el resto de mis pensamientos.