Capítulo 1
Camino de prisa de un lado a otro organizando todo en la habitación, realmente parece que un huracán pasó por aquí. Mi prima y mejor amiga pelean por verse en el espejo y arreglar su maquillaje, yo me detengo viéndolas con incredulidad y lanzo los zapatos que sostengo de nuevo en la maleta. Este debería ser uno de mis mejores días y en lugar de eso, estoy estresada organizando la habitación de Jumanji.
—Ya dejen de verse tanto, siguen igual que antes —
Las dos se carcajean y se dan la vuelta viéndome con diversión.
—Esa amargura se te va a quitar en cuanto lleguemos a la fiesta —dijo mi prima Kristal.
Resoplo y niego con cansancio.
—Por favor, saben que jamás estoy amargada, pero sí estoy muy estresada. Por Dios… Solo miren a su alrededor —me quejo señalando la habitación para que me entiendan.
Mi mejor amiga Camila toma asiento en la cama cruzando las piernas.
—¿De cuándo acá te importa tanto el desorden? Tú eres peor que nosotras —pregunta con el ceño fruncido.
Abro la boca para hablar, pero decido guardar silencio por temor a que esto sea permanente.
Kristal y Camila se miran entre ellas con el ceño fruncido y se acercan a mí rápidamente.
—Lo sabía, esa insistencia tuya en ordenar es por algo… ¿Qué perdiste esta vez? —pregunta Kristal viéndome con curiosidad.
Muerdo mis labios y cierro los ojos dejándome caer en la silla.
—Yo no lo perdí, es que simplemente no sé dónde lo dejé —me quejo enterrando la cara en mis manos. —
—Solo dilo Gabi y te ayudaremos a buscarlo, no sería la primera vez —se burla Camila.
La miro con reproche y pongo en blanco mis ojos.
—Hablas como si yo fuera un desastre andante —me quejo viéndola con desagrado.
—¡Lo eres! —dicen al unísono para luego carcajearse.
Les doy una palmada en el brazo a cada una, ellas detienen sus risas y me ven preocupadas al notar que yo no estoy riendo. Soy una chica que se ríe por todo, hasta de mis desgracias, pero en estos momentos si estoy muy angustiada.
—Esto debe ser serio. Ya dinos, ¿qué buscas? —
Suspiro con cansancio y decido decirles, de ese modo me ayudarán a buscar.
—El anillo, Sebas va a matarme, era una reliquia familiar. Ya no sé dónde más puedo buscar —
Intercambian miradas de preocupación y miran la habitación del hotel en el que estamos con otro semblante.
—De acuerdo, hay que organizar todo este desastre, tranquila linda, ese anillo tiene que aparecer hoy mismo —me tranquiliza Kristal.
Respiro aliviada al tener su apoyo, las tres comenzamos a ordenar el desastre que hay en la habitación y a buscar hasta en los lugares menos pensados. Cuando estamos a punto de darnos por vencidas alguien golpea la puerta y Camila corre para abrir, detengo mi búsqueda con el corazón a mil por horas al ver que es Sebas quien entra en la habitación.
—Hola preciosa, no sabes cuánto te extrañé —
Camina hacia mí y cada vez que se acerca mi nerviosismo crece aún más, me abraza fuertemente y me da uno de esos besos que dejan mis piernas temblando, haciendo que me olvide por completo del anillo.
—Hey, no coman delante de los pobres —se queja Kristal.
Sebas se aparta de mí con una sonrisa y yo me pierdo en sus ojos verdes. Cada vez que lo veo mi corazón se agita y mi sonrisa crece a más no poder. No puedo creer que en dos días nos casaremos. Bueno, si logro conseguir el anillo. Al recordar eso abro mis ojos como platos, temiendo que él sepa algo. Si en algo soy mala, es en ocultar mis sentimientos, soy muy impulsiva y expresiva.
Sebas me mira con una amplia sonrisa y niega tras una carcajada.
—Pensaba hacerte sufrir un poco más, pero al ver esa carita de miedo no puedo hacerlo —
Eleva sus dedos hasta mis ojos y noto que tiene el anillo de compromiso en su dedo meñique. El alivio que invade mi cuerpo es indescriptible y cierro los ojos conteniendo las lágrimas.
—Por Dios, lo siento mi amor, de verdad no lo boté. Es que… —
—Lo sé, lo sé. Tranquila preciosa, lo dejaste en mi habitación —
Con una sonrisa, Sebas se quita el anillo y lo coloca en mi dedo anular, no puedo evitar sentirme emocionada como si me estuviera pidiendo matrimonio otra vez.
—No puedo esperar para que seas mi esposa. Eres la mujer perfecta y estoy desesperado porque seas Gabriela de Benavides —
Sonrío como una tonta sin poder controlarlo, y es que Sebas es perfecto, es súper cariñoso, detallista, atractivo, exitoso. La verdad no puedo quejarme de nada, todo marcha bien para mí, tengo una familia magnífica, un trabajo que amo y un novio perfecto. De no ser por la diabetes que padezco se podría decir que mi vida es perfecta. Así que, ¿Qué más se le puede pedir a la vida? Sebas se acerca a mí y me engancho a sus hombros, dejando que me envuelva entre sus brazos y me bese hasta debilitarme por completo.
—Ya basta, por Dios… Además, ya debes irte, hoy es noche de chicas. Luego la tendrás para ti, pero esta noche es solo de nosotras —
Sebas y yo nos separamos entre risas y vemos a Kristal enojada, de brazos cruzados, tamborileando su pie. Mientras que Camila sigue ordenando la habitación ajena a la conversación. Sebas me abraza fuertemente y besa repetidas veces mi mejilla, para luego enterrar su cara en mi cuello.
—Ya, ¡Déjala, déjala! Pareces una sanguijuela —
Kristal se acerca y lo aparta bruscamente, pero él solo ríe mientras se aleja.
—Gabi, nada de alcohol, sabes lo que la bebida te hace. Y… Pórtate bien —me señaló con su dedo índice mostrando una mirada perspicaz.
Asiento con una sonrisa.
—Tú también —
—Siempre lo hago. ¡Te amo! —grita agarrándose del marco de la puerta mientras Kristal lo sigue empujando.
Comienzo a reír a carcajadas en cuanto veo la escena, pero se que no se irá hasta que le responda.
—También te amo cariño. Nos vemos mañana… —
Kristal resopla enojada y de un empujón lo saca de la habitación. Cierra la puerta rápidamente y se pega contra ella respirando agitadamente.
—No mames… Pero que pegajoso es ese hombre, no entiendo que le viste. Sí, está súper bueno, es adinerado, pero no deja de ser un baboso pretencioso y controlador —
—Ay, Kris, no digas eso de él. Sebas no es pretencioso y mucho menos controlador —
Kristal resopla con los ojos en blanco.
—Si tú lo dices… De acuerdo, ya apareció el anillo, es hora de irnos linda. Hoy es tu despedida de soltera y no sabes cuánto trabajé en ella. Te vas a in.far.tar con la sorpresa que te tengo —
No puedo evitar reírme, Kristal es súper alocada, debo decir que también me encanta ir de fiesta y ella ha sido mi fiel compañera en muchas aventuras, pero las locuras de mi prima son de otro nivel. Solo me queda esperar y rogar para que esta sorpresa no me meta en problemas, como otras tantas veces lo hizo una de sus bromas pesadas.