Prisionero αβΩ

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Summary

En construcción

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
4.8 22 reviews
Age Rating
18+

0. Ironía

Alfas, betas y omegas. Esa era la división natural de la humanidad, la jerarquía del mundo donde a él le había tocado nacer. Un mundo pérfido, implacable con su crudeza y su tiranía, donde día a día se acumulaban atrocidades como parásitos poblando algún animal abandonado a su suerte.

E igual que con un animal abandonado, los humanos observaban, se lamentaban, apartaban la mirada y seguían con su vida. Alois no podía ser distinto, no podía demostrar la forma en que se marchitaba por dentro, con su humanidad cayéndose a pedazos a sus pies con cada nuevo titular en grandes letras rojas y blancas tomando todo el protagonismo en la pantalla, anunciado asesinatos, abusos, o las incontables injusticias que eran ignoradas por las autoridades con tanto descaro que la rabia cedía ante la risa, ante la incredulidad de vivir en un mundo donde asesinar o abusar de un omega tenía un castigo similar a robar pañales de un supermercado.

Por eso Alois nunca prestó mucha atención a los noticieros o periódicos, las horas pasaban demasiado rápido, los días eran demasiado cortos y esos escasos momentos en los que se detenía a observar por el rabillo del ojo el televisor en la sala de descanso de la unidad de emergencias, con un café en la mano y el agotamiento enseñándose a través de las ojeras en sus ojos, lo último que quería ver era la cruenta realidad del mundo que lo rodeaba.

—Ay no, pobrecitos —mencionó con una mano sobre su pecho la señora Emilia, una enfermera de condición beta, entrada en años y que Alois estimaba profundamente ya que había estado a su lado desde su comienzo como médico en aquel hospital rural y de pocos recursos—.¿Cómo pueden ser tan inhumanos?

Alois hizo un gesto vago con la cabeza, asintiendo ligeramente como si no le afectase en lo absoluto. Con una simple mirada a su alrededor podía adivinar lo que todos en la sala pensaban, la compasión y la lástima les pesaba en el rostro.

No podía permitirse actuar como ellos y mostrar abiertamente sus emociones, aquello era un privilegio silencioso del que Alois fue privado desde el instante en que su cuerpo se afiebró por primera vez, desde que el aroma en su piel se profundizó y sus labios palpitaron rogando por alguien que se hiciera cargo de ellos.

Y a pesar de ser un increíble médico, esforzado y responsable, quien fue el mejor graduado de su promoción con el título de “valedictorian”, y el más joven en su departamento de emergencias, para el resto Alois nunca sería más que un omega.

—Fatal, ¿no? —preguntó un conocido hombre a su espalda, emanando aquel aroma robusto característico de los alfas y que Alois había comenzado a detestar, encontrándolo nauseabundo.

—Pues sí… —respondió cortante, intentando no entablar mayor conversación.

—¿Sabes qué pienso? —No respondió—. Que se los van a devorar como a dulces.

Rodó los ojos al innecesario comentario de la innecesaria compañía.

—No diga esas cosas, doctor Hall—le reprochó la señora Emilia, con el ceño fruncido—. Tenga algo de consideración, por favor.

El aludido resopló una risa cínica y levantó una ceja, tomando distancia con Alois; algo de lo que estaba realmente agradecido.

—¿Consideración con esos criminales? No lo creo.

—Siguen siendo personas —insistió ella.

—Dios, lo sé. Solo era una broma —gruñó el alfa entre resoplidos de mal humor.

Por supuesto. Siempre era una broma con los hombres como él.

Alois le dió un sorbo a su café, intentando mantenerse apartado de aquella discusión. Sabía que de entrometerse no acabaría bien para él

La periodista de la nota seguía en su relato mientras las imágenes de fondo mostraban decenas de camiones blindados saliendo de distintas estaciones penitenciarias.

“La promulgación de la nueva ley de crímenes y delitos ha presentado gran oposición por parte de grupos humanos y organizaciones por los derechos de las personas de condición omega. Muchos aseguran que esta nueva medida legislativa solo ocasionará un alarmante aumento en la cantidad de delitos cometidos al interior de las cárceles y que la población de conscriptos de condición omega se verán severamente vulnerados…”

Tragó duro, intentando pasar la mezcla de amargo café que había llevado a sus labios. No tenía razón alguna para verse afectado por la noticia, no era su problema.

—Yo también creo que es una jodida locura —opinó Jack, uno de los enfermeros del lugar, llegando hasta Alois y cruzándose de brazos—. ¿Mezclar las cárceles? ¿Omegas, betas y Alfas juntos? Buff… Eso va a ser una masacre, ya te digo yo.

—Probablemente.

—¿No te provoca algo de miedo, Alois? Digo… Porque eres…. ya sabes.

Negó, intentando sonreír tan amplio y tranquilo que no habría un solo indicio de cómo se sentía.

—Nada de eso. Lo lamento por ellos, y espero que nada malo ocurra, pero… no es algo que me afecte.

—Bueno, en eso tienes razón. —le cruzó los hombros con un brazo—. Solo procura mantenerte lejos de la prisión, eh.

Alois le pinchó el moflete.

—Lo intentaré.

Que equivocado estaba.








Bueno, aquí estoy con el pequeño universo de prisionero en omegaverse. Lo he dividido en 3 actos, y es relativamente cortito, pero quizá luego lo convierta el un proyecto independiente (cuando termine TOOOODO lo que está en progreso actualmente). Espero lo disfruten mucho, tanto como yo lo hice al escribirlo.