Luces 💥

Summary

Mikey

Genre
Erotica/Romance
Author
Mily
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Sentido


Esta Noche solo déjame hablar, sabes lo que estoy diciendo, amor, se que te estás quedando donde vas, sientes ese espacio, es mío.

Dices que vamos, en cada espacio y tiempo pero ámame esta noche, toma todo tu tiempo sé que eres mío.


Así que ámame como si no hubiera un mañana, como si no hubiera tiempo en absoluto, amor.

Como si el futuro nunca fuera a llegar y no hubiera tiempo en absoluto, amor.


Dime por que siempre es diferente por la mañana, anoche estabas a mi lado, solo hay espacio y tiempo,. Quiero caer en tus ojos, porque no tiene sentido quedarse estancado.


Ahora mismo es incalculable, no puedes llevar algunas cosas. Eres la protección que me mantiene vivo, lo has entendido bien, lo has entendido todo.


No importa donde estés o donde estarás, cuando te sientas a ti mismo sé que estarás pensando en mí.


Toma todo tu tiempo.


                      🍸🍸🍸


Mirando el reloj, las una y cinco minutos.

Entonces Mikey recuerda que Draken lo vendrá a buscar y maldice su suerte. El rubio no quiere salir. Esta enojado con Ken. Por dejarlo tanto tiempo esperando y llegar ahora como si nada.

Piensa y se va a su habitación, agarra su móvil y, sorprendido, se da cuenta de que tiene un mensaje. Es de Draken.


«Recuerda. A las dos paso a buscarte»


Eso solo enfurece más al pequeño.

—Pero ¿quién se ha creído para ocupar mi tiempo? —murmura con la nariz arrugada. —Solo llega como si nada.


«No pienso salir.» responde indiferente y sin pensar en las consecuencia lo envía.


Tras enviárselo, Mikey suspira aliviado, pero su alivio dura poco cuando el teléfono suena y lee el mensaje.


«Pequeño, no me hagas enfadar».


—¿Que no lo haga enfadar?. Este hombre es de todo, menos amable.


Y antes de que Mikey le conteste, su móvil suena de nuevo.


«Por tu bien, te espero a las dos.»


Leer aquello le hace sonreír. —¡Será impertinente…!


«Por tu bien, no vengas. No estoy de humor». Contesta el rubio.


Su móvil inmediatamente suena de nuevo.


«Manjiro, ¿quieres enfadarme?»


Boquiabierto, el rubio mira la pantalla con el ceño fruncido

—Lo que quiero es olvidarte junto con estos sentimientos —murmura resoplando.


Deja el móvil sobre la encimera, pero suena de nuevo. Rápidamente el menor lo agarra.


«Tienes dos opciones. La primera disfrutar del día conmigo. Y la segunda enfadarme. Soy tu Daddy. Tú decides.»


Manjiro se atraganta. Su abuso de autoridad le enardece pero le excita. —¿Seré imbécil? —se auto regaña por sentirse así. Con las manos temblorosas, vuelve a dejarlo sobre la encimera. No piensa contestarle. Pero el móvil suena de nuevo y él, curioso lee lo que llegó.


«Elige opción».


Enfadado. maldice por lo bajo. Y se imagina a su Daddy sonriendo mientras escribe aquello. Eso lo enfada aún más. Suelta el teléfono. No piensa contestar y tres segundos después vuelve a sonar.


«Estoy esperando y mi paciencia no es infinita».


Desesperado, al final el rubio contesta.


«A las dos estaré preparado»


Manjiro espera su respuesta, pero no llega. Convencido de que esta metiendo en un juego al que no debería jugar, se prepara un café y, cuando mira el reloj del microondas, ve que marca las dos menos veinte.

El tiempo pasa muy rpido para él y sin tiempo que perder, corre por la casa.


—¿Qué me pongo? —frustrado se pasa una mano por la cara. Al final, se pone unos vaqueros y una camiseta negra de los Guns’n’Roses que le regaló su hermano. Se sujeta el pelo en una media coleta y a las dos suena el telefonillo. —¡Qué puntual!


Convencido de que es él, no contesta. Decide que vuelva a llamar. Diez segundos después lo hace. Mikey sonríe descuelga el telefonillo.


—¿Sí? —pregunta distraído.


—Baja. Te espero.


Ni buenos días, ni nada. ¡Don Mandón ha regresado!, Dice entre dientes el menor. Solo se dedica a besar a su perrito para despedirse de su amada mascota, para salir de su casa deseoso de que su aspecto con vaqueros no le guste para nada al mayor y decida no salir con él. Pero Mikey se queda en blanco cuando llega a la calle y lo ve vestido con unos vaqueros y una camiseta negra junto a un impresionante Ferrari rojo que lo deja impresionado.

La sonrisa vuelve a la boca del rubio.


—¿Un Ferrari? —pregunta Manjiro acercándose hasta él.


Draken solo encoge los hombros y no contesta.


Mikey asume que lo acaba de comprar y se enamora a primera vista de aquella impresionante máquina. Lo acaricia con mimo mientras siente que Ken lo mira con atención.


—¿Me dejas conducirlo? —le pregunta con entusiasmo.


—No.


—Kenchin —insiste—. No seas aguafiestas y déjame. Mi hermano tiene un taller y te aseguro que sé manejar muy bien.


El mayor lo mira y resopla y Manjiro sonríe. Finalmente Draken niega con la cabeza.


—Vamos de paseo y, si te portas bien, quizá luego te permita conducirlo. —Eso emociona al menor y Ken prosigue— Yo conduciré y tú decides a dónde ir. Así que, ¿dónde vamos?.


Mikey se queda pensando un rato, pero en seguida recuerda un sitio.


—¿Qué te parece si vamos a la Torre? Plaza Mayor, parque de Shiba de Minato, ¿lo conoces?


Draken no responde, así que el rubio le da las indicaciones y se sumergen en el tráfico. Mientras Ken conduce, Manjiro disfruta del hecho de ir en un Ferrari. Sube la música de la radio. Le encanta esa canción "Need to Know". Draken la baja. Mikey vuelve a subirla. El mayor vuelve a bajarla.


—Rayos, ¡No escucho la canción! —protesta el rubio.


—¿Estás sordo?.


—No… no estoy sordo, pero un poquito de música dentro de un lujoso auto no viene mal.


—¿Y también tienes que cantar?


Esa pregunta lo toma tan de sorpresa —¿Qué pasa? ¿que tú no cantas nunca?.


—No.


—¿Por qué?


Ken pone los ojos en blanco mientras lo piensa. —Sinceramente, no lo sé —contesta, finalmente.


Sorprendido por aquello, Mikey lo mira. —Pues la música es algo maravilloso en la vida. Mi madre siempre decía que la música amansa las fieras y que las letras de muchas canciones pueden ser tan significativas para el ser humano que incluso nos pueden ayudar a aclarar muchos sentimientos.


—Hablas de tu madre en pasado. ¿Por qué?


—Murió hace unos años.


Draken toca su mano. —Lo siento, Cariño —murmura.


El menor le hace un gesto de comprensión con la cabeza, —A ella le encantaba cantar y a mí me pasa igual.


—¿Y no te da vergüenza cantar delante de mí?.


—No, ¿por qué? —responde sonriendo y encogiéndose de hombros.


—No lo sé, quizá por pudor.


—¡Joder! Soy un loco de la música y me paso el día cantando. Por cierto, te lo recomiendo.


Mikey vuelvo a subir la música y, demostrándole la poca vergüenza que tiene, mueve los hombros y canta, mientras lo señala:


—"What's your size?

Add, subtract, divide

Daddy, don't throw no curves

Hold up, I'm goin' wide


We could just start at ten

Then we can go to five

I don't play with my pen

I mean what I writе

Yeah, yeah, woah, woah, woah"


I just can't help but bе sexual.


—Pequeño te recuerdo que se inglés. No me provoques.


Mikey se sonroja pero sonríe perversamente, porque lo hizo intencionalmente. Pero finalmente, observa que la comisura de los labios de kenchin se curvan. Eso le proporciona seguridad y continúa canturreando, canción tras canción.


Al llegar al centro de Minato. Meten el auto en un parking y el menor lo mira con tristeza mientras se alejan del Ferrari. Ken se da cuenta de ello y se acerca a su oído


—Recuerda. Si eres bueno, te dejaré conducirlo —susurra.


El gesto de Manjiro cambia y un aleteo de felicidad le cubre por completo cuando escucha reír al mayor.


"¡Vaya! ¡Sabe reír! Tiene una risa muy bonita. Algo que no utiliza mucho, pero que las pocas veces que lo hace me encanta." Admite en sus pensamientos el rubio, mirando lo de reojo.


Tras salir del parking, Draken lo agarra de la mano con seguridad. Eso sorprende al menor y, como le agrada, no la retira. Caminan por la calle hasta la plaza Mayor.

Mikey observa que Draken quien observa todo con maravilla mientras continua su camino hacia la torre. Cuando llegan está cerrado y, como sus estómagos comienzan a rugir, el rubio le propone comer en un restaurante de unos amigos.


Cuando llegan al restaurante, los amigos de Manjiro los saludan encantados. Rápidamente los acomodan en una mesita algo alejada del resto y, tras pedir los platos, les traen algo de beber.


—¿Es buena la comida de aquí?


—La mejor. Souya y Nahoya cocinan muy bien. Y te aseguro que todos los productos vienen directamente desde sus granjas


Diez minutos después, Ken lo comprueba al degustar un Ramen picante que sabe a gloria.


—Muy rico.


Pincha un trozo de carne y se lo ofrece al menor. Mikey lo acepto gustoso.


—¿Lo ves? —traga rápidamente—. Te lo dije…


Draken asiente. Pincha de nuevo y se lo vuelve a ofrecer. Mikey vuelve a aceptarlo y entra en su juego. El menor pincha y le ofrece a Kenchin.

Ambos comen de la mano del otro sin importarles lo que piensen a su alrededor. Acabado el Ramen, Draken se limpia la boca con la servilleta y lo mira.


—Tengo que hacerte una proposición —le dice.


—Mmmm… Conociéndote, seguro que será indecente.


El mayor sonríe ante su comentario. Le toca la punta de la nariz con su dedo —Voy a estar en Japón  durante un tiempo y después iré a Alemania. Me quiero encargar de visitar todas las delegaciones que mi empresa tiene allí. Necesito saber la situación de las mismas, ya que quiero ampliar el negocio a otros países. Escucha, Mikey. Tengo varias reuniones en distintas ciudades y me gustaría que me acompañaras.


—No puedo. Tengo mucho que estudiar y…


—Por eso no te preocupes. Yo me encargaré de todo.


—¿Me estás pidiendo que te acompañe en tus viajes y a conocer nuevos lugares? —le pregunta, boquiabierto


—Sí. No te preocupes por llevar nada. Compraras todo lo que quieras e irás a esas tiendas que tanto te gustan como: Prada, Louis Vuitton, Balenciaga, Gucci, Dior o a dónde te plazca Cariño, y además conoceras Alemania mientras yo estoy trabajando.


—¡Ufff…! No me tientes con eso o me aprovecharé de ti. —bromea el menor.


Ken apoya los codos sobre la mesa. Junta las manos. Deja caer la barbilla sobre ellas. —Aprovéchate de mí.


El labio del rubio tiembla. No quiere entender lo que Draken le está proponiendo. O al menos no quiere entenderlo como él lo esta entendiendo. Pero es incapaz de callar hasta debajo del agua.


—¿Me darás todo lo que quiera solo por estar contigo? —Al decir aquello Ken lo mira fijamente. —¿Y mi trabajo cuál se supone que será?


Sin inmutarse, Draken clava sus impresionantes ojos en el adorable rostro de Manjiro.


—Te lo acabo de explicar, pequeño. Serás mi acompañante. La única persona que quiero a mi lado.


La mente del rubio comienza a dar vueltas pero, antes de que pueda decir nada más, Draken le agarra de la mano.


—Me atraes. Me encanta sorprenderte y más aún tu manera de ser. Pero créeme que lo que te estoy proponiendo es totalmente para compañía y que tú disfruta y te diviertas también. Mi príncipe.


Eso le da una calidez y le hace reir. De pronto, Mikey siente felicidad. —Esta bien, iré contigo Kenchin.


En ese momento llega Nahoya con Takoyaki de pulpo y los coloca en el centro. Después se va. El olor le encanta y sonríe. El mayor le imita y a partir de ese momento no vuelven a mencionar nada más. Así que se limitan a disfrutar de una estupenda comida.


Tras salir del restaurante, Ken vuelve a agarrar su mano con un gesto posesivo, y Mikey se deja llevar. Cada vez le gustan más las sensaciones que le provoca,


A Manjiro le gusta Draken. Le gustan sus besos. Le gusta cómo lo toca y sus provocaciones. Caminan en busca de una sombra por los jardines de los alrededores mientras hablan de mil cosas, aunque de ninguna en profundidad.


—¿Te apetece venir a mi hotel? —pregunta de repente.


—¿Ahora?


El mayor le recorre el cuerpo con lujuria. —Sí. Ahora. —susurra con voz ronca.


El estómago de Mikey se contrae. Ir a la habitación de Ken. Tras mirarlo por unos segundos, le dice que sí con la cabeza, convencido. Caminan de la mano hasta el parking.


—¿Me dejarás conducir? — pregunta con emoción.


El mayor lo mira con sus inquietantes ojos negros y acerca su boca a su oído. —¿Has sido bueno?


—Si, Daddy.


—¿Y vas a volver a cantar?.


—Con toda seguridad.


Draken solo ríe, pero no contesta. Cuando llegan al parking y paga el ticket, vuelve a mirarlo y le entrega las llaves.


—Tus deseos son órdenes para mí, pequeño.


Emocionado, el menor da un salto  que vuelve a hacer sonreír a Ken. Se pone de puntillas y lo besa en los labios. Esta vez es Mikey quien lo agarra de la mano y tira de él en busca del Ferrari.


—¡Rapido, Kenchin! —grita, emocionado.


Draken se sube y se pone el cinturón.


—Bien, Mikey —le dice—. Todo tuyo.


El rubio arranca el motor y pone la radio. En seguida, la música de One Direction llena el interior del vehículo y, antes de que el mayor toque el volumen, Manjiro lo mira.


—Ni se te ocurra bajarlo.


Draken pone los ojos en blanco, pero sonríe. Está de buen humor. Salen del parking y Mikey se siente como si fuera un maleante con aquel impresionante auto entre sus manos. El menor sabe dónde está el hotel, pero antes decide darle una vueltecita por la torre. Draken no habla, simplemente lo observa y aguanta estoicamente el volumen de la radio y sus cánticos. Minutos después, cuando Mikey se da por satisfecho, aminora la marcha  para dirigirse al hotel.


—¿Contento por el paseo? —Pregunta Draken inquisitivo.


—Mucho —responde, emocionado por haber conducido semejante auto.


Las manos del mayor cosquillean las piernas del rubio y nota que se paran sobre sus muslos. Hace circulitos y Manjiro se estremece al instante. Escandalizado, quiere cerrar las piernas.


—Espero que dentro de media hora estés todavía más contento —le dice con una sonrisa de lado.


Eso hace reír al menor mientras nota las manos juguetonas apretando su miembro a través del vaquero. Eso lo excita más y más, y, cuando llegan a la puerta del hotel y se bajan del auto, Ken le agarra de la mano, le quita las llaves y se las entrega al portero. Después tira del menor hasta llegar a los ascensores. Una vez en su interior, el ascensorista no necesita preguntarles nada: sabe perfectamente dónde los tiene que llevar. Al llegar a la última planta, se abren las puertas del ascensor y Mikey lee: «Suite Royal».


Al entrar, el rubio respira el lujo y el glamur en estado puro. Muebles color café, jardín japonés… Entonces se da cuenta de que hay una fantástica habitacion con enorme cama king size.


El mayor se acerca a Manjiro y se apoya en la pared.


De pronto, unos golpes en la puerta llaman su atención y entra un hombre de mediana edad. Ken lo mira. —Traigan fresas, chocolate y un buen champán francés. Lo dejo a su elección.


El hombre asiente y se marcha. El menor todavía esta en estado de trance mientras observa el placer de lo exclusivo. Se alejan unos metros de la puerta y caminan por la habitación. El rubio se dirige directamente a una terraza. Abre las puertas y sale.


Pronto siente a Ken detrás de él. Lo agarra por la cintura y le aprieta contra él. Después baja su cabeza y siente sus labios repartir cientos de dulces besos por su cuello. Manjiro Cierra los ojos y se deja llevar. Nota sus manos por debajo de su camiseta y sus manos se agarran con fuerza a su pecho. Los masajea y el menor comienza a vibrar. Ha sido entrar en la habitación y ya siente que lo quiere poseer. Lo apremia la prisa. Lo apremia hacerlo ya.


—Kenchin, ¿puedo preguntarte algo?


—Sí.


A cada segundo que pasa se siente más deseoso por las cosas que le hace sentir. —¿Por qué vas tan de prisa?


Ken lo mira —Porque no quiero perderme nada y menos aún tratándose de ti. —Un jadeo sale de la boca del rubio


Mikey no contesta y, sin que el menor se mueva, nota que le desabrocha el botón del vaquero y le baja la cremallera. Draken introduce su mano bajo sus bragas, posa un dedo sobre la base de su erección y comienza a moverlo. Lo estimula.

Manjiro gime, totalmente subyugado, cuando su mano se para y lo saca lentamente de debajo de sus bragas. Mikey quiere pedirle que continúe. En cambio, Draken le acerca el dedo a la boca.


—Quiero que sepas cómo sabes. Quiero que entiendas por qué estoy loco por volver a devorarte.


Sin necesidad de nada más, el menor mueve el cuello y Ken mete su dedo en su boca. El sabor es salado.


—Hoy, mi príncipe —vuelve a murmurar en su oído—. Serás mío otra vez.


—Daddy...


—Jugaremos a otra cosa. ¿Te parece?.


—Sí… —suspira Manjiro, más excitado a cada instante que pasa.


—¿Estás seguro?


—Sí…


—¿Sin límites?


—Sin límites, Daddy.


Draken sonríe, cuando vuelven a escucharse unos golpes en la puerta. El mayor se aparta de él y, al girarse, ve que un camarero les trae una preciosa mesa de cristal y plata con lo que habían pedido. Ken descorcha el champán, sirve dos copas y, acercándole una a Mikey brinda con él.


—Brindemos por este tiempo que tenemos ahora y a futuro.


Mikey choca su copa contra la de Draken y asiente con toda la seguridad que puede.


—Brindo por ello, Daddy.


Entre risas, insinuaciones y tocamientos Draken y Mikey beben casi toda la botella de champán mientras estan en la bonita y enorme terraza. Tokyo está a sus pies y a Manjiro le encanta mirar a su alrededor.


El rubio se encuentra algo mareado. No esta acostumbrado a beber y menos un champán. Ken habla con alguien por el móvil y el pequeño observa. Vestido con esos vaqueros de cintura baja y la camiseta negra al menor le pone a cien. Es fuerte y atlético. El típico hombre de ojos intimidantes y pelo hermoso que, si lo miran, no pueden evitar mirarlo.


Su tatuaje en la cien es magnífico y superior. El menor recorre con lascivia su cuerpo. Se detiene en la parte superior de sus vaqueros y entonces se da cuenta de que tiene desabrochado el primer botón. Eso lo excita. Le incita. Le provoca. Instantes después, Draken suelta el móvil y se dirige hacia la cubitera.

Mira al rubio y sonríe. Calor. Manjiro tiene mucho calor. El mayor sirve unas últimas copas y deja la botella vacía boca abajo. Se acerca a Mikey, le entrega la copa.


—Pasemos al dormitorio. —murmura Ken, besando la frente del menor.


Sus sentimientos de nuevo se apoderan de Manjiro y siente que sus entrañas se contraen.


Ha llegado el momento que llevan deseando, anhelando e imaginando desde que se vieron en la puerta de la casa del rubio con el Ferrari.

Ken se mueve por la habitación y, de repente, una sensual música los envuelve. Se sienta y apoya una mano en la cama. Con la otra sujeta la copa y le da un trago.


—¿Estás preparado para divertirnos, pequeño?


Mikey siente como su miembro se pone duro. Viéndolo así, tan sexy, tan varonil… Esta dispuesto para todo lo que él quiera.


—Sí.


Draken asiente. Se levanta. Abre un cajón. Saca dos pañuelos de seda negros y unos guantes. Eso sorprende y asusta al mismo tiempo al menor. Pero, incapaz de moverse, se queda parado a la espera de que se acerque a él  Lo hace. El mayor pasa su lengua con provocación por su boca y le aprieta el trasero con su mano.


—Tienes un trasero precioso. Estoy deseando poseerlo.


Manjiro traga el nudo de emociones que tiene atascadas en su garganta con la intención de decir algo.


—Hoy jugaremos con los sentidos —Esboza una cautivadora sonrisa. Los ojos le brillan y mira desde su altura. —Tranquilo, Cariño. Te taparé los ojos con este pañuelo. ¡Tócalo!


El rubio obedece sin rechistar y siente la suavidad de la tela. Seda.


—Lo que vas a sentir cuando te tenga desnudo en la cama es la misma suavidad que has sentido al tocar el pañuelo.


Escuchar eso activa de nuevo a Mikey y Asiente.


—Me encantan tus ojos —murmura el pequeño, sin poder contenerse—. Tu mirada.


Draken lo mira unos segundos y, sin hacer referencia a lo que acaba de decir, prosigue.—Además de taparte los ojos, como sé que confías en mí, te ataré las manos y las sujetaré al cabecero para que no puedas tocarme. —Cuando el menor intenta protestar, Ken le pone un dedo en la boca y añade—: Es tu castigo, Pequeño, por rechistar a salir el día de hoy conmigo.


Eso hace sonreír a Manjiro y mira los guantes con curiosidad. El mayor se los pone y toca los brazos del pequeño. La suavidad que siente Mikey le encanta. No nota sus dedos. Sólo nota la suavidad que aquellos guantes le proporcionan.


Sin hablar, Draken se sienta sobre la cama y lo mira. Rápidamente Manjiro entiende lo que quiere y lo hace. Se desnuda. Se quita el vaquero y la camiseta. Repite la misma operación que siempre hace cuando está con él. Se acerca a Ken con las bragas y siente cómo apoya su frente en su estómago y posa su boca sobre sus bragas. La sensación atiza su erección y lo siente vibrar.


El mayor se quita los guantes y los deja sobre la cama. Se agarra de la delicada cintura con sus fuertes manos y Manjiro se sienta a horcajadas sobre él. Lo mira mientras siente su duro pene entre sus muslos y su aliento sobre su pecho.  —¿Estás preparado para hacer lo que yo quiero?


—Sí —responde aguijoneado por el deseo.


—¿De verdad?


—De verdad.


—¿Para lo que sea? —murmura Ken acercándose a su boca.


Mikey posa sus manos en su cabello y le desata su trenza, para agarrar finas mechas de su cabello negro.

Con avidez, Draken se lleva uno de sus rosados pezones a la boca. Primero uno y después otro. Le endurece los pezones con su lengua y sus dedos y eso impulsa a Manjiro a gemir.


Sentado a horcajadas sobre él, y le da un azote en el trasero. Ambos se miran y las chispas que hay entre ellos parece que van a provocar un cortocircuito. Ken le da otro azote.

Y le mordisquea los pezones


Esa sensación le gusta al menor. El mayor y su arrolladora personalidad pueden con él y en un momento así Mikey esta dispuesto a hacer todo lo que él le pida.

De pronto, siente sus dedos hurgar por debajo de sus bragas y eso todavía le calienta más.


—Ponte de pie —ordena el empresario.


Mikey le hace caso y ve que él se escurre y se sienta en el suelo entre sus piernas. Lentamente le quita las bragas y, cuando se las saca por los pies, se los separa, posa sus manos en sus caderas y le hace flexionar las rodillas. Su erección. queda expuesta ante él.

Su exigente boca sonríe y le incita con la mirada para que pose su erección en su boca. Manjiro lo hace y explota y jadea nada más notar su contacto. Ken lo agarra por las caderas y le hace apretar su erección contra su boca. Mikey se siente extasiado. Perverso en aquella postura.


Draken está sentado en el suelo y el menor se encuentra sobre él, moviendo su erección sobre su boca. Le gusta. Le enloquece. Le fustiga. Nota cómo el orgasmo crece, mientras Draken le agarra por la parte superior de sus muslos y lo devora con devoción. Su lengua lame y rodea la punta y consigue que el rubio jadee. Mil sensaciones toman su cuerpo y se deja hacer.


Es de él. Su cuerpo es de Draken. Se lo hace saber con su posesión. Con sus manos masajea su trasero y con sus finos y largos dedos  le tienta su entrada. Mikey grita y enloquece.


El calor de su parte baja se extiende por todo su cuerpo. Entonces, siente que ese ardor queda localizado en su cara y cree que se va a correr.


—Túmbate sobre la cama, Cariño —le dice, parándose.


Con la respiración entrecortada Manjiro lo hace. Quiere que continúe.


—Ponte más arriba… más. Abre las piernas para que yo pueda ver lo que deseo. —el menor hace caso y jadea enloquecido—. Así, pequeño… enséñamelo todo.


Ken se quita la camiseta negra y la tira en un lateral de la cama. Sus bíceps son impresionantes. Después los pantalones y, mientras Manjiro abre las piernas y ve cómo Draken observa su entrada que le enseña, Mikey se fija en que los guantes están a su lado junto a una caja abierta de preservativos. Con seguridad, Ken agarra uno de los pañuelos de seda y se sienta a horcajadas sobre él.


—Dame tus manos.


Manjiro Se las da. Y Draken se las une y las ata por las muñecas. Lo besa y después le estira las manos atadas por encima de la cabeza y ata el pañuelo a una varilla del cabezal. Cuando Ken ve que lo tiene bien sujeto acerca su cara y lo besa primero un ojo y después el otro. Instantes después, pone ante el menor el otro pañuelo oscuro y se lo ata en la cabeza. Manjiro no ve nada. Sólo escucha la música swing e imagina lo que sucede.


Desnudo y expuesto totalmente a él, siente su boca en la barbilla. La besa. Mikey quiere moverse pero no puede. Las ataduras le impiden hacerlo. Su boca baja por sus pezones. Se entretiene en ellos hasta endurecerlos de nuevo y después utiliza sus dedos para excitarlos. Su recorrido sigue bajando hasta llegar a su ombligo y su respiración vuelve a acelerarse. Manjiro nota cómo su boca llega hasta su erección, la besa y se abre más las piernas. Sus dedos juegan en su entrada y siente cómo entran. Su boca vuelve a posarse en su erección. Lo chupa. Lo succiona y el rubio jadea.


—Me encanta cómo sabes… —dice Ken con voz ronca.


Tras decir aquello el menor siente su respiración entre sus muslos hasta que un reguero de dulces besos comienza a bajar hacia sus tobillos. La cama se mueve. Mikey lo oye alejarse y escucha de repente que la música suena más alta. Respira más agitado. Desea que siga. Instantes después, siente que la cama se mueve y, por los movimientos, percibe que se está poniendo los guantes. Acierta. Sus manos enfundadas en los guantes comienzan a recorrer despacio sus piernas.


Cuando le dobla las piernas y le separa las rodillas… Su boca, de nuevo exigente, se posa en su intimidad... Lo estimula con la lengua y Manjiro jadea. La presión que sus manos ejercen sobre el menor. acompañado de los movimientos de su boca, se vuelve loco.


Mikey se estremece e intenta cerrar las piernas. Ken no se lo permite.


Manjiro se arquea, gime abrumado y abre más las piernas. Su juego le gusta y le excita. Desea más. De pronto, siente que en su interior introduce algo. Es suave, frío y duro. Lo introduce con cuidado, lo rota y lo saca y vuelve a repetir la operación. Mikey se siente tentado de placer y sus caderas se levantan en busca de más. Su boca vuelve a su erección mientras mete una y otra vez aquello dentro de él.


Durante unos minutos. El rubio desea que no pare y, cuando saca de su interior lo que le ha metido, Mikey grita de satisfacción


Su mano enfundada y suave pasea ahora por su trasero. Lo agarra de las nalgas y le aprieta contra su boca. Manjiro va a explotar,

De pronto, un orgasmo toma todo su cuerpo y se convulsiona por la satisfacción, mientras siente que él le suelta las piernas.


—Me encanta tu sabor, pequeño —repite mientras aprieta sus muslos y Mikey oye cómo rasga el preservativo.


Avivado por el deseo más increíble que nunca pudiera imaginar, toda él arde. Se quema. Nota que la cama se hunde y siente su poderoso y musculoso cuerpo sobre él.


—Abre las piernas para mí.


Su voz ordenándo aquello en aquel momento es música celestial para los oídos del rubio. Su cuerpo encaja con el suyo. Siente su pene duro contra su entrada.


—Pídeme lo que quieres —le dice con voz gruesa.


La impaciencia de Manjiro le hace moverse en la cama. No responde y él exige.

—Pídeme lo que quieres. Habla o no continuaré.


Atónito tras el pañuelo, Mikey respira con dificultad.


—¡Hazme el amor! —consigue decir ante su orden.


El menor lo oye sonreír. Nota sus manos sobre sus nalgas, para introducir la totalidad de su pene en su interior. Manjiro se arquea. No se mueve, pero siente el latido de su corazón dentro de él.


—¿Te gusta así? —Susurra sensual Draken.


Mikey Asiente. No puede hablar. Tiene la boca tan seca que casi no puede articular palabras.


—Te corriste con lo ocurrido anteriormente


—Daddy


—¿Has sentido placer?


—Sí…


Mikey lo escucha resoplar y le da una nalgada.


—Perfecto, cariño… Ahora me toca a mí.


El rubio contiene un gemido mientras siente que su cuerpo vuelve a arder. Ken le pellizca suavemente los pezones.


—Estas apretado y dispuesto… Me encanta.


Manjiro siente que la cama se mueve de nuevo. Y sin sacar su pene de su interior se pone de rodillas sobre la cama. Le sujeta las caderas con las manos y comienza un bombeo infernal. Dentro… fuera… dentro… fuera, con fuerza.


El rubio le da la sensación de que lo va a partir en dos, pero por el placer. —¿Te gusta que te folle así? —le pregunta entre susurros.


—Sí… sí…

Su cuerpo vuelve a ser suyo. No quiere que pare. Escucha sus gruñidos, su respiración entrecortada a escasos metros de él. Su fuerza le puede y, a pesar de que sus manos, ahora sin guantes, le aprietan las caderas, no se queja y abre sus piernas para él. Se corre. Sin poder ver la escena, se la imagina y eso lo vuelve más loco todavía. Es como una muñeca entre sus manos y jadea la plenitud de su posesión. Entonces Draken se inclina sobre él y, tras una salvaje embestida final, Mikey escucha su gruñido de satisfacción.


Instantes después y aún con las respiraciones entrecortadas, Ken le da un beso fuerte y posesivo. Cuando se separa de él, le desata las manos. Después las agarra con mimo y le besa las muñecas. Le retira el pañuelo de los ojos y se miran.


—¿Todo bien, Príncipe?


Ensimismado y algo dolorido por la penetración tan profunda, asiente.


—Sí.



—Me alegra saberlo. —Ken sonríe. Se levanta de la cama. Se quita el preservativo y se marcha hacia el baño.


Mikey lo ve desaparecer y mira la habitación. Encoje las piernas y se levanta. Camino desnudo hacia el baño. Escucha la ducha.


El mayor lo ve entrar en el baño. Está junto a un neceser y, al verlo reflejado en el espejo, sonríe y lo cierra.


—¿Quieres bañarte?


—Si, Tengo calor y quiero ducharme.


Mikey siente su mano húmeda sujetando la suya. Draken lo mira, cierra los ojos y finalmente se acerca a él. Para abrazarlo.


Ken lo lleva hasta el interior de la enorme ducha, lo besa mientras el agua los moja.


Al estar de lado Manjiro siente su pene duro contra sus piernas. Lo mira y él acerca su boca hasta la suya.


Inconscientemente Mikey rodea su cintura con sus piernas.


Con una mano, agarra su pene y lo pasea por su entrada. Perverso. Draken lo apoya contra la pared y el menor se sujeta a una barra de metal.

Sus pechos suben y bajan de lo excitados que están.


Ken baja el chorro de la ducha y Mikey siente cómo su interior se abre al introducir su maravilloso y mojado pene en él. Es maravilloso. Alucinante.


La lujuria aumenta. cuando Mikey siente que sus testículos se restriegan contra él, se agarra a sus hombros con la intención de marcar el movimiento. Pero Draken, como siempre, no deja. Pone sus manos en sus nalgas, las agarra con fuerza y, tras darle un leve azote que hace que lo mire a los ojos, se mueve en busca de placer.


El sonido de sus cuerpos al chocar unido al del agua los consume. Manjiro cierra los ojos y se deja llevar mientras sus jadeos retumban en el precioso baño.


—Mírame —exige el mayor—. Si te gustan mis ojos, mírame.


El menor abre los ojos y los posa en él. Observa su mandíbula en tensión, pero su mirada es la que lo hechiza. El esfuerzo que siente en su rostro y su boca entreabierta lo excita más. Entonces cambia el ritmo de las embestidas y el rubio grita y echa la cabeza para atrás.


—Mírame. Mírame siempre —vuelve a exigir. —Mi dulce príncipe.


Con los ojos vidriosos por el momento, Mikey se agarra con fuerza a sus hombros y lo mira. Se deja manejar mientras su mirada de conecta con él. Y, cuando Manjiro no puede más, le clava las uñas en los hombros y un grito agónico pero lleno de placer sale de su boca.


—Sí… así… córrete para mí.


Su interior se contrae y los espasmos internos consiguen lo que quiere. Darle placer a Ken. Lo ve en sus ojos. Lo disfruta. Tras una embestida brutal, saca su pene de su interior y lo oye soltar el aire entre los dientes, mientras le muerde en el hombro por el esfuerzo hecho.


El agua recorre sus cuerpos mientras jadean por lo ocurrido. El mayor abre un poco más el agua tibia. Eso hace soltar un suspiro a Mikey y, como dos tontos, comienzan a jugar bajo la ducha.


Una hora después, los dos tumbados sobre la cama, degustando las fresas. Para sorpresa del menor, junto a las fresas y el champán, que ya ha sido reemplazado por otra botella llena, hay un cuenco de suave chocolate caliente. Mojar la fresa en ese chocolate y meterlo en su boca le hace gesticular una y otra vez.


Los gestos de Manjiro divierten a Draken, que no para de sonreír. Lo nota tranquilo y distendido y le tranquiliza ver que disfruta del momento. Al mayor le encanta encargarse de limpiar con su boca las motitas de fresa y chocolate que quedan en los suaves labios de Mikey. Ese contacto se asemeja a un dulce beso.


Un ruido llama la atención del rubio. El portátil de Ken está encendido y le indica que acaba de recibir un mensaje.


—¿Siempre lo tienes encendido? —pregunta curioso.


El mayor mira el portátil y asiente. —Sí. Siempre. Necesito estar al corriente de los temas de la empresa en todo momento. —Ken se levanta, mira el correo y, en cuanto lo hace, regresa a la cama junto a él. Mikey se mete una nueva fresa en la boca. Están una delicia. —Por lo que veo, te encanta el chocolate.


—Sí. ¿A ti no?


Draken se encoge de hombros y no responde. Manjiro sigue devorando. —¿No te gusta lo dulce?


—Si es como tú, sí.

Ambos rien.


—¿No tienes cosas dulces? —insiste.


—No.


—¿Por qué?


—Porque el dulce no me vuelve loco.


Mikey quiere saber más de él, si tiene una mascota, un pasatiempo, cualquier cosa, pero le da pena preguntar.


—¿Te apetece ver una película? —propone con ojos brillantes lleno de ilusión.


Draken da un trago a su copa y levanta una ceja.


—¿Quieres?


—Sí.


Ken se levanta con decisión. En una mesita toma un pequeño control remoto, para sentarse en la cama para sujetar a Manjiro contra él.


—¿De que tipo?.


—Una de suspenso.


Draken sonríe y pulsa el botón e instantes después Mikey ve en la pantalla de la televisión cual película poner, y observa las opciones.

Draken pone una a la dar y sonríe. besando a Mikey en el cuello.


—Que mimado y exigente estás el día de hoy, Cariño.


—Estoy feliz porque hoy estuve contigo Kenchin.


—Yo también estoy feliz, te extrañé mi príncipe. —murmura Draken y besa la frente del menor.


Mikey posa su cabeza en el hombro de Ken y con determinación entrelaza su mano con la del mayor, quien gustoso le da leves caricias en el dorso de su mano.


Nos leemos en otro fic, mil besos y abrazos xoxoxo.