Capítulo 1

Kai.
Tenía ocho años cuando mi padre murió, recuerdo que todo pasó en un abrir y cerrar de ojos, un día estaba con mi padre en ese viejo departamento mientras él me enseñaba a dibujar, después comenzó a toser frenéticamente arrojando sangre en el proceso, mamá corriendo auxiliarlo para llevarlo al hospital, para después regresar con los ojos rojos pidiéndome disculpas porque papá había muerto, tenía ocho, no podía asimilar como la muerte llega tan rápido.
Después de la muerte de papá, mamá descubrió que había invertido todo su dinero y ganancia de algunas pinturas en un casa al otro lado del país, así que allí estábamos, empacando todo mientras mamá furiosa regañaba a mi difunto padre, aunque él no podría escucharlo.
–Es un idiota.-- arrojó una camiseta a su maleta– ¿No pudo comprar una casa más cerca? idiota, mil veces idiota.
La miraba fijamente sentado en el suelo, ya que el camión de mudanza ya se había llevado la mayoría de nuestras cosas.
–¿Qué tan lejos queda?-- pregunté curioso tratando de entender su enojo.
–Si tuviéramos el dinero suficiente, en unas dos horas y media en avión estaríamos ahí, pero no mi pequeña zanahoria, tendremos que hacer un largo viaje de casi tres días para llegar, en auto.
Mis ojos se abrieron a la par cuando mamá mencionó el viaje de tres días.
–No te asustes canelita, será divertido, un largo viaje en el viejo auto de papá.
Mamá tiene una larga lista de apodos para mi, ni ella ni papá entendían porque era pelirrojo, ninguno de los dos lo era, ni siquiera tenía familiares pelirrojos, mamá dejó de hacerse tantas preguntas un día y solo un soltó un “Ya fue, lo mande a imprimir de un solo color, me encanta el rojo”.
Papá era un poco extraño, era un artista que me heredó su amor por el arte, también era un amante de algunos animales y su obsesión por los peces Koi, de hay mi nombre, obviamente mamá no dejo que me llamaran Koi, por lo que solo reemplazar la o por la a fue suficiente, papá solía llamarme pececito rojo, nunca entendí el porqué.
–Vamos Kai, hora de irnos.
Mamá tomó la maleta restante y antes de cerrar su puerta de aquel ya solo departamento suspiro, para tomarme la mano y bajar hacia donde el auto papá no esperaba.
–Papá nunca me enseñó a andar en bicicleta– comente al ver la bicicleta que me regaló hace un año por mi cumpleaños amarrada en el techo del auto – ¿Por qué no la dejamos?
–Tu padre era un idiota, el tampoco sabia andar en bicicleta, puedes enseñarte a andar en el nuevo vecindario, mas de un niño podrá enseñarte, ahora vámonos entre mas rápido mejor.
Subimos al auto y emprendimos el viaje hacia nuestro nuevo hogar, lleno de canciones y snacks que mamá compraba cuando hacía paradas, cerca del primer día de viaje mientras en el reproductor del auto sonaba una canción suave, mamá recordó algo.
–Mierda lo olvide, Kai en la mochila roja, la que está en tu izquierda, está un cuaderno que iba a tirar a media carretera ¿Me harías el favor de hacerlo querido?
Saqué el cuaderno de la mochila, me percate de que no era un simple cuaderno, era el cuaderno de dibujo de papá.
–¿Por qué vas a tirarlo? Es de papá.– cuestione al ver de lo que se trataba.
–Hay cosas que es mejor no guardarlas.
–¿Puedo quedármelo?
–Si es lo que quieres, solo lo revisaré primero, ponlo en la mochila de nuevo.
Sin decir ni objetar nada, deposité de nuevo el cuaderno en la mochila y me concentré en el atardecer.
–El atardecer se parece a tu cabello Kai.
Toqué mi cabello al escuchar a mamá, eso me hizo sentir especial, como un atardecer.
Al final no fueron tres días de viaje, fueron dos, mamá sacrificó horas de sueño para llegar, enormes ojeras adornaban sus ojos debajo de sus lentes, estaba cansada y lo sabía.
Finalmente estábamos enfrente de nuestro nuevo hogar, era mediodía así que el sol adornaba nuestras cabezas completamente.
Mamá abrió la puerta dejándome pasar a mi primero, la casa estaba completamente vacía, era de dos pisos, por lo que mamá y yo tendremos más espacio y en el patio había un gran árbol.
–Mamá una carta– le comente cuando explorando la encontré en la cocina.

–¡Grandísimo hijo de puta! ¡Voy a quemar todo!– mamá tomó un encendedor de la mochila roja y antes de pensarlo la carta ya estaba en llamas.
Antes de seguir con todo su enojo, su teléfono comenzó a sonar, al parecer de su nuevo trabajo.
–Mamá– susurre bajito para interrumpir– ¿Puedo ir arriba?– me hizo una seña que indicaba que si– ¿Puedo quedarme en la habitación grande?– aproveche que estaba diciendo que sí a todo.
–Si, ¡Espera no!– Hizo una mueca al aún seguir hablando por teléfono– No usted no.
Me siguió hasta arriba, mientras corría antes de seguir con mi camino unos brazos me levantaron cargándome como costal de papas.
–Hagamos un trato tomatito, la habitación que abras será tu habitación, no habrá cambios ¿aceptas?
–¿Y si elijo el baño?
–Pues dormirás en el baño.
Me acerqué cauteloso a una de las habitaciones a final del pasillo, abrí la puerta y mi cara fue de total asombro
–Mamá, creo que tu vas a dormir en el baño.
Terminé quedándome con la habitación grande, con una gran ventana que daba vista al jardín, mamá había perdido.
–Kai, mañana es mi primer día de trabajo, al parecer necesitan la enfermera más pronto de lo debido, ¿Te importa quedarte solo? Solo será hasta la tarde.
Hice una mueca, al parecer se había olvidado de algo.
–No mami, no hay problema, me he quedado sólito antes. -- no quise recordarle que mañana era mi cumpleaños.
–Ese es mi niño listo, vamos a desempacar, tendremos que dormir en el piso hoy.

Al día siguiente desperté después de que mamá se fue a trabajar, el reloj marcaba las nueve y treinta de la mañana, habíamos dormido en una cama improvisada de cobijas y almohadas en el suelo, mamá se había ido temprano por lo que había dejado el desayuno, nunca me había quedado solo en una casa tan grande.
Pasaron las horas y al no saber qué hacer, tomé mi cuaderno de dibujo y un lápiz y salí al jardín donde se encontraba el árbol que había llamado mi atención, el pasto está muy alto por lo que debía tener cuidado, al otro lado de la cerca de madera que separa una casa de otra se escuchaba como si patearan una pelota así como el sonido de un perro corriendo.
Antes de poder llegar algo golpeó mi cabeza, haciendo que cayera hacia atrás.
–¡Au!
–Ay no de nuevo, lo bueno que no han llegado los nuevos vecinos ¿Cuando dijo mamá que llegaban, Becky?– La voz de un niño se hizo presente, mientras yo seguía un poco aturdido en el piso, el culpable de mi pequeño accidente asomo la cabeza por la cerca de madera cuando estaba levantándome– Uy, creo que si llegaron hoy ¿Tu cabello es rojo?
No respondí.
–Pues obvio que es rojo, qué raro ¿Me pasas mi pelota?– el niño de cabello negro sonrió.
–Primero me tiras y ahora, ¿Lo quieres de vuelta?
–Aja, ¿Puedes apresurarte? Me estoy cayendo– comentó al parecer sosteniéndose en cajas o algo por el estilo.
Me puse de pie y caminé hacia donde se encontraba, observé hacia arriba y aunque no tuviera mucha fuerza sabía que si la cajas donde estaba parado estaban cerca caería y así fue, pateé con todas mis fuerzas provocando que el chico se cayera.
–¡Au!
–Ten más cuidado la próxima vez– regrese a donde estaba la pelota y mi cuaderno, tomé solo el cuaderno mientras el chico seguía soltando quejas de dolor y su perro ladraba, me senté en el árbol esperando que pronto las quejas pararan.
–¡Bien! Si no quieres pasarlo, iré por él.
¿Ir por él? No supe a qué se refería, pero si lo que pretendía era tocar la puerta no lo haría, mamá dice que no le abra la puerta a desconocidos.
Ignore la advertencia del chico, hasta que unos ruidos provenientes de un lado de la cerca se hicieron presentes, finalmente una cabellera negra se asomó.
–Con permiso rojito, vine por mi pelota– Dijo sinvergüenza acercándose a su pelota, no entendía como había entrado.– Para la próxima solo arroja la pelota, mamá diría que por eso quedo mas tonto.
Asentí silencioso, si había sido un poco grosero con él.
–¿Estás haciendo tarea?– comentó al verme con el cuaderno, lo abrace a mi pecho encogiéndome un poco en el árbol– Pero si acabas de llegar.
Negué ante su pregunta.
–Eres muy callado, ¿Entonces qué haces?– se puso enfrente de mí y se sentó en cuclillas.
–Estaba dibujando…
–¡Dibujas! Déjame ver– extendí el cuaderno hacia él y lo tomo abriéndole para ver– ¡Wow! Son muy bonitos ¿Tus los hiciste todos?.
Asentí silenciosamente ante aquel parlanchín niño
–Si, bueno, la mayoría– susurré.
–Me llamo Alex– me entregó el cuaderno una vez terminó de ver los dibujos– Lo siento por tirar la pelota ¿Cómo te llamas?
–Me llamo Kai.
El niño el cual ahora conocía su nombre, Alex, hablaba mucho, me hacía muchas preguntas, hablaba más que yo, pero al menos sentía que estaba haciendo un nuevo amigo, hasta coincidimos en muchas cosas.
–¿De verdad nunca has visto Pokémon?
Volví a negar.
–Ya te dije que no– reproche cuando me hizo la misma pregunta por tercera vez.
–Tu cabello es bonito, me recuerda a una calabaza, hasta incluso tiene pecas, eres…
–¿Soy? ¿Raro?
–No, eres mágico
–¡Kai! ¡Ya estoy aquí!– ambos nos percatamos de la llegada de mi mamá, mas Alex, mamá salió al patio al verme con mi nuevo amigo. -- Kai hiciste un nuevo amigo.
–Buenas tardes señora me llamo Alex– agitó su mano hacia mamá.
-¿Por qué no vienen adentro?
Nos pusimos de pie y nos dirigimos a la entrada, Alex no tenía vergüenza.
Mamá sostenía una caja con un pastel, no se había olvidado de mi cumpleaños.
–¡¿Es tu cumpleaños?! No tomes como regalo el golpe con la pelota
–Venga Alex, cantemos el feliz cumpleaños a Kai, también en celebración que hizo un nuevo amigo.
Mamá y mi ahora nuevo amigo me cantaron el feliz cumpleaños, Alex ahora mi amigo, una rara forma de comenzar una amistad.
Tenía nueve cuando conocí aquellos ojos color avellanas, mi mayor perdición y tal vez, lo mejor de mi vida.

Alex pasó de ser mi amigo a mi mejor amigo, hasta incluso el me enseño andar en bicicleta, con varias caídas y raspones de rodilla, mamá me había inscrito en su misma escuela por lo que ahora nos veíamos casi todos los días y salíamos por la tarde andar en bici o a veces simplemente él iba a mi casa a ver películas.
Una tarde me dirigía a su casa a entregarle su tarea, ya que no había asistido ese día, lo encontré en la puerta de su casa, con los ojos llenos de lágrimas.
–Alex, ¿Estás bien?– cuestione llamando su atención, levantando la cabeza cuando me escuchó, me senté a su lado.
–Papá se fue. -- Dijo una vez logró parar un poco el llanto, para volver a él.
Tenía nueve, no era experto en palabras.
–¿Quieres ir a mi casa? Mamá hizo chocolate caliente. -- Sabía que Alex amaba el chocolate caliente, asintió y se puso de pie, tomé su mano y lo dirigí a mi casa aún con el llanto desbordante en sus ojos.
Cuando llegamos mamá lo consoló y le dio una taza de chocolate caliente, para después dejarnos ver películas toda la tarde.
–Mi papá también se fue hace poquito, no como el tuyo, pero yo se que nunca lo volveré a ver– Dije una vez terminó la primera película.
–Creo estamos defectuosos, ninguno de nuestros papás se quedó– Creo que estaba recobrando su sentido del humor.
Ese día nos dimos cuenta que éramos el refugio uno del otro.
4 años después.
Alex y yo, nos habíamos vuelto inseparables, habíamos entrado a la misma secundaria y hasta incluso nuestras madres habían hecho una amistad.
Ambos estábamos creciendo, ya no teníamos nueve años, fue una noche después de una tarde de haber estado en la casa de Alex que me di cuenta que mis sentimientos por él iban más allá de ser su amigo, pero era obvio que no se lo diría.
–Hey canelita, ¿Me estás prestando atención? Así jamás vas aprobar alegraba. -- me había perdido en su explicación solo me concentraba en su perfil, quería dibujarlo.
–Aw, si, perdón, estaba distraído, continua.
–Nah, hoy estás muy distraído canelita, ¿Que tiene rondando esa cabeza roja?– cerró el cuaderno y reposó su cabeza en sus brazos, no podía decirle que era el que no salía de mi cabeza.
–Nada, simplemente sabes que las matemáticas no son lo mío, es todo.
–¡bagh! Puro pretextos para dibujar, adelante ya me aburrí de estudiar– se estiró sobre la mesa, era la señal para descansar, saqué mi cuaderno y comencé.– Me encanta verte dibujar.
–Alex, me desconcentras– empujé su cara con mi mano para que dejara de verme y no viera mi cara sonrojada.
–También me gusta que te pongas más rojito de lo común– susurro esto último, pero logré escucharlo, fingí demencia y continúe dibujando, aunque mi corazón latiera con fuerza, mis sentimientos por Alex crecían cada vez más.–Tengo una pregunta, a ti que te gusta lo romántico y todo eso.
–Gracias por decirme cursi.
–No es eso, ¿Cómo le haces saber a una persona que te gusta?– su pregunta me sorprendió e inquieto un poco, había escuchado rumores de que andaba tras una chica, tal vez era verdad, no tenía ni la más mínima oportunidad con el.
–No lo se, puedes regalarle algo que le guste, decírselo directamente o tu que eres demasiado desvergonzado robarle un beso.
Hizo una mueca cuando le dije desvergonzado para después sonreír, esa hermosa sonrisa.
–¿Y si me termina golpeando?
–No creo que sea tan ruda ¿O si?
–No lo es, es demasiado… dejemos de hablar de eso, tu cumpleaños está cerca. -- cambio de plática rápidamente recordando esa no tan querida fecha.
–Sabes que no me gusta celebrar mi cumpleaños.– nuestras miradas se cruzaron, trato de apartar la mirada para evitar que viera mi sonrojo.
–A mi me gusta celebrar tu nacimiento, porque ese día nació mi mejor amigo– acostó de nuevo su cabeza en sus brazos– Eres mi persona Kai.
Sentí mi cara caliente por completo, así como mi corazón latía frenéticamente en mi pecho y mi estómago se contrajo y me sentía raro, escondí mi rostro detrás del cuaderno.
–Deja de ver Grey ’s Anatomy, te está quemando la cabeza.
–Al que se le prendió la cabeza fue a otro, ahora si eres un tomate, completamente rojo– tomó uno de mis mechones de cabello ya un poco largo y lo puso detrás de mi oreja– Tienes el cabello largo, me gusta.
Me propició una sonrisa, mientras yo iba a sufrir una combustión.
Alex.
Al ver la cara sonrojada de Kai, hizo que mi corazón se desbocara de mi pecho, desde hace tiempo comencé con estos sentimientos, me gustaba realmente lo hacía, no sabía si era lo correcto, los dos somos hombres, ¿Sería raro tener algo?
Comencé con el juego del coqueteo con él, me encantaba verlo sonreír y hacer lo que le gustaba, también cuando me habla con paciencia o ríe cuando le cuento algo divertido, también su raro y hermoso cabello, pero la más encantador son sus ojos claros, que me han robado miles de suspiros.
Mierda, creo que en realidad si me estoy enamorando.
Su cumpleaños estaba cerca, por lo que seguiría su consejo y le regalaría algo que en verdad le gustara y confesare mis sentimientos por él, hace un par de semanas me acompaño a recoger un pedido de mamá, al estar cerca encontramos una tienda de arte, sus ojos brillantes indicaba que en verdad quería entrar, por lo que dispuesto a sus pies entramos.
En su búsqueda, encontró un set muy completo, pero su cara cambió al ver el precio, tendría que sacrificar algunos de mis ahorros pero si lo hacía feliz sería un precio justo.
Así que allí estaba rumbo a su casa ese treinta de octubre, toque la puerta y Lauren me saludo cómo siempre, para finalmente acercarme hasta Kai y darle un fuerte abrazo.
–Feliz cumpleaños canelita– Kai huele a manzanilla.
–Muchas gracias, otro año siendo solo tres, Camile otra vez no puede venir, otra alergia.
Camile era una chica loca enfermiza, siempre estaba en el hospital o de viaje con sus padres.
–Me sorprende cómo ha seguido viva… En fin, te traje esto– extendí su regalo de cumpleaños y me miró con sorpresa– Aún no lo abras ¿Entonces me puedo quedar a dormir?
Voltee hacia donde estaba Lauren y me hizo una seña que indicaba una respuesta afirmativa, subimos a la habitación de Kai, me gustaba estar en ella, Kai tenía muchas cosas como dibujos o pintura fascinantes, no sabia de donde sacaba tanta inspiración y creatividad, como si ya fuera costumbre, Kai se sentó en su cama dejando su regalo a un lado y yo en el piso, estábamos en un completo silencio no incómodo.
–¿Ya puedo abrirlo?– preguntó ansioso por su regalo.
–Por supuesto, adelante.
Rasgó la envoltura con cuidado, siempre siendo tan perfeccionista, lo abrió y su cara fue de total asombro.
–Alex esto es demasiado caro. -- Balbuceo sorprendido por el set.
–Quería darte algo especial, me gusta mucho verte feliz.
–Pero...
–Pero nada, espero que me dibujes a Becky en óleo y pasteles y todas esas cosas que no entiendo.
Sonrió con cierta felicidad.
–Pero ya tienes muchos dibujos de Becky.
–Uno nunca es suficiente, Becky es adorable y se que te encanta usarla como musa.
Nos quedamos otra vez en silencio mientras que Kai revisaba el material del set fascinado.
–Entonces, ¿Cómo te fue con la chica que me comentaste que querías decirle que te gusta? ¿Lo lograste?– rompió el hielo con esa cuestión, estaba nervioso, lo note por la forma en la que sus manos rascaban la cama.
–No, no le he dicho nada.– reí un poco, Kai era tan listo para algunas cosas, pero para otras algo tonto.
–Oh, eso es triste supongo.
–Kai, ¿Qué fue lo que me dijiste cuanto te pregunte, qué debería hacer para decirle a una persona que me gusta?– Él mantenía su vista en otro lado para no verme, otra señal de que está nervioso, subí a la cama y me senté junto a él, tomando su mano por encima de la suya, haciendo que finalmente me viera.
–Q-que le dieras algo que le gustara o que le robaras un beso– estaba sonrojado hasta las orejas, tomé su rostro con una mano y lo acerque a mi un poco.
–Pues creo que tengo la dicha de robar tu primer beso canelita.– sin pensarlo y sin miedo al qué pasaría, así como el miedo de que se alejara, nos fundimos en un beso inexperto, éramos adolescentes.– Kai, me gustas, me gustas mu..
–A mi también me gustas Alex– interrumpió mis palabras con su balbuceo, soltando todo de golpe y su rostro más rojo de lo normal.– Tal vez esto no sea normal porque somos dos hombres, pero quiero que lo sepas, porque tu realmente me gustas muchísimo.
Reí un poquito, Kai me gustaba y yo le gustaba, esto era el cielo.
–¿Te estás burlando de mi sentimientos?
–Jamás lo haría, no lo haré, porque siento lo mismo que tu.
Me abrazó fuertemente aferrándose completamente a mi, esa noche no nos soltamos, había encontrado una nueva obsesión, los labios de Kai, sus abrazos y en pocas palabras todo de él.
–Eso quiere decir, que, ¿Somo algo?
–¿Tu lo quieres?
–Por supuesto que sí, mil veces si Kai.

Desde ese día comenzamos una relación algo secreta, nuestro pequeño secreto que implicaba serlo con todo el mundo salió a la luz con Lauren por accidente, estábamos teniendo una pequeña pijamada, teníamos aproximadamente 1 mes de novios.
Ambos estábamos en el piso de su cuarto, hablando de cualquier cosa mientras reposaba mi cabeza en sus piernas y él dibujaba algo en su cuaderno, mientras hablábamos y él estaba concentrado en su cuaderno, descubrí las ligeras miradas que me daba de vez en cuando.
–Se acabó, ¿Qué dibujas?– pregunté curioso al sentir su mirada viajando de mi rostro al cuaderno.
–Nada.– Comentó serio y mordiendo su labio.
–Kai.–lo llame alargando un poco la i.
-- Alex. -- Respondió con una sonrisa y sus bellos ojos se conectaron con los míos para después con una gran rapidez mover el lápiz en el cuaderno.
Me senté y lo miré fijamente.
–¿Me vas a enseñar?
–Tal vez, no lo sé, quizás.
Solo me quedaba una opción.
Me acerqué sigiloso a él y sin previo aviso comencé a hacerle cosquillas.
–Basta, Alex– me pedía que me detuviera entre risas, se retorcía pero no soltaba el cuaderno, seguía haciéndole cosquillas hasta que terminó riendo recostado en el piso– Tiempo, tiempo, esta bien te enseñaré.
Mis manos estaban a su costado, viéndonos fijamente, el abajo de mi, no pude resistir más y le robe un beso, los labios de Kai son extremadamente adictivos, nos olvidamos un momento del cuaderno, de las cosquillas y del dibujo, ahora solo éramos él y yo fundiéndonos en un beso, estábamos tan en lo nuestro que ni siquiera escuchamos las pisadas en las escaleras o los pasos acercándose a la habitación.
–Kai ¿Ya cena…– Lauren había entrado a la habitación, Kai me empujo con una fuerza que ni él conocía– Estaban… besándose.
Nos volteamos a ver, Kai un poco más nervioso que yo y rostro rojo.
Lauren soltó un suspiro, para vernos a los dos.
–Mamá… yo.– su voz temblaba y no podía mantener la mirada con la mujer.
–A la sala los dos– dio media vuelta dejándonos solos, sin saber que hacer– ¡Rápido!– Gritó una vez que noto que no habíamos acatado su orden, nos pusimos de pie y nos dirigimos a la sala de estar, haciéndonos una seña para que no sentaremos una vez llegamos.
–Mamá por favor déjame explicarte.
–Silenció Kai, las preguntas aquí las hago yo.– el ambiente se sentía pesado y nada agradable.– Escuchen los dos muy bien, se que son jóvenes y tienen toda una vida por delante, solo cuídense mucho, hay personas malas allá fuera que querrán lastimarlos.
–No entiendo, ¿Nos aprueba– comente al entender.
–Claro que sí, estoy feliz que se tengan uno al otro, Alex te conozco y sé que eres un chico muy bueno que jamás lastimaría a Kai, no podía pedir algo mejor para él.
–¿No estás enojada?– preguntó esta vez Kai aun sin poder verla a los ojos– Lo siento.
–No te disculpes amor, no hiciste nada, amar no es un crimen, si ustedes son felices juntos no veo lo malo.– Tomó la mano de Kai haciendo que levantara la mirada y esbozó una sonrisa.– Alex, mi niño, ¿Tu mamá ya lo sabe?
Mi mamá no sabía absolutamente nada.
–No, aún no estoy listo para contárselo, de hecho es un pequeño secreto.
–Bien, no se presionen, todo a su tiempo mis niños, ahora me voy a dormir. -- se puso de pie y se dirigió a las escaleras– Ah, una cosa más, de ahora en adelante la puerta abierta de la habitación ¿Oíste tomatito?
–Captado.
Una vez Lauren desapareció, ambos soltamos un suspiro.
–Y al final, no me enseñaste el dibujo.– trate aligerar la situación, al parecer lo logré, Kai se recostó en mi hombro, había notado que le encantaba que lo mimara, así que eso hice, acaricié su cabello viendo como comenzaba a relajarse.
–Ganaste, te lo enseñaré, ¿vienes?– estiró su mano hacia mí, la tomé y subimos a su habitación sentándonos de nuevo en el piso, Kai tomó el cuaderno y me enseñó lo que estaba dibujando, era yo.
–De verdad que tengo un chico muy talentoso a mi lado.– recordé esa escena del titanic, así que mi pose en pose– Dibújame como una de tus chicas francesas.
Logre sacarle una sonrisa, una preciosa sonrisa.
–Idiota.– Dijo mientras no paraba de reír, una vez terminó de reír se acostó a mi lado en el suelo– algún día lo pintaré en óleo o pasteles, en esas cosas que no entiende– estaba cada vez más cerca de mi rostro.
–Hey, te harás millonario vendiendo cuadros de mi, algún día entenderé todo eso del óleo y pasteles.
–Por supuesto y no tendrás ganancia. -- bromeó un poco más para después darme un pequeño besito y recostarse en mi brazo.
La vida era maravillosa, solo éramos adolescentes, como hubiera querido que todo se hubiera quedado así.
Quiero agradecer al grupo de armys mexas por brindarme su apoyo para sacar esta historia a la luz, así como darme la motivación que necesitaba, en especial a Blanca por sus frases románticas xD
Estoy muy feliz de que conozcan a mis nuevos bebés, espero la historia sea de su agrado, el primer capitulo es de prueba, no prometo actualizar muy seguido pero hare lo que pueda para actualizar las dos historias que ahora tengo, besitos.