¿Qué soy para ti?

Summary

Después de la muerte, el alma de Saga llegó al paraíso. Después de mucho sufrimiento, al fin podría descansar en paz... Pero su llegada sacó a la luz un secreto que mantuvo ocultó durante mucho tiempo...

Status
Complete
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

1/3

Sentado en un jardín de flores, vistiendo una larga túnica azul con detalles negros y rojos parecido a la vestimenta patriarcal, estaba Saga de géminis.

El santo de oro de la constelación de de los gemelos, aquel que fue usado como recipiente de un dios, aquel que traicionó la confianza de Atenea con Hades para luego redimirse al perder la vida junto a sus compañeros en el muro de los lamentos, y quién ahora estaba recostado en ese majestuoso jardín, mirando el horizonte con una expresión de melancolía.

- así que estabas aquí...-

El caballero miro a otro lado, intentando no tensarse al sentir ese cosmos violento en el lugar.

- ¿No piensas saludarme Saga?_su voz sonaba burlona, pero el ojiverde podía notar el sarcasmo en ella haciendo que apriete sus puños con fuerza_Al menos date la vuelta y mírame...-

Se negaba a hacerlo. Él ni siquiera merecía su tiempo, se dijo a si mismo levantándose del suelo y empezando a caminar para alejarse de esa persona.

Él solo lo tomó del brazo con fuerza, deteniéndolo y obligandolo a girar para verlo, tomándolo del mentón con fuerza.

Los ojos de Saga solo mostraban odio y repulsión hacia la persona que lo agarraba. Un hombre alto y fornido que le sacaba varios centímetros de altura, de largo cabello negro y ojos rojos como dos rubíes sonriéndole cínico, vestido con una túnica rojo oscuro con detalles negros pegada al cuerpo y una capa larga.

- ¿Qué quieres Ares?_al preguntar, escupió su nombre con repulsión_

Ares, el dios de la guerra violenta y el primer enemigo al que se enfrentó Atenea para recuperar su santuario. Aquel dios maligno que usó su cuerpo como recipiente, quién lo llevó a ser un tirano, mentiroso y asesino, antes de que su diosa le diera su perdón. Ahora estaba frente a él, después de mucho tiempo.

- debemos hablar_el pelinegro lo miraba fijamente, borrando su sonrisa_sobre lo que sucedió hace quince años-

Saga se apartó bruscamente interrumpiéndolo. Su cosmos empezó a crecer, pero no lo notaba. El enojo que sentía no lo dejaba pensar con claridad.

- Saga..._llamó Ares con un tono suave, que lo hizo asquear_esmeralda...-

- ¡No me llames así!_gritó con furia incendiando su cosmos_¡Explosión de Galaxias! -

El ataque tomó desprevenido al dios, quien no pudo hacer nada para evitarlo y salió volando por el aire. El peliazul solo salió corriendo y rápidamente llego a un templo que parecía haber sido construido para él.

Una vez que llegó a su habitación, cayó arrodillado temblando e intentando calmar los latidos desenfrenados de su corazón.

- ¿Por qué regresas ahora?_preguntó con la voz entrecortada_¿Por qué?

“Esmeralda...”

Sus ojos se llenaron de lágrimas y un sollozo escapó de su boca. No quería recordarlo. No quería recordar nada de ese día.

Ya había borrado ese momento de su mente y de su corazón, ¿Por qué volvía? Solo fue un error, un error tonto.


Enojo. Ira. Furia.

Eran varios sentimientos que podían leerse a la perfección en el rostro del dios de pelo negro.

“Debiste tener más cuidado”fue el reproche que le hizo su mente.

Ares caminaba por el Olimpo, sin molestarse en ocultar su enojo, ignorando que llamaba la atención de varios dioses por sus ropas ensangrentadas. Su hombro derecho le dolía después de que Saga lo atacará desprevenido y lo hiciera golpearse fuertemente contra un árbol.

El pensamiento de ir a buscarlo y exigirle una explicación parecía una buena idea, pero sabía que no podía hacerlo sin despertar la curiosidad de su tío Hades, quien había accedido a regañadientes a que todos los santos vivieran en distintas partes de los Campos Elíseos con la condición de que nunca pudieran verse entre sí.

Llego a su templo rápidamente, ordenó a unas ninfas que no lo molestaran para luego tomar a una de ellas y llevarla a su habitación ordenándole que lo curará.

- s-si señor..._balbuceó la ninfa empezando a curarlo con su poder_

Mientras la joven lo curaba, el dios no podía sacarse de la cabeza las palabras del peliazul.

“¡No me llames así!”

- antes te gustaba que te dijera de esa forma..._respondió sumido en sus pensamientos_esmeralda -

Su mano se posó instintivamente en su cuello, dónde solía cargar un collar con una piedra escarlata. No sintió el peso en su cuello por lo que se levantó de su cama alarmado.

- ¿Señor?_llamó asustada_

-¿Terminaste? _ella asintió_ lárgate_ordenó haciendo un ademán con la mano_

La joven asintió y corrió de la habitación al sentir el aura de su dios en descontrol.

Una vez que estuvo solo, Ares empezó a buscar el collar por todo el cuarto.

Tiró fotografías de sus hijos, algunos libros que su madre Hera le había entregado, alguna que otra baratija de Afrodita pero no había rastro del collar.

- ¿Ocurre algo padre? Tus insultos se escuchan desde el otro cuarto _dos voces bastante idénticas se escucharon en el cuarto del hombre_

Ares volteo a verlos irritado. Dos jovencitos bastante parecidos vistiendo armaduras divinas, una roja y la otra negra, lo miraban fijamente.

- Fobos, Deimos_los mira_¿Cuántas veces les he dicho que no entren al cuarto sin permiso? -

- perdón padre_esta vez el de armadura negra habló_pero fue extraño. Nunca insultas tanto a alguien a menos que hayas perdido una pelea con Athena o a alguno de nuestros tíos_explicó el dios que representa el terror_

- Deimos tiene razón_Fobos, dios del miedo miro a su padre y se inclinó respetuosamente_¿Deseas que vaya por la cabeza de Athena? -

Ares no pudo evitar sentir orgullo al ver a su hijo mayor. Estaba a punto de responderle que lo haga, pero luego se detuvo abruptamente y deseo golpearse la cabeza contra la pared.

- no_contestó, forzando a que su voz sonara convincente_lo haremos en otro momento...-

- como digas padre_ambos hicieron una reverencia y se marcharon_

El hijo de Zeus suspiró aliviado cuando se fueron, mientras se tumbaba a la cama y colocaba una mano en su frente.

Una sonrisa bastante perversa apareció en su rostro.

Ya sabía dónde estaba el collar, y lo usaría como excusa para regresar allí.

- no podrás huir de mí...esmeralda...-


Una mujer de hebras naranja oscuro y ojos verdes oliva miraba confundida al dios de ojos rubí. Ambos estaban en el muro de los lamentos.

- ¿De nuevo aquí?_preguntó mirándolo_

- si..._la mira_¿Puedes abrirme el portal? El tío Hades te deja manejarlo...-

- de acuerdo..._le da la espalda y coloca su mano sobre una piedra en específico para luego girarla_¿Sabes salir solo? -

- si..._contestó mirando al frente_

Segundos después, se podía apreciar la imagen de los Campos Elíseos.

- Gracias Perséfone -

Diciendo eso, entro al portal, que se cerró una vez lo atravesó.

La esposa de Hades parpadeó levemente, abriendo los ojos aturdida.

- ¿Ares...me dijo gracias?_repitió consternada_


Saga paseaba por el jardín, sumido en sus pensamientos. El suceso del día anterior lo había dejado bastante tenso, pero pudo tranquilizarse, después de todo había sido una casualidad, que no quería que volviera a repetirse.

Un brillo extraño llamo su atención. Caminó hasta un árbol poniéndose en cuclillas, encontrándose con un collar de plata con una piedra escarlata.

“Ares...”

El nombre del dios se le vino a la mente apenas sostuvo el collar, mirando la piedra roja, igual al color de sus ojos.

- maldita sea_escuchó la voz del dueño y no pudo evitar tensarse_creí que estaría aquí...

Se oculto detrás del árbol, sosteniendo el collar entre sus manos y rogando que el olímpico no lo descubriera.

El dios de la guerra violenta se maldijo por haberlo perdido. Podía parecer un simple collar, pero lo que a él más le importaba, era la persona que se lo había regalado.

Algo enojado, se acercó hasta el gran árbol y lo golpeó con algo de fuerza. Saga se quedó quieto, cerrando sus ojos apretando el collar entre sus manos.

- si tan solo me escucharás..._lo escucho hablar con un tono triste y derrotado que le provocó una extraña sensación en el pecho_podría decirte la verdad...-

El peliazul se mordió el labio. Espero unos segundos antes de salir detrás del árbol. Pudo ver la sorpresa en el otro, pero no le importó.

- entonces dime la verdad_cerró uno de sus puños con fuerza_dime ¿Por qué lo hiciste? -

- ¿Hacer que?_el dios no entendía. ¿Se refería a aparecer de imprevisto?_

- no finjas Ares. Sabes de lo que hablo..._el enojo volvía a subir por todo su cuerpo mientras su cosmos empezaba a crecer_respóndeme ¿Fue divertido? ¿Te gustó burlarte de mí? -

- no lo entiendes...eso no fue-

- ¡No mientas!_le grito dejándolo callado_¡Me usaste para llegar a Atenea! -

- ¡no te use!_replicó el dios_

- ¡Oh por favor Ares deja el teatro! ¡Estuviste conmigo solo porque soy tu recipiente! ¡Ni siquiera sabes lo que significa el amar a alguien! -

El hombre de cabello negro pareció molesto por el comentario, ya que lo tomo de la muñeca mirándolo con enfado. Saga le mantuvo la mirada, mostrándole el rencor y la decepción que persistía en sus ojos.

- es cierto..._admitió soltandolo_nunca supe lo que significaba amar a alguien, hasta que te conocí...-

- no intentes minimizar lo que hiciste_replicó el de ojos verdes con rabia_

Ares negó levemente, tomando sus manos entre las suyas y jalandolo con un poco de fuerza, obligando a que sus labios se encuentren.

Saga se sorprendió e intento salirse, pero el dios se negaba a soltarlo, dirigiendo sus manos a su cintura, presionando su cuerpo contra el suyo.

El peliazul cerró sus ojos y permitió que varias lágrimas cayeran por sus mejillas. Ya no podía soportarlo más.

El olímpico se separó, alarmado al ver esas gotas de agua salada cayendo por su rostro, por lo que las limpió con su mano.

- basta Ares_la voz del caballero era un susurro_no puedo hacerlo más...-

- ¿Qué cosa?_lo mira confuso, sosteniendo su rostro entre sus manos_

- esto..._se señala a sí mismo_que me usen, ya no quiero ser un juguete -

- no eres un juguete Saga...jamás lo fuiste -

- lo dice el dios que jugó conmigo_murmuró sarcástico_tu mismo lo dijiste...solo lo hice porque es mí recipiente, no porque realmente lo ame, es solo un instrumento para matar a Athena_se apartó del hombre citando esas palabras que tanto le habían dolido escucharlas_

Ares miro a otro lado, recordando bien ese momento.

- realmente creí que podía enamorarme_el menor parecía perdido en sus pensamientos_pero tú...me dejaste en claro porque no debo hacerlo_lo ve por un momento_incluso un dios o una diosa debería tener un poco de respeto al jugar con las vidas humanas...-

Saga intento controlar su voz temblorosa y decidió decirle esas palabras que nunca pudo decir en el pasado.

- pero estamos hablando de ti, de Ares, el dios de la guerra violenta, aquel que no le importa ensuciarse las manos para conseguir lo que quiere..._lágrimas de rabia cayeron de sus ojos_y yo como un tonto te creí. Me deje endulzar por tus palabras y promesas, no solo te entregué mí corazón, también te ofrecí mí lealtad y mí cuerpo...porque te amaba Ares, te amaba mucho más de lo que debía amar a Atenea...-

Lo admitió. Después de muchos años callando, por fin lo dijo en voz alta. El de cabello negro lo observaba fijamente, incapaz de pronunciar palabra alguna.

- pero debía saber que todo era un juego, pues claro, ¿En qué clase de universo cabía la posibilidad de que un dios se enamore de un humano?_una sonrisa dulce pero cargada de sarcasmo apareció en su rostro_nunca me amaste por ser quien era, solo jugabas conmigo, todo el tiempo creí que me amabas pero solo me querías porque era tu reencarnación..._le da la espalda_ya me hiciste sufrir cuando estaba vivo...¿También lo harás ahora que estoy muerto? -

Diciendo eso, empezó a caminar apartándose del dios con la esperanza de no volver a verlo. Sus ojos le ardían por tener que controlar las lágrimas, mientras los recuerdos del pasado aparecían en su cabeza como una película antigua.


Perséfone miro a su hermano con evidente confusión. Era muy tarde cuando el dios de la guerra salió de los Elíseos, Ares tenía una mirada cansada, sus ojos estaban muy opacos.

- ¿Ares?_llamó extrañada_

- saluda al tío Hades de mí parte..._diciendo eso, desapareció del lugar dejando a su media hermana confusa_

Unos segundos después, Ares había llegado a su templo, ordenó a las ninfas que no lo molestarán y a sus hijos que se fueran con su madre.

Se acostó en su cama y debajo de una almohada saco una fotografía enmarcada.

Una lágrima solitaria cayó, al verse a si mismo sonriendo mientras abrazaba a Saga, que tenía una sonrisa tierna y sincera en su rostro.

- esmeralda_delineo su rostro con su dedo_te prometo que voy a recuperar tu confianza...-

Saga estaba acostado en la cama, llorando en voz baja. Entre sus manos sostenía un hermoso collar con la constelación de géminis y un dije de una lanza hecha de jade.

Una sola preguntaba aparecía en su mente.

“¿Qué soy para ti Ares?”