Relatos durante la clase

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Summary

Poner atención a clase no es lo mio, así que mientras el profesor explica un nuevo tema, mi mente se distrae y nacen estos relatos.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
13+

Alba ✨️

ALBA

En un invernadero a las afueras de la ciudad, Alba trabajaba como de costumbre. Como dueña del lugar, su vida giraba en torno a las plantas y los clientes que llegaban en busca de flores. Generalmente, los compradores eran comerciantes mayoristas, pero aquel día nublado no había aparecido nadie. O eso creyó, hasta que vio a una mujer diferente a cualquier cliente que hubiera tenido antes.

Entró con paso seguro, vestida con ropa costosa y un porte elegante que la delataba como alguien de clase alta. No parecía del tipo de persona que compraba plantas sin una razón clara.

—Disculpa… busco algo para decorar mi departamento, ¿podrías ayudarme?—preguntó con un tono de inseguridad poco habitual en alguien con su apariencia.

—Por supuesto. ¿Qué tipo de plantas buscas?—respondió Alba, evaluándola con curiosidad.

—No lo sé…—La mujer vaciló.

—Podría ser una planta para sol o sombra. Tal vez algo que no requiera demasiados cuidados.

—No estoy segura, no conozco mucho sobre esto…

Alba la observó por un momento antes de preguntar:

—¿Cómo es tu departamento?

La mujer suspiró y desvió la mirada.

—Ese es el problema. Estoy atravesando un divorcio y… decidí decorar mi departamento para distraerme un poco.

Alba no respondió de inmediato. No entendía por qué alguien le contaría algo tan personal con tanta facilidad. La mujer pareció darse cuenta del error.

—Lo siento. Estoy un poco distraída.

—No te preocupes—dijo Alba con tranquilidad—. Entonces quieres decorar tu departamento.

—Sí…

—Creo que necesitas muchas más cosas que simples plantas. Ven, acompáñame.

Alba la guio hacia una zona del invernadero donde había macetas de distintos tamaños y colores.

—¿Qué estilo te gustaría?

—Algo sencillo. No quiero nada extravagante.

Con paciencia, Alba le mostró varias opciones. Finalmente, la mujer terminó comprando macetas, plantas de sombra, abono y algunos otros insumos para el cuidado.

—¿Podrían llevarlo a mi departamento? Vivo sola y no podré con todo esto.

—Claro, pero la entrega sería hasta el fin de semana.

—Está bien. Así tengo tiempo para preparar el espacio.

—Entonces dame tu nombre y dirección.

—Gloria Dorantes—dijo ella con una sonrisa tenue.

El fin de semana, Alba cargó la camioneta con todo lo que Gloria había comprado y se dirigió a su edificio. Al llegar, la llamó para que le permitiera entrar.

—Creo que me excedí con las compras—dijo Gloria al ver la camioneta casi llena.

—Bueno, ¿en qué piso vives?

—En el último. Lo bueno es que hay elevador.

Alba cargó varias cosas y la siguió hasta su departamento. Al entrar, quedó impresionada por el espacio amplio, los grandes ventanales y los tonos sobrios.

—¿Dónde quieres ponerlas?

—En la terraza.

Alba salió y observó el lugar. La terraza era enorme.

—Es perfecta. No sé por qué solo querías unas pocas plantas. Podrías tener un jardín entero aquí.

Gloria sonrió con melancolía.

—Lo sé, pero por algo tengo que empezar.

Pasaron la tarde organizando el espacio, colocando las plantas y decorando. Cuando terminaron, el cielo ya estaba cubierto de nubes.

—Por favor, déjame recompensarte—dijo Gloria cuando las primeras gotas comenzaron a caer.

—No hace falta. Debo volver.

—Vamos. Siento que has hecho mucho por mí. Aunque sea un café.

Alba vaciló, pero aceptó. Cuando Gloria regresó con las tazas, la lluvia caía con fuerza sobre la ciudad.

—No creo que puedas regresar en este clima—señaló Gloria.

Y así, atrapadas por la tormenta, comenzaron a hablar sobre sus vidas. Gloria habló de su divorcio, de su exmarido, de cómo había perdido casi todo excepto aquel departamento.

—¿Y tú?—preguntó finalmente—. ¿Tienes familia, amigos?

—Tengo mi invernadero. Me gusta la soledad.

Gloria la miró en silencio por un momento, luego sonrió.

—Sabes, podría trabajar contigo.

—¿Contigo?

—No sé mucho de plantas, pero puedo aprender.

Alba la miró con curiosidad antes de asentir.

—Bien, empieza el lunes.

Los días pasaron y, poco a poco, Gloria aprendió sobre plantas y flores. Pero algo más también creció entre ellas. Una complicidad. Un afecto silencioso que se volvió imposible de ignorar.

Hasta que, una tarde lluviosa, Gloria finalmente lo dijo.

—Alba, hay algo que quiero contarte. Mi divorcio… fue porque le fui infiel a mi esposo. Con una mujer.

—Lo imaginé—respondió Alba con calma.

Gloria parpadeó, sorprendida.

—¿Cómo lo supiste?

—No creo que fuera casualidad que me pidieras que fuera a tu departamento. Ni que me pidieras que me quedara.

Los fines de semana, Alba y Gloria salían a pasear por la ciudad o se quedaban en el departamento de lujo disfrutando de una noche de películas. Una de esas noches, alguien llamó a la puerta. Gloria se levantó a Y. y, para su sorpresa, era su exesposo.

—Milagro que te encuentro, de seguro estabas con una... —dijo con tono ácido.

—No estoy ocupada intentando rehacer mi vida —respondió Gloria con firmeza.

El exesposo comenzó a discutir, perdiéndose en reproches y resentimientos, sin siquiera notar la presencia de Alba.

—¿Qué pasa, Gloria? ¿Todo está bien? —intervino Alba, acercándose.

—No, Alba, me quiere... quitar todo —respondió Gloria, conteniendo su enojo.

—No te preocupes, aquí estoy yo. Voy a estar contigo pase lo que pase —afirmó Alba, tomando su mano.

Pasaron unos días y, una tarde, cuando Gloria regresaba con Alba después de un largo día de trabajo en el invernadero, encontraron un camión de mudanza frente al edificio. El exesposo de Gloria estaba allí, supervisando cómo sacaban los muebles.

—¡¿Qué te pasa?! ¿Por qué quieres quitarme todo? —exclamó Gloria, indignada.

—¿Yo? ¡Tú eres quien arruinó nuestro matrimonio! —respondió él con amargura.

La discusión subió de tono hasta que Alba notó que el hombre levantaba la mano, listo para golpear a Gloria. Sin dudarlo, se interpuso entre ambos.

—Si quieres quitarle todo, hazlo. Pero no la toques —dijo Alba con calma, sin inmutarse.

—Tú no sabes lo que ella me hizo... —murmuró el exesposo, frustrado.

—Ven, vámonos —dijo Alba, tomando la mano de Gloria y alejándola del lugar.

El exesposo se quedó allí, con la boca abierta y sin palabras. A partir de ese día, Alba y Gloria comenzaron a vivir juntas. Aunque su relación tenía altos y bajos, superaban cada obstáculo juntas, fortaleciendo su vínculo con cada desafío.

Entre plantas y lluvias, se volvieron una en la vida de la otra. Y un día, en medio de un aguacero, Gloria sacó un anillo de su bolsillo.

—Alba, ¿quieres casarte conmigo?

Alba la miró con el brillo de la lluvia reflejado en sus ojos. Sonrió y asintió.

La respuesta era sí.