Capitulo 1
-¿Y entonces? -se escuchó una fina voz que hizo eco en una cueva, era de noche, dentro de la cueva tan sólo se encontraban dos sujetos; ambos eran de cabello rubio, la diferencia es que uno era más bajo de estatura que el otro.
-¿Y entonces qué? -habló un sujeto de cabellos rubios mientras comía una hogaza de pan (qué estaba casi tiezo). Aunque ambos estaban en una cueva; no es por qué amaran vivir aquí. Si no que, allá afuera era muy peligroso, ellos fueron sacados de sus casas una horrible noche; mientras unos sujetos enmascarados les apuntaban con un arma. Ellos tuvieron dos opciones; podían huir de sus propias casas y alejarse de los malechores ó simplemente unirse a esos sujetos tan malévolos y comenzar a disparar también a gente inocente.
-¿Cuánto pan queda? Esa ya es cómo tu quinta hogaza de pan en lo que va del día-refunfuñó Nostradamus -. A este paso nos vamos a quedar sin comida -manifestó el pequeño sujeto de cabello rubio. Nostradamus de verdad estaba algo preocupado por ello. Kintoki suspiró con pesadez; "la comida esto", "la comida lo otro" desde hace una semana eso es lo único que Nostradamus tenía en la punta de la lengua; "comida".
-Cálmate, ya encontraremos algo por aquí -el pequeño Omega de cabellos rubios arrugó la frente, normalmente él era más pacífico y amable, pero desde que entró a esta cueva con este sujeto, siempre estaba preocupado, alterado y hasta triste. No le gustaba esto, no le gustaba tener que comer poco, tampoco le gustaba estar aquí, tan lejos de su casa. Odiaba aquí, odiaba dormir en el frío y duro suelo.
-"Ya encontraremos algo"-lo remedó -. ¡Tú siempre quieres comer! ¡Y comer! ¡Mientras que yo tengo que aguantar! -de verdad se notaba molesto y furioso ese Omega. El alfa sentado sobre el frío suelo de la cueva se encogió de hombros al ver que el pequeño omega se alejaba de su lado y se iba a sentar más lejos. Normalmente Kintoki siempre era despreocupado ¿Por qué de que servía preocuparse? Solamente te hacías daño a ti mismo. Él sabía perfectamente que tarde ó temprano hallarían algo para reponer la comida faltante (y así ambos comerían de manera decente).
-Creo que ya es seguro salir -susurró mientras jaloneaba del brazo al pequeño rubio, Nostradamus odiaba todo esto, en su antiguo pueblo se encontraban miles de cadáveres en la calle, que murieron a manos de esos malditos delincuentes. Ambos salieron de la cueva y se adentraron al bosque, el alfa llevaba lo que parecía ser un canasto sobre su espalda (para recolectar comida) -. ¡Bien! ¡Tenemos solo unos cuantos minutos antes de que esos sujetos regresen al bosque! -gritó el alfa de cabello rubio.
-¡Baja la voz! -susurró el rubio pequeño.
-¿Y que has encontrado? -cuestionó Nostradamus con unas cuantas piñas de pino en brazos, era lo único que pudo encontrar y por no querer irse con las manos vacías decidió llevárselas. Kintoki mientras masticaba; le enseñó su manzana roja, a decir verdad, tenía más en ese canasto que tenía sobre la espalda -. Bueno, al parecer has tenido más suerte que yo... -bufó. El pequeño Omega se sentó en el verde pasto y dejó sus piñas de lado, en el lugar no había nada más que la tenue luz de la luna para iluminar, Kintoki hizo lo mismo y le ofreció su manzana mordida al Omega de cabellos rubios.
-Te dije que encontraríamos algo -le sonrió. El Omega rubio sonrió, a decir verdad, ambos se conocieron cuando huyeron de su pueblo natal; y decidieron refugiarse en la misma cueva. Nostradamus tomó la manzana mordida y se la llevó a la boca, tenían que aprovechar la comida. El Omega le dió un mordisco.
-Por lo menos... -comentó.
Ambos se sonrieron, y un tenue sonrojo apareció en las mejillas del Omega de cabellos dorados, a decir verdad, Kintoki no era un mal sujeto, era algo despreocupado, sin mencionar que algo suertudo, aunque también era bueno con él. Nostradamus se levantó de golpe del suelo y salió corriendo hacia unos arbustos para después vomitar. Antes de salir del pueblo ese, el Omega salió muy triste y sólo, ya que su querido esposo decidió unirse a esos barbajanes y seguir masacrando el pueblo. Después de vagar por el bosque y toparse con Kintoki, el Omega descubrió que estaba esperando un bebé, sí, un bebé.
-¿Te encuentras bien? -lo interrogó el sujeto ése, el embarazo del Omega casi ni se notaba. Nostradamus con una mano sobre la boca regresó a sentarse donde estaba hace un momento. La situación no era la mejor, había un grupo de sujetos que masacraban allá afuera, y él solo y desprotegido aquí, sin mencionar que, su esposo por allá ayudando a esos malditos a matar gente. El Omega algo desanimado asintió, odiaba todo esto, odiaba la situación y las circunstancias en las que estaba, pero claro ¿De que servía manifestarlo?. Kintoki sonrió, cuando muy conoció a Nostradamus era más animado, pero ahora, viendo que la guerra no cesaba, se había vuelto un poco deprimente -. No te preocupes -se acercó a él y rodeó sus hombros con su brazo -. Todo va a estar bien para cuando el niño nazca, te lo aseguro -le sonrió.
-Si tú lo dices- bufó, para después sonreír -. Yo... -un sonrojo apareció en sus mejillas al toparse con la mirada fija de ese sujeto, a decir verdad, Kintoki no era tan mal sujeto, y desde que se conocieron decidieron unirse para sobrevivir -. Kintoki... -habló en un tono dulce y suave.
-Dime -sonrió, al parecer Nostradamus quería decirle algo importante en estos momentos.
-Veras... -estaba nervioso.
-¡Ayuda! ¡Por favor! ¡Alguien! -una voz se escuchó a la distancia, esto alarmó a Kintoki, quien de inmediato se alejó del Omega y se levantó del pasto ¿Alguien estaba en peligro? ¿Alguien estaba en peligro y necesitaba ayuda? El alfa de inmediato comenzó a correr en dirección a esa voz, el alfa no se podía quedar de brazos cruzados al saber que había alguien sufriendo por ahí. Nostradamus suspiró con pesadez, si no eran los nervios algo siempre interrumpía su confesión con ese sujeto tan fortachón.
-¡Ven aquí! ¡Omega! -gritó un sujeto mientras tenía un arma en la mano-. Vamos a divertirnos un rato, no te haremos mucho daño -rió para después hincarse en el suelo; donde ese Omega se encontraba acostado, Sigurd se tensó en cuanto sintió la punta de una pistola sobre su frente. El Omega había salido por algo de comida al bosque, aprovechando que estos sujetos debieron de regresar al pueblo, pero no, seguían aquí y lo habían atrapado. Esos malditos lo empujaron al suelo y ahora lo amenazaban con una pistola.
-Vamos, va a hacer muy rápido. Ni siquiera lo vas a sentir -rió otro enfrente de ellos. A decir verdad, aunque ese Omega no era atractivo, seguía Siendo un Omega con un agujero que estaba destinado a satisfacer. El Omega aunque estaba aterrado, no gritaba, ni lloraba, el Omega se conformaba con que esos malditos lo dejasen con vida nada más.
El sujeto que lo apuntaba con el arma; se posicionó encima del omega. Sigurd se tensó aún más, el sujeto le entregó el arma a su compañero para después acercar su rostro al rostro de ese Omega tan desagradable.
-Te va a encantar... -le susurró en el oído, para después iniciar a olfatear sus suaves cabellos, el Omega cerró los ojos. Y el tipo ese; con la punta de su nariz comenzó a acariciar el rostro del Omega.
-¿Qué haces? De seguro esa persona que gritó ya murió -habló Nostradamus detrás de Kintoki, ya llevaban un buen tiempo caminando tratando de encontrar al dueño de la voz que escucharon hace un buen rato.
-No pierdo la esperanza -siguió caminando por el verde pasto, ya estaba oscuro y no había nada más que la tenue luz de la luna de plata alumbrando el lugar -. Sé que lo encontraré con vida -él siempre tan positivo.
-¡Malditos! -gritó una persona con la espalda apoyada en el tronco de un árbol, Sigurd se encontraba lastimado; las extremidades le dolían, sin mencionar que, había uno que otro hematoma que tenía en los brazos y piernas. Gran parte de la cadera le dolía, sin mencionar su orificio también-. Espero tengan la muerte más dolorosa posible -maldijo.
El Omega siempre había Sido muy rudo, pero ahora, lo único que podía hacer era llorar, llorar en silencio de impotencia y rabia.
-¿Escuchas eso? -cuestionó Kintoki, estaba escuchando a alguien sollozar. El alfa apresuró el paso. Nostradamus con la frente arrugada lo siguió, ya era muy tarde y esos "vándalos" regresarían en cualquier momento y podían hacerles mucho daño. El alfa paró en seco en cuanto se encontró con la escena; había un Omega con la ropa desgarrada, los brazos lastimados, que sollozaba bajo la tenue luz de la luna blanca. A su parecer, ese era el Omega más hermoso que haya podido haber. Cabellos largos y la piel más bonita que haya podido ver. El alfa siguió caminando hacia él, verlo en ese estado hizo que se le partiera el corazón -. Oye, calma ¿Si? -Sigurd se tensó al escuchar la voz de un sujeto desconocido, ¿alguien más estaba en el bosque? ¿Querría hacerle daño? El Omega no podía creer que tenía la peor suerte del mundo, primero esos barbajanes y ahora venía otro a joderlo solamente porque él salió a buscar comida.
-¡No! ¡Ya no más! -fue lo único que pudo pronunciar.
Kintoki se hincó junto a él y le ofreció algo en mano, Sigurd rápidamente cerró los ojos al ver que ese sujeto se acercó a él, pero nada, no recibió un golpe, ó un toque brusco; así que volvió a abrir los ojos solo para toparse con ese sujeto ofreciéndole una manzana.
-¿Tienes hambre? -le sonrió mientras estaba hincado en el pasto mientras el tenue brillo de la luna de plata los iluminaba -. Me encantaría ofrecerte algo más, pero... me temo que solo tengo manzanas para dar -agregó con pena. Sigurd pestañó varias veces, estaba perplejo ¿Qué sujeto le ofrece manzanas a un Omega que está herido a mitad de la noche? -Vamos-tomó la mano del Omega y la llevó hasta la manzana que se encontraba en su mano -. Tómala - insistió mientras un tenue sonrojo apareció en sus mejillas.
Esto sin duda había dejado muy desconcertado a Sigurd que no dejaba de verlo fijamente a los ojos ¿Y éste sujeto quién era? Nostradamus que era testigo de la escena; los repudió ¿Quién era ese Omega y que hacía aquí a mitad de la noche? El Omega aún con desconfianza; lo hizo, tomó la manzana en manos, el alfa le sonrió dulcemente.
-Bueno, bueno, ya vimos que se encuentra bien, ya nos podemos ir y regresar a nuestra cueva -los interrumpió Nostradamus, de verdad era muy molesto ver a Kintoki con esa mirada de perrito faldero que buscaba dueño -. Nos vamos, Kintoki -habló en un tono firme, haciendo a Kintoki salir del trance de la tímida mirada del Omega.
-Ah, sí, nos vamos -se levantó -. ¿Tienes a dónde ir? -le ofreció la mano, no se sentiría bien dejar a un Omega sólo y lastimado aquí, esos malditos podrían regresar y hacerle más daño. Nostradamus arrugó la frente ¿En serio Kintoki había dicho eso? Sigurd negó mientras tomaba la mano del alfa y se levantaba del suelo -. En ese caso, puedes venir a nuestra cueva ¡Hay suficiente espacio para los tres! -sonrió, Nostradamus entre abrió los labios indignado ¿Por qué Kintoki siempre era así? Nunca pensaba antes de actuar ¿Y por qué Cojones quería hacerse cargo de otro Omega? La comida que llevaban en esa canasta no sería suficiente para los tres y ese omega estaba lastimado; sólo sería una carga.
Sigurd asintió, a decir verdad, él no tenía a donde ir, en éstos días estuvo viviendo en un agujero en la tierra. Sin mencionar que, esos maliantes podrían volver y esta vez si podían matarlo. Kintoki sonrió complacido, menos mal. El que no estaba para nada feliz con esto; era el mismo Nostradamus.