Capítulo 1
Estoy de nuevo aquí, totalmente paralizada sin saber como o porque he llegado hasta aquí. Tengo la vista borrosa como si me acabase de estallar una granada en la cara. Consigo distinguir varios cuerpos a mi alrededor. No son conocidos o al menos eso creo. De repente un potente estallido de color rojo se cruza en mi visión. Un segundo haz de luz se produce de nuevo pero esta vez viene directo hacía mí. Pero eso nunca llega a ocurrir. Por que él se interpone entre la luz y yo.
Me levantó jadeante y con un sudor frío que me recorre el cuerpo entero. No estoy rodeada de cuerpos ni en ningún lugar desconocido. Estoy en mi habitación, miro el reloj de la mesita de noche y tan solo me confirma lo que la luz que se cuela a del ventanal me muestra. Tan solo son las seis de la mañana. Suspiro profundamente antes de volver a tumbarme. LLevo meses soñando con la misma pesadilla. Dentro de lo malo no es tan aterradora como si estuviera en un apocalipsis zombie o algo parecido pero siempre consigue que me levanté de sopentón y empapada en sudor.
Enseguida vuelvo a la realidad y dejo a un lado el mundo de los sueños. Hecho otro vistazo al reloj y esta vez me doy cuenta de que como no me levante de inmediato. No llegaré a la mitad de sitios a los que tenía que ir.
La ducha matutina es lo que logra que siempre me despierte por completo. Me pongo mi tan odiado uniforme de becaria y pongo rumbo a la oficina de mi padre.
En tan solo veinte minutos estoy delante del edificio de no mas de diez pisos. Cruzo las puertas a toda prisa y me dirijo al ascensor donde por suerte no me encuentro con mi quebradero personal de cabeza. Respiro hondo cuando las puertas empiezan a cerrarse.
— Vaya, no me ibas a esperar hoy, mi preciosa rosa — dice con Owen mientras interpone su mano entre las puertas del ascensor.
"Esto me pasa por cantar victoria tan rápido"
—La verdad esque no te había visto — dije entre dientes mientras observaba como apartaba la mano de la puerta y se colocaba a mi lado.
— Pues que suerte la mia, porque yo reconocería esa melena de fuego en cualquier multitud — confesó con una sonrisa de oreja a oreja.
—Que privilegiada soy. — Contesté rodando los ojos.
— La verdad es que no sabía cuando volvería a verte.
— Pero si nos vemos todos los días. — dije mientras me fijaba de nuevo en como las puertas se cerraban.
Owen seguía parloteando, dedicándome frases que seguramente habría estando buscando en internet la noche anterior. Solo tenía que aguantarle durante ocho pisos y luego lo perdería de vista durante al menos unas horas. Pero de nuevo otra mano interrumpe la trayectoria de las puertas. Entra en el ascensor un chico al que nos había visto antes por la empresa. No sé si es por su presencia, pero al menos logra que Owen se calle de golpe y porrazo. Sin mediar palabra se coloca enfrente de mí haciendo que su ancha espalda sea ahora mi paisaje a admirar. Se nota que pasa toda su vida en el gimnasio o al menos dedica la mayor parte de su tiempo. Lleva una camiseta de manga corta por lo que deja a la vista sus brazos completamente tatuados. Me doy cuenta de que tal vez lo estoy mirando demasiado cuando escucho a Owen aclararse la garganta con notoriedad.
— No se si tal vez se lo han comentado, pero normalmente cuando se entra a un ascensor lo primero es saludar a la gente que esta ya dentro. Y lo segundo se dice al piso al que se va — dice Owen rompiendo el silencio.
El castaño ni se inmuta ante el impertinente intento de educación de Owen. Se acerca hasta los botones y pulsa el séptimo piso. Y como si se tratase de una maquina vuelve a colocarse ante mí sin decir la mas mínima palabra.
Finalmente las puertas se cierran. Nunca pensé que me sentiría tan incomoda ante un silencio tan absoluto. Pero en gran parte lo agradecía.
El desconocido se baja primero.
— No puedo entender como permiten que esta clase de gente entre en el edificio — comenta Owen cuando las puertas se cierran de nuevo.
— ¿Esta clase de gente? — pregunté incrédula.
— Si ya sabes con tatuajes, piercings y perforaciones. Dan muy mala imagen a la empresa. Por no hablar de su escasa educación con los demás.
Owen era un repelente de manual, pero sus palabras tan despectivas lo convertían en un cerdo arrogante.
— Mira Owen llevo un año aguantando, tus lecciones de falsa moral, de educación y hasta de vida cuando solo tienes un año mas que yo. Por lo que si tan mal te sienta que un chico con tatuajes entre en la empresa solo tienes que ir a la oficina del jefe y comunicarselo. Aunque también puedes cambiar tu lugar de trabajo e ir a uno donde trabaje gente mas de tu clase — hice comillas con los dedos — Creo que a dos manzanas de aqui ahí un edificio mas exclusivo.
El ascensor se detuvo.
— Que tengas un buen día Owen — dije antes de salir del ascensor.
Por suerte dejó atrás a mi quebradero de cabeza personal. Para encontrarme con el que se podría llamar mi hermano, no de sangre, pero si por elección. Kallan está esperandome junto a la fuente de agua de la oficina.
— Vaya parece tienes cara de haber estado encerrada con la peor persona del mundo —Dice persiguiendome con paso ligero mientras me dirijo al despacho de mi padre.
—No se si la peor, pero que estaría en un top 10 seguro que si.— afirmo casi sin mirar por donde voy.
— Déjame adivinar, ¿Soy don perfecto Owen? —Dice haciendo una imitación exacta de Owen.
—Me conoces demasiado bien.
— Ya hablando de gente que te conoce bien. Tú padre esta muy cabreado por que el periódico de esta semana se va a retrasar. Yo que tú no lo enfadaría mas.
Me detengo ante la puerta de su despacho.
—Eileen— me giro para mirarle antes de girar el pomo — Suerte.
Asiento con la cabeza.
Entro en su despacho y lo encuentro en su enorme mesa siempre llena de papeles. Esta hablando por teléfono y tal como me había avisado Kallan esta enfadado. Me hace un gesto con la mano para que termine de entrar en la oficina. Me siento delante de él. Y espero a que termine su llamada
—Espero que sea importante lo que me tienes que decir Eileen. Porque hoy no estoy de humor — Clava sus ojos en mí. Esos ojos esmeralda que siempre me han causado escalofríos.
— Solo vengo para darte la dirección dónde vamos a celebrar el cumpleaños de Adam — deslizo el papel por su mesa — Empezaremos a las cinco y media aunque se que la puntualidad no es tu fuerte.
Esboza esa lenta sonrisa que pondría los pelos como escarpias a cualquiera que no lo conociese.
—¿Va a ir tu madre?— me pregunta con desprecio.
— Por supuesto. Si estoy aqui es porque ella me lo ha pedido por Adam. Si por mi fuera no te hubiera dicho nada — Le empiezan a dar unos ligeros espasmos en la ceja derecha. Y eso solo le ocurre cuando alguien le lleva la contraria o se revela contra él.
— De ti no me sorprende nada Eileen. Siempre has tenido mucho carácter. Demasiado me atrevería a decir, desde pequeña te has metido en cosas que no eran de incumbencia. Y ahora que eres mas mayor sigues igual. No os preocupeís ni tú ni tú madre no ire al cumpleaños de Adam. Ya tengo un compromiso con Ana y no lo voy a cancelar asique ya puedes salir por la puerta. ¿Necesitas que te diga donde esta?
Ese narcicismo, ese carácter egoísta y ruin. Era lo que desde pequeña siempre me había dado la señal de que el hombre que tengo delante jamás me ha tenido el mas mínimo sentimiento hacía mi. Pero como él mismo había dicho ya no era una niña.Esta vez no me iba a quedar callada
— Me voy a ir pero no sin antes aclarar las cosas. Si, me metía en demasiadas cosas cuando era niña. Y lo volvería a hacer ¿sabes porque? Por que de esa manera logré que mi madre saliera de la amargura que tenía en esa vida de apariencia a la que la tenías sometida . Y lo volvería a hacer una y mil veces mas. Y no te equivoques Michael si estas aqui es porque tienes enchufes hasta debajo de las piedras. Pero yo lo estoy gracias a mi abuelo ese que se puso de nuestra parte y vio el monstruo que tenía como hijo.. Y ahora si que me voy, que te lo pases de lujo con tu novia.
Me dirigí con paso ligero hacía la puerta ignorando sus gritos y diferentes amenazas. Me sentía aliviada, liberada, me había deshecho de la roca que llevaba veinte años aguantando.
Cerré con un portazo. Kallan me esperaba a un lado de la puerta con una pierna apoyada en la pared y los brazos cruzados.
— Creo que alomejor no le he puesto mucho enfasis. Cuando te he advertido que no le enfadases más.
—¿Lo siento? — dije con inocencia fingida.
— No, no hace falta que finjas se que no lo sientes. además ya era hora de que alguien le leyera la cartilla ¿nos vamos?
Sonreí le agarre por el brazo mientras nos dirigiamos al ascensor de nuevo.
— Dejando padres a un lado, ¿sabes algo de Anika? La llevo llamando toda la mañana y no me contesta.
— No, yo también la he llamado. A ella y a sus o padres y nada no dan señales de vida. Alomejor esta castigada y es de esas veces que se aislan del mundo. ¿Llegó muy tarde a casa anoche?
— No, apenas eran las diez menos veinte cuando me aseguré de que entraba a casa.
— Pues si eso luego nos pasamos antes de ir al cumple del pequeño Addam — dijo poniendo esa voz con la que solo hablaba a mi hermano.
— ¿Pero sabes que cumple 16, no? lo digo porque no le hará mucha gracia que le sigas hablando como si tuviera dos años. — una sonrisa se me escapó de los labios al recordar como se había puesto Addam la última vez que le había hablado así.
— Bueno ya se acostumbrará — esbozó una sonrisa haciendo aparecer esos hoyuelos que conquistaban a cualquiera.
— Pues aqui se separan nuestros caminos, alteza — me dedicó una pequeña reverencia antes irse.
Llegué a mi pequeña oficina y para variar ya tenía dos montañas de carpetas listas para ser revisadas. Tendría que seleccionar las noticias que valdrían la pena y las que no para la revista de la semana que viene.
Llevaba doce carpertas y en ninguna de ellas había ninguna que llamase lo suficientemente la atención. Hasta que llegué a la número trece. Trataba sobre un homicidio a una jóven anoche alrededor de las tres de la mañana. Todo iba bien hasta que vi la dirección en la que habían ocurrido los hechos. Busqué mi teléfono como si mi vida dependiese de ello y llamé a Kallan.
— Kallan tenemos que ir a casa de Anika enseguida — la voz me temblaba. Mi cuerpo en general era como estuviese en un terremoto.
— ¿Que pasa Eileen?
— Te lo explicó de camino, pero tenemos que irnos ya.