하늘
El sol de la tarde le daba de lleno en el rostro mientras miraba con el ceño fruncido, desinterés y reticencia la fachada del estudio de tatuajes frente a él.
Las ganas de dar media vuelta y mandar a la mierda todo y volver a su casa a flojear o irse por ahí a perder el tiempo eran inmensas, mas las ruidosas y estresantes quejas a su espalda lo mantenían en su lugar y motivaban su vacilante convicción de entrar a aquel lugar.
—¿Ya vas a entrar o te seguirás parando ahí como estúpido todo el día?
Chasqueando la lengua con molestia se giro a sus amigos que mientras que unos lo veían curiosos, otros, como el idiota de Baji, lo miraban divertidos.
Maldita sea el greñudo de su amigo y su poca decencia y poca paciencia con sus compañeros que lo hizo perder la maldita apuesta.
—Cierra la boca que esto es tu maldita culpa. —Le reprocho abiertamente con la mirada, más Keisuke no pareció afectado por aquello, es mas su afilada y burlona sonrisa se ensancho. Bastardo.
—Yo no te obligue a apostar a mi favor, tú solito de jodiste por pendejo.
La irritante y estruendosa risa de Pah seguido por Peh y las carcajadas altas de Kazutora solo hacían aumentar su propia irritación, quería callarlos de un fuerte golpe por reírse a costa suya.
—Ya no se lo recuerdes, y tú, Mikey, entra de una vez que la hora de tu cita ya comenzó desde hace unos minutos.
Mikey se giro completamente indignado a encarar a su mejor amigo, ¿había sido aquello diversión lo que escucho en su voz? ¿se estaba burlando? ¿¡de él!?
Traidor. Ken-chin traidor.
Lo miro completamente indignado, dejando que sus expresivas muecas le dejasen saber al alto el cómo se sentía al respecto de su burla. Draken rodo los ojos impasible y valiéndole completamente el como se sintiese el enano, él solito se había metido en aquello y debía de enfrentar las consecuencias —castigo— con coraje y sin reproches.
Y es que él mismo había intentado hacerlo cambiar de opinión sobre la estúpida apuesta que Smiley había propuesto tras una de sus reuniones.
¿¡Como se le ocurría al idiota de Mikey apostar por que el otro idiota, ósea Baji, podía pasar mas de una semana sin ser un estúpido impulsivo y golpear a sus tontos compañeros de clase? ¡joder que hasta el estúpido de Pah-chin había apostado porque no duraría!
Se dio inmensidad de golpes mentales mientras escuchaba al idiota de su mejor amigo ponerse la soga al cuello él solo, resignado espero el desastroso desenlace de aquella apuesta y tal como lo premia, Baji no había llegado ni a mitad de semana cuando no solo golpeo a uno o dos compañeros, sino a cinco de ellos en un solo receso, todo porque lo molestaron con sus ruidosas respiraciones cuando tenia sueño.
Cansado de esperar e irritado de igual forma le dio un ‘suave’ empujón al rubio cenizo haciendo que se acerque mas a la puerta de entrada del estudio a donde Mitsuya los llevo.
Ignoro nuevamente el reproche en la oscura mirada de su capitán.
—¿Y si el abuelo o Shin-nii me regañan? —Intento absurdamente tratar de hacerlos dudar.
—Ni modo, un regaño mas un regaño menos. —Kazutora desestimo de inmediato, viéndose impasible ante los ruegos silenciosos de su capitán.
A pesar de que él también había perdido la apuesta no había tenido problema alguno en cumplir el castigo que habían impuesto, el cual era hacerse un tatuaje, no importaba donde o qué, solo era hacerlo. Él simplemente aposto a favor de Baji por simple diversión y como forma de incentivar a Manjiro de que estaba eligiendo el lado correcto, claramente no era así, tenía bien claro que su mejor amigo no duraría nada sin golpear a algún imbécil, por lo que ahora portaba tranquilamente un tatuaje en forma de alambre de púas que rodeaba su brazo.
—No creo que Shinichiro diga algo al respecto —opino tranquilamente Mitsuya, ignorando las muecas disconformes que Mikey le hacia con esperanza de que se apiadara de él—, y con tu abuelo tampoco creo que haya gran problema, si te deja andar repartiendo golpes a diestra y siniestra con la Toman.
Una sonrisa ladeada se dibujo en el rostro del rubio al recordar todas las batallas que ha librado junto a su pandilla.
Bastaron un par de minutos mas en los que Manjiro berrinchudamente trato de hacer cambiar de opinión a sus amigos, donde estrepitosamente fallo, para que estos mismos con un gran empuje y tomándolo desprevenido lo hicieron entrar de una vez por todas al local.
Entro trastabillando levemente, recomponiéndose enseguida para después darle una mirada rápida al interior y de mala gana acercarse a la barra que fungía como recepción.
Un chico alto, no viéndose mas que un par de años mayor que él se encontraba con su vista fija en la pantalla de un computador, sin embargo en cuanto pareció sentir su cercanía y mas el leve carraspeo que dio lo hizo levantar la mirada hacia él, dejándole ver la larga cicatriz que cruzaba parte de su rostro y que pasaba a través de uno de sus ojos.
El par de ojos de distinto color le miraron amables antes de dirigirse a él.
—Bueno... eh —le dijo después de confirmar su llegada a su cita— llegas 15 minutos tarde...
—Ah sí, lo siento —no lo hacía, ni de asomo, y pareció que el joven se dio cuenta pero lo ignoro.
Él seria mas que feliz si el chico cicatriz le decía que su cita ya no se podría dar por su retraso.
Lentamente lo vio tomar un teléfono fijo que estaba al lado de unas pequeñas exhibidoras con folletos y presionar un número y conectar llamada.
—Ey tu cita de las cuatro esta aquí... si, si llego. No sé, tu dime... no... está bien.
Lo escucho suspirar y eso solo le dio esperanzas, lentamente una emocionada sonrisa se comenzó a formar en sus labios.
—Él dice que esta bien, respetara tu cita agendada —la sonrisa de Mikey cayo, inconscientemente formo un puchero al oír aquello, el chico cicatriz le indico con un movimiento de cabeza un par de puertas que se encontraban al lado de la pequeña sala de espera—, es la puerta de la derecha.
No dijo nada más y volvió su mirada a la pantalla de la computadora. Mikey por su lado a pasos pesados se acerco a aquella puerta.
Maldito seas Baji.
Al estar al otro lado se encontró con un ambiente a un más fresco que el de recepción, las blancas paredes decoradas con algunos carteles de lona con información sobre cuidados de tatuajes y recomendaciones, así como también distribuidas de forma estratégica había fotos de tatuajes hechos por el tatuador, la mayoría de estilo minimalista y monocromáticos.
—Toma asiento por favor.
Giro al lugar de donde provino aquello, a su izquierda, frente a una mesa de metal se encontraba un pelinegro levemente inclinado sobre ella, le daba la espalda mientras parecía preparar algunos utensilios.
Mikey tomo asiento en un cómodo silloncito del lado contrario a donde estaba el hombre, desde su lugar podía ver medianamente la manga de tatuajes que adornaba su brazo derecho, miro curioso el diseño de tatuajes durante todo el tiempo que el otro tardo en voltearse a verlo.
—Me sorprendió tu llegada, creí que ya no vendrías a la cita por ello me sorprendí un poco cuando Kakucho dijo que estabas aquí —enderezo su postura y rápidamente se giro en su dirección, un par de ojos como el mismo cielo le sonrieron—, soy Hana, con quien Mitsuya-kun concreto la cita para realizar tu tatuaje.
Mikey miraba con ojos grandes al hombre mayor frente a él. Joder. En cuanto aquel pelinegro se volteo hacia él Mikey sintió su respiración cortarse súbitamente y su corazón bombear con mas fuerza.
El hombre frente a él era completamente su tipo, si es que hasta entonces tenia uno porque no tenía ni maldita idea de eso, lo que sabia era que aquel hermoso ser de intensos ojos como el cielo de verano había flechado su hormonal corazón de diecisiete años de vida desde el primer momento en que lo vio.
Con descaro recorrió de pies a cabeza el cuerpo contrario, deleitándose al hallar su silueta levemente marcada debido a la ropa que traía puesta, lo hizo mientras una angelical y amigable sonrisa le era devuelta al pelinegro.
—Es un gusto igualmente, Hana, he escuchado muy buenas cosas de ti por parte de Mitsuya.
Mentira.
Hasta hace un par de días no tenia ni puta idea de la existencia de un tipo llamado Hana, y cuando su amigo pelilila intento darle un poco de información sobre la persona que lo tatuaría hizo oídos completamente sordos.
Ahora se arrepentía.
No sabia nada del futuro señor Sano, ¡del dueño de sus mesadas a partir de ahora! ¡no podía ser posible eso!
—Oh, ¿en serio? —El leve rubor que salpico sus pómulos casi hizo a Mikey suspirar.
—Sip, él dijo que tú fuiste quien hizo su tatuaje del dragón, cada vez que habla sobre eso te menciona a ti y tu trabajo —sonrío aún más ancho. Hana se ruborizo más, riendo abochornado por aquello.
Volvía a mentir, más o menos, pues no prestaba real atención a Mitsuya cuando este despotricaba todo sobre el tatuaje que portaba en la cien, mas no le importaba decir algunas mentiritas si con ello obtenía aquellas reacciones del otro.
—Vaya... eso es muy halagador... —Hana le miro contento a pesar de que su rostro aún estaba un poco rojo—, bueno, sobre tu tatuaje, Mitsuya-kun no menciono ningún diseño al respecto ni el área donde se haría, tú... emm.
—Manjiro —contesto enseguida, alegre porque no tuviese que presentase solo y fuese el otro quien preguntase por su nombre.
—Manjiro —probo el nombre en su boca—, ¿tienes algo ya pensado sobre lo que quieres que te haga?
Se quedo rígido por un momento, lo que tardo en asimilar el sentido correcto de sus palabras, enseguida una traviesa sonrisa asomo, inclino un poco su cuerpo en dirección al tatuado aparentando total tranquilidad.
—Oh si, ya he pensado en algunas cosas que me gustaría que me hicieras.
Su voz cristalina y sugerente matizada con un deje de inocencia. Hana le miro atento, removiéndose levemente en su lugar al creer captar algo mas en las inocentes palabras de su cliente.
—¿Cómo cuáles? —carraspeo sintiéndose avergonzado por su desviado pensar, la sonrisa de Mikey se volvió gatuna— ¿hay algún diseño o zona en específico que quieras?
—El hombro —contesto lo primero que se le vino a la mente, tan distraído en poner su mejor cara coqueta para el otro.
Hana asintió ignorando las miradas sugerentes que le parecía el rubio le enviaba, tratando de concentrarse en el tatuaje que le haría, después de preguntarle sobre el diseño y que Mikey le respondiese sobre no tener nada en mente y por consecuencia le sugiriera dejarle a él aquello, procedió a acomodar sus materiales en un pequeño carrito con ruedas.
Le indico al chico el tomar asiento en una acolchonada silla reclinable con posa brazos ajustables, y que también descubriese la zona en donde iría el tatuaje.
Mikey fue obediente, todo lo obediente que no había sido en lo que iba del año para con sus mayores, pero es que era su Hana, como lo llamaba por el momento al no conocer su nombre real, por lo que estaba dispuesto a obedecerlo en todo lo que quisiese y pidiese, sea cosa del tatuaje o no.
Durante todo el proceso se mantuvo tranquilo, haciendo leves muecas cuando tenía que repasar algunos lugares. De vez en cuando Hana se detenía a preguntarle si estaba bien, obteniendo siempre una linda sonrisa del menor acompañada de un asentimiento.
—Y eso es todo.
Con cuidado terminaba de limpiar el nuevo tatuaje, retirando los restos de sangre y tinta que pudiesen quedar en la piel del menor.
—¿Qué tal, dolió mucho tu primer tatuaje, Manjiro-kun?
Mikey se levantó de su lugar y se acercó al espejo empotrado a la pared donde observo su reflejo a detalle, desde su hombro hasta la parte baja de su nuca se encontraba ahora plasmado una gran espiral con líneas con distintos diseños en ellas y un par de ondas que terminaban igualmente en un espiral más pequeño que rozaba la parte baja de su nuca. La piel de toda esa zona se hallaba rojiza y un poco hinchada.
Detallaba atento todo el diseño de su tatuaje, dándole un gran visto bueno y conforme, no era nada que se hubiese imaginado, porque ni siquiera había imaginado nada, sin embargo, sentía que el tatuaje iba mucho con él, le gustaba como se miraba en su piel.
—Me encanta —susurro fascinado, sus ojos hiendo y viniendo por todo el largo del diseño.
—Me alegra mucho oír eso —la voz de Hana le llego a un costado suyo, el hombre se acercó lo suficiente como para estar a menos de metro y medio de distancia de donde se encontraba Manjiro. Veía con una sonrisa la cara satisfecha del menor.
Mikey se giró en su dirección y sonrió en grande, dando un par de pasos hacia él para acotar la distancia, su corto andar mostrando coqueteo que deseaba el otro captara.
Y la mirada levemente flaqueante de Hana así como su sonrisa que pareció pasmarse en sus esponjosos labios le dio señal de que sus intenciones habían sido captadas. Mikey no era idiota, sabia como el mayor lo había estado observando todo ese tiempo, siendo consciente de las esporádicas miradas que el pelinegro le daba tanto a su piel como a su rostro mientras lo tatuaba, incluso, a veces pareciendo disfrutar de los leves quejidos que se le salían cuando las pequeñas oleadas de dolor lo alcanzaban y tomaban desprevenido.
—Pues me ha encantado, todo, fuiste muy gentil conmigo a pesar de ser mi primera vez. Muchas gracias, Hana, creo que hasta me dan ganas de repetir...
Un par de pasos mas y se encontraba a la distancia de un brazo del tatuado, su sonrisa afilándose y volviéndose descaradamente sugerente. Hana pareció atorarse con su propia saliva pues antes de poder hablar una serie de pequeñas toces lo ataco.
—No... no hay nada que agradecer Manjiro-kun, es mi trabajo el ser gentil con todos mis clientes al momento de trabajar en ello... —Trato de recomponer la postura más el pequeño salpicón bermellón en sus pómulos lo delataba.
—Oh ¿es así? —Inclino la cabeza a un lado, sonriendo, un leve pinchazo en su reciente tatuaje al verse estirada la zona, un puchero disconforme se formo en sus labios.
—Lo es —susurro—, sin embargo —El repentino acercamiento lo tomo desprevenido, queriendo retroceder un paso en auto reflejo, aun con la cabeza ladeada subió lentamente su mirada hasta chocarla con el otro, ónix y azul cielo se encontraron y conectaron de inmediato, perdiéndose en la intensidad de la mirada contraria—, he de admitir que fuiste muy obediente, Manjiro, me dejaste trabajar contigo a mi antojo sin problema alguno, fuiste muy buen chico —su voz descendiendo una octava y en volumen, las palabras saliendo airosas y el aire de ellas golpeando suavemente el rostro apacible de Manjiro.
Una lenta sonrisa apareció en sus labios, los cuales mojo con su lengua antes de contestar.
El movimiento siendo seguido por el mayor levemente inclinado sobre él.
—Si es así, ¿entonces merezco un premio no cree Hana-san?
El corrientazo que los ataco cuando al subir su mano y posarla sobre el brazo del pelinegro les causo un gran estremecimiento que ambos supieron controlar. La mirada brillante del mayor pareció adquirir un tono mas oscuro de azul mientras valuaba la expresión inocente de Mikey.
—¿Un premio por ser un buen cliente? —había burla y provocación en su voz, Mikey asintió de acuerdo importándole poco aquello, enterró suavemente la yema de sus dedos sobre la tersa piel del brazo de Hana— eso es muy exigente, Manjiro-kun, a pesar de ser tu primer tatuaje conmigo...
—¿Eso me quita puntos por ser obediente contigo? —reprocho suave, su mirada dejando la inocencia y llenándose de descaro y coqueteo. Sin pena alguna dio un rápido pero disfrutable vistazo a la postura levemente tensa del mayor— mmm eso no me gusta, que malo Hana-san y yo que estuve tan dispuesto para ti...
—¿Lo estuviste? —las replicas del menor quedaron de lado ante aquella interrogación.
Nuevamente Manjiro sonrió coqueto, inclinándose hacia delante, su rostro frente a frente con el de Hana, sus ojos paseándose por aquel atractivo rostro, deteniéndose en los esponjosos y rosados labios que parecían ansiosos por los movimientos que su dueño hacia con ellos.
—Lo estaba Hana-san —su voz volviéndose susurrante y sugerente—, aun lo estoy...
La suave palma que repentinamente acuno su rostro lo sobresalto, más la mirada inundada de emociones lo dejo estático, Hana acariciaba con su pulgar su pómulo mientras sus ojos parecían transmitir mil emociones y a la vez nada. Repentinamente una dura mirada acompañada de una arrogante sonrisa encaro a Manjiro.
—Deberías tener cuidado con tus palabras Manjiro-kun, podrían malinterpretarse. —Una ultima caricia que bajo hasta casi rozar su cuello antes de retirar su mano. Mikey vio al hombre girarse y darle la espalda, su ceño se frunció, estuvo a punto de replicar, pero entonces volvió a girarse y se acercó, tomándolo suavemente del brazo lo guio nuevamente a tomar asiento.
Se dejo poner el plástico protector dócilmente, sin embargo, el ceño fruncido en su rostro no menguo.
—Sigue las indicaciones de este folleto, y aplica constantemente esta crema en tu tatuaje, no lo expongas mucho al sol, por lo menos en lo que tarda en curarse y se cuidadoso al lavar la zona, cualquier duda que tengas eres bienvenido a contactarme, anote mi número en el folleto.
Una vez en la puerta del estudio de Hana Mikey pregunto:
—¿Y si no tengo ninguna duda?
La sonrisa coqueta que recibió del mayor le sorprendió y causo un aumento en el ritmo de sus latidos.
—Aun así eres bienvenido a contactarme Manjiro, cuida tu tatuaje —lo encamino a través del umbral de la puerta—, y espero verte pronto...
Sin más lo despacho.
Mikey salió del estudio de tatuajes con un solo objetivo claro. Tener a aquel tatuador para él, y algo dentro de él le decía que lograr aquello no sería tan problemático como pudiese parecer.
Llego a su casa felizmente presumiendo su nuevo tatuaje a su familia y en todo momento mencionando al creador de este. El inesperado regaño de su abuelo y la sorpresa de sus tres hermanos los tomo sin importancia, su mente vagando en el brillante azul del cielo despejado de verano.
Quien diría que perder una apuesta traería tan buenas consecuencias.
> 하늘 (Haneul) significa cielo en coreano.
¡Gracias por leer!
|Lu|