Prólogo
La pasión, lujuria y el crimen; la ingenuidad del ser humano y el esperpento de consecuencia cuando todo aquello se junta. No voy a sentarme y fingir ser un santo, sabía perfectamente en lo que me metía al caer entre los brazos de aquellas bestias.
Y aunque me estaba quemando entre el fuego intenso, la advertencia de ser solo cenizas nublaba mi juicio. Para bien o para mal, ellos aparecieron en mi vida.
Uno me llevo primero al cielo y luego al infierno, y el otro; me salvó del infierno, para llevarme a vivir en su glorioso inframundo. Uno peor que otro, sí, eso es totalmente seguro.
Sabía que no podía jugar a ser dos, el peso de ello me arrasaría. Y al final, el arrepentimiento no llegó jamás.
Un total bandido, apreció en mis sueños, luego apareció en mi vida y tal como un tornado, modificó todo a mi alrededor. Robó todas mis sensaciones, corrompió mi alma y mi cuerpo.
Y él era... Simplemente él, yo era demasiado testaruda y necia como para negarme a mis deseos. Se encargó de robarse mi estabilidad y terminó por joderme de maneras inimaginables.
A consecuencia de lo que me negaba a admitir, me había encerrado en un círculo que me consumía y me destruía incluso peor que una droga.
Agradecí cuando tuvo un final, fue mi luz al final del túnel, y aunque éramos almas retorcidas, nos complementamos lo suficiente para arder juntos y salvarnos.
Cuando la cacería inició, yo era una diosa; y el hombre que un día amé, hoy se convertiría en mi víctima.
María Elena Sáenz es mi nombre, el nombre de la mujer que resurgió de entre las cenizas provocadas por sus acciones y cuando lo hizo se convirtió en la pieza principal del tablero.
Elena para algunos, Mary para otros, Maru para otros. Corderito solo para él.