Ya no somos, ni seremos

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Jungkook y Taehyung han roto, y ambos sufren por un amor que no pudo ser.

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Complete
Chapters
1
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n/a
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13+

Ya no somos, ni seremos

Taehyung miraba por la ventana, sintiendo cómo los días se convertían en semanas, las semanas en meses y los meses en años. Han pasado dos años desde la última vez que lo vio.

Y su corazón seguía doliendo como el primer día.

El sol comenzaba a ponerse sobre la ciudad, el viento movía las cortinas con suavidad, pero la calma exterior contrastaba con el torbellino que llevaba días sintiendo en su interior. En sus manos sostenía una carta que había escrito y reescrito demasiadas veces para enviársela a Jungkook, aunque sabía que jamás lo haría.

No podía.

A kilómetros de distancia, Jungkook se encontraba sentado en el borde de su cama, con la mirada perdida en el suelo. La botella vacía de whisky descansaba a sus pies, y el sabor amargo del licor seguía en su boca, tanto como el de las palabras que nunca dijo. Cada día desde la ruptura lo había sentido como una herida abierta, y por más que intentaba llenar el vacío con distracciones, el peso del dolor seguía ahí, inamovible, como una sombra constante.

Eran casi las tres de la mañana, pero el sueño se le había vuelto un lujo al que ya no podía acceder. Las noches se le pasaban en vela, rememorando los momentos con Taehyung. Recordaba la manera en que solía reír con él, la forma en que su mano encajaba perfectamente en la suya, y cómo solían hablar de planes, sueños, y un futuro que ahora parecía tan lejano, como una historia de otra vida.

—¿En qué fallé? —se preguntaba una y otra vez, cada vez más hundido en su propia tristeza. Sabía que la relación se había desgastado, que ambos habían cometido errores, pero no podía dejar de culparse. La culpa lo carcomía, como si cada pequeña pelea, cada momento de silencio, hubiera sido una herida autoinfligida. Cada error lo perseguía como un fantasma.

Recordaba con dolor aquella última noche frente al mar. Sentados en silencio, como si la fuerza de sus palabras pudiera derrumbar todo lo que quedaba de ellos. Y en el fondo, Jungkook sabía que ya estaban rotos. Pero, aun así, su corazón no quería aceptarlo.

—Taehyung... esto ya no está funcionando. Ya no somos los mismos —dijo finalmente, con una voz que se le quebraba por dentro.

Había sentido como si cada palabra arrancara una parte de su ser. Decirlo en voz alta era admitir que todo lo que construyeron se desmoronaba, y esa realidad lo destrozaba. Se había preparado para ese momento durante semanas, pensando en cómo afrontar la conversación, pero cuando las palabras salieron de su boca, se dio cuenta de que ninguna preparación era suficiente para el dolor que venía con la despedida.

Taehyung lo miró, con la tristeza reflejada en sus ojos. Él lo sabía, también sufría, pero Jungkook sentía como si su propio dolor fuera un castigo autoinfligido. Durante mucho tiempo creyó que podía arreglarlo, que, si sólo intentaba un poco más, si era más paciente, más cariñoso, más presente, todo volvería a ser como antes. Pero la realidad era otra, y enfrentarse a ella era lo más difícil que había hecho.

—Lo sé —susurró él, con un hilo de voz que apenas podía sostener—. Ya no somos, ni seremos.

Esas palabras lo golpearon con una fuerza que no había anticipado. Las escuchó en su cabeza durante días después, repitiéndose como una letanía que no podía escapar. “Ya no somos, ni seremos.” Jungkook había perdido no solo al amor de su vida, sino también una parte de sí mismo que nunca recuperaría.

Después de esa noche, Jungkook se encontró perdido. Las cosas que solían darle sentido ya no tenían valor alguno. Su vida diaria se convirtió en una rutina vacía, una sucesión de días en los que intentaba distraerse del dolor, aunque cada cosa que hacía parecía recordarle a él. Incluso el café que solía amar ahora le sabía amargo.

A veces, en las noches más oscuras, sacaba su teléfono y escribía largos mensajes para Taehyung, palabras que nunca enviaba. Intentaba explicarle cuánto lo lamentaba, cuánto la extrañaba, y cuánto deseaba poder volver el tiempo atrás. Pero al final, siempre terminaba borrando todo. Sabía que no había marcha atrás. Lo que una vez fueron ya no existía, y él era un extraño en su propio pasado.

Una noche, Jungkook rompió a llorar. Era un llanto profundo, que venía desde un lugar tan escondido en su corazón que ni siquiera sabía que existía. Lloró por todo lo que habían sido y por todo lo que nunca serían. Lloró por los recuerdos, por las promesas rotas, y por la vida que nunca tuvieron juntos.

Taehyung, por su parte, había decidido dejar la carta sobre la mesa. No tenía sentido aferrarse a lo que fue. Aunque aún lo amaba, comprendió que no podía seguir viviendo en el pasado, atormentado por lo que nunca podría ser. Ambos estaban en caminos diferentes, aunque sus corazones seguían sangrando.

Jungkook miró por la ventana, mientras la noche se desvanecía lentamente en el amanecer. Sabía que tendría que seguir adelante, aunque todavía no supiera cómo. La ausencia de Taehyung seguiría siendo un eco en su vida, un recordatorio de que el amor a veces no es suficiente. Pero, con el tiempo, esperaba que ese dolor se convirtiera en algo más soportable.

Aunque ya no eran ni serían lo que alguna vez fueron, lo que habían compartido siempre quedaría dentro de él. Y tal vez algún día, cuando el dolor fuera menos agudo, podría mirar atrás y sonreír, agradecido por el tiempo que pasaron juntos.


Fin.