Prólogo
Todo cambia formas tiene un compañero predestinado.
Da igual si eres lobo, zorro, oso, jaguar o león, la diosa Luna no permitirá que ninguno de sus hijos vague solo por este mundo. Para ello está su hermana Destino, la encargada de hilvanar, coser y entrelazar los hilos de nuestros destinos, hasta encontrar a nuestro compañero.
Al cumplir los dieciocho, justo en ese momento, una llama prende en nuestro interior, una llama que se convierte en un auténtico fuego y que arde vorazmente en nuestro interior hasta encontrar a nuestro compañero predestinado. Un instinto de apareamiento, que hace que podamos reconocer sin duda alguna al compañero que las diosas han elegido para nosotros. Algunos lo encuentran el mismo día de su decimoctavo cumpleaños, otros tardan meses o años, pero siempre terminan encontrándolo.
El único problema es que la diosa Destino tiende a ... aburrirse. Entonces es cuando decide convertir nuestra existencia en un pequeño infierno para su entretenimiento y disfrute, o como a ella le gusta llamarlo, su culebrón personal.
Me llamo Olivia Beltrán Galech, conocí a mi compañero predestinado apenas cuatro minutos después de haber cumplido los dieciocho, éste solo tardó uno en rechazarme. E aquí la historia de cómo pasé de ser una simple loba a una auténtica zorra, literalmente.
Gracias Des y que te den.