Scintilla

All Rights Reserved ©

Summary

La trama se desarrolla en Italia y gira en torno a Adélie, una joven italiana cuyos padres la fuerzan a casarse con Franz, el hijo de un amigo de la familia. Al principio, tanto Adélie como Franz confían en que sus padres se arrepentirán del compromiso. Sin embargo, a medida que van conociéndose a través de las diferentes aventuras que viven juntos, poco a poco se van enamorando. Pero una semana antes de la boda Franz descubre algo que cambia por completo su destino, no obstante, esa misma noche también Adélie confirma sus sospechas cambiando el destino de ambos.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

Fiesta en la hacienda de los Benedetto

Me he llegado a preguntar si realmente es posible que nosotros los humanos algún día podremos inventar un nuevo color.


Admirando el cielo oscuro desde el balcón de la habitación de mi hermano quien hace muy poco falleció.


Mamá aun me regaña por entrar y es que es inevitable no hacerlo, era mi único hermano, cuando supe que había fallecido me cayó como una cubeta de agua fría.


- ¿aun no estas lista?, ya casi es la hora para que empiece la fiesta de los Benedetto. -me pregunta mamá casi exaltada y quizás echando fuego por los ojos-.


- Me falta arreglarme el cabello, ¿podrías ayudarme? -le digo intentando no verla a los ojos-.


Algo que hago muy bien es evitar mirar a los ojos y hacer como si la persona no existiese, me ha salvado de muchos futuros conflictos.


- Ya está, pero tu delineador de ojos se ha corrido un poco, deja voy por un pañuelo -dice mientras corre-.


Esta fiesta era bastante importante para mis padres, pues no solo era la unión de ambas empresas, también era mi compromiso con un hombre al que nunca he visto, pero por los adjetivos que usaba su madre, mi ahora suegra, se podría decir que es alguien tranquilo y de muy pocas palabras. Yo no estoy para nada emocionada. Es algo muy retorcido que en pleno 2024 aún se sigan haciendo estos matrimonios por conveniencia.


A quien realmente anhelaba ver era a el hijo de los Agostinelli, para ser específicos a Dante, quien ha sido mi compañía desde mi regreso a Italia.


- Tu papá acaba de llegar, nos pide que bajemos – me informa mamá-


- ¿En verdad es necesario que yo vaya? – le suplico con la mirada-.


- Si, por fin conocerás a tu prometido, cariño, tú en verdad sabes que esto es importante – me dice con un todo dramático, como si no supiera que esto solo los beneficia a ellos y no a mi-.


Sale de la habitación y por acto seguido yo también, los tacones que uso son bastante altos así que intento caminar bien para no terminar rodando por las escaleras.


Aunque…, no, dios es tan macabro de mi parte estar pensando en mi muerte y sonreír al mismo tiempo. De todos modos, no podría hacerlo, soy cobarde.


Bajo a la planta baja y al parecer iremos acompañados de la familia Lombardi, no me llevo con su hija Gianni debido a unos inconvenientes, con inconvenientes me refiero a que ella estaba interesada en Dante, pero él simplemente se dedicaba a ignorarla y con eso convirtiéndome a mí en la villana.


- Oh Adélie, te ves hermosa – me alaga la señora Lombardi-.


- Siento no hacerle mucho honor a su cumplido señora, pero se lo agradezco – le digo esbozando una media sonrisa-.


De hecho, hasta la señora Lombardi se veía más atractiva que yo. Era obvio que estaba más pronunciada y trabajada a detalle con su maquillaje.


Yo traía puesto un vestido corto de tul de tono crema, en la parte superior mi corse con un escote pronunciado sin tirantes, las mangas largas y acampanadas con detalles florales. Sobre el vestido mi cárdigan largo de color beige claro que caía abierto sobre mis hombros. Y mi cabello pelirrojo simplemente estaba suelto, pero que tenía broches de florecitas blancas.


Tenía que lucirme esta noche, ¿no?


Papá alza la voz y con un tono hostil nos advierte que debemos ir subiendo a los autos, que ya casi se nos hace tarde.


- Vamos, vamos, no queremos hacer esperar a los Benedetto – dice mi mamá con un tono melódico-.


Ella era la más emocionada, más que la prometida, toda la maldita semana estuvo hablando de la familia Benedetto, no quiero decir que no me agraden, amo a la señora Gia y a sus riquísimas galletas con chispas de chocolate que suele enviarme en mis cumpleaños. Lo que no me gusta es que mi mama me sofoque con temas y cosas que ya se.


También me agrada su hija Ettore, una linda niña de 8 años que suele hacerme compañía a petición de la señora Lombardi después del fallecimiento de mi hermano. Es casi y pronto será mi hermana una vez que me case con su hermano.


Y luego esta el de la idea, el señor Enzo Benedetto. Quien con sus palabras rimbombantes convenció a mi padre de que sería una gran fusión para ambas empresas que ambos hijos estén casados. Mi hermano Lucca me habría apoyado ante esta estupidez, si tan solo no hubiera tenido ese accidente.


Él me habría mandado a cualquier parte del extranjero con tal de que pueda vivir mi juventud, maldición, acababa de cumplir 19 años y ya quieren casarme con un chico que no he visto por qué estaba de viaje en Francia, pero que aun así no se dignó ni siquiera a mandarme un SMS o buscarme por Instagram, me habría conformado hasta con señales de humo, pero nada, ni una miserable carta.


En medio camino me pongo a maldecir toda esta situación, no es como que me emocione conocer a mi futuro esposo, Franz, Franz Benedetto, mientras yo viva él siempre tendrá una anti fan, ojalá se asuste cuando le mencione que no se cocinar.


Dios, por favor que no sea un chico bajito, no me quejaría si es delgado o robusto, solo te pido que no sea bajito y que no sea un cretino antipático mujeriego, gracias, amén.


Alejando mis suplicas estúpidas, respiro hondo, pues ya hemos llegado a la hacienda de los Benedetto.


No puedo evitar hacer una mueca de disgusto.


- Querida, sonríe – ordena mi querida madre-.


- ¿Quieres que sonría?, sácame de aquí y te lo agradeceré, realmente no me importa su honor – le digo esperando provocarla, con la esperanza de que me de una bofetada para huir indignada-.


No funciona. Me mira y solo me ignora.


Realmente estaban dispuestos a casarme con tal de salvar su pellejo, su estúpida empresa de zapatos.


Habría preferido no volver de mi viaje a España, ahí estaban mis amigas, mis amigos, y claro, tenía más libertades, nadie me hablaba de un matrimonio forzado, nadie me daba ordenes, solo éramos mi hermano y yo.


Entramos a la hacienda, casi no llegaba a ver nada porque estaba muy oscuro.


Logro ver los árboles de manzana que hay en la entrada.


Veo que en la puerta están la señora Benedetto y Ettore, quien al verme empieza a correr en mi dirección.


- ¿Emocionada Adélie? – pregunta entre risas-.


- Si mi niña hermosa, pero me harías la mujer más feliz del mundo si me tomas de la mano y me guías al lugar al que debería ir – le digo-.


Me toma de la mano y entramos. El lugar estaba bastante ordenado, hay floreros con rosas rosadas en cada esquina de la sala, todo se veía bastante elegante.


Por un momento quisiera solo centrarme que no es mi pedida de mano, quiero imaginar que estoy en las épocas coloniales en donde había bailes con todas las personas del pueblo en la que la gente se presentaba y todo era bastante inocente.


- Mi hijo al parecer va a llegar algo tarde, me disculpo por él señorita Caruso – dice acercándose a mí el señor Benedetto-.


- Oh, no se preocupe – Le extiendo la mano para saludarlo-.


- Se le ha hecho algo tarde, espero usted y su familia lo entienda – intenta excusarse-.


- Querido amigo no te preocupes, nosotros esperamos – le dice mi padre mientras se acerca para abrazarlo-.


Hola Dios, soy yo de nuevo, te pido que no llegue, que se vaya o se pierda en el camino, solo te pido eso, nada más, ¿por qué castigas a tu hija?, te lo suplico, gracias, amen.


- Querida, acompáñanos en la mesa – me ofrece la señora Benedetto-.


- Claro, ¿vamos Ettore? – le pregunto a mi niña linda-.


- Si, vamos – dice-.


Nos dirigimos al comedor, que por cierto también estaba repleto de rosas rosadas.


Gianni entra, me mira maliciosamente y se sienta a mi lado.


- ¿Cuántos hijos ya has planeado tener con tu prometido Adélie? – me pregunta entre casi risas-.


Suelto un suspiro.


- Piérdete Gianni, no quiero lidiar hoy con niñas estúpidas que no saben perder – le digo conteniéndome en no agregar más ofensas porque quiero llevar la fiesta en paz-.


- Oh pobrecita, debo agradecerte por dejarme el camino libre con Dante, me asegurare de hacerlo mío – suelta la arpía de Gianni-.


Con ganas de meterle un buen gancho, me limito a solo apretar la mano y a ignorar las estupideces que sale de su pintada y fea boca.


La ira recorre por mis venas y no puedo evitar imaginar lo que me dijo Gianni, maldiciéndola una y otra vez, tenía razón, le estaba dejando el camino libre con Dante, el alto delgado de cabello color miel, tez blanca y ojos color café claros. El chico que no hace un par de días atrás me había confesado su amor y que me había ofrecido huir con él a otro país.


En verdad habría huido con él, claro si esto no estuviera ligado al honor, y a la herramienta que nos permitía darnos uno que otro lujo.


- ¡Ya está aquí, ya llego Adélie! – me informa entre saltitos Ettore-.


Siento los nervios subir de mis pies hasta mi estómago, quiero vomitar o salir corriendo, no estoy preparada, no quiero casarme, ni siquiera he terminado mi carrera universitaria.


Mi mirada permanece fijamente en la mesa y no puedo evitar mover mi pierna derecha. La ansiedad y nervios me toman presa, mis manos están bastantes frías, siento que en cualquier momento se me va a bajar la presión.


- Sonríe Adélie – dice casi murmurando mi mamá-.


Se escuchan pisadas fuertes acercándose y reteniendo mis excusas de salir huyendo levanto la mirada y lo veo.


Un hombre bastante atractivo, alto, con algo de cuerpo, cabello color negro ligeramente largo, usando una camisa negra con puntitos blancos, con el primer botón sin abotonar, un pantalón negro no muy ajustado y unos zapatos negros.


Sin querer lo miro a los ojos y cruzamos miradas, maldigo mentalmente, era bastante apuesto, sus ojos negros e hipnotizantes no dejaban de mirarme, tuve que apartar la mirada pues no quiero que piense que ya me tiene embobada.


- Lamento haber llegado tarde, se me complico recordar el camino – dice-.


Mierda su voz es suave, delicada, bastante seductora.


- No te preocupes hijo, llegas justo a tiempo – le dice el señor Benedetto- Siéntate al lado de tu prometida.


Siento como su mirada me clava. Se dirige hacia mí.


- Buenas noches señorita, lamento informarle que está ocupando mi asiento privándome de estar cerca de mi prometida – le dice a Gianni que con los ojos llenos de fuego me mira y luego se levanta de la silla-.


Por un momento hasta habría preferido la compañía de Gianni, pero ya era tarde para lamentarse.


Recorre el asiento y se sienta justo a mi lado.


- Lamento haber llegado tarde Adélie – me dice dulcemente-.


- No te preocupes Franz – intento decirle sin mostrarle mi frustración-.


Estoy tan nerviosa que siento que me voy a desmayar.


- Buenas noches familia Benedetto y Caruso, lamentamos llegar tarde – dice el señor Agostinelli-.


- Para nada amigo, llegaron justo a tiempo, mi hijo también acaba de llegar, siéntense- señala los asientos vacíos en señor Benedetto-.


Dante se sienta a mi frente y no puedo evitar mover los dedos sobre la mesa intentando enviarle un mensaje en código morse.


- Adí, ¿te parece si salimos un rato a conversar? – propone Dante-.


- Claro – le digo con una sonrisa-.


Camino detrás de él.


Salimos a la puerta. De su bolsillo saca una cajetilla de cigarros, saca un cigarro, un encendedor, pone el cigarro entre sus labios y luego la enciende.


- ¿Estas segura de lo que estás haciendo Adélie? – Pregunta mientras suelta el humo de su cigarro-.


- De esto depende mi familia y mi futuro – Le digo casi murmurando-.


- Aún está en pie mi propuesta – añade dándole otra calada-.


- Lo sé y te estoy agradecida por ello, pero sabes que no puedo huir contigo- le digo con la voz casi entrecortada-.


Se queda en silencio. Nos quedamos en un rotundo e incómodo silencio.


Termina de fumar su cigarro y lentamente se acerca a mi para darme un abrazo, lo necesitaba y él lo sabía.


- Te apoyo en todo lo que decidas Adí, pero tú y yo sabemos que esto no es lo correcto – dice ya algo más confiado-.


Por instinto sabía que debía alejarme lo más antes posible de Dante, no quería herirlo y en verdad no quería fallarle a mi familia, si toda esta situación sale mal, mi familia quedaría en las ruinas.


Me aparto de él y entro al lugar, me detengo antes de entrar en comedor, respiro hondo y con la mirada clavada en el suelo me dirijo a mi asiento.


Llego a mi asiento, veo de reojo que mi prometido sigue sentado en mi lado.


Me siento y hago como si nada hubiese pasado.


Ponen música en el salón como para romper la tensión.


Pasa unos minutos y empieza a sonar una canción de mi grupo favorito, para ser exactos de Cigarette after sex-K. Estoy casi segura que mi mamá tuvo algo que ver con esto.


Franz se levanta de su asiento, se gira hacia mí.


- ¿Me concedes esta pieza Adélie? – Pregunta Franz educadamente y sin apartar la mirada-.


Asiento, me levanto de mi silla.


Extiende su mano y mirándolo directamente a los ojos tomo su mano.


A todos en esta mesa parecía agradarles lo que estábamos por hacer.


Podía sentir las miradas clavadas en nosotros.

Next Chapter