⋆ 𝚞𝚗𝚘 ⋆
Eran las tres y media de la mañana. El cielo seguía pintado de un bonito negro azulado, con las estrellas brillando con entusiasmo junto a la preciosa luna llena, la vista era hermosa. Afuera, el sonido de las hojas movidas por el viento y el canto de los grillos completaban un ambiente relajante. Acurrucado en su cama con su pijama negra, en su suave cama y cobijas acolchadas, estaba más que cómodo, protegido del frío... Entonces no podía comprender por qué no podía dormir. Lo intentó, claro que lo hizo, pero cada que cerraba sus ojos y cualquiera que fuera la posición en la que se acomodara, le era simplemente imposible el conciliar el sueño.
Christopher tenía diecisiete años, su vida era bastante normal. Iba a la escuela, tenía amigos, pasaba el rato con alguna que otra chica, hacía deportes, entre otras muchas cosas. Hasta podría decir que era feliz, jamás se quejó de nada. Hasta hacía unas semanas. Chan llevaba casi dos meses sin poder dormir bien. Apenas lograba conciliar el sueño y eso en periodos pausados. Este insomnio afectaba no solo su energía, sino también su humor: las tareas cotidianas ahora le parecían pesadas y ya casi no había rastro del chico amable, divertido, dulce y paciente que alguna vez fue. Las personas a su alrededor se sorprendieron por su cambio, pero al menos sus mejores amigos se quedaron, comprendiendo el porqué de su actuar cuando el castaño de cabello rizado les dio la sencilla explicación de que no podía dormir.
Toma té o leche caliente, ve videos relajantes, escucha música tranquila, pajeate, fueron algunos de los consejos que recibió de parte de sus amigos, y no hace falta decir que intentó todo eso y mucho más para poder descansar, pero nada le funcionó.
Sus esperanzas se estaban opacando hasta llegar al punto de apagarse casi por completo. Incluso le estaba dejando de tomar importancia al asunto y se estaba viendo dispuesto a vivir así por el resto de su vida... Pero, ¿cuánto tiempo de vida le quedaría si seguía así? No podía ser mucho. Y le daba mucho miedo verse cada vez más reflejado en una rosa, que se marchita por falta de agua y sol: perdiendo color y sus pétalos, de uno a uno, hasta morir por completo.
Asustado se levantó de su cama como un resorte, con la energía que ya quisiera tener durante el día, mientras se prometía a si mismo que dejaría de pensar cosas tan aterradoras. Sus ojos miraban a todas partes, los dedos de sus manos no podían dejar de moverse contra sus piernas, uno de sus pies no dejaba de brincar con velocidad. Era horrible, que en ese momento se sintiera capaz de correr y brincar por todas partes como una pulga loca que además comió cinco kilos de azúcar; exactamente todo lo contrario a la mañana, en la que tenía que fijarse bien por dónde caminaba y controlar que sus pies no se enredaran entre sí para no tropezarse o chocar con algo o alguien a lo idiota como le había estado pasando.
Ya no sabía qué más hacer. Lo peor era que no sólo se volvía estresante por las consecuencias en el día, sino que también la pasaba de lo más aburrido en esas noches de insomnio. Intentó varias cosas para distraerse, pero nada le convencía del todo: le gustaba leer, pero tampoco se la iba a pasar leyendo ocho horas seguidas. Le gustaba escribir, pero el cerebro se le estaba consumiendo a sí mismo, como en una de esas historias de zombies que alguna vez le interesó plasmar en hojas; no podía pensar, las neuronas ya no le daban para eso... No, de hecho estaba seguro de que ya no tenía neuronas. Le gustaba jugar videojuegos, ver películas, series, o lo que fuera que le entretuviera en la televisión, pero hacer tanto ruido en su casa en la madrugada era un rotundo no. Le gustaba hablar con sus amigos... Si tan solo alguno estuviera despierto a esas horas. También le gustaba hacer deportes, pero... Eso nunca lo intentó.
Se puso de pie y caminó directo al armario con una sonrisa casi burlona para sí mismo, creyendo que el hamster en su cabeza por fin comenzaba a darle vueltas a la rueda después de tanto tiempo.
Claro que no lo haría adentro de su casa, así que se cambió con ropa deportiva pero ligeramente abrigada y tomó su balón, sintiéndose tan entusiasmado. Seguramente era el único loco capaz de salir a esas horas a jugar fútbol como si nada, pero en su situación sentía que era lo mejor. Tal vez eso lo dejaría tan cansado como para que por fin le diera sueño.
El camino al parque fue corto, en menos de cinco minutos ya se encontraba frente a la cancha rodeada por enormes árboles frondosos. Mientras caminaba, el aire fresco de la madrugada golpeaba su rostro, helando ligeramente la punta de su nariz. El suave susurro de las hojas al moverse con el viento y el canto lejano de los grillos le daban una sensación de serenidad inigualable, como si el mundo a su alrededor estuviera en pausa.
Al llegar frente a una banca, levantó la vista y se quedó observando el cielo por un momento. Había una enorme cantidad de estrellas, que recubría cada centímetro del cielo oscuro como pequeños diamantes que emitían su propia luz, como una obra de arte inmensa, digna de la naturaleza misma. Suspiró con una gran sonrisa, mientras bajaba la vista.
Acomodó sus cosas en la banca, se quitó el suéter con calma y lo dejó sobre ella. Se dio la vuelta y observó a su alrededor. El parque a esa hora, sin el bullicio de las personas o el sol abrasador dándole en toda la cabeza, se sentía como el lugar más relajante que alguna vez hubiera pisado.
La idea de estar allí solo, le parecía un regalo, un respiro al insomnio que lo había acompañados durante semanas. Finalmente había encontrado algo bueno de estas horas solitarias... Pero la negatividad volvió pronto al imaginarse cómo sería el parque durante el día. Pudo imaginarse riendo con sus amigos hasta que el estómago les doliera, compartiendo comida chatarra en un picnic, jugando fútbol o cualquier otro deporte bajo la sombra que las hojas doradas sobre él formaban.
Su sonrisa se borró de nuevo.
La noche era preciosa, la amaba por la paz que le brindaba y por cómo en el silencio, surgían ideas para historias, poemas o canciones, creatividad que no sabía que existía en él. Pero también deseaba disfrutar del día, y no poder hacerlo, se estaba convirtiendo en una verdadera tortura.
Soltó un suspiro y con un nudo atorado en la garganta dejó caer su balón al suelo, decidido a dejar de pensar en eso. Al verla rebotar, la pateó con todas sus fuerzas hacia la portería. Rodó los ojos, irritado. Sabía que iría lejos, pues había concentrado todo su estrés en ese golpe, pero la parte de ir por ella era la más tediosa.
Dio un paso con sus manos echas puños, dispuesto a ir tras él, pero no alcanzó a mover el otro pie cuando un sonido lo detuvo en seco.
¿Un animal?
Tal vez un perro callejero... O un lobo u otro animal salvaje, de esos que despedazan a las personas. O peor aun, algun asaltante o loco dispuesto a hacerle daño.
Otra hoja crujió, helando su sangre. Pensó de pronto que su impulso de salir tan tarde, sin pensar en los peligros, había sido una muy mala idea. Empezó a rezar en silencio, retomando el paso hacia el balón, más apresurado, pero algo lo detuvo de nuevo. Sintió la presencia de alguien justo detrás de él. Pensó que era su fin, se imaginó siendo tacleado o apuñalado. Estaba a punto de girarse para arrodillarse y suplicar piedad, pero para su sorpresa, vio que la figura que se había estado acercando lo adelantó, caminando directamene hacia el balón.
Chan relajó los músculos, ladeando la cabeza con curiosidad al ver cómo la persona se agachaba para recoger el balón. Luego de tomarlo, comenzó a caminar hacia él a un paso bastante tranquilo, sosteniéndolo entre manos.
—Ten —su voz era calmada, tanto que sonaba dulce, muy linda. La luz tenue de los faros juntos a la cancha lo iluminaba lo suficiente para distinguir algunos rasgos: cabello rubio, piel clara, estatura similar a la suya... o quizá un poco más alto; delgado y muy pero muy muy bonito. Había algo de su persona que le resultaba familiar, aunque no lo lograba recordar de dónde... Tal vez lo había visto en sus sueños.
—Gracias —murmuró Chan, inclinándose ligeramente en señal de agradecimiento. Sentía un leve calor en sus mejillas, y eso que no había comenzando a jugar. Era de la pena, y le avergonzaba aún más que Seungmin pudiera notarlo.
El extraño asintió con una pequeña sonrisa, observandolo con tanta atención, como si intentara decifrar algo en él. Chan, aún apenado pero curioso, levantó la mirada para devolverle el gesto, solo para pegar un brinquito del susto cuando sintió que dos dedos presionaban suavemente su mejilla. Hubiera esperado cualquier otra cosa, menos eso. Frunció un poco su entrecejo, parpadeando confundido mientras el otro chico reía con incredulidad.
—Llevo tanto tiempo sin dormir bien que pensé que estaba empezando a alucinar —comentó el rubio con un tono ligero, mostrando una sonrisa despreocupada—. O bien podrías haber sido un fantasma.
Chan soltó una risa suave, sintiendo que la tensión en su cuerpo se desvanecía poco a poco. Sin embargo, las palabras del desconocido resonaron en su mente, como si entendiera más de lo que debía. ¿Acaso era posible que...?
—¿Tú tampoco puedes dormir? —cuestionó sorprendido.
El chico levantó una ceja con sorpresa, pero su sonrisa regresó rápidamente. —No, sí puedo. Es más, estoy dormido ahora mismo —habló burlón.
—Ah, así que eres sonámbulo —señaló Chan divertido, formando una pequeña sonrisa. Ambos intercambiaron una mirada, cargada de algo extraño... Como una chispa que no los podía tener más nerviosos sin tener idea del por qué. Chan decidió continuar la conversación con una confesión, para aligerar un poco el ambiente. —La verdad, estuve a punto de llorar cuando te me acercaste por la espalda, pensé que eras un ladrón.
—Lo soy. Dame todo tu dinero —respondió el rubio, alzando la mano izquierda y formando con los dedos una pistola imaginaria que apuntó al pecho de Chris. Este fingió susto, levantando las manos.
—Oiga, soy pobre. No traigo ni un centavo —dijo, mirándolo con una tristeza exagerada.
—En ese caso, tus tenis —ordenó entretenido, alzando su otra mano frente a Chan, doblando los dedos hacia él un par de veces, con exigencia.
Los dos rieron divertidos, mientras el chico guardaba las manos en los bolsillos de su sudadera nuevamente, resguardándolas del ligero frío.
—Eres tan intimidante —Chan habló sonriente, claramente con un tono de burla.
—Ya lo sé, ya lo sé —respondió el chico, levantando la mirada con altanería fingida.
Chan rió una vez más, sus ojos fijos en el más alto. No podía dejar de mirarlo, y, no sabía por qué, se sentía tan natural bromear así con él. Estaba tan... cómodo.
—Por un momento, yo tambien pensé que eras un ladrón —admitió el rubio mientras bajaba la mirada, con una sonrisa tranquila—. Estuve a punto de apuñalarte, pero vi que traías un balón.
—Oye, no lo sabemos. Tal vez hay ladrones que usan balones como arma —se encogió de hombros y luego de dos segundos de mirarse fingiendo seriedad, ambos estallaron en risas.
—Soy Kim Seungmin —dijo un momento después, en cuanto las risas pararon.
—Oh, sí, lo siento... Yo me llamo Christopher Bang, o me puedes decir Chan —dijo con calma y el otro le asintió—. Yo... No sé de dónde, pero siento que te conozco de alguna parte.
—Yo te he visto en la escuela.
—¡Claro! —Chris asintió aliviado al finalmente recordar de dónde era que lo había reconocido—. Te vi en una clase de deportes, eres de... ¿Primero? —entrecerró sus ojos, esperando no quedar en ridículo.
—Así que me notaste esa vez.
—Sería difícil no hacerlo —soltó con una pequeña sonrisa, sin pensarlo mucho.
—¿Me estas coqueteando? —cuestionó con una mirada sospechosa además de un claro tono de burla.
—¡No! Me refería a que resaltas tanto de los demás que nadie te podría ignorar.
—Se escucha peor eso que acabas de decir —señaló divertido. Chris ya sólo atinó a quedarse callado, dándose una fuerte bofetada mental.
—Agh, siento que me escuché como un acosador o algo así —levantó su mano hasta su nunca para rascarla con pesadez, no quería que Seungmin tuviera esa primera impresión de él, en serio se sintió mal. Pero se relajó en gran medida un instante después, al notar que Seungmin negó con su cabeza con una mirada y sonrisa más sincera.
—Yo también te vi... —Habló tranquilo, borrando su sonrisa de a poco, para después intentar reparar sus palabras—, como veo a muchas personas, tú también ves a muchas personas, asunto arreglado —de pronto estiró su brazo y se inclinó hacia adelante para darle un manotazo al balón que se encontraba en las manos del otro, haciendo que rebotara una vez para después poder agarrarlo en el aire—. Hay que jugar —sugirió luego de haber salido corriendo— pero primero voy a dejar mi cuchillo, porque si me caigo encima de él, imagínate —habló despreocupado, mientras se dirigía a la banca donde el otro había dejado sus cosas, con el balón entre su brazo y uno de sus costados.
Chan quedó pálido al escuchar aquello y seguidamente ver que en efecto, Seungmin cargaba un cuchillo de cocina no muy pequeño adentro de su suéter.
—Oh... dn verdad me ibas a apuñalar —señaló temeroso, sin despegar su mirada asombrada del cuchillo afilado.
—Te lo dije —habló con calma, una pequeña sonrisa burlona se asomó de sus labios.
Por un par de segundos, Chan pensó en huir de ese maníaco. Sin embargo, se puso a analizar la situación con rapidez: si Seungmin hubiera querido lastimarlo, lo habría hecho en aquel momento, cuando le estaba dando la espalda. Era natural que se quisiera defender de alguien con malas intenciones, así que cargar con un cuchillo era inteligente, aunque curioso, como Seungmin lo era enteramente. Era muy interesante, cada cosa nueva que notaba de él, le causaba a Chan más ganas de conocerlo mejor.
Chan le sonrió de nuevo, esperando con paciencia a que el más alto terminara de dejar sus cosas en la banca. Seungmin era tan tierno... Tan lindo, tan...
—¿Me vas a mirar toda la noche o vamos a jugar? —se burló tranquilo, dándose la vuelta hacia él.
Chan tragó saliva y sintió sus manos temblar ligeramente ante el comentario. ¿Estaba siendo demasiado obvio sobre el interés que sentía por Seungmin? No, seguramente el chico sólo estaba jugando, parecía tener ese tipo de personalidad... Y eso le parecía increíble.
—¿Vas a seguir hablando o vas a soltar el balón para que podamos jugar? —replicó divertido, fijando su mirada en la pelota. Seungmin la soltó de inmediato, alzando un poco los brazos, con una mirada y sonrisa socarrona hacia Chan.
—Ahí está. Pero dudo que puedas quitarmela.
El castaño soltó una risa nasal mientras caminaba hacia él, apresurando el ritmo a cada paso. Para cuándo iba llegando con él, estaba casi corriendo, pero Seungmin no se movió. Este bajó los brazos, mirando que Chris estiraba su pierna para intentar alcanzar el balón frente a él. El rubio pateó el balón hacia atrás con suavidad, se dio la vuelta y corrió lejos de Chan con el balón, entre risas. De esa manera comenzaron a jugar. Seungmin no era el mejor en el deporte, pero corría bastante rápido, haciendo que alcanzarlo fuera difícil. Además, era astuto, así que en cuanto tenía la oportunidad, enviaba el balón lo más lejos posible para ir por él, pues sabía que tenía la ventaja en ese aspecto.
Era increíblemente divertido, las frases provocadoras y burlonas así como las risas no se hicieron esperar, llenando el silencio de la madrugada que los envolvía. Todo se iluminó también, a pesar de la obscuridad a su alrededor. El fútbol, pero sobre todo la compañía del otro, les permitió despejarse de todos esos pensamientos inútiles que los habían abrumado por semanas. Aunque fuera solo por un rato, nada lo había logrado antes, así que era algo asombro. Chan ya no tenía miedo de ser un fracaso, y Seungmin había dejado de pensar en aquella tragedia que lo tenía tan mal, por primera vez en tanto tiempo. Ambos estaban tan en paz, y no podian creerlo pero, tenían sueño.
Luego de tal vez una hora, Chan se detuvo, haciendo caso finalmente a su cuerpo, que le pedía descanso a gritos. Sus piernas ya no le respondían del todo, su garganta ardía un poco de tanto aire que tomaba por la boca para recuperar el aliento y el sudor caía de su frente hasta el suelo, dejando un pequeño rastro de gotas, o por su cuello y pecho, deslizándose hacia abajo, mojando su camisa de todas partes. Sus párpados caían un poco, pero decidió ignorar eso, solo para enfocarse en Seungmin.
El menor respiraba agitado, limpiando el sudor de su frente con su antebrazo, increíblemente cansado. Miraba al suelo fijamente, intentando recomponerse. Tragó saliva, y luego tosió un par de veces, acariciando su pecho por un momento. Chan observaba cada uno de sus movimientos, y se sobresaltó ligeramente cuando Seungmin alzó la cabeza para sonreirle. Ese pequeño gesto le hizo sentir un pequeño calor en el pecho, seguido de una sensación extraña en su estómago... Las llamadas maripositas. Con algo de vergüenza le devolvió el gesto apenas, casi hipnotizado, mirándolo como un tonto.
Chan respiró hondo una vez más, antes de caminar hacia Seungmin—. ¿Tienes sed?
—Sí, pero no traje...
—Yo tengo agua —interrumpió sonriente y comenzó a caminar hacia la banca con .
Seungmin lo siguió, colocando una mano en su pecho de nuevo. Sentía que su corazón iba al mil por hora. Parecía que le iba a dar un ataque cardíaco, pero no le importaba en lo más mínimo. Miró a Chan, quien rebuscaba en el interior de su mochila. Al encontrar el agua, se la extendió, tomando asiento mientras lo miraba con ternura.
Seungmin tosió un par de veces más mientras aceptaba la botella, y luego tomó una buena cantidad de esta.
—Ah, gracias —habló jadeante, devolviéndole el agua.
—De nada —respondió sonriente. Tomó solo un poco y luego se la devolvió a Seungmin, pensando que seguiría teniendo sed, porque él sentía lo mismo, pero no le importaba— acábatela.
Seungmin la recibió sin protestar, tomando lo último que quedaba. Bajó la botella vacía hasta sus piernas, respirando pesadamente mientras acariciaba un poco su pecho. Su tos resonó por el parque de nuevo, esta vez poniendo a Chan en alerta.
—¿Estás bien? Estás tosiendo mucho.
—Soy... asmático —respondió como si nada, aunque teniendo dificultad para respirar. Metió su mano en el bolsillo de su sudadera y sacó un aparato pequeño, mostrandoselo a Chan con despreocupación antes de agitarlo. Lo abrió y se lo puso en la boca, enseguida se escuchó un disparo de aire.
—¡Mierda, Seungmin! —Chan quedó boquiabierto por segunda vez en la noche. Se llevó una mano a la cabeza, culpandose de inmediato por haber hecho que un chico asmático hiciera ejercicio en la madrugada.
—Es algo leve, no exageres —respondió más tranquilo, dando una palmada suave al hombro de Chris en lo que guardaba el objeto.
—No creo que...
—No exageres —repitió con firmeza, mirándolo con seriedad—. Quiero que sigamos jugando.
—¡¿Ahora?! —Chan preguntó alterado.
—No ahora —negó suavemente, volteando hacia otro lado—. Me refiero a que... quiero jugar contigo otras noches.
Chan suspiró con suavidad ante sus palabras, sintiendo que sus mejillas comenzaban a calentarse de nuevo. Su pecho se sintió cálido, estaba nervioso, pero muy contento y conmovido.
—A mí también me gustaría —habló suavemente, apreciando la expresión de Seungmin. Parecía sereno, pero su ceño levemente fruncido y el cómo ladeaba su boca, le hacia pensar que podía estar un poco avergonzado, igual que él—. Pero, no voy a jugar fútbol contigo de nuevo.
—¡¿Por qué?! —lo miró angustiado y ciertamente molesto.
—¡Porque hace frío a esta hora!
—¿Y qué? Tengo mi inhalador.
—Te hace daño aún así —dijo preocupado, llevando su mano a la espalda del contrario para acariciarla suavemente. De inmediato tomó su suéter y se lo acomodó a Seungmin en la espalda, a pesar de que ya tuviera el propio puesto.
—¿Por qué actúas como si estuvieramos en la Antártida? Estamos como a diez grados —habló irritado mientras se quitaba la prenda extra de la espalda.
Chan rodó los ojos mientras se ponía su sudadera, conteniendo una pequeña risa. —Pues, sí hace frío.
—No tanto, llorón —replicó burlón.
El castaño lo miró con sus ojos entrecerrados y una pequeña sonrisa molesta. Seungmin era muy gracioso, pero a veces se pasaba. Parecía que si se hacían amigos, Seungmin aprovecharía cada oportunidad que tuviera para burlarse de Chan, pero... eso no le molestaba del todo. Y estaba dispuesto a vivir eso todos los días con tal de tener a ese chico cerca.
Chris le sonrió, volteandose un poco hacia el frente. Se recargó en la banca, descansando sus manos sobre sus piernas mientras. Echó su cabeza un poco hacía para admirar las estrellas sobre él, tan hermosas. —Aún así, no volveré a jugar fútbol contigo. Pero sí algo más tranquilo, como un juego de mesa —comentó bajo—. Yo no quiero dejar de... Verte... En verdad me divertí mucho hoy, Seungmin, como nunca desde que empecé con esto del insomnio —dijo apenado. Rezaba para que no se notara su voz temblorosa o su cara roja.
—Yo tampoco quiero dejar de verte —comentó de pronto, haciendo que el mayor se sintiera aún más apenado. Ambos miraban a otras partes, evitando el contacto visual por lo vergonzosa que se estaba volviendo la conversación.
Aunque a la vez, la calma los inundó al decir y escuchar eso, ya que así se dieron cuenta de que no eran los únicos en sentir esa comodidad única.
—Tengo sueño —dijo Seungmin de pronto, rompiendo con ese ambiente extraño que se había formado. No era un insulto, todo lo contrario.
—Yo igual —habló sonriente, volteando su cabeza hacia el menor para mirarlo con ternura—. Hay que ir a dormir.
El rubio asintió de inmediato mientras se ponía de pie, siendo seguido por Chan. Ambos tomaron sus cosas y al terminar, se miraron de frente, con sonrisas tan tiernas como bobas.
—Te diría que regresaras con cuidado, pero más bien que los demás tengan cuidado para que no se encuentren contigo y tu cuchillo —rió divertido.
—Hombre prevenido vale por veintitrés.
—Claro —asintió riendo, y Seungmin le sonrió también.
—Llevaba varios días viniendo al parque solo. Así que pensé: mejor ser el loco que asalte a alguien que ser al que lo asalte un loco.
—Tienes toda la razón, Seungmin —Chan seguía riendo entretenido por la personalidad tan ocurrente del menor. Le parecía tan interesante, quería hablar más con él—. Oye, ehh... ¿Podemos vernos hoy en la escuela? A la hora que puedas —preguntó con pena, bastante ansioso por la posibilidad de que Seungmin lo rechazara, pero grande fue su alivio cuando lo vio asentir.
—En la hora del descanso me parece bien.
—De acuerdo —asintió con alegría pero más que nada calma, producto de la pesadez que comenzó a sentir en sus ojos y en su cuerpo en general. Era difícil el solo seguir de pie.
—Ahora viene lo más pesado —habló Seungmin al notarlo más decaído. Bostezó en seguida, siendo imitado por Chan, quien le asintió desganado.
—Sí, pero hay que aguantar —suspiró pesado—. Entonces nos vemos, Minnie.
Seungmin asintió con una linda sonrisa, ligeramente apenada por el tierno apodo. Rezó internamente para que su sonrojo pasara desapercibido, pero Dios no lo escuchó. Sus caras podían distinguirse fácilmente gracias a la luz del los faros, y aunque Chan pensó que el rubor era producto del cansancio por el ejercicio, no pudo evitar pensar que Seungmin no podía verse más bonito.
Los chicos agitaron sus manos en señal de despedida mientras se daban la vuelta. Antes de caminar en direcciones opuestas, se dedicaron una última sonrisa, llena de ternura. A medida que caminaban, ambos luchaban contra el agotamiento que les cerraba sus ojos a cada paso. Chan suspiraba fuerte, intentando mantenerse despierto, mientras que Seungmin agitaba la cabeza, como si eso pudiera ahuyentar el sueño que lo atormentaba.
Si se apuraban, llegarían a sus casas, con poco más de una hora restante para dormir. Sabían que la pesadez y el ardor en sus ojos estaría muy presente al despertar, y cada parpadeo sería un riesgo de quedarse dormidos en plena clase; sin contar con el dolor de cabeza que seguro iban a sentir. Concentrarse sería todo un desafío.
Aún así, ambos estaban seguros de que valío la pena. A pesar del cansancio y del dolor que sentían en los músculos, esa noche sería inolvidable.
¡Hola hola!
Me parece algo gracioso que esta historia sobre el insomnio se me haya ocurrido en la madrugada, supongo que mi situación fue la que me inspiró en mayor medida. Eso sí, envidio mucho a los chicos, porque en donde vivo, sería impensable salir a las tres am jajaja es una lastima.
En fin, espero que sea de tu agrado. Como siempre, me voy a esforzar mucho para que no tenga fallos, en ningún aspecto.
Hasta luego :D