No tuve que inventarte

Había un chico en la clase, era el mejor con los números y con las ciencias, inteligente y muy capaz. Pero también era un chico inseguro, vulnerable y al que le afectaban mucho las burlas.
Los profesores lo elogiaban, mientras sus compañeros lo agobiaban. Los chicos lindos no lo veían, o mejor dicho, sí lo veían, pero solo para jugarle bromas o ser tan crueles para ilusionarlo y luego dejarlo en ridículo. Todo sería más fácil, pensaba, si tuviera a alguien, una pareja, un amante, alguien que lo quiera por lo que es, que vea más allá de sus lentes gruesos o de su ropa un poco estrafalaria, que no lo vea como al nerd del curso.
Era normal ver su lugar en el salón de clases lleno de papeles, hojas de cuaderno, cáscaras de plátano o incluso, el basurero completo sobre su cabeza y su ropa limpia. Siempre había gritos, burlas e insultos cuando respiraba. Lo sentía como un agujero en su alma, le dolía, no entendía qué estaba mal con él, por qué sencillamente no podía conocer a alguien que lo quisiera aunque sea un poco, que le quisiera dar una oportunidad.
Y sin embargo, pese a rogarle al destino por alguien, no se había dado cuenta que desde el fondo del salón había alguien que sí lo miraba, que le seguía los pasos, que rogaba a su vez porque Harry lo viera, que esperaba ser más que suficiente, aunque no era el tipo de chico que su amor buscaba: no era alto, ni rubio, no tenía un cuerpo trabajado ni tonificado, mucho menos era popular. Solo era alguien que intentaba pasar desapercibido, que evitaba hacerse notar. Sabía de primera fuente lo horrible que podía ser llamar la atención por cualquier motivo que no encaje en los prototipos, lo veía a diario con Harry.
Louis sufría, pero esperaba. Llevaba dos años esperando, podía esperar dos más, aunque sus amigos no entendían su pasividad.
—Esto es ridículo, es tan fácil como acercarte y ya, —decía Zayn.
—Hacerlo de esa manera sería un rotundo fracaso. No me vería, no puede, está cegado por lo que se supone quiere... Pobre mi Harry, no se da cuenta de lo hermoso y único que es... No sabe el valor que tiene...
Zayn y Liam, sus mejores amigos, solo lo miraban, sabían que tenía razón. No dijeron una sola palabra, pero esperaban que las cosas pudieran cambiar esa noche, en medio de una de las tantas fiestas que se organizaban en la facultad, y donde el desorden, el alcohol y el sexo eran la tónica.
En una esquina del concurrido lugar, los tres amigos compartían una cerveza, y desde ahí podían ver gran parte de la fiesta. Louis alcanzaba a notar el gran sofá en medio de la sala, donde muchas parejas se estaban besando y tocando, y Harry en medio, completamente incómodo. Se le notaba el desagrado, la decepción y el hastío. Estaba fastidiado, por lo que decidió irse del lugar, no tenía nada qué hacer ahí. Louis lo vio salir y por un segundo pensó en detenerlo, pero no lo hizo. Solo lamentó que su chico pasara por esas cosas.
Una vez que Harry llegó a su habitación, derrumbado y destrozado, su mente y corazón heridos lo llevaron hacia el rostro de su único y real amor, aquel que obviamente jamás se fijaría en él, porque era todo lo que está mal en el mundo, porque desde el primer minuto en que sus miradas se cruzaron supo que ni siquiera debía intentarlo. Repasaba una y otra vez sus preciosos ojos, su nariz de botón, su sonrisa... Estaba enamorado de la perfección hecha hombre.
De tanto pensarlo se le ocurrió una idea: si era excelente en ciencias y todas sus derivaciones y tenía a mano un laboratorio de primer nivel... ¿Podría aprovecharlo e intentar una locura?
Salió en completo silencio, el reloj marcaba las tres de la mañana y no había movimientos alrededor de los pasillos ni cerca de los laboratorios. Se quitó su chaqueta y se puso una bata, buscó un libro grueso y pesado, y leyó rápidamente algunas indicaciones. Prendió el computador y le conectó un escáner, también otras máquinas pequeñas. Hizo algunas pruebas, buscó imágenes, dio características y finalmente instaló una especie de cápsula que se había usado para experimentos de clonación. Escribió en el computador palabras claves y adjuntó las imágenes, apretó un par de botones y luego de un sonido agudo, movió la plateada palanca y la luz tembló.
En la cápsula había una maceta de cerámica marrón con una bonita flor, una mezcla de rosa roja y clavel azul.
Sonrió satisfecho, ya no estaría solo nunca más.
Desconectó, guardó todo y dejó ordenado. Iban a ser las siete de la mañana, y aunque alcanzaba a dormir un par de horas, el sueño se le había espantado. Estaba ansioso porque llegara una nueva madrugada y poder llevar a cabo su plan más ambicioso. Soportó como cada día las burlas, risas y juegos de todos, pero lo hizo sonriendo, detalle que no pasó desapercibido para Louis, provocándole un mal presentimiento.
A las dos de la mañana en punto, se encontraba Harry nuevamente en el laboratorio. Conectó todo lo necesario y escaneó las imágenes que había preparado durante el día, ingresó los datos, apretó botones y finalmente jaló la palanca.
Sus expectativas eran altas, pero el hombre dentro de la cápsula era una maravilla: alto, fuerte y muy sexy.
El tipo, a quien llamó Kevin, diez años mayor, apenas salió por la puerta de vidrio y estuvo frente a Harry, lo besó apasionadamente. Intentó avanzar, deslizando sus manos por donde alcanzaba, hasta que Harry lo detuvo.
—Tranquilo, vamos de a poco... Déjame ordenar y vamos a caminar, —dijo nervioso.
—¿A caminar? No, llévame a tu habitación, —exigió besándolo una vez más.
Diez minutos después, Kevin se había lanzado sobre su presa. Harry había incluido la obsesión por el sexo como algo indispensable, no podía ahora arrepentirse. Simplemente se dejó llevar, y si bien fue un excelente sexo se dio cuenta de que necesitaba la emocionalidad y los sentimientos, pero Kevin solo quería someterlo una y otra vez. No durmieron, y Harry tuvo que disimular el esfuerzo que le producía caminar. Esperaba que con el paso de las horas, su experimento empezara ahumanizarse,a buscar un poco de calidez, un poco de cercanía, pero no. Fue una verdadera molestia durante las clases, no lograba dejarle las manos quietas.
El dolor de Louis al verlos fue monumental, rápidamente sus ojos se cubrieron de lágrimas y un poco de su corazón se secó. Él jamás podría siquiera tomar la mano de Harry y su alma se había convertido en un agujero negro y vacío.
No fue el único sorprendido. Los rumores aparecieron fácilmente, nadie podía creer que de buenas a primeras un hombre tan atractivo como ese se fijara en alguien tan desastroso como Harry.
Estuvieron besándose cada dos pasos, y al terminar las clases, mientras aún había luz, Harry pensó que era buena idea estar en los pastos de la universidad en vez de su habitación, pero Kevin no le daba tregua. Lo manoseaba a gusto y no lo dejaba moverse, y peor aún, lo hacía a vista de todos. Definitivamente Harry no quería eso, y tampoco la exposición a la que se estaba sometiendo voluntariamente.
—Kevin, ya detente, —pidió, intentando separarse del gran cuerpo a su lado.
—¿No quieres? Vamos a tu cama...
—Quiero agua, déjame comprar y vamos, ¿sí?
—Llévame...
—Es ahí, mira, —dijo señalando un carrito a pocos metros. —Espérame, no me demoro...
—Apúrate, quiero tocarte...
Harry sonrió, y estuvo feliz de tomar un poco de aire. Apenas había dado tres pasos cuando Fletcher, el tipo que más lo odiaba en el mundo se acercó a Kevin.
—Hola guapo, ¿qué haces con alguien como Styles?
—Pasamos el rato, ya sabes, —sonrió coqueto.
—¿Por qué no lo pasas conmigo? Tengo algunos amigos muy interesados, ¿qué dices?
—¿Estás seguro de poder aguantar? No me gustan los llorones.
—Te aseguro que no te vas a arrepentir...
—Vamos...
Sin dudarlo, Kevin se fue con sus nuevos amigos que lo miraban babeando, en frente de todos, en frente de Harry que jamás se sintió tan humillado. Fue tanta su vergüenza que para empeorar todo, se tropezó y cayó, mientras sus lentes volaban un metro por el piso. Louis se acercó, suspirando los recogió y se los entregó en silencio. Pero ni siquiera en esos momentos Harry lo miraba, y menos mal, así no podría ver sus ojos rojos ni lastimados.
Harry se fue a su habitación en silencio, se acostó en su cama y se puso a pensar. ¿Y si lo volvía a intentar? Nadie podría detenerlo. Estuvo repasando sus materias toda la tarde, se durmió temprano, y a eso de las tres de la mañana se fue al laboratorio. Ya tenía experiencia, no podría equivocarse, había aprendido y nadie lo volvería a humillar.
Repitió todos los pasos, solo cambió los datos ingresados y en cosa de minutos un muy atractivo y enigmático hombre apareció: alto, delgado, pelo rubio y largo, barba incipiente y un aura de misterio y de reflexión.
La sonrisa de Harry era gigante. Después de ordenar se lo llevó a la habitación, le pasó un pijama y le pidió que se acostara a su lado.
—No me parece correcto, apenas te conozco, deberíamos conocernos más.
—Claro, solo íbamos a hablar un rato antes de dormir, ¿qué te parece?
Este nuevo chico, a quien llamó Charles, se durmió enseguida y Harry supo en ese momento que otra vez había fallado. Sin embargo, al llegar la hora de clases todo pareció mejorar. Conversaron mucho, y Charles parecía menos tenso. Caminaron por casi toda la universidad, llamando la atención una vez más. Fletcher era el más impactado, ¿es que acaso Harry no había aprendido lo suficiente? Quizás le gustaba ser humillado.
Louis los miraba bajo un árbol, no soportando tanta pena, le dolía más que nada antes, su pobre corazón no soportaría más, estaba seguro.
Y aunque Harry se veía feliz, sentía que algo faltaba y quizás tenía que ver con eso llamado confianza, rutina, cercanía, conocerse. Por primera vez se cuestionaba qué era lo que realmente buscaba en una pareja más allá de algo físico. Quería amor, darlo y recibirlo, sin importar algo más, y fue cuando se dio cuenta de que no se sentía merecedor de cariño y que, por el contrario, se avergonzaba de sí mismo. También se dio cuenta de que al momento de hacer a estos hombres perfectos, había sido muy extremista. O era todo sexo o era todo amistad, y claramente las relaciones no funcionaban así, no si hay comunicación y descubrió que le gustaría estar con alguien a quien pudiera abrazar en medio de la noche y sentirse protegido.
Estaba Harry con Charles, conversando a la entrada de uno de los salones que estaba vacío, cuando apareció Fletcher y su mirada y actitud de suficiencia.
—Hey, ¿puedo invitarte un café?
—Está conmigo, ¿o no te das cuenta? —dijo Harry molesto.
—No te alteres, podemos ser todos amigos, ¿o no? —calmó Charles.
—Te aseguro que soy mucho más interesante, y que conmigo no te faltará tema de conversación. También te puedo enseñar algunas cosas... Ya sabes, hacerte sentir bien, ¿vamos?
Y sí, Charles se fue, dejando a Harry solo y humillado una vez más.
—Deberías ir a consolarlo, —le dijo Liam a Louis.
—No vale la pena... Nunca sabrá que existo y quizás es mejor así... —habló con mucho esfuerzo.
—Louis, llevas dos años esperando, ¿qué podrías perder?
—Creo que no acercarme es un consuelo. Prefiero que sea una ilusión y no un horrible rechazo, porque ahí sí me moriría... Voy a pedir mi traslado a Manchester o a Oxford o a la misma mierda, ya no soporto más...
Caminó lentamente hacia el laboratorio, necesitaba repasar para el examen que tendrían en un par de días.
Después de estudiar y practicar lo necesario, y mientras ordenaba, encontró algunos libros que le llamaron la atención, porque eran de temas conocidos, pero ajenos, como la clonación. También encontró la bata de Harry y un par de sus lentes, y de repente todo tuvo sentido. No fue difícil relacionar la inteligencia de Harry, el laboratorio, los libros y los dos maravillosos hombres. ¿Tanta era su desesperación?
No lo juzgaba, solo quería entenderlo.
Guardó en una bolsa las cosas de Harry, incluyendo algunos recortes de hombres atractivos, para poder sacarla del laboratorio y así no descubrieran a su amor. Se fue a su habitación, y estudió hasta medianoche, y luego se durmió. Despertó cerca de las seis de la mañana, un poco asustado, un poco extrañado, era como si tuviera un presentimiento. Encendió su lámpara, y vio la luz parpadear, y entendió. Se levantó y salió corriendo, solo alcanzó a tomar una de sus chaquetas.
En el laboratorio ya estaba Harry. Tenía todo preparado, había sido mucho más minucioso esta vez. Tenía más datos y más características para crear a su hombre ideal. Entendía lo insano de lo que hacía, no podía fabricar personas y luego desecharlas, pero no era suficiente entenderlo, su necesidad era más grande.
Una vez que se sintió satisfecho, apretó los botones necesarios y tomó la palanca. La estaba deslizando, cuando una mano impidió que completara su tarea.
—¿Qué estás haciendo, Harry? —Murmuró despacio, para no asustarlo, y mirándolo con toda su ternura.
—Louis... ¿qué haces aquí? —Preguntó asustado y muy nervioso de tenerlo tan cerca y sentir su mano.
—¿Sabes mi nombre?
—Somos compañeros hace dos años...
—Lo somos, pero... sabes que esto está mal, ¿verdad?
—Por favor no te metas, no es tu problema...
—Lo es...
—¿Por qué te importa?
—¿Podemos hablar en otro lugar? —pidió suplicante.
Ordenaron y desconectaron todo en silencio. Después caminaron hacia las afueras de la universidad. Harry no entendía, solo seguía a Louis. Le sorprendió verlo entrar en una cafetería, no sabía que existía alguna abierta desde tan temprano.
—¿Quieres desayunar? —Preguntó Louis de lo más normal, casi como si estuvieran en una cita.
—Solo quisiera un café por favor...
—Yo sí tengo hambre.
Después de que les llevaron dos tazas de café, panqueques y dos sándwiches, Harry suspiró.
—No entiendo esto.
—Es un poco loco, ¿no? Pero primero dime por qué estabas fabricando hombres, —cuestionó con naturalidad, como si hablara de peras.
—Sólo quería tener a alguien... —Contestó después de un largo silencio.
—¿No podías buscar a alguien normal, alguien cerca de ti? ¿Alguien que quisiera estar a tu lado?
—Esa persona no existe, —dijo ruborizado, casi gritando por estar ahí con el chico más perfecto del mundo. —No es tan fácil, ¿quién podría fijarse en el nerd ridículo del curso?
—¿Tan invisible soy para ti? —Preguntó claramente herido y en voz muy baja. Había decidido lanzarse al vacío.
—¿Qué quieres decir?
—Llevo dos años mirándote, viendo todo lo que haces, como te humillan y te humillas... Dos años intentando que te des cuenta con mis métodos tan infalibles... —sonrió, negando con la cabeza. —Llegué a pensar que ni siquiera sabías mi nombre...
—¿Qué? ¿De qué me hablas? Louis...
—Está bien, no tienes que sentirte comprometido, entiendo que no encajo en lo que te gusta, pero solo quiero que sepas que siempre hay alguien, solo que a veces no lo vemos...
—Siempre te he visto, pero también siempre he pensado que soy muy poca cosa para ti, que jamás me mirarías porque eres... eres tú... No puedo entender qué viste en mí...
—Debes estar loco o algo, porque no te das cuenta de lo lindo que eres. Tan inteligente, dulce, amable, risueño... Eres como un sueño hecho hombre...
Harry sonrió, bajando la mirada, sintiendo cómo su corazón quería salir a correr una maratón. —No puedo creerlo...
—¿Puedo invitarte a almorzar? ¿Hablar, conocernos más...? —Preguntó nervioso y emocionado.
—¿Cómo en una cita?
—Sí, una cita, —confirmó Louis.
—¿Sabes que va a ser mi primera cita?
—Amo que sea conmigo... Te espero a la una en la entrada.
No hubo respuesta, no era necesaria.
Sin embargo, toda la felicidad y ansiedad de Harry por ese primer encuentro con su gran amor, se desvaneció cuando las burlas fueron más despiadadas que nunca. Le gritaron y restregaron en la cara lo fácil de sus conquistas, lo asqueroso que debía ser para que lo dejaran por cualquiera y muchas cosas más que lograron desestabilizar todo el centro de Harry, que estaba mucho más vulnerable. No iba a arrastrar a Louis a eso, no era justo, no podía permitirlo. Quizás solo debía hacerse a la idea de vivir así por los próximos dos años, hasta acabar la carrera, y entonces recordó que podía pedir una evaluación para demostrar que podía estar un curso más arriba. Antes de hablar con Louis para cancelar su cita, corrió por los largos pasillos a preguntar a la dirección, donde le hicieron rellenar un formulario con muchas preguntas. Luego llegó a la una en punto a la entrada de la universidad, donde ya lo esperaba Louis.
—No quise traerte flores, porque no quiero que te molesten más, pero quiero que sepas que...
—Detente. —Interrumpió. —Esto no es buena idea.
Louis pensó que había escuchado mal y un segundo después se sintió morir. —¿Puedo saber por qué?
—¿No es obvio? Si te ven conmigo se van a burlar de ti y no es justo y tampoco sé si podrías soportarlo... ¿Puedes entenderlo?
—Lo entiendo, pero, ¿podemos conversarlo? Vamos a almorzar, hablemos... —Era casi una súplica.
Harry suspiró y sonrió. —Está bien, vamos.
El restaurant que eligió Louis era muy acogedor, su mesa estaba al fondo, en el sector más exclusivo, casi escondido entre hermosas macetas de plantas largas y espigadas.
—Es muy bonito, ¿pero no es muy caro?
—No te preocupes de nada, ¿sí?
Harry no sabía cómo comportarse, con razón se le daban tan mal las relaciones.
Un elegante mesero apareció, para entregarles las cartas, y se retiró.
—Se lee todo muy rico, no sé qué hacer, —dijo riendo, Harry.
—Cuando me pasa eso, siempre elijo comer algo que ya he probado. Así sé si me gusta el sabor del restaurante o no.
—Esa es una buena técnica. Entonces voy a pedir agnolotti de almendras y pesto.
—Excelente elección, me encanta. Yo voy a elegir un puré rústico con filete marinado.
—Qué rico, ¿puedo probar de tu plato? —Se sonrojó al notar la mirada extrañada de Louis. —Lo siento, no sé comportarme, estoy nervioso, era broma...
—Hey, relájate... Es que me descoloqué, porque no imaginé que me dirías eso, pero está bien, yo feliz de compartir contigo.
—¿De verdad?
—De verdad.
Desde ahí, la cita anduvo más que perfecta. Conversaron y se rieron sin parar, hablaron de lo bueno y de lo malo, de lo alegre y lo triste. Se les hizo agua ese tiempo, pero volvieron felices a la universidad.
—Me encantó nuestra salida, —dijo Harry antes de entrar al salón.
—¿Quisieras tener otra cita conmigo?
—¿De verdad? ¿Estás seguro? ¿No crees que soy un poco raro?
—No lo eres, eres muy simpático y divertido, disfruté mucho nuestro almuerzo... —afirmó con una gran sonrisa.
—Entonces sí quiero...
—El viernes te espero a las cuatro en la entrada. Eso no quiere decir que te vaya a dejar en paz mientras estemos en clases...
—No lo hagas...
Su burbuja se rompió cuando aparecieron los idiotas del curso a molestar. Casi nadie se atrevía a enfrentarlos, y solo algunos se salvaban de sus burlas.
—Uy Tomlinson, ¿quieres entrar al club?
—No molestes Fletcher, no te conviene.
—Respuesta equivocada. ¡Escuchen! Es hora de soltar a la rata de Styles, y agarrar a la perra de Tomlinson.
Esa clase fue así, pero Louis parecía inmune a los gritos y burlas, también a quedar con su puesto lleno de papeles y cáscaras de frutas.
Cuando terminó la clase, Louis solo se sacudió y salió a tomar aire, llevándose de la mano a Harry, en medio de más gritos.
—Lo siento, esto es lo que no quería que pasara.
—Tranquilo, tengo un as bajo la manga.
Llegó Zayn un minuto después, muy sonriente.
—¿Me tienes noticias? —Preguntó Louis.
—Sí, las tengo y te van a encantar. Hola Harry, —saludó feliz. —¿Se acuerdan de Byron?
—No podría olvidarlo, era el mejor amigo del idiota de Fletcher.
—Exacto. Se fue de la universidad porque Fletcher intentó sobrepasarse con su hermana, una noche en que tomaron de más. El asunto es que Byron me debía unos favores, y se los acabo de cobrar. Le pedí que me dijera cómo amenazarlo, si había algún secreto o algo, y me lo dijo sin remordimientos, y más que eso, hay video, —dijo mostrando su celular.
—¿Qué hay en el video?
—Se van a morir. Fletcher admitiendo que le gustaría ser el activo con Harry y el pasivo contigo Lou, y además, confesando que era precoz. Sé que está mal que nos burlemos, pero no le diremos a nadie, es solo una amenaza.
—¿Qué? No lo puedo creer, —dijo Harry sin cerrar la boca.
—Siempre pensé que podría haber algo de eso en su actitud hacia ti, pero que quisiera que me lo follara... eso sí me sorprende... Pobre, nunca va a tener ese placer, —comentó mientras Harry se ruborizaba.
—Vamos a clases. Mándame el video, necesitamos una copia por si acaso.
—Lo tengo yo y Liam. Ahora tú, y creo que es innecesario alguien más.
—Yo solo quisiera verlo, pero no guardarlo, —dijo Harry, de acuerdo con Zayn.
—Nos vemos a la salida, gracias amigo.
—Todo por verlos felices, ¡nos vemos!
Louis y Harry entraron de la mano nuevamente, y fueron recibidos con el contenido del basurero en sus cabezas.
Louis sonrió.
—Fletcher querido, ¿podría hablar contigo un minuto? —Pidió con su mejor cara, descolocando al aludido.
—¿Qué mierda quieres?
—Acércate, no muerdo... ¿o me tienes miedo?
Louis pudo notar el temblor en los ojos de Fletcher y lo iba a usar a su favor.
—No digas idioteces Tomlinson, —contestó acercándose. ¿Qué quieres? ¿Que los felicite por su estúpida relación?
—No, no aspiramos a tanto. Solo quiero pedirte, amablemente, que nos dejes en paz.
—Jamás, son mi diversión, pensé que lo sabían... Ah, es que hasta para eso son idiotas.
—Puedo ser idiota, pero...nunca te follaría Fletcher... —Susurró muy cerca de su oído. Y antes de que pudiera tener alguna reacción, continuó, —tengo un hermoso video que puedo compartir con la clase o con toda la universidad. Solo te estoy pidiendo amablemente que nos dejes en paz, nada más... ¿Puede ser?
—No existe ningún video y no digas mierdas... Jamás te dejaría tocarme, me das asco.
—Bueno, si insistes... Gracias por tu tiempo. Vamos bebé, vamos a sentarnos.
Harry estaba sorprendido y muy orgulloso, y aunque sabía que el apodo era por la ocasión, le había gustado mucho.
Pese a lo que había dicho, Fletcher no volvió a molestarlos, y como consecuencia, las clases comenzaron a ser mucho más tranquilas para todos. Nunca supieron qué excusa dio, pero les daba lo mismo.
En la cita número diez, Louis lo tomó de la mano a Harry y lo llevó a su propia habitación. En medio de la oscuridad y el silencio, Louis le demostró lo que era la verdadera entrega, lo que significaba hacer el amor y cuidar al otro. Lo protegió, le dio calma y le provocó caos, llenó su alma vacía de intensidades y colores, lo hizo transitar por un ondulado camino de sensaciones tiernas y deliciosas y también de caricias que quemaron sus miedos y que enloquecieron a su cuerpo marcado de deseo. Louis le mostró el verdadero significado de entregarse en cuerpo y alma. Lo hizo despacio y con apuro, lo hizo como lo había soñado tantas veces, lo hizo poniendo su vida en sus manos y en su boca. Y Harry recibió todo lo que Louis le ofreció, comprendió esa madrugada lo equivocado que vivió y recordó tantas noches en que también, ilusionado, imaginó ser sometido bajo el cuerpo de Louis. Vio, sintió y palpó lo diferente que era que la persona en tu cama te mirara, estuviera pendiente de lo que querías y necesitabas y te lo diera sin que supieras cómo.
En medio de sus sonrisas, se besaron con la promesa intrínseca de empezar una nueva historia, una de amor real y verdadero.

Inspirada en la canción de 1997, "Hole In My Soul" de Aerosmith.