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JIMIN
Una azotea de Siderno en una cálida tarde de septiembre.
El sol de Calabria golpea el techo, caliente e implacable, familiar.
Llego pronto a mi posición.
La vista desde aquí arriba me permite ver toda la calle, me meto una rodaja de higo fresco en la boca y la mastico lentamente.
Paso la mayor parte del tiempo solo, esperando.
No me importa.
No me llevo bien con los demás, esa es una de las muchas razones por las que el ejército y yo nos habíamos separado.
Me ajusto el ala de mi gorra de béisbol, manteniéndome en la sombra, hoy sopla un ligero viento del este, pero nada de lo que tenga que preocuparme, casi puedo hacer este trabajo mientras duermo.
Matar es lo único en lo que destaco, y el ejército italiano me había recompensado por eso.
Serví durante ocho años, siendo el francotirador más condecorado del 1er Regimiento de Bersaglieri. Combatimos en Afganistán, Siria, Irak y otros lugares que no puedo revelar.
Cuando dejé el servicio, la gente quería que siguiera matando para ellos,
Esto me gusta más, me permite viajar y mantener mi propio horario. Y gano un montón de dinero.
Cuando el número de asesinatos supera los cincuenta, pierdo la cuenta.
No es importante.
Hasta que mis manos empiezan a temblar y mi vista falla, este es mi propósito.
Nadie lo hace mejor.
Suena mi teléfono, miro la pantalla.
Normalmente no contesto mientras estoy en un trabajo, pero hoy hay algunas piezas que aún desconozco, esta puede ser una de ellas.
Toco la pantalla.
—Pronto¹.
—Todo está en su sitio— dice Vito D ‘Agostino, hermano y consigliere de un mafioso de Napoli—.
Nuestro hombre de adentro dice que estaremos listos en cuarenta y cinco minutos.
Consulto mi reloj, la una en punto, pongo el cronómetro en marcha.
—Va bene².
—Tan pronto como esté hecho le enviaremos a tu asistente la mitad restante del dinero.
Esto es lo normal, pero innecesario. Nunca fallo.
—Por supuesto.
—Esto podría ponerse feo una vez que se corra la voz.
Vito había mencionado esto antes, no me importa.
Hay una razón por la que nadie puede encontrarme a menos que yo se lo permita.
—No te preocupes, olvidaré nuestro trato tan pronto como me paguen.
—Bien. —Vito cuelga.
No me importan las repercusiones. Para mí, esto es solo un trabajo.
Las razones, o lo que el objetivo haya hecho para merecer la muerte, no me importan.
Estoy cobrando un cheque por los servicios prestados.
Una vez efectuado el disparo, guardaré el rifle y me dirigiré a la Ducati que me espera al pie de la escalera.
Minutos más tarde me subiré a un auto y conduciré hacia las montañas, luego
desapareceré durante unas semanas en una de mis muchas casas de Europa.
El tiempo en la campiña francesa es especialmente agradable en esta época del año.
Pensando en vino y queso, saco con cuidado mi fusil de la funda.
Es del mismo tipo que el utilizado por las fuerzas especiales británicas, el rifle de largo alcance L115A4, portátil y ocultable, el arma tiene una excelente óptica con poca luz y a plena luz del día, una mira telescópica de doble giro y un supresor para reducir el fogonazo y el ruido.
Y nunca me ha fallado.
La desempaco metódicamente, cada pieza en el mismo orden, nunca me desvío, Los otros de mi unidad me habían llamado supersticioso, pero ellos también lo eran, muchos italianos lo eran, pero los francotiradores aún más.
Con el fusil preparado, me acerco al borde del edificio, me mantengo agachado, un punto oscuro en un tejado cualquiera, me siento con el fusil y el estuche a los pies. La temperatura del tejado es casi insoportable en mi piel, pero me obligo a esperar.
He soportado cosas peores.
Pronto mi cuerpo se adapta, manteniendo mi respiración lenta y constante.
Veinte minutos.
Mi objetivo estará bien vigilado. Examino la dirección de enfrente, donde trabaja el doctor de la esposa. Sin duda, detendrán el auto directamente en el frente y tratarán de entrar a toda prisa.
Tengo que ser rápido.
Cargo el rifle.
Estas balas son de baja resistencia, más pesadas, y las había fabricado especialmente para mí un hombre en Berlín, me parecen más precisas que las que usaba en el ejército.
Diez minutos.
Flexiono los dedos, me vuelvo a atar los cordones, verifico el viento y la distancia, ajusto la mira.
No hay margen para el error.
Cuando la fila de autos dobla la esquina y empieza a reducir la velocidad, yo ya estoy en posición. Tengo el segundo auto en mi mira, ya que sin duda es el que lleva a mi objetivo.
¹Pronto: Al contestar el teléfono es como decir diga, en italiano.
²Va bene: Está bien o De acuerdo, en italiano.
Me froto el amuleto dorado de cornicello³ alrededor del cuello para que me dé suerte, y luego pongo la punta del dedo en el gatillo.
El primer auto avanza calle abajo, pero el segundo auto, el que estoy siguiendo, se detiene abruptamente más adelante.
El tercer auto se detiene detrás de él.
Contengo la respiración. ¿Me han visto?
Es imposible.
Tiene que haber otra razón.
Compruebo el primer auto para asegurarme.
Definitivamente no está allí, vuelvo al segundo auto, la puerta se abre y veo salir a un hombre bien vestido. ¡Minchia!⁴ No me lo esperaba.
Antes que pueda apretar el gatillo, un hombre más grande bloquea mi ángulo.
Porca di puttana⁵. Entonces el objetivo ayuda a una mujer a salir del auto.
No tengo un tiro de gracia claro. Todo el grupo se dirige a la heladería, desapareciendo en el interior.
Muevo los hombros, hago algunos cálculos rápidos y ajusto la mira a la nueva distancia.
Tendré que matarlo cuando salga de la tienda.
Mientras espero, me obligo a ralentizar los latidos del corazón y a respirar con más calma.
Entonces lo veo.
El hombre más magnífico que jamás había visto aparece ante mis ojos, y es como ser alcanzado por un rayo.
Colpo di fulmine, Caído del cielo.
Mi aliento abandona mis pulmones de golpe mientras lo estudio.
Alto y delgado, con brillantes ojos azules y cabello oscuro, joven, quizá diecinueve o veinte años.
Su mandíbula es una obra de arte, su rostro la perfección absoluta.
Hoy no se ha afeitado y esa barba es jodidamente sexy.
Lo sigo mientras se mueve, para asegurarme que no estoy alucinando.
La camisa azul le queda perfecta, el color hace juego con sus ojos.
Sus jeans se ciñen a sus largas piernas como si la tela hubiera sido hecha expresamente para él, ningún hombre fuera de una pasarela de Milán tiene derecho a lucir así de bien.
¿Trabaja para mi objetivo?
Se ríe de algo que se dice y me quedo mirando, hipnotizado.
Dios, esa sonrisa.
Podría derretir témpanos de hielo.
Me atraen tanto los hombres como las mujeres, pero hasta ahora nunca había sentido un parpadeo de interés por nadie mientras estoy en un trabajo. ¿Por qué este hombre? Lo observo unos segundos más, esperando respuestas.
Entonces me doy cuenta de que el pulso me late en los oídos.
Cristo, necesito concentrarme y calmarme.
Aparto la vista del hermoso hombre para observar el escaparate. Mientras espero, intento regular la respiración.
Nunca me había sentido tan agitado. Es una mala señal.
Basta.
Tengo que recomponerme.
Una vez me quedé despierto durante tres días al acecho para matar con éxito a un líder talibán.
Puedo hacerlo.
Dentro y fuera... dentro y fuera. Cuento mis respiraciones queriendo que mis músculos se relajen.
Pero al final todo sucede demasiado rápido, no había planeado el gelato o el colpo di fulmine, me precipito.
Y fallo.
³Cornicello: Palabra italiana que significa cuerno pequeño o cuerno porta fortuna, es un amuleto usado para proteger contra el mal de ojo.
⁴Minchia: Joder o Carajo, en italiano.
⁵Porca di Puttana: Santa mierda, en italiano.