Celos
Ser el alfa de Bruce Wayne era…
Más difícil y demandante de lo que habría pensado.
Y no, no se debían malinterpretar sus palabras, Clark Kent amaba a su omega; lo amaba, idolatraba y deseaba a partes iguales, era su esclavo si él lo deseaba, acabaría con el mundo si lo ordenaba y por supuesto iba a llenarlo de sus cachorros cada que fuera conveniente.
Y si, todos esos pensamientos llegaron a él incluso antes de cortejarlo.
Pero no, su situación de decir que ser Alfa de un Omega como lo era Bruce Wayne (y Batman, por supuesto) demandaba demasiado, no tenía nada que ver con la cuestión de protegerlo, mantenerlo con vida o tener una relación basada en la comunicación efectiva.
Aun si todas esas cosas también eran un reto bastante grande.
Se refería a que… a veces, muchas veces.
Más de las que cualquiera estuviera dispuesto a soportar.
Bruce olvidaba que Clark también tenía sentimientos.
Sentimientos iguales o mas grandes en comparación a cualquier otro humano.
No por ser un alienígena, ultimo sobreviviente de un planeta inexistente a millones de años luz de su amado planeta Tierra quería decir nada; no por eso su corazón no latía y bombeaba sangre quizá con la diferencia de hacerlo más rápido, no por eso sus sentidos no funcionaban pues todos sabían que eran más perfectos, no era sinónimo de tener los sentimientos deprimidos e incapacitados para existir.
Clark era tan humano como lo era Bruce, aun si orgánicamente fuera ligeramente diferente a él.
Y todo ese discurso estaba siendo ensayado, mientras caminaba de un lado a otro en el pasillo frente a la enorme y pesada puerta de madera, la cual separaba el despacho de Bruce con toda la mansión en sí.
Kent paró de caminar, mirando los detalles de la puerta mientras repetía como él sentía más que cualquier humano, sobre lo del corazón con taquicardia continua y pedirle que ignorara el uso de sus anteojos como una señal para no creerle la parte de los sentidos mejorados al doble.
Tomó aire, inflando lo más que pudo su pecho y, sin pensarlo demasiado, se abrió paso a la oficina de su amado.
—Wayne ¿Por qué no haz hecho publica nuestra relación? —lo dijo, lo dijo en otras palabras, tal vez con otro tono del que había planeado usar, pero en términos generales, ese había sido el mensaje correcto.
Bruce levantó la mirada de los documentos en sus manos casi inmediatamente al verle entrar, parpadeando varias veces mientras le escuchaba y, al verlo terminar, simplemente regresó su atención al archivo entre sus manos, ignorando de cuenta nueva a su prometido.
Y Clark se fue desinflando lenta, muy lentamente.
Wayne terminó de leer, firmar y guardar en carpetas de cuero oscuro aquellos legajos, volviendo hacia su alfa.
—¿Debo recordarte que hiciste publica la relación de Batman y Superman la semana pasada en primera plana del Daily Planet? —contestó con tranquilidad, su mirada fría se pegaba sobre los alegres ojos del más alto, los cuales volvieron a brillar luego de oírle hablar, mientras levantaba una de sus cejas solo para hacer mayor énfasis con su pregunta.
—Quizá… —contestó, mordiendo su labio inferior para evitar sonreír abiertamente, aceptando su culpabilidad. Caminó hacia un lado de su lindo omega, recargándose sobre el escritorio para seguir discutiendo sobre ese tema. —Pero no es mi culpa cuando Batman rompe el protocolo por primera vez en mucho tiempo, era un tema importante y relevante para la Seguridad Nacional.
Una mala mirada por parte de Wayne fue a parar a él, aunque aquellos ojos fríos no tenían el efecto deseado, Clark no iba a dejar de pensar en ese momento ni de sentirse orgulloso por publicarlo en el pequeño tabloide estatal, ni que de ahí la noticia pasara por todas las pantallas de las televisoras, hubiera sido comentado en el radio, publicado en otras prensas y siendo compartido cientos de miles de veces en demasiadas redes sociales.
Por primera vez había agradecido al villano en turno por regalarle ese atisbo de sentimentalismo del Vigilante Nocturno de Gotham.
¿Cómo había sucedido? Era una historia larga, una de esas ocasiones donde pasan muchas cosas muy rápido, a la misma vez por demasiados días, agentes modificados con Kriptonita, hielo por todos lados, magia y control mental. Había sido una batalla para evitar el control mundial, muy parecida a cualquiera que hubiera existido anteriormente.
Cada uno de los integrantes de la Liga tenía que luchar contra sus propios demonios traídos de nuevo a la vida, ninguno estaba pasándola bien y por supuesto Batman no era la excepción.
Bruce confesó no recordar todo lo vivido, pero por la manera en que su cuerpo reaccionó durante la junta de daños o como su rostro había mostrado terror por un largo tiempo podía concluir que había revivido cien veces más la muerte de sus padres, posiblemente la de Alfred y quizá…
Solo quizá, la de Clark también.
Y tal vez tenía razón, aun si Batman no lo confesara o deseaba olvidar todo el juego mental en el cual se vio obligado a participar, muy en los adentros de Wayne seguía sin poder olvidar esas escenas desgarradoras, habían potenciado a mil toda la tragedia, vio como sus manos se llenaban de la sangre que él mismo vertía y pertenecía a sus seres amados.
No lo vio una vez.
Ni diez.
Había sido un bucle interminable, uno donde por más que hubiera deseado escapar, una vez tras otra era atraído a esa escena, a ese golpe bajo de mirarse a si mismo ultimando a las personas a quienes decía amar, aquellos quienes le amaban y… No poder detenerse.
Supo en un momento que no era verdad, nada ocurriendo frente a sus ojos podía serlo y lo ilógico de observar una y otra vez el destello magenta de una luz intermitente detrás de la muerte de sus seres amados.
Posiblemente la tétrica sensación de sangre tibia ajena llenando sus manos era, en realidad, la sensación de la propia, pues intentaba oprimir sobre una de sus heridas más profundas para mantenerse vivo y poder seguir atado pobremente a la realidad.
Una realidad escaza, muy muy fuera de sus pobres pensamientos lúcidos.
Y cuando pudo escapar, destruir el báculo de magia ancestral y liberarlos a todos del terrible bucle de pesadillas, lo primero que hizo fue correr hasta Superman, quien yacía intoxicado por algún tipo de veneno derivado de la kriptonita que lo mantenía aun atado a la ilusión desastrosa.
Superman no lo recordaba muy bien, solo recordaba el dolor físico provocado y como había intentado mantenerse de pie para seguir luchando; deseando terminar con todo aun si su vida fuera puesta en peligro.
Bruce había hecho todo lo posible para limpiar la sangre de su “compañero de equipo” aun en el campo de batalla, dando instrucciones a los demás quienes se levantaban y acataban las órdenes de continuar luchando, protegiendo a los caídos y a aquellos quienes se habían visto inmersos en su batalla.
Cuando vio de nuevo respirar correctamente al hombre del símbolo de la esperanza en el pecho y como se sentaba en el piso con lentitud para recuperar sus sentidos, el murciélago no pudo evitarlo, lanzándose sobre él para besarlo, rompiendo los protocolos de seguridad, abrazándole y repitiéndole mil veces como había sentido casi perderlo.
Todo lo demás era historia, todo bajo control gracias a la JLA, no más amenazas contra el universo conocido y la noticia salió en primera plana a la mañana siguiente.
—En mi defensa —Clark habló de nuevo, acariciando la mejilla del otro con uno de sus pulgares mientras sonreía. —Lois ya había sacado la noticia sobre el ataque y Perry quería una noticia nueva… tenía que hacerlo.
—Bueno, ahora disfruta de tus consecuencias. —Bruce soltó, levantándose del asiento para estirarse y encaminarse hacia su dormitorio. —en cuanto Batman y Superman dejen de ser la noticia preferida de la prensa rosa, lo pensaré.
Wayne salió del lugar, dejando a Kent completamente solo en el despacho, sin una respuesta satisfactoria, a decir verdad.
~° TLVCBFME °~
Clark amaba todos y cada uno de los aspectos de su amado omega.
En verdad lo hacía.
Pero incluso él, la persona más enamorada del mundo tenía ciertos límites en las cosas que podía soportar.
Y Brucie Wayne era una de esas cosas sobrepasando sus límites.
Repetía, amaba todo sobre Bruce, lo conocía a la perfección, entendía el ambiente alrededor de él y era gran fan de todo… Siempre y cuando fuera el Bruce natural, el lindo Bruce quien era mesurado, serio y obstinado, el hombre culto e inteligente, el tipo con un plan en el bolsillo; el verdadero Bruce.
No la presentación demasiado cliché de un omega millonario consentido, demasiado coqueto sin límites y el “cabeza hueca” del salón.
Y por supuesto, esa noche debía salir dicha personalidad tan desagradable. Y lo peor… debía estar ahí, siendo testigo de como pasaba a ser un integrante de Acapulco Shore más del montón.
“Es necesario, Clark.”
Repetía una y otra vez la explicación que le fue regalada dentro del automóvil de ida a la fiesta, después de pedirle amablemente que ese día no dejara salir a su peor alter ego.
“Sospecho que un número importante de personas relacionadas con la Mafia de los supresores adulterados, que lleva el transporte e inserción al país por las costas de Gotham estarán dentro de la fiesta y debo obtener la información necesaria.”
Y claro que lo entendía, no era tonto…
Solo no se sentía cómodo viendo como su prometido se dejaba manosear y besar por un montón de extraños al azar.
Y era incómodamente doloroso verlo actuar como si eso fuera normal y estuviera bien.
—Bruce Wayne, mi chico. —un anciano horrendo se acercó a Bruce, tomándolo por la cintura para atraerlo, mientras Clark le miraba desde un lugar prudente, con la misma copa de champagne en la mano con la que había iniciado la noche.
—Uhm~ Señor McGilligan —Brucie saludó, con su tono coqueto bien actuado, mientras se acercaba a él para abrazarlo y dejar un beso en su mejilla, escuchando la bulla de la gente a su alrededor. —Si este hombre fuera diez dólares más rico que yo sería mi Sugar Daddy.
Más risas forzadas de todas las personas a su alrededor y los dientes podridos por tanto tabaco del anciano mostrándose en una sonrisa, mientras su mano bajaba hacia el trasero de Wayne, dándole una sonora nalgada seguida de un apretón demasiado largo.
Pudo notar como Bruce había tenido que guardar sus ganas de golpear la cara de ese hombre después del ataque, solo sonriendo y pegando sus labios a la copa de champagne mientras soportaba el manoseo y la charla trivial a su alrededor.
Y Clark pretendía no mirar, ni escuchar… Algo completamente imposible.
Vio como Bruce se acercaba a susurrarle algo al hombre quien continuaba propasándose con él, en ese tono suave, coqueto, incómodo solo si sabias notarlo.
Siendo escuchado por Kent, quien estaba ahí para cuidarle y ser parte del arresto.
Pero, habría deseado no hacerlo.
—Bennet —habló el omega, cerca del oído del anciano —Creo que… es tu día de suerte.
Un suave ronroneo por parte de Brucie salió, no era un ronroneo común, se sentía falso, pero era convincente pues, ese tal Bennet solo volvió a sonreír, volviendo a afianzar con firmeza la cintura del joven para llevárselo a un lugar privado en aquella enorme mansión.
Y Clark caminó varios pasos detrás de ellos, viendo hacia donde iban.
El tipo lo metió a uno de los dormitorios desocupados del lugar, en realidad era su propia casa, así que podía hacer lo que quería.
—Bruce, Bruce… —el tipo se acercó al nombrado, abrazando al otro por la cintura con ambos brazos, besando su piel blanca del cuello, restregándose contra de él.
—Yo… —Wayne estaba controlándose demasiado, no podía simplemente voltearse y golpear al hombre, sacar la información que quería por parte de su protocolo. Cerrando los ojos únicamente para pasar el pésimo trago que ese instante iba a ser. —escuché de una de esas nuevas drogas… ¿Cómo se llama?
—Ah si, eso… no importa, tú no lo necesitas —el anciano gruñó, mientras le empujaba sobre la cama y le tomaba de las caderas.
—Insisto… me gustaría probarla. —Bruce rápidamente volteó en la cama, alejándose rápidamente del tipo quien le daba un gran asco, usando su pierna para poner mayor distancia entre ambos, misma pierna que le era sostenida y acariciada de forma muy muy incómoda.
—Bien, bien, no puedo negarme a una belleza como tú —el tipo gruñó de nuevo, negando con la cabeza mientras se volteaba en búsqueda de algo en uno de sus cajones. —Tan hermoso como cabeza hueca… bien dicen que a los omegas y las betas no hay que entenderlos, solo amarlos.
Bruce soltó una risita con incomodidad y Clark a una gran distancia hizo una mueca de asco por los comentarios del horrendo tipo.
El tipo se acercó de nuevo a Bruce, entregándole el botecito que había salido de sus pertenencias, siendo revisado por Wayne para saber si el lote seguía siendo el mismo que había entrado esa semana o ya habían pasado nuevos cargamentos por las costas de Gotham.
—Entonces, si me gusta como se siente… —Wayne habló, abriendo el frasco con cuidado para sacar una de las tabletas, inspeccionándola —¿Dónde puedo comprarlas?
—No voy a darte esa información, precioso —los dedos arrugados del anciano fueron a su mentón, apretándolo con firmeza mientras reía; se reía de él, por supuesto. —La información en manos equivocadas puede ser desastrosa y tus hermosas manos…
El tipo sostuvo una de ellas, besándola lentamente subiendo hacia el brazo, mientras volvía a tocarle indebidamente y Bruce en verdad intentaba no patearlo en el plexo solar para alejarlo de él. Más no fue necesario, irrumpiendo con una patada en la puerta, “Batman” entró a la escena, quitando de encima al pervertido del joven Brucie Wayne, mandándolo a volar contra los finos muebles al otro lado de la habitación, antes de levantarlo de la ropa para quedar frente a frente.
—Suelta todo lo que sabes, McGilligan sino quieres dormir con los peces esta noche.
Bruce miró la perfecta imitación que Clark hacía disfrazado de él, aunque por la manera en la cual lo sostenía y miraba, sabía cuan molesto estaba.
No se debía ser muy inteligente para saber que Bennet McGilligan había soltado nombres, apellidos, números y demás información necesaria para su arresto y la fiesta se terminó con un arresto masivo del 75% de las personas dentro de la misma.
Batman llevó a casa a Bruce Wayne, como un testigo protegido.
—¿Hasta donde ibas a llegar? —Clark habló por fin a más de un kilometro de distancia entre la redada y la Mansión Wayne, después de ser seguro quitarse la capucha del traje de su pareja.
—Donde fuera necesario. —contestó, mientras se acomodaba en el asiento y miraba de reojo a su alfa, negando con la cabeza. —Lo tenía donde quería.
—¡No! ¡él te tenía donde ÉL te quería!
Espetó con fuerza, gruñendo y sujetando el volante hasta el punto de deformarlo con solo su agarre; aunque esos indicios de intimidación, aleatorios o no, ninguna efectividad tuvieron con Bruce, quien solo le mantenía la mirada sobre el retrovisor para continuar discutiendo.
—Si hubieras seguido el plan como estaba estipulado, no estaríamos discutiendo ahora mismo, pero preferiste improvisar. Ahora es tu problema, Kent.
Clark volteó por un segundo para mirarlo directamente al rostro, ligeramente confundido y molesto, separando los labios para decir algo, evitándolo al final. Solo chasqueó la lengua, contó hasta diez y volvió la mirada hacia el frente.
Dispuesto a ignorar por completo la existencia de esa plática, ese día e incluso la existencia de Bruce en lo que faltaba del camino.
No tardaron mucho en llegar a su destino, Clark entró después de Wayne a la casa y sin esperar mediar algún tipo de palabra con Bruce pasó directamente hacia la cocina, ignorando por completo cualquier tipo de mal humor que pudiera estar acarreando consigo desde la interestatal.
Necesitaba un segundo a solas para pensar, rectificar todos lo pasado y tratar de entender mejor desde la vista del murciélago de Gotham; al final del día ese trabajo no solo era ponerse un disfraz para atemorizar a la gente…
Por su parte, Bruce Wayne no hizo nada, solo pasó directamente a la cueva de Batman, para monitorear lo sucedido y planificar la siguiente fase del impacto; sacar toda esa mercancía regada por todos los lugares más recónditos de Gotham y sus alrededores.
~° TLVCBFME °~
Las aguas estaban más tranquilas, después de todo el tratamiento silencioso que ambos habían acordado darse, estaba funcionando.
Clark ya se encontraba en la cama, leyendo un poco antes de pretender dormir, al final de cuentas, él no necesitaba dormir tanto como los humanos… aun si lo disfrutaba.
Y a veces creía que él tomaba las horas donde Bruce se negaba a dormir, creyendo en algún intercambio equivalente para no hacer explotar el universo o algo parecido.
Suspiró después de recordar su altercado con él horas antes, sabía bien cual había sido su culpa, el haber reaccionado con celos, los cuales pudieron poner en peligro a toda la misión planeada con demasiado tiempo de anticipación, con todos los movimientos y diálogos pensados.
Tomó aire, sobando sobre el puente de su nariz para relajar el ceño y decidir hacer lo correcto; iría donde Bruce para pedirle disculpas por dejarse llevar de esa manera.
Evitando asegurarse a sí mismo que no estaba equivocado, aun si no lo estaba.
Sería el adulto responsable, quien salvaría a su relación de romperse o algo peor.
Dejó a un lado el libro, se levantó y caminó hacia la puerta, abriéndola con toda la naturalidad del mundo.
Más no pudo dar un paso fuera de la habitación, frente de él un Bruce Wayne habría pretendido abrir la puerta antes de ser sorprendido por Kent y el siguiente movimiento fue poner una mano sobre el pecho del kriptoniano, empujándolo dentro del cuarto y cerrando la puerta detrás de él.
Kal lo miró sorprendido, retrocediendo los pasos avanzados hasta la cama, donde volvió a ser empujado para que se sentara.
Sin intercambiar ninguna palabra, Wayne se puso de rodillas frente de su prometido, usando ambas manos para bajar el pantalón de pijama del alfa, junto con los boxers del mismo, dejando ambos a medio muslo.
Su diestra tomó el pene del otro, comenzando a masturbarlo lentamente, levantando la mirada por un breve instante, notando como los colores en el rostro del hombre de anteojos subían velozmente, tan veloz como aparecía también la erección en él.
Wayne sonrió de medio lado, satisfecho por lo provocado. Sin dejar pasar más tiempo, pasó su lengua por todo el miembro contrario, desde la base hasta la punta, de forma lenta, tortuosa, sintiendo como Clark solo daba un respingo por la sorpresa, antes de colocar una mano en la cabeza contraria, acariciando su cabello con suavidad.
Mientras Bruce se dedicaba a lamer sobre la glande del otro, rodeándola con sus labios para mantenerla tibia entre su boca, chupando lentamente, notando como el tembloroso alfa parecía derretirse ante esos pequeños toques, robando sus más suaves gemidos.
Siguió metiendo lentamente el enorme pene de su alfa directo a su boca, subiendo y bajando sobre este, manteniéndolo únicamente en su boca, rodeándolo del húmedo y caliente entorno de esta, escuchando los gruñidos de frustración del otro mientras empujaba sus caderas hacia delante con la intención de llegar más al fondo; deseando llenar su boca completamente.
Pero Bruce tenía el control en ese momento, su mano ayudaba a detener los avances del mas alto y oponía resistencia cada vez que pretendía obligarle a ingerirla toda. Únicamente llevarlo en ese juego de tira y afloja, mientras la chupaba con deseo, con ganas de beber la desbordante pasión de su hombre.
Wayne continuó, intercalando sus mejores habilidades, delineando cada vena, pliegue y estructura de ese miembro con la lengua, sus labios se dedicaban a besar e idolatrarlo y sus manos jugaban con los testículos no olvidados de este.
Sintiéndolos cálidos, pesados, a punto de desbordarse.
Clark seguía suspirando, intentando meter aun más su miembro, sus manos seguían acariciando el rostro del otro, mirándole con una mezcla de tantas sensaciones a las cuales no podía darles nombre y, en un momento de ventaja tomó con firmeza la cabeza ajena, levantándose un poco para poder meter sin esfuerzo todo su miembro dentro de la garganta ajena, gimiendo por lo alto mientras soltaba toda su lefa, sacándolo rápido antes de anudar la garganta de su amado; terminando de correrse sobre el rostro de Bruce.
—Ah… mierda —gruñó el alfa, mientras veía el desorden y sentía un poco de culpa por dejar así a su omega, acariciando su rostro por un par de segundos.
Antes de verle alejarse mientras tragaba lo ultimo que no había bajado por si mismo y con sus dedos limpiaba su rostro para llevar el semen atrapado entre estos hasta su boca.
Logrando únicamente que el nudo de su novio se hinchara con mayor fuerza.
—Bien, todo arreglado. —Bruce volvió a hablar, mientras se levantaba como si nada, observando el confundido rostro ajeno, parpadeando un par de veces. —Volveré al trabajo.
Sin embargo, sus palabras no se volvieron acciones, pues alrededor de su muñeca, la mano del mas alto se agarró, atrayéndolo de nuevo hacia su lado.
—No, no lo creo. —advirtió, moviendo fácilmente al otro tipo hasta su regazo, donde no lo sentó, mejor dicho, acostó el pecho hacia abajo del tipo, con el trasero levantado; ese precioso trasero.
—¿Qué demonios… —su pregunta no pudo ser terminada, cuando sintió la primera palmada sobre el trasero, despacio.
—Tal parece que te gusta ser tratado así, ¿O me equivoco, Brucie? —Clark sonrió, mientras bajaba los pantalones e interiores del omega, dejando ese precioso culo completamente desnudo.
Su mano acarició con ternura sobre la piel desnuda de este, apretando un poco, antes de volver a subirla y darle un par de nalgadas seguidas, con fuerza, haciendo que estas se sonrojaran rápidamente.
Wayne soltó un leve gemido, estaba completamente rojo, entre la vergüenza y el placer poco sensato que le daba ser apaleado de esa forma.
Clark sonrió después de escucharle, su mano continuaba acariciando en círculos sobre los glúteos del omega, volviendo a golpearlos con firmeza.
Una.
Dos.
Tres veces seguidas.
Sus dedos delineaban la suave marca roja que comenzaba a mostrarse, mientras se acercaban tranquilamente entre las nalgas del mismo, acariciando su pequeña entrada, los suaves pliegues de la misma, apretando su dedo sobre estos, como si intentara meterlo, únicamente para robar el jadeo obsceno de su prometido.
—Vaya, ¿Cuándo me ibas a decir que te calienta ser golpeado? —Kent preguntó con fingida sorpresa, usando ambas manos para abrir el trasero del hombre de mirada fría, notando como, en efecto, había empezado a lubricar.
Bruce gruño alguna respuesta, tal vez había sido una maldición, removiéndose suavemente para acomodarse y, de alguna forma, mostrar más su trasero.
El reportero solo sonrió, volviendo a subir la mano para volver a chocarla con aquellos pedazos suaves y preciosos de musculo, varias veces seguidas, completamente satisfecho por escuchar el resonar de la piel y los gemidos regalados, uno que otro sollozo y maldición mezclados.
Kent continuó su “castigo” durante un largo tiempo, cuando las nalgas del vigilante se habían puesto completamente rojas lo levantó, acomodándolo de espaldas a él, para poder disfrutar de la perfecta obra de arte creada entre los dos.
Le sujetó de la cadera, acercándolo a besar sobre sus nalgas, morderlas un poco y luego, abrirlas frente de él, notando lo excitado que se encontraba.
Sin pensarlo demasiado, lo atrajo nuevamente, hundiendo su rostro entre las nalgas ajenas, lamiendo con desespero la entrada de este, limpiando todo rastro de fluido en él, mientras escuchaba como Bruce pedía más, como sus gemidos dejaban de tener un control en el volumen y mejor llenaban por completo el lugar.
La mano de quien era Batman pasó hacia atrás, posándose sobre la nuca contraria para pegarlo más, obligando a la lengua del otro a llegar más dentro de él, a jugar con sus pliegues y su interior húmedo, mientras una de las manos del kriptoniano se dedicaba a ingresar uno de sus dedos a la ecuación, para darle mayor placer a su omega.
Y, al pasar la noche, ninguno de los dos recordaba por que habían estado molestos.