Capítulo 1.- Alexandra.
No voy a mentir, la culpa es lo que más me incomoda, me da verguenza hablarlo con mis amigas y ni siquiera es una opción conseguir orientación psicológica, por mucha ética que juren tener siempre terminan por decir algo a los padres.
Juro por Dios que mi padre nunca me ha tocado ni mirado como yo me permito hacerlo en mi imaginación o solo en sueños. Me siento enferma, trato de controlar los pensamientos pero es imposible, estamos a media cena cuando me asaltan imágenes, sus manos en mi cuello, su cuerpo sobre el mío o yo flexionada debajo de él. Es incómodo y no sé cómo pararlo.
A veces culpo a la pornografía, pero si soy sincera busqué ese contenido porque las ideas retorcidas ya estaban dentro de mí.
Nosotros sufrimos la muerte de mi madre hace años, hemos sido él y yo desde entonces y aunque quisiera buscar más excusas, no las hay.
Mi padre es un hombre trabajador, responsable y aunque su vida amorosa no es una prioridad para él, sí ha conocido a algún par de mujeres que no terminan por encontrar lo que están buscando en una relación.
Vivimos en una ciudad pequeña pero con mucho movimiento comercial, voy al instituto, salgo a fiestas y hay chicos constantes en mi vida por lo que estos pensamientos hacia mi padre no tienen razón de ser, es decir, ni siquiera es el único hombre que forma parte de mi vida.
Me frustro y lo mejor que puedo hacer para lidiar con ello es escribirlo, si lo mantengo como un secreto muy bien guardado, nunca se lo digo a nadie y no dejo que esto escale, no le hago daño a nadie y puede que solo sean las hormonas, algo pasajero que quizá algún día ni siquiera recuerde.
Me levanto de mi cama y abro las ventanas, es sábado, un día que me puedo levantar a la hora que quiera, el resto de los días asisto a la escuela y los domingos son día de fórmula uno, me despierto a ver las carreras con mi padre, un gusto adquirido gracias a él.
Bajo a desayunar aún con pijama, no hay mucho para cocinar en la nevera así que termino por pedir algo a domicilio, café y donas, no es saludable pero es delicioso. Busco algo que ver en televisión, he visto la mitad del primer episodio de American Horror Stories cuando el repartidor llega. La serie me atrapa y de un episodio de pronto ya voy en el seis, el estómago me reclama que necesita más comida, comida de verdad.
He pasado toda la tarde frente al televisor y sumado a que me levanté tarde, ahora el sol se ha metido pero todavía queda un poco de luz.
Se escucha que se abre la puerta de la entrada y reconozco el tintineo de las llaves de mi padre.
—¿Bebé? —pregunta para saber donde estoy.
—En la sala —respondo.
Escucho sus pasos y después su figura alta y musculosa envuelta en un traje de dos piezas se asoma por el arco divisor.
—¿Sigues en pijama?
—Se me ha ido el día viendo esta serie. —Señalo la pantalla que está en pausa.
Mi padre arquea una ceja y niega divertido con la cabeza.
—¿Por lo menos has comido?
—¿Un café y una dona cuentan?
—¿Es enserio bebé? Debes comer mejor, te lo he dicho, si no quieres cocinar debes pedir comida, también puedes pedir postres pero solo después de alimentarte bien. Pediré la cena en lo que subo a ducharme, la agendaré en media hora, también duchate, no te quiero como un vagabundo para la cena.
Me río de su intento de chiste, lo veo darse media vuelta y lo escucho subir las escaleras, entonces suelto un suspiro, apago la televisión y subo hasta mi habitación, saco una pijama limpia y voy a mi baño, comienzo a desnudarme y mi mente retorcida se vuelve muy consciente de que del otro lado del pasillo mi padre también está desnudo, lo más seguro es que también esté debajo del agua.
Ajusto la temperatura de la regadera, el dolorcito entre mis piernas me tiene muy pronto acariciándome con la espuma del jabón corporal, la paso por mis senos y vientre, con la nube del deseo sin dejarme pensar comienzo a bajar hacia mi vientre bajo, me detengo aunque quiero ir más allá de mis límites.
Está mal, está mal, está mal.
Las puntas de mis dedos tocan la pequeña protuberancia entre mis labios y un temblor en mi espalda me sacude y un gemido brota, un simple roce me tiene goteando. Echo la cabeza hacia atrás mientras el placer me tiene gimiendo bajito y moviendo las caderas en busca de mi propio toque.
El sonido de su risa, la forma en la que prepara el desayuno y corta el césped, el beso que deja en mi frente después de aparcar frente a la escuela, acción de la que no me averguenzo, la mayoría de mis compañeras de clase desearían estar en mi lugar.
Es retorcido, pero me dejo ir con su nombre y la culpa no me invade hasta que he recuperado la compostura. Termino de lavarme, cierro el grifo de agua y me pongo la pijama, al pasar por los espejos ni siquiera me regreso a ver, la vergüenza me hace doler el estomago.
Ojalá no fuera así, ojalá hubiera otra manera de lograr encontrar placer, con muchachos de mi edad o con fantasías relacionadas con actores de Marvel. Estoy enferma, muy enferma.
Cuando bajo mi padre ya ha seleccionado una película, la mesa de centro está llena de cajas de cartón típicas de la comida china, tomo unos palillos y comienzo eligiendo el pollo agridulce. Papá le da inicio a la película, eligió una comedia de acción, una mezcla de lo que a los dos nos gusta, la comedia por mí y la acción por él.
Sé que algo no está bien cuando papá casi no come y ni siquiera está criticando la trama, la película ha resultado ser bastante mala, a estas alturas ya estaríamos destrozandola, pero el ambiente está pesado, no sé en qué momento se ha tornado así o si desde que bajé simplemente lo ignoré.
Papá le pone pausa a la película y mi estómago se hace piedra, definitivamente algo no va bien.
—Alex… —comienza.
Me estiro para dejar la cajita de comida en la mesa, lo primero que cruza mi mente es que ha conocido a alguien y quiere presentarla oficialmente, quizá su corazón ya sanó desde mamá y está listo para estar con alguien más.
—¿Qué pasa? —pregunto casi no queriendo saber la respuesta.
—¿Soy mal padre?
Al escuchar su pregunta casi me relajo, lo haría si el aura no fuera tan pesada, aún así me permito sonreirle, quizá se siente mal porque no había comido en todo el día.
—¿Qué? Obvio que no, eres el mejor papá que pude haber tenido. Escucha, sé que no estuvo bien que hoy no haya comido por preferir seguir viendo la televisión, pero te prometo que no volverá a pasar, seré más cuidadosa con la comida.
—Eres mi vida entera, trabajo mucho pero es solo para que vivamos bien, si estoy fuera quiero estar tranquilo sabiendo que sabes cuidar de ti.
—Lo siento papá.
—Te busqué un psicólogo, solo agendé una sesión, quiero que vayas, si no te gusta podemos buscar a alguien más.
—¿Es completamente necesario?
—Ya le he pagado, por favor ve, está a dos cuadras del campus, no te será difícil llegar.
—¿Es solo por eso? —Me atrevo a preguntar.
Quita su mirada de mí y lo veo pasar saliva.
—Subí para avisarte que llegó la comida, escuché lo que hiciste en el baño, Alex, dijiste mi nombre mientras te tocabas.
Me quedo helada y la boca se me seca. Debería estar pidiendo disculpas, pero las palabras no salen, la comida que he ingerido de pronto quiere salir.
—Cuando los padres están ausentes los hijos pueden tener problemas de personalidad, de desarrollo o se crean fetiches extraños, no estoy molesto, esto es mi culpa —continua.
Bajo la mirada a mi regazo, me trago las ganas de llorar antes de responder.
—Siento mucho que me hayas escuchado, iré a terapia, puedes pasarme los datos por mensaje, necesito un momento a solas.
Sin escuchar su respuesta me pongo de pie y huyo de la sala de estar, subo corriendo las escaleras y entro como una tromba a mi habitación, me aseguro de ponerle seguro a la puerta, sé que me dará mi espacio pero es mejor prevenir, no podré mirarlo a la cara nunca más.
Comienzo a tratar de recordar si dejé la puerta de la habitación abierta y creo que sí, pero la del baño estaba cerrada, de eso estoy segura, ¿tan ruidosa fui? Me escuchó a través de la puerta y aunque creí que estaba siendo silenciosa ahora es más que seguro que no fue así.
Me tiro a la cama y quisiera morirme, mi llanto se vuelve desconsolado y mi mente retorcida no me hace llorar porque finalmente mi sucio problema salió a luz, sino porque él no me aceptó, en cuanto supo de cómo lo percibo, como a un hombre, ha decidido que hay algo que reparar, que en mi mente hay cosas que arreglar.
Estoy enferma, pero puede que si me esfuerzo pueda encontrar la cura.