In The Heart Of fesia
—Si tuvieras que escoger entre cogerte al imbécil de Kingston mal teñido y Lance perfecto Brincent —pregunto, mientras caminaban a la parada—. ¿Por qué a Brincent? Y, ¿que tienen que ver sus manos?
Y volvemos a empezar.
—Gwen —hizo una pausa—, cualquiera que no sea Kingston esta bien para mi. Y, ¿qué tienen de especial sus manos realmente? No se amiga, desde que lees esos libros raros con portadas sugerentes tienes ideas raras.
—Si tan solo me hicieras caso y le dieras una oportunidad a esos libros con portadas sugerentes —señalo haciendo comillas con sus dedos—, serías mas divertido y yo tendría alguien para hablar de ello.
—No, gracias —bufo—, no me emociona leer sobre como un mafioso se compromete a la fuerza con la hija del clan rival, con la que no se lleva bien pero todas sus escenas pareciera que se quieren empujar contra la pared más cercana, y después milagrosamente descubren que están hechos el uno para el otro y al fin creen en el amor entre escenas mal producidas de bdsm y celos tóxicos.
—Vaya Wind, no sabía que te fueran esos rollos —interrumpió esa irritante voz conocida desde mi espalda. Demasiado cerca para mi gusto.
Maldición.
Gwen me mira con una mueca forzada aguantándose la risa al punto que sus mejillas se volvieron rojas, tan rojas como las luces de la parada avisando la llegada del autobús. Tanto como mi cara en este momento. Su boca se curva hacía arriba y se muerde los labios en un intento de parecer seria. Lance Brincent esta parado a su lado con una sonrisa amable en mi dirección para después centrar toda su atención en Gwen. Parece preocupado porque respire y yo también lo estaría si tan solo no estuviera en esta situación por su culpa. Como siempre.
—¿A ti que mierda te importa que me guste o no?
—Si pregunto es por algo, ¿no crees?
Gwen asintió de acuerdo con él mientras yo le lanzaba una mirada asesina que hizo que enseguida se escondiera detrás de Lance quien solo me dio una sonrisa apenada. Traidora.
—Deberías recomendarme uno. No se, piénsalo. ¿Qué tal el que estabas hablando?
El autobús se detiene a nuestro costado y la gente se amontona empujándose entre si para entrar.
—Que te jodan, Kingston.
Camino para jalar del brazo de Gwen y sacarla detrás de Lance para subir al autobús pero una mano en mi muñeca me regreso de un jalón a mi lugar llevándose a Gwen de paso.
—Prometes mucho pero no aplicas nada Wind.
Y el conductor ha decidido que no somos lo suficientemente importantes como para esperarnos más. Las puertas se cierran en mi cara y con eso nace la sonrisa más sincera que te puede ofrecer su majestad Kingston idiota I. Estoy echando humo y el imbécil se ve más que feliz por eso.
Miro a Gwen a mi lado y le ruego con voz arrastrada—. Vá-mo-nos.
Pero Lance se nos adelanta.
—¡Nosotros podemos llevarlos! —se aclara la voz—, si quieren, claro. Arthur trae su auto y ya que fue nuestra culpa que perdieran el autobús. Lo justo sería que los llevemos... ¿no, Arthur?
Arthur mira a su amigo completamente serio. Lance recarga su brazo en el hombro de Arthur y le murmura algo que no puedo alcanzar a escuchar gracias a los chillidos de Gwen en mi derecha que no para de hacerle ojitos a Lance y a mi. Frunzo el ceño y miro a Arthur de arriba a abajo.
Lance le da un codazo disimulado a su amigo y Arthur se aclara la voz, da un paso hacia nosotros y saca una llave con el logo de Porsche de su pantalón mientras la enseña a Gwen y a mi con arrogancia. Gwen chilla de nuevo atrás de mi mientras agita mi brazo con emoción al punto que me entierra las uñas. Lo miro con desconfianza y dirijo mi mirada a Lance quien me da una sonrisa y luego le da una aún más brillante a Gwen. Regreso a Arthur y lo veo con prisa, moviendo el pie izquierdo con impaciencia y me da una mirada difícil de descifrar, como todos sus comportamientos.
Imbécil, rico, presumido.
Miro a Gwen de nuevo y luego a Lance quien se ve que claramente quiere hablar con ella, y conociendo el enamoramiento de Gwen por Lance, Merlin sería un pésimo amigo si rechazara esta oportunidad por capricho. Aparte, no es que tuviera mucha condición física para caminar hasta su casa, o ganas.
Y cuando por fin iba a aceptar su propuesta, a Kingston se le ocurre abrir la boca.
—Si, bueno, no tenemos todo tu tiempo Wind, tenemos partido a las dos. Por lo que ves, tenemos prisa, así que habla ahora o calla para siempre, o si no, lárguense caminando.
Lance se ahoga en una tos muy falsa mientras jala a Arthur de nuevo a su lado con una risa muy nerviosa mientras Gwen le sigue la corriente al parecer lo suficientemente segada por una ida en deportivo al lado de uno de los mejores jugadores de nuestro equipo de americano y sus grandes manos marcadas. Lastima para Gwen que no sea tan buen amigo como ella cree.
—No se preocupe por nosotros su alteza, lárguese a su estúpido partido antes de que sus perras vengan a buscarlo. Nosotros nos largamos caminando como todos los mortales a los que su papi no les regala un deportivo por reprobar y caminar como idiota detrás de un balón. Pero, gracias por su preocupación —digo sin poder ocultar el veneno en cada palabra con una sonrisa apenas completa.
Arthur respira hondo y me mira con los labios apretados—. Entonces lárgate caminando. Tengo mejores cosas que hacer, ¡nos vamos!
Dice dándose la vuelta abruptamente mientras Lance se detiene un momento para darnos una sonrisa apenada para después seguirle el paso lo mejor que puede a su capitán.
—Merlin...
—Nos vamos —ordeno.
Empiezo a caminar con prisa por la acera con Gwen atrás apenas respirando correctamente a pesar de llevar solo unos metros recorridos.








