ANÉCDOTAS

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Summary

Unos se ponen a monologar a manera de queja y a querer revivir experiencias pasadas, para desahogarse; otros sencillamente no ponen reparos en aumentar la velocidad con tal de ir en pos del plus ultra. Está tambien el que va detrás de sus animadas pertenencias sin atender lo que tiene delante y así. Cada loco con su esquizofrenia, o su neurosis. Todas estos fragmentos son acaecidos en la Ciudad de La Habana.

Status
Complete
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

Mi casa

MI CASA

©️ Carlos Trujillo Morales


Cuántas historias se ha tragado mi vieja casa: es mucho lo que sus rincones en el eco de mi memoria y en mis sueños, de manera repetida, destellan: graves conversaciones familiares, risas psicóticas, llantos ahogados, miradas silentes… Los sillones llevan el peso de un millar y tanto de visitantes: parientes próximos y lejanos, amigos y vecinos, ‒casi todos han muerto. Esa pajilla y esa caoba guardan el olor de dos matrimonios rotos, ‒el de Yoana, la mayor de mis primas hermanas, y el de mi madre. Perdí la cuenta de los amores que tuve en el sofá de la sala, pero no se me olvida cuáles entraron en mi dormitorio: La China de Holguín, la negra Idania y la gorda Milagros ‒corista gritona de las capillas del pueblo, de este pueblo oscuro de gente loca donde vivo desde que nací, hace cuatro décadas‒. 

Mi casa cuando la conocieron mis abuelos, no pasaba de su sala enorme, que todavía conserva la auténtica dimensión rectangular, junto al pequeño comedor y al exiguo primer cuarto: el resto era un patio largo y ancho con un fogón de leña en lo recóndito. Allí en mi cama crujiente despierto, una y otra vez, en lo inmenso de una noche despoblada entre profundas soledades, ‒la de algún autor que dormía en los estantes de la sala y de pronto me pide a gritos que lo lea, ‒algún objeto ancestral que febril me implora ser examinado, ‒algún que otro álbum de fotografías nuestras, a color y en blanco y negro… Así, a través de los años, transcurren mis noches de sueño, de pesadilla y de insomnio.   

Ahí en los dos sillones más grandes vi a mis ocho años el último noviazgo a la antigua que hubo en Cuba, fue en 1991, en esa misma sala: el de mi prima Yoana con Ariel, un ladronzuelo furtivo con cara de buen muchacho. Sí, fue un noviazgo de sillones, cogidita de manos y besitos apurados, al pico, entre los breves disimulos de mi abuela: así lo dictó Rosario la muy católica, mi tía por parte de madre. 

(…)

Tengo un perro salchicha que cuando no ladra a los gatos, según me he puesto a observar, de vez en cuando le ladra a alguna presencia invisible en ciertos rincones de la casa. En mi casa ha habido cosas que se han caído al piso de la cocina y se han extraviado como por arte de magia. En varios momentos he sentido portazos en la puerta de la calle y cuando reviso bien la sala y el resto de las habitaciones, no veo que haya llegado nadie.

(…)