Pate 1.
Verano 2012.
A pesar del intenso calor, la emoción de los aficionados estaba al lĆmite por el partido. Los Ćngeles Furiosos lideraban con siete carreras, mientras los Titanes apenas llegaban a cuatro, provocando murmullos de inconformidad entre los espectadores. Nadie habĆa logrado vencer a los Ćngeles Furiosos, y mucho menos a su jugador estrella: Zhang Yixing.
Alejado del bullicio, Suho terminaba de impartir unas asesorĆas a los grados menores. Los alumnos recogieron sus pertenencias y se despidieron con entusiasmo:
āHasta luego, hyung ādijeron, aĆŗn riendo entre ellos.
āQue les vaya bien ārespondió Suho, devolviendo la sonrisa con suavidad.
Cuando quedó solo, se permitió estirarse en la silla, dejando que los mĆŗsculos adormecidos despertaran con un ligero crujido. Recogió sus cosas y salió del salón, caminando por los largos pasillos del bachillerato mientras escuchaba las primeras gotas de lluvia golpear sobre el techo. Suho suspiró, molesto; ninguna noticia de la maƱana habĆa pronosticado lluvia y, por supuesto, habĆa olvidado el paraguas en casa.
Al llegar a la entrada principal, vio cómo todos corrĆan a refugiarse bajo la lluvia. Ćl podrĆa hacer lo mismo, pero su sistema inmunológico, algo dĆ©bil, le impedĆa arriesgarse. El viento frĆo y hĆŗmedo le erizó la piel y le hizo encogerse de hombros. Poco a poco, el lugar se vaciaba. Sus amigos ya habĆan salido, dejĆ”ndolo solo entre charcos que reflejaban las luces del sol que se escondĆa tras las nubes.
En ese instante, una camioneta negra se detuvo frente a la entrada, y un chico alto pasó junto a él. Suho levantó la vista y sintió un pequeño vuelco en el corazón al encontrarse con los ojos de aquel chico que lo miraba directamente, con una sonrisa confiada que le hizo latir el pecho mÔs rÔpido. Inquieto, retrocedió un paso.
āToma, ve a casa ādijo Yixing, extendiĆ©ndole un paraguas que brillaba con gotas de lluvia.
Suho parpadeó, sin saber cómo reaccionar. Sus mejillas se colorearon y sus manos temblaron levemente.
āNo... no, yo estoy bien āmusitó, con la voz mĆ”s baja de lo que esperabaā. EsperarĆ© a que termine de llover.
El chico sonrió de nuevo, y los hoyuelos en sus mejillas hicieron que Suho sintiera un calor extraƱo que subĆa por su cuello. La lluvia parecĆa caer mĆ”s lento a su alrededor, y el aroma a tierra mojada llenaba el aire.
āLa lluvia no va a parar en un buen rato. Ve a casa āinsistió Yixing, acercĆ”ndose un poco mĆ”s y tomando suavemente las manos de Suho para colocarle el mango del paraguasā. Ten cuidado al regresar.
Por un instante, el mundo se redujo a ellos dos: el sonido de la lluvia, el viento jugando con sus cabellos, y la calidez inesperada de aquel gesto. Sus ojos se encontraron en un silencio que decĆa mĆ”s que cualquier palabra. Ambos sonrieron tĆmidamente, hasta que un claxon rompió la burbuja del momento. Yixing hizo una ligera reverencia y subió a la camioneta, que desapareció entre la lluvia, dejando a Suho con una sensación extraƱa, cĆ”lida y a la vez inquietante.
Cuando llegó a casa, Suho dejó el paraguas a secar y se dirigió a su habitación para cambiarse. Mientras preparaba la comida, encendió la televisión para ver un capĆtulo de su serie favorita, repetida tres veces por semana. Aquella rutina simple, el aroma del arroz y las verduras cocinĆ”ndose, le dieron un leve consuelo tras la sorpresa de la lluvia y la inesperada presencia de Yixing.
Media hora despuĆ©s terminó de comer y lavar los trastes, y se sentó frente a su escritorio para dedicarse a la tarea. Mientras resolvĆa ejercicios de ciencias, el telĆ©fono sonó:
āMamĆ”.
āJunMyeonnie, ĀæestĆ”s en casa? āpreguntó su madre, con un hilo de preocupación en la voz.
āSĆ, mamĆ”. ĀæPor quĆ©?
āMe alivia saber que estĆ”s bien. Estaba preocupada por la lluvia.
āEstoy bien, mamĆ”. Por suerte alguien me prestó un paraguas.
āBendito Dios... Hoy prepararĆ© algo para que lleves a la persona como agradecimiento.
Suho se sonrojó y apenas pudo murmurar:
āMamĆ”, por favor...
āNo hay nada de quĆ© avergonzarse. Siempre te he dicho que debemos agradecer las buenas acciones de los demĆ”s.
Tras la llamada, Suho retomó su tarea, pero no pudo evitar sonreĆr al recordar la sonrisa de Yixing, la forma en que sus ojos brillaban y los hoyuelos que lo habĆan hecho sentir una mezcla de nerviosismo y calidez. Incluso mientras jugaba en lĆnea con sus amigos mĆ”s tarde, la imagen del chico alto y confiado bajo la lluvia no dejaba de aparecer en su mente, prometiendo que ese verano serĆa diferente.
ā¦.
Antes de salir de casa, su madre se aseguró de que llevara las galletas que habĆa horneado por la tarde.
āNo olvides entregarlas āle recordó mientras cerraba su bolso.
JunMyeon asintió, aunque el simple pensamiento dea quiĆ©ndebĆa dĆ”rselas le aceleró el pulso.
Minutos despuĆ©s, el auto se detuvo frente a la escuela. Como cada maƱana, su madre le lanzó un beso volado antes de arrancar rumbo al trabajo. Ćl se quedó mirando el vehĆculo alejarse hasta que desapareció en la esquina.
Respiró hondo.
Otro dĆa mĆ”s.
En el salón fue recibido por su inseparable amigo, Jongdae.
āĀ”JunMyeonnie! āexclamó con su sonrisa felina habitual, envolviĆ©ndolo en un abrazo exageradoā. ĀæCómo amaneciste?
āĀæQuĆ© tarea no hiciste ahora, Dae? ārespondió Jun mientras se sentaba.
āEstadĆstica āconfesó sin vergüenza, ya hurgando en la mochila ajena.
JunMyeon tardó demasiado en reaccionar.
āĀæY estas galletas? āpreguntó Jongdae, sosteniendo el paquete.
Jun casi se las arrancó de las manos.
āĀ”Oye! Son... son un encargo de mi mamĆ”.
El silencio duró un segundo.
Jongdae entrecerró los ojos con expresión detectivesca.
āSi son un encargo, Āæpor quĆ© te pusiste nervioso?
JunMyeon mordió su labio inferior. Maldito sea. Nunca supo mentir.
āPorque... porque... Ā”ya haz tu tarea!
Jongdae soltó una carcajada.
āAy, Jun... cuando mientes se te mueven las cejas.
Las primeras clases transcurrieron con normalidad. Demasiada normalidad. Jongdae cabeceó tres veces.
MĆ”s tarde, los miembros del consejo estudiantil anunciaron una reunión entre grados. Jongdae apenas escuchó; JunMyeon fingĆa concentración, pero su mente estaba en otro lado.
En una risa suave, en unos ojos oscuros, en un paraguas.
Durante educación fĆsica, Jongdae no dejó de hablar de su nuevo interĆ©s amoroso.
āSe llama Minseok ādijo esquivando una pelota.
āĀæKim Minseok? āJun casi se distrae lo suficiente como para recibir un pelotazo.
āSĆ. ĀæLo conoces?
āEs capitĆ”n del equipo de tenis... y tiene fama de romper corazones.
Jongdae rodó los ojos.
āSon rumores. AdemĆ”s, tengo mis mĆ©todos.
Jun negó con la cabeza, aunque en el fondo esperaba que su amigo no saliera lastimado.
Al final del dĆa, la escuela se vació con rapidez.
JunMyeon fue a la biblioteca, como siempre. Le gustaba el silencio. Le gustaba sentarse junto a la ventana. Le gustaba fingir que su corazón estaba tranquilo.
Aceptó por mensaje una salida con Mingyu. No querĆa seguir rechazĆ”ndolo. Se sentĆa culpable.
Pero cuando terminó de corregir los trabajos, y escuchó el audio escandaloso de Jongdae gritando que habĆa sidoāel mejor dĆa de su vidaā, Jun sonrió... aunque algo dentro de Ć©l estaba inquieto.
Entonces, un trueno sacudió el edificio.
Otra vez la lluvia.
Suspiró con fastidio y abrió su mochila buscando algo con qué cubrirse.
Y ahĆ estaban.
Las galletas.
Y el paraguas.
El paraguas deƩl.
Se quedó inmóvil.
Ir a buscarlo implicaba verlo. Hablarle. Sentir de nuevo esa electricidad absurda bajo la piel.
āNi loco āmurmuró.
Abrió el paquete de galletas dispuesto a comérselas y acabar con el asunto.
No notó los pasos acercÔndose.
āOtra vez nos encontramos.
Su corazón dio un salto tan brusco que las galletas cayeron al suelo.
Levantó la vista.
Era Ʃl.
Yixing.
Con esa sonrisa que parecĆa tener luz propia incluso en un pasillo casi a oscuras.
āPerdón si te asustĆ© ārió suavemente mientras se agachaba a recoger las galletasā. Se salvaron algunas.
Jun apenas podĆa respirar.
Su risa le recorrĆa la piel como un cosquilleo tibio.
āGracias āmurmuró, evitando mirarlo demasiado tiempo.
āĀæEsperas a alguien?
āNo.
āYo tampoco ārespondió con naturalidadā. Por cierto... soy Yixing.
El nombre se quedó suspendido entre ellos.
āJunMyeon.
Un trueno estalló tan fuerte que Jun se estremeció. Sin pensarlo, Yixing lo sostuvo por los hombros.
El mundo se redujo a la cercanĆa.
A su aroma limpio, a su respiración, y esos ojos oscuros que parecĆan observarlo con una intensidad nueva.
Jun se apartó de golpe.
āLo siento.
āNo pasa nadaāYixing volvió a sonreĆr.
Y eso fue peor.
La lluvia no cesaba.
Jun abrió el paraguas con manos ligeramente temblorosas.
āĀæQuieres... compartirlo?
Se dio cuenta tarde.
āEs decir... tu paraguas.
Yixing asintió.
Caminaron juntos bajo un espacio ridĆculamente pequeƱo. Jun intentaba darle mĆ”s cobertura, pero Yixing lo acercaba sutilmente cada vez.
Sus hombros rozaban.
Cada roce era una chispa.
āNo tienes que preocuparte tanto ādijo Yixingā. No me voy a derretir.
Jun tragó saliva.
Cuando llegaron a la parada, el teléfono de Yixing sonó.
āSĆ... estoy aquĆ. Te espero.
Colgó.
āVienen por mĆ āexplicóā. Y te llevarĆ©.
āNo hace falta ārespondió Jun demasiado rĆ”pido.
āSĆ hace.
No era una petición. Era una decisión.
La camioneta llegó minutos despuĆ©s. Durante el trayecto, Jun le envió mensaje a su madre diciendo que ya iba en camino. La lluvia habĆa disminuido cuando llegaron a su casa, pero Yixing insistió en acompaƱarlo hasta la puerta.
Jun abrió.
El momento era incómodamente Ćntimo.
āGracias por traerme.
āNo fue nada.
Yixing le entregó el paraguas.
Jun frunció el ceño.
āĀæQuĆ© haces?
āQuĆ©date con Ć©l.
āĀæPor quĆ© harĆa eso?
Yixing lo miró con una expresión distinta. MÔs suave. MÔs directa.
āPara que tengamos que volver a compartirlo.
El corazón de JunMyeon dejó de latir un segundo.
Cuando reaccionó, Yixing ya corrĆa hacia el auto.
Bajó la ventana.
āEspero volver a verte, JunMyeon.
El vehĆculo se alejó.
Jun se quedó bajo el umbral, sosteniendo el paraguas con fuerza contra su pecho.
La lluvia habĆa cesado.
Pero dentro de Ʃl, apenas comenzaba.