La Maldición del CEO

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Summary

Una maldición, una promesa, y una vida por proteger. El CEO de Jingyi Industries, conocido por su frialdad, esconde una verdad que solo su asistente podría desvelar. A medida que la maldición lo consume, sus vidas se entrelazan de maneras que ni él pudo prever.

Status
Complete
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

El sonido metálico de la alarma resonó por la pequeña habitación donde Cris había pasado su primera noche en Ciudad A. Se levantó de inmediato, con el entusiasmo de quien empieza una nueva etapa. Hoy era su primer día en Jingyi Industries, un empleo que había conseguido después de varias semanas de solicitudes y entrevistas. Sería conserje, nada glamuroso, pero el simple hecho de trabajar para la empresa más prestigiosa del país era un logro en sí mismo. Además, con lo que ganaría, podría ayudar a sus padres, quienes siempre se habían esforzado por darle lo mejor.

Ciudad A era imponente. Los rascacielos que dominaban el horizonte parecían tocar el cielo, y las calles estaban repletas de gente apresurada que irradiaba éxito y ambición. Cris apenas tenía 18 años y ya sentía el peso de las expectativas, tanto propias como ajenas. Mientras caminaba hacia el edificio de Jingyi Industries, observó cómo su reflejo aparecía en las vitrinas de las tiendas de lujo. Su cabello castaño ligeramente desordenado y su ropa sencilla contrastaban con el impecable porte de los ejecutivos que pasaban a su lado.

Cuando llegó al edificio, su mandíbula cayó. Jingyi Industries no solo era grande, era descomunal. La estructura, completamente de vidrio y acero, parecía un monumento al poder y la riqueza. Respiró hondo, ajustó la mochila sobre su hombro y entró al vestíbulo.

Una recepcionista le indicó dónde encontrar al supervisor de limpieza, quien lo esperaba con el uniforme y una lista de tareas. Cris lo siguió, asimilando cada detalle: el brillo impecable del mármol bajo sus pies, los destellos de las lámparas de cristal, y la manera en que los empleados se movían, siempre ocupados, como si cada minuto fuera crucial.

– Este será tu uniforme –dijo el supervisor, entregándole una camisa gris y unos pantalones negros que lucían resistentes. Luego le mostró un carrito de limpieza bien surtido–. Tu trabajo es sencillo: mantener todo impecable. Si haces un buen trabajo, nadie te dirá nada.

Cris asintió, agradecido por la oportunidad. Al menos sería un trabajo tranquilo, pensó.

Durante el almuerzo, Cris tuvo la oportunidad de hablar con algunos compañeros de trabajo. Aunque la mayoría de las conversaciones giraban en torno a tareas mundanas, hubo algo que captó su atención: los rumores sobre el Maestro Khan, el enigmático CEO de Jingyi Industries.

– ¿Lo has visto? –preguntó una de las recepcionistas, bajando la voz como si el simple hecho de mencionarlo pudiera invocarlo.

Cris negó con la cabeza mientras comía su sándwich.

– Es intimidante –dijo otro empleado–. Nunca sonríe, y cuando te mira, es como si pudiera ver tus secretos más oscuros.

– Dicen que no tiene familia ni amigos –añadió alguien más–. Siempre está solo.

Cris escuchó con atención, pero decidió no darles demasiada importancia. Los rumores eran inevitables en un lugar como ese. Además, él no tenía intención de cruzarse con el CEO. Su lugar estaba en las sombras, limpiando lo que otros ensuciaban.

A medida que avanzaba el día, Cris se sumergió en su trabajo. Limpiaba escritorios, aspiraba alfombras y sacaba la basura de oficinas que probablemente costaban más de lo que su familia ganaría en años. Aunque era agotador, había algo reconfortante en el ritmo constante de sus tareas.

Estaba terminando de limpiar un pasillo en el décimo piso cuando lo vio.

El Maestro Khan caminaba hacia él, flanqueado por dos asistentes que parecían estar en medio de una acalorada discusión. Cris apenas tuvo tiempo de apartar el carrito de limpieza antes de que pasaran junto a él.

Por un breve momento, sus miradas se cruzaron.

El Maestro Khan era un hombre alto, de unos treinta y tantos años, con un porte que irradiaba autoridad. Su cabello negro estaba perfectamente peinado hacia atrás, y sus ojos, oscuros y profundos, tenían una intensidad que hizo que Cris se estremeciera. Llevaba un traje negro hecho a medida, tan impecable como todo lo demás en Jingyi Industries.

Aunque el encuentro duró apenas unos segundos, fue suficiente para que Cris entendiera por qué todos hablaban de él con tanto respeto, y quizás un poco de miedo. Había algo en su mirada, algo que Cris no pudo identificar del todo, pero que le dejó una extraña sensación en el pecho.

El Maestro Khan no dijo nada, ni siquiera pareció notar realmente a Cris. Sin embargo, su presencia era tan abrumadora que Cris tardó varios minutos en volver a concentrarse en su trabajo.

Cuando finalmente terminó su turno, Cris estaba exhausto pero satisfecho. Había sobrevivido a su primer día y, aunque aún le quedaban muchas cosas por aprender, sentía que estaba en el camino correcto.

De camino a su pequeña habitación alquilada, no podía dejar de pensar en el Maestro Khan. Había algo en él que lo intrigaba, algo más allá de los rumores y las apariencias. Pero decidió apartar esos pensamientos. Su objetivo era claro: trabajar duro, ahorrar dinero y asegurarse de que sus padres no tuvieran que preocuparse por nada.

Cris cerró los ojos esa noche con una mezcla de nerviosismo y esperanza. Ciudad A era intimidante, Jingyi Industries era un desafío, y el Maestro Khan… bueno, él era un misterio que Cris no tenía intención de resolver. Al menos, no por ahora.