El amor en un vivo.
Miraba disimuladamente cada tanto a un rincón del aula de la facultad, había una chica morocha y con muchos rulos. Su cara era muy linda y parecía alguien tranquila porque nunca preguntaba nada y solo hablaba con otra chica del salón con la que tomaba mate en el aula.
No la conocía y apenas había podido espiar su nombre una vez que ella le había pasado la lista que tenían que firmar para dar el presente. Se llamaba Aluminé, era un nombre que nunca le escuché a nadie, ni siquiera sabía que existía.
Compatimos una clase de psicología del CBC y parece que cursamos cosas diferentes porque no nos volvemos a cruzar en otra clase.
Bueno, hasta acá por hoy. Nos vemos la semana que viene. Vayan leyendo los textos porque sino van a estar complicados para el parcial-nos previno el profesor antes de agarrar su mochila para irse. No pudo hacerlo porque un chico de la clase se le acercó para preguntarle algo.
¿Vamos a tomar un café o te tenés que ir?- me preguntó Agustín, a veces nos juntamos después de las clases aunque nos conocemos hace poco. Se acomodó su cuello polar negro porque hacía frío mientras me hablaba.
Sí dale, vamos-le respondí rápido, esperó a que guardé todas mis cosas y él empezó a caminar para salir del aula. Miré rápido para donde estaba Aluminé y todavía estaba ahí porque estaba hablando con otra chica, le perdí la pista después de que salí del salón siguiendo a mi amigo.
Nos fuimos rápido al bar de la facultad y nos compramos un café y dos medialunas cada uno. El clima estaba bueno para tomar café porque hacían como diez grados y todavía era temprano, habíamos entrado a las siete a cursar.
¿Y viste el partido de River el otro día?- me preguntó Agustín mientras le ponía un sobrecito de azúcar a su café.
No, me lo perdí porque justo fui a un cumpleaños ¿Vos lo viste?- le pregunté, le di un trago a mi café porque quería tomármelo antes de que se enfríe.
Sí, River anda medio medio, no sé si este técnico que tenemos ahora va a andar. Encima ese colombiano nuevo que trajeron no pega una-me contó y le dio un buen mordisco a su medialuna- Pero bueno, lleva poco tiempo así que hay que ver qué hace.
Miré para la puerta justo cuando le iba a contestar porque Aluminé entraba con su amiga, se sentó en una mesa que estaba a dos de la nuestra. Era una chica medio alta y tenía una mochila rosa que hacía juego con su bufanda de lana del mismo color.
¿Estás mirando a la chica esa de rulos?- preguntó Agustín cuando Aluminé estaba en su mesa. Igual nadie nos podía escuchar porque había más gente hablando en el bar- Esta linda- opinó como si supiera que me gustaba.
Si porque creo que va a la clase de psicología con nosotros- le respondí medio evadiendo lo último que habia dicho.
Sí, si estaba. Igual la amiga creo que es más linda- dijo Agustín, se terminó una de las medialunas y le dio un buen trago a su café.
La de rulos es más linda para mi, creo que se llama Aluminé- le dije, mi amigo me miró haciendo una sonrisita como con ganas de gastarme.
Ah buenooo, se sabía todo- me dijo con tono de burla- Y anda a hablarle boludo, si sos re vivo para eso vos. Hacé como que estás en el boliche- me dijo de nuevo pero con tono de chiste.
Si dale, es lo mismo el boliche que la facultad boludo. Mirá si me empieza a gustar y vive en la concha de la lora- le dije como chiste yo, Agustín se rio sabiendo que eso podía pasar.
Y bueno, no todos viven a cuatro cuadras de la facultad si vos también vivís en la concha del mono a la vuelta- me dijo recordándome que yo vivía como a dos horas de ahí.
Y si eso si, pero capaz vive para el otro lado de la provincia y ahí es medio relación a distancia no sé- le dije como si alguna vez le hubiera hablado a Aluminé en primer lugar.
Bue igual tampoco te hagás ilusiones si ni le hablaste, no estés planeando el casamiento en tu mente- me jodió mi compañero, comenzó a comerse la otra medialuna y yo miré a Aluminé imaginando cómo le iba a hablar.
Después de terminar el café y hablar un rato con Agustín me despedí de él en la puerta de la facultad porque él se tenía que ir para el otro lado. Aluminé se había ido antes que nosotros así que ya no tenía esperanza de verla más ese día.
Me fui caminando porque tenía once cuadras hasta la estación de tren para poder irme a mi casa y después de bajarme de ahí me tenía que tomar un bondi. Cuando iba por la tercera cuadra me encontré con Aluminé en una esquina porque ella estaba esperando a que él semáforo cambie para cruzar.
Pensé unos segundos porque estaba como a un metro de ella y el tiempo del semáforo parecía eterno (igual era porque tardaba un montón).
La miré una vez y ella me miró pero no dije nada. Me reté yo solo en mi mente por ser tan cagón y la volví a mirar. Ella me volvió a ver porque parecía que se dio cuenta que la estaba viendo.
Me di valor por un microsegundo y me acerqué para saludarla con un beso en el cachete, ella me saludó de vuelta aunque parecía medio perdida.
¿Vos vas a la clase de psicología también no?- le pregunté para romper el hielo, el semáforo cambió y los dos cruzamos la calle mientras ella me respondía. Se veía todavía más linda ahora que la podía ver más de cerca.
Sí también, te vi en la clase- me dijo pero se veía medio nerviosa mientras me hablaba. Capaz la había incomodado saludandola estando fuera de la clase.
¿Cómo te llamás?-le pregunté para que se anime a hablarme un poco más, se acomodó su suéter negro y después la mochila que llevaba adelante mientras los dos seguíamos caminando.
Aluminé-me respondió mientras se acomodaba los rulos morochos a un lado, tenía el pelo para el costado y unos ojos muy grandes -¿Y vos?- me preguntó.
Renzo-le respondí, ahora me había puesto nervioso yo porque me había mirado con esos hermosos ojos grandes y oscuros- ¿Hasta donde tenés que caminar? Yo voy hasta la estación- le pregunté porque ya estábamos llegando a la avenida. Quedaba a dos cuadras de donde la había saludado, habíamos caminado rápido para lo poco que habíamos hablado.
Yo también voy para ahí ¿En qué estación te bajas?- me preguntó, sonreí por dentro porque así la podía acompañar más tiempo.
En Paso del Rey ¿Vos te bajas antes?- le pregunté, ella me respondió que si con la cabeza.
Sí, yo me bajo en Padua, pero no estamos tan lejos- me respondió ella, sonreí un poco sin darme cuenta porque íbamos a poder hablar un buen rato más.
Fuimos a la estación mientras hablábamos de boludeces y más boludeces y me sorprendi porque era muy fácil hablar con ella. Sonreía y se reía, me hablaba y me charlaba como si nos conociéramos de alguna otra vez.
La chicharra sonaba mientras íbamos rápido a la estación, fuimos medio corriendo al andén y alcanzamos a subir al tren. Estuvimos charlando todo el camino sin pausas o silencios incómodos.
El miércoles que viene nos podemos volver juntos si querés- me dijo y le sonreí, ella se acercó para saludarme con un beso en el cachete antes de bajarse en su estación.
Me saludó con la mano por la ventana mientras se iba a dónde estaba la escalera para salir del anden y yo me quedé en el tren.
La sonrisa me duró todo el viaje porque ya había podido hablar con esa chica que había estado mirando desde que había empezado el CBC.
Generalmente me decían que era un vivo en todo, pero con ella había parecido un virgo.
Me puse muy nervioso en todo el tiempo que estuvimos hablando, pero tenía muchas ganas de que sea miércoles otra vez. Capaz la próxima vez la podía esperar en la puerta del salón cuando nos vayamos o directamente en la estación si alguno tardaba mucho porque estaba con su facuamigo.
Cuando me bajé del tren seguía con un sonrisa tonta imaginando cómo iba a ser la próxima vez que pueda hablar con ella. Si me iba a esperar o yo a ella, si le había caído bien o mal porque me puse re nervioso o si por ahí se había dado cuenta que me gustaba.
Por ahí le había parecido lindo o por ahí no, creo que soy lindo pero normal. Tengo el pelo corto y morocho y ojos marrón claro, pero tampoco era nada de otro mundo.
Me tomé el colectivo, me puse los auriculares y elegí una canción de Cerati. Miré por la ventana, porque justo había agarrado un asiento, mientras empezaba la canción. Por ahí era un vivo en todo, pero no sabía bien cómo era ser un vivo en el amor.