BRIDGERTON (FANFIC)

Summary

Annie Harrigton es la unica hermana del Duque Harrigton, y esta temporada ha debutado. Anthony es el Vizconde Bridgerton y esta temporada busca esposa desesperadamente. "Ha... Vizconde conoce ya ha mi nueva incomparable" "Señorita Harrigton" "Vizconde Bridgerton" "No es el adecuado para ella..." "No puedo creer que mi hermano este interesado en ti" "Tú eres la hija del difunto duque de Harrigton, estas más que preparada para el título de Vizcondesa" Que le espera a esta pareja, donde una esta enamorada y el otro esta desesperado. Ambos encontraran la manera de acercarse donde uno descubrirá que el amor existe y el otro que existe el dolor, cuando tu amor tarda en aparecer.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

1



Pocas veces hay nuevos visitantes de los cuales hablar en Londres, especialmente en esta temporada en la que las jóvenes casaderas buscan desesperadamente esposo. Sin embargo, esta autora considera que quizás un nuevo rostro pueda ser de gran ayuda para Su Alteza la Reina en su elección de diamante, dado que aún nos encontramos en la cúspide de la temporada sin que haya surgido un verdadero destello.

Después de un prolongado tiempo alejada de su hogar, el diamante eterno regresa a Londres, admirada antes de su debut y ahora aún más hermosa. Me refiero a la hija del difunto Duque Harrington y de la difunta Duquesa Harrington, la única hija del matrimonio: la señorita Annie. Un diamante desde su nacimiento, y que, sin duda, seguirá brillando en temporadas futuras.

Sin embargo, querido lector, esto es solo la opinión de esta autora, puesto que Annie Harrington ha estado fuera de Londres durante dos largos años, desde que su hermano mayor, el Duque Harrington, contrajo matrimonio en la India. En todo este tiempo, no ha sido vista por la sociedad londinense, por lo que, Su Majestad, ha llegado su momento.

REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WHISTLEDOWN 22 DE ABRIL DE 1814


— Parece que Lady Whistledown ya ha puesto un ojo en ti, An — comentó Eloise Bridgerton, mientras una ligera brisa primaveral entraba por la ventana del salón donde se encontraban.

Annie, que había estado sumida en sus pensamientos, sintió un escalofrío recorrerle la espalda al escuchar el nombre de la famosa columnista.

— No han pasado tres días desde que volví, y solo he visitado a Penélope en este tiempo — respondió Annie, su voz apenas un susurro, la rapidez con la que Lady Whistledown se enteraba de las novedades en ocasiones la aterraba.

— Quizás algún sirviente que te ha traído comentó acerca de esto — sugirió Penelope.

— Además, tu cuñada, la Duquesa, no mantiene tu perfil bajo, An — añadió Eloise, cruzando los brazos con una expresión de complicidad.

— Eso es cierto — asintió Penélope. — Celia ha asistido al menos a tres fiestas de té privadas con las damas de la nobleza, sobre todo con Lady Danbury.

— Eso podría explicarlo — comentó Eloise. — Aunque, a decir verdad, Whistledown siempre aparece en el momento más oportuno.

— Dice eso después de que te salvó de presentarte ante la Reina, Eloise — replicó Penélope, recordando aquel evento

— Al menos ustedes pueden estar tranquilas — dijo Annie

— ¿Qué quieres decir, An? — preguntaron al unísono sus dos amigas.

Annie suspiró pesadamente, mirando a sus amigas. Habían compartido risas y lágrimas desde la infancia. Durante dos años, había estado lejos de Londres, y su regreso tenía un solo propósito... Casarse.

— Yo... bueno, aún debo presentarme ante la Reina, y después de tanto tiempo de estar fuera, estoy un poco asustada — confesó. — Quiero decir, me he preparado; es cierto. Pero, aun así, no puedo evitar imaginar un par de escenarios en los que no poseo ningún pretendiente, o en los que la Reina ni siquiera se molesta en reparar en mi presencia.

— Tranquilízate, An — dijo Eloise, levantándose del sillón donde estaba sentada y tomando a Annie de los hombros con una mirada firme. — Recuerda que Lady Whistledown lo dijo: aún no has salido a la sociedad, y cuando lo hagas, serás el centro de atención. Más aún, considerando lo que ella escribió de ti, parece que te ha denominado como el "diamante eterno".

Annie no pudo evitar sonreír ante el apodo.

— Ah… Si conociera a Whistledown, le pediría que escribiera sobre mis atributos, tal vez así logre encontrar algún pretendiente cuanto antes — bromeó, pero la risa se le quedó atragantada en la garganta.

Las tres amigas se miraron, y los minutos transcurrieron en un silencio reflexivo. Penelope rompió el silencio.

— Bueno, An, debes recordar que todo el mundo estará ansioso por conocer a la chica que ha sido mencionada en la columna de Whistledown. ¡Imagina el revuelo! La sociedad londinense está llena de curiosos que buscan una razón para hablar, y tú serás la estrella.

— Espero que así sea — replicó Annie.

— No te preocupes, estaré a tu lado — aseguró Penelope, mientras Eloise asentía con entusiasmo.

— Y si alguna vez sientes que la presión es demasiado, siempre podemos recurrir a un buen plan para escapar— añadió Eloise, con una sonrisa traviesa.

Annie se rió, sintiéndose un poco más ligera.

— Además, muy pocas veces Whistledown escribe cosas buenas de los demás —le recordó Penelope, mientras se acomodaba en su asiento con una sonrisa traviesa — Recuerdo bien que dijo que yo parecía un crítico demasiado maduro.

— Es cierto, aún recuerdo lo que dijo sobre Anthony hace unos días —añadió Eloise, soltando una risa que resonó en la habitación.

— ¿Tu hermano? —dijo Annie, sorprendida. Anthony siempre le había parecido alguien admirable. No podía negar que, sí, estaba enamorada de Anthony Bridgerton después de haberlo visto solo una vez. Aunque muchos podrían considerar esto un amor infantil, había pasado mucho tiempo desde aquel momento, y ella aún lo amaba con una intensidad que la asustaba.

— Oh, sí. Dijo que era un completo mujeriego, algo que afectó un poco su reputación para esta temporada. Según escuché, le dijo a nuestra madre que está buscando esposa —les comentó Eloise mientras tomaba un poco de su té.

— ¿A la futura vizcondesa?

Eloise continuó hablando con un tono de desdén mientras se acomodaba en el sillón tapizado con brocados florales.

—Es una ridiculez, porque él no piensa casarse por "amor" —reiteró Eloise, enfatizando las comillas con un gesto teatral—. Por lo tanto, es muy posible que ninguna señorita en todo Londres le parezca “apropiada” ¿Qué tontería es esa de evaluar a señoritas como si fueran ganado? —preguntó Eloise, dejando escapar un suspiro de incredulidad. — Me parece una insensatez sin par.

— Por cierto, ¿asistirán a la fiesta de Lady Danbury esta noche? — inquiro Annie tratando cambiar de tema, hace mucho había decidido que Anthony no se fijaría en ella, pero que mencionarán la idea de que se desposara aun le dolia.

— Mi madre no dejaría que yo escapara — comento Eloise con una risa.

— Compartimos el mismo destino Eloise, tal parece que Celia y Lady Danbury han empezado una búsqueda de pretendientes para mí —les dijo Annie.

— Lady Danbury es muy tenas, y si te conviertes en el diamante estoy segura de que la Reina se sumara a la búsqueda —añadió Penelope.

— Saben chicas, hasta hace poco fui yo quien le enseño a Celia a ser una duquesa, es irónico que desee buscar pretendientes para mí.

— Lo vez — exclamo Penelope— Tienes muchas cualidades: primero, con solo 11 años te encargaste del ducado tu sola el tiempo que tu hermano estuvo en la universidad, si no mal recuerdo mi madre decía que los bailes que tu organizabas eran los mejores y que incluso ahora ninguno se compara. Segundo: hablas 7 lenguas, por dios, si no es que todas las del mundo.

— Veamos — continuo Eloise levantando sus manos estirando los dedos para comenzar a contar — Latin, griego, Frances, chino, marathi, indostaní, e italiano.

— Tocas varios instrumentos: violin, piano forte, flauta, arpa. guitarra y además cantas — termino Penelope.

— Y... eso no es necesario — esbozo con fuerza Eloise — no somos ganado que reza porque lo compren.

— Eliose, para alg...

— Señorita Harrington, la Duquesa Harrington se encuentra aquí para recogerla — interrumpió el mayordomo de los Featherington.

— Es una lástima que no puedas quedarte más — comento Pen, mientras le daba un abrazo de despedida.

— Nos vemos esta noche — anuncio Eloise mientras se unía al abrazo — una vez logre librarme de mi madre, dios sabe que la amo, pero....

Las tres rieron ante la frustración de Eloise, así todas caminaron hasta la salida, donde el carruaje ya esperaba a Annie quien miro a sus amigas — Hasta esta noche...

Annie subió al carruaje donde su cuñada la esperaba.

—¿Cómo fue tu encuentro con Lady Danbury, Celia? —preguntó una vez el carruaje comenzó a andar.

—Debo admitir que es una mujer excepcional. Tenías mucha razón, Annie; de haber llegado hace dos años aquí, Lady Danbury me habría devorado como una serpiente —respondió Celia, con una risa ligera. La figura de Lady Danbury no representaba ni una fracción de las expectativas elevadas que la Reina solía imponer.

—Cuando mis padres murieron y William estaba en la universidad, fue Lady Danbury quien se convirtió en mi tutora. Sé lo que le gusta —comentó con un toque de nostalgia.

—Y agradezco que me lo hayas explicado antes de haberla visto. Ahora entiendo por qué te llamaban “la joven duquesa”. No cualquier niña puede hacerse cargo de un ducado y organizar bailes y eventos con solo 11 años.

—En fin —suspiró Celia—, ¿alguna novedad respecto a Lady Danbury?

—Parece que tendrá visitantes esta temporada —aquello atrajo la atención de Annie. Celia se inclinó un poco y continuó—. ¿Recuerdas a Lady Mary Sharma?

—¿Lady Mary? —pronunció Annie con sorpresa—. ¿Quieres decir que las Sharma están aquí?

—Así parece. Antes de marcharme, Lady Danbury me presentó a ellas. Tal parece que acaban de llegar de Bombay —contó, como si se tratase de un secreto, que ciertamente era. Quizás su llegada eclipsó un poco la de las Sharma, pero considerando la antigua reputación de Lady Mary, no pasarían desapercibidas por mucho tiempo.

—Interesante. Recuérdame, ¿cuál es el nombre de las hijas de Lady Mary? —Annie trató de hacer memoria—. Recuerdo solo a la hija del Señor Sharma, Kate es su nombre, ¿no?

—Oh sí, pero ella es solo hija del Señor Sharma, puesto que la menor, cuyo nombre es Edwina, sí es hija de ambos —reveló Celia, confirmando el rumor que se corría por la India y que pronto lo haría por Londres: las Sharma eran medias hermanas.

—Ahora recuerdo. Lady Mary es la madrastra de Kate. Recuerdo que hablamos algunas veces con la señorita, ¿no?

—En un par de fiestas, pero sabes que la sociedad de la India no se compara a la de Londres —dijo Celia con un leve gesto de desdén.

—Es extraño que las Sharma estén aquí, según tengo entendido su majestad la Reina no tiene una buena relación con Lady Mary. Después de que ella huyó con el Señor Sharma, quien era solo un vendedor, fue todo un revuelo. Los padres de Lady Mary la desconocieron por tan grave deshonra.

—Y según yo sé, tú aún no habías nacido, ¿cómo estás enterada? —cuestionó Celia con curiosidad.

—Lady Danbury —dijo Annie, recibiendo un asentimiento de Celia.

—De cualquier modo, deben haber venido en busca de buenos pretendientes para la señorita Edwina, pues la señorita Kate ya tiene 26 años. Es una lástima, pues esta temporada tú acapararás todos los pretendientes de Londres —afirmó Celia, brillando sus ojos con complicidad. Cuando se casó con William, le prometió que llegado el momento encontraría al mejor pretendiente para que Annie se desposara, ya que era su deber como Duquesa, y no le fallaría.

Annie rió ligeramente y miró a su cuñada con una sonrisa digna de su clase.

—Hagamos que suceda entonces, Duquesa.

—Hemos llegado, señoritas —les informó el cochero, deteniendo brevemente la conversación.

— Tenemos mucho que hacer —aclaro Celia mientras bajaba de carruaje, para, sujetar el brazo de Annie y juntas entrar a la gran mansión del Duque de Harrington — tu vestido para esta noche finalmente llego, escogí un hermoso color violeta, que sin duda resalta tu cabello y piel.

— Maravilloso, falta poco para el baile.

— No te preocupes, iremos a tu habitación ahora mismo para comenzar a prepararte.

Juntas subieron las escaleras de la mansión, hasta el segundo piso donde la habitación de Annie se encontraba, tras ellas iban todas las damas de Celia y Annie, dispuestas ayudar en todo a su señorita y Duquesa.

— Muy bien comencemos, ayúdenla a ponerse el vestido — les ordeno a las damas, quienes con rapidez comenzaron a trabajar.

Ayudaron a Annie a quitarse el vestido que tenía puesto, mientras Celia buscaba entre las joyas de Annie.

— ¡Oh dios! — exclamó Annie al mirar el vestido, era muy hermoso, tenía bellos encajes en el escote y al filo del vestido, brillaba como si estuviera hecho de perlas — Es hermoso.

— Estoy segura de que mañana por la mañana, la mansion estará llena de pretendientes para usted señorita —aseguro con orgullo una de las criadas que ayuda a Annie a ponerse el vestido, su nombre era Clara.

— La señorita tiene una bella figura, y un cuerpo de admirar, este vestido la hara lucir como una diosa — comento otra de las criadas que la ayudaba a acomodar el vestido por delante, de la parte del escote.

— Es claro que Madame Delacroix se esforzó mucho en este vestido — declaro Annie admirándose al espejo.

— Muy bien señorita ¿qué joyas el gustaría usar?

— De hecho, Annie — interrumpió Celia acercandose a ella con una pequeña caja — Tengo algo que darte.

Annie se acercó y ambas se sentar en uno de los sillones mientras las demás damas esperaban órdenes.

— Cuando me case con tu hermano me conto algo que tú madre le dijo antes de darte a luz — comenzó — Le dijo, que, si algo llegara a pasarle, y tu resultabas ser una niña, él debía guardar esto —le mostro la caja entre sus manos — Tu hermano, lo dejo bajo mi cuidado cuando me convertí en su esposa.

Celia le entrego la pequeña caja y Annie la abrió, encontrando joyas en su interior.

— Le pertenecían a tu madre — le dijo — ella deseaba que tú las usaras el día de tu début, y aunque no llegamos a tiempo para eso, espero desees usarlas para presentarte a la Reina esta noche.

— Muchas gracias, Celia — la miro con un par de lágrimas en los ojos — A pesar de que no la conocí, se que ella me amaba mucho.

— Lo hacía — le afirmo mientras la abrazaba— ahora, elige que vas a usar.

— ¿Qué te parece esta tiara? — la tiara era hermosa, pequeña, pero de diamantes puros, brillaba encantadoramente bajo la luz.

— Muy bien, ayúdenla a peinarse — ordeno, rápidamente todas se pusieron en marcha — y asegúrense de que la tiara resalte y complemente al peinado — Celia se levantó del sillón y admiro como comenzaban a trabajar — debo ir a arreglarme, Annie, ellas se encargaran de todo, cuando estes lista, tu hermano vendrá a buscarte — le informo mientras salía de la habitación.

Annie había soñado con este momento, el debut ante la alta sociedad londinense, o almeno su presentacion ante la Reina, pero ahora que estaba tan cerca, no podía evitar sentir un ligero temor.

—Debo recordar sonreír —murmuró para sí misma, mientras una de las criadas comenzaba a peinar su cabello con cuidado, un hermoso peinado con pequeños mechones cayendo delicadamente a los lados de su rostro.

—Señorita, el peinado está tomando forma, solo debe ser paciente —la tranquilizó Clara, observando cómo los ojos de Annie se iluminaban con cada destello en el espejo.

—Es solo que... —Annie suspiró, buscando las palabras adecuadas— esta noche representa tanto para mí. ¿Qué pasa si no les gusto? ¿Y si mis pasos no son los correctos?

—¿Cómo no va a gustarles? —intervino otra criada, Ana, mientras esponjaba el cabello de Annie al final— Usted es la hija de difunta Duquesa de Harrington, su madre fue un diamante, y usted también lo sera y todos estarán maravillados.

Annie asintió, sintiéndose ligeramente más segura. Se enderezó y sonrió, enfrentando su reflejo una vez más.

—Por supuesto, en cuanto entre en esa sala de baile, actuaré como si estuviera en casa —afirmó.

Mientras le colocan los pendientes de perlas que Celia había elegido para complementar la tiara.

—¿No será una sola la presentación? —preguntó una de las criadas, mientras colocaba un collar brillante alrededor de su cuello.

—Por supuesto que no, querida. Al llegar a la sala, tendrá que pasar por un saludo inicial, recordar nombres, sonreír, y luego tendrá que bailar —le explicó Celia, entrando a la habitación con una expresión divertida—. Ya sabes, lo típico.

Clara, se acerco para ajustar los últimos detalles en el vestido.

Finalmente, cuando todo estuvo en su lugar, Celia hizo una inspección final.

—Me temo que estamos listas para la gran entrada —dijo, levantando una ceja con orgullo—. Señorita, ¡estás perfecta!

Antes de que Annie pudiera responder, el sonido de pasos firmes resonó en el pasillo, seguidos de un leve golpe en la puerta. Era William.

—¿Puedo pasar? —preguntó con voz retumbante.

—Sí, entra —respondió Celia, dejando espacio para que su esposo pudiera entrar.

Cuando William vio a Annie, se quedó momentáneamente sin palabras. Su mirada se llenó de sorpresa, pero más de orgullo. Hasta hace poco, su hermana era solo una niña, pequeña y delicada, que se emocionaba cada vez que su hermano regresaba de la universidad para pasar tiempo con ella. Ahora, en pie frente a él, se preparaba para presentarse ante la Reina, buscando un esposo y soñando con su propia familia.

—Te ves deslumbrante, hermana mía —dijo William, acercándose hacia ella con una sonrisa radiante y una mirada de nostalgia. Annie era exactamente igual a su madre, la difunta Duquesa Larissa—. Estoy seguro de que impresionarás a todos esta noche.

Annie sonrió, ajustándose levemente el collar de perlas. La luz de los candelabros resaltaba su vestido de gala hecho a mano, un elegante tono violeta que evocaba el cielo al amanecer.

—Gracias, hermano —respondió ella—. Nunca imaginé que este día llegaría tan pronto.

William asintió, contemplando cómo su hermana había florecido. Recordaba las tardes pasadas en su infancia, cuando ella correteaba por el jardín como una mariposa inquieta, llena de risas y sueños.

—La vida tiene su manera de apresurarnos, ¿no es así? —dijo él, su voz grave resonando en la sala—. Parece que fue ayer cuando jugábamos a ser nobles y tú jurabas que algún día serías una gran dama.

—Sí, y tú te convertías en mi caballero protector —añadió Annie con una risa suave — Me protegerias y estarias a mi lado.

—Y siempre lo estaré —afirmó él, sintiendo cómo el remolino de emociones lo envolvía—. Esta noche, no solo serás presentada, sino que también te estoy entregando al mundo. Espero que encuentres un esposo que te valore tanto como yo lo hago.

—Alguien que me ame... —dijo Annie, su voz e susurro lleno de esperanza.

—Y que logre impresionarme tanto como para entregarle a mi dulce hermanita, lo más preciado que tengo —afirmó William, sintiendo un nudo en la garganta. La idea de dejarla ir, de entregarla a otro hombre, lo llenaba de una mezcla de tristeza y preocupación.

— Se que tendre cientos de pretendientes y que entre ellos, estará aquel que me ame de verdad.

—Espero que así sea. —William hizo una pausa, luego continuó con una sonrisa burlona—. Aunque, en cualquier caso, me aseguraré de que no se acerquen a ti sin mi permiso. Si es necesario, organizaré un duelo por tu mano.

—Oh, William, no seas tan excesivo —replicó Annie, conteniendo una risa que amenazaba con escapar. Su rostro, pálido y sereno, se iluminó por un instante—. No quiero que mis pretendientes se vean obligados a luchar entre sí. Prefiero que se comporten como caballeros, no como gladiadores, quiero encontrar el amor y ser feliz.

—Ah, ese es el verdadero dilema, pequeña. El amor no siempre llega con la facilidad que uno desearía —dijo él, un suspiro escapando de sus labios—. Pero, si algún día ese hombre llega, prometo que le haré un interrogatorio que lo dejará temblando.

—¡William! —exclamó Annie, cubriendo su rostro con delicadeza, aunque sus ojos reflejaban diversión—. No seas tan rudo.

—Por supuesto, pero eso no significa que no deba estar preparado para defender tu honor, eres mi unica hermana y si de verdad te ama, deberá estar dispuesto a todo —William se cruzó de brazos, su actitud protectora tan firme como siempre.

—Siendo así, hermano, solo espero que no te conviertas en un ogro en mi búsqueda del amor —replicó Annie

—Prometo ser un ogro solo cuando sea necesario —respondió William, su mirada fija en su hermana, como si ya estuviera evaluando a los posibles pretendientes.

—Vamos, William, si haces eso, asustarás a todos sus pretendientes —bromeó Celia, riendo ante la imagen del joven hombre, con su robusta figura, interrumpiendo los coqueteos con miradas intimidantes.

—Claro que lo haré. Andrew y yo estaremos en la sala mirándolos fijamente, observando si son dignos de su atención —comentó William con un aire de seriedad cómica, mientras su pequeño hijo, (quien llego con una criada pues no podia dormir y estava en los brazos de Celia) de apenas un año, balbuceaba como si ya comprendiera la importancia de la misión.

Annie, con una leve sacudida de su vestido de muselina, se giró hacia su hermano.

—William, no puedes esperar que todos los hombres sean como tú. Algunos pueden ser educados y amables. No todos están aquí para devorarme —dijo.

—Educados y amables, sí, pero ¿qué hay de sus intenciones? —William frunció el ceño, preocupado por la inocencia de su hermana—. He visto suficientes corazones desgarrados como para querer protegerte de cualquier decepción.

—Mi querido hermano—Annie se acercó a él, tocando su brazo con ternura—. Lo que deseo es encontrar un compañero con quien compartir mis días, no un guardián que me mantenga encerrada.

William tenía las claras intenciones de continuar, pero un toque en la puerta lo detuvo.

— Duque Harrington — llamo el mayordome desde afuera de la habitación — El carruaje está listo.

— Bueno, continuaremos con esto después —exclamo Celia, mientras le entregaba al pequeño bebé Adrew (ya dormido) a una de las criadas — Debemos irnos.

— Bien, entonces, señorita Annie Harrington — con una sonrisa y voz teatral extendió su brazo izquierdo para que Annie lo tomara, quien con una sonrisa así lo hizo — Duquesa Harrigton — y extendió el brazo derecho a Celia quien con una risa lo tomo.

Mientras se dirigían hacia el carruaje, William observó a su hermana con una mezcla de orgullo y preocupación. Annie, con sus diecisiete años, había comenzado a atraer la atención de varios pretendientes, "gracias" a la famosa Lady Whistledown.

El viaje trascurrió en silencio, pues realmente quien debía preocuparse por los pretendientes era William, solo con su permiso Annie podría casarse.

Pero, era una tarea muy difícil, no importaba cuanto pensara todo hombre tenía un gran defecto. Su hermana era perfecta eso sin duda, por lo tanto, necesitaba un hombre que llenara los estándares. A diferencia de muchas jóvenes de Londres su hermana tenía un gran privilegio... Podia casarse por amor. Y William no buscaba más que eso, la felicidad de su hermana quizás sería un poco sobreprotector si, pero era necesario, aquel que la amara entendería que es importante impresionar primero a Annie y después a él, pues, solo si Annie se encuentra interesada en ese pretendiente, William podrá empezar con la "entrevista"

Y así sumergido en sus pensamientos llegaron rápidamente a la galería de Lady Danbury. William ayudo a su esposa a bajar y después toma la mano de Annie para ayudarla, entonces lo noto ¿las manos de su hermana siempre fueron tan delicadas y suaves?

Comparadas con las suyas, las manos de Annie eran pequeñas y blancas, casi como porcelana, aun cuando su hermana tenía puesto los guantes, pudo sentir la suavidad de su piel y lo pequeñas que eran.

Después de ayudarla, Annie tomo su brazo izquierdo y Celia el derecho, juntos entraron al gran bailé, mientras caminaban William no dejaba de pensar ¿hace cuanto su hermana se volvió tan hermosa?

Ya lo era desde luego, pero el siempre la vio como su hermanita pequeña y justo ahora mientras pensaba en sus pretendientes, se da cuenta de que la gracia y belleza de su hermana solo han florecido más.

Y cuando la puerta de la galería se abrió dejándolos pasar rápidamente todas las miradas se posaron en ellos, mejor dicho, lo hicieron en Annie.

Supo entonces William que encontrar un pretendiente para su hermana y protegerla de aquellos que solo quisiera usarla, sería más difícil de lo que pensó. Pues su hermana ya perecía el diamanté de la temporada sin haber sido nombrada aún.