Épico - Minwon

Summary

Mingyu y Won son felices viviendo y trabajando en Toronto. Hasta que un reclutador de otro equipo aparece para hacerles una oferta que podría complicar la vida que han construido juntos.

Status
Complete
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

Wonwoo

O puedes simplemente decidir ser canadiense —dice Blake Riley, su vaso de cerveza agarrado en una de sus gigantescas manos.

—Claro que puedes —discute Jess, alineando la bola blanca para un tiro complicado—. Eso es lo que me gusta de Canadá.

—No-oh. Ser canadiense es un estado mental. Tengo el cerebro de Canadá. Tú no.

—Oh, tienes algo, de acuerdo —murmura ella entre dientes.

—Está bien estar celoso, nene.

—No estoy celoso.

—Sí lo estás.

—Oh, Dios mío, no lo estoy.

—Mentir no es sexy.

no eres sexy.

—No seas loca ahora.

Jess lo mira boquiabierta sobre su taco.

—¿Yo soy la loca?

Miro todo el intercambio con divertido silencio. A Blake y Jess les encanta discutir el uno con el otro casi tanto como se aman. Miro a Mingyu para ver si también los encuentra ridículos. Pero está mirando con fijeza su vaso de cerveza, perdido en sus pensamientos.

Ha estado muy distraído esta noche. Y no tengo ni idea de por qué.

Jess finalmente tira y puedo decir que no va a lograrlo. O más bien… no iba a hacerlo. Pero en el último segundo, Blake casualmente baja la mano y empuja la bola hacia la esquina. Cae en la tronera.

—¡Oye! —discuto—. ¿De qué lado estás? —Se supone que Blake y yo somos compañeros contra los Kim. Y estamos ganando.

—Cállate, tonto —grita Blake. Luego me da una gran sonrisa—. ¿Ven? Suena perfectamente natural en mí. Cerebro canadiense.

—¿De verdad acabas de perder el juego por mí? —chilla Jess. Baja el taco de billar y salta en sus brazos.

—Sí, chiquita. Cualquier cosa por ti. —La cerveza de Blake salpica violentamente contra el lado de su vaso mientras la besa—. ¿Es hora de ir a casa? Estoy planeando una invasión a California con mi misil canadiense.

—Jesús. Demasiada información. —Me estremezco mientras continúan besuqueándose justo delante de mí—. Hemos pasado por esto. Soy fácil de traumatizar. Pensé que los canadienses eran educados. Mingyu, haz que paren.

—¿Hmm? —Mi marido alza la mirada de repente—. ¿Algún problema?

Le doy una buena mirada. No es que me importe la vista. Su cabello luce dorado bajo la cálida luz del bar y sus ojos marrones parpadean hacia mí. Pero está raramente distraído.

—¿Estás bien? Pareces un poco apagado esta noche.

—Lo siento —dice rápidamente—. ¿Quién ganó, de todos modos?

—Al parecer, ellos. —Muevo un pulgar hacia Blake y Jess, que se están mirando a los ojos e intercambiando besos—. ¿Tal vez es hora de irnos? Tienes práctica temprano, ¿verdad?

—Totalmente. —Deja su cerveza inacabada—. ¿Trajiste el Jeep? No me importa llevarte si lo necesitas.

—Sí, conduje. Pero me encargo. ¿Deberíamos separarlos o solo gritar buenas noches desde una distancia segura?

Mingyu finalmente mira a su hermana y Blake. Frunce el ceño.

—Manténgalo para todos los públicos, niños. Nos vamos.

—¡No esperen despiertos, Wonmie! —dice Blake con una sonrisa.

—¡Buenas noches! —añade Jess.

Antes de que siquiera nos demos la vuelta, están de nuevo en los brazos del otro.

—¿Crees que siempre son así? —cuestiono—. ¿O solo exageran para molestarnos? Eres el que tiene hermanos. Dime cómo funciona esto.

—Ajá. —Es todo lo que Mingyu dice. Luego, abre la puerta del bar y una ráfaga de aire frío de marzo nos hace estremecer.

Treinta minutos después, salgo del baño para encontrar a Mingyu ya en nuestra cama, sus brazos bajo su cabeza, su expresión pensativa.

Apago la luz y subo a su lado, listo para al fin oír qué hay en su cabeza. ¿Quizá fue algo que dije?

O tal vez no, porque Mingyu rueda hacia mí de inmediato, su mano sobre mi estómago, las puntas de sus dedos rozando la piel sobre la cintura de mis pantalones de franela.

Abro mi boca para preguntar qué hay en su mente, pero no funciona. Porque sus labios se posan sobre los míos y entonces nos estamos besando. No soy un idiota. Cuando el amor de tu vida quiere una sesión de besuqueo, no lo ignoras.

Así que me acerco más, pasando una mano por su espalda desnuda, metiendo una rodilla cubierta de franela entre las suyas desnudas.

Espera. Mingyu no está enojado conmigo. Mingyu está desnudo. Hago una voltereta hacia atrás mental ante esa comprensión, y lo beso un poco más profundamente. Lo extraño tanto cuando estoy lejos. Hay otro viaje aproximándose. Estaré en la costa oeste durante días.

Mingyu lo sabe. Es un hombre inteligente. Muy, muy inteligente. Gimo, deslizando mi lengua contra la suya. Y entonces giro mi cabeza para explorar su mandíbula, probando la suavidad de su barba con mis labios.

Han pasado casi tres años desde nuestro primer beso. Mi vida cambió esa noche lluviosa en Lake Placid cuando Mingyu me empujó contra el lado de un bar de carretera y me besó. Fue como caer en una fantasía de la cual nunca he tenido que despertar. Chupo su cuello, justo bajo la línea de su barba. Huele a pasta de dientes mentolada y los productos de ducha que ambos compartimos.

La habitación se mueve y me encuentro sobre mi espalda. Mi chico dorado ha intensificado la situación poniéndose encima de mí y pasando sus dedos por mi cabello corto. Su siguiente beso es duro, tal vez incluso un poco desesperado.

—Mingyu —digo contra su boca.

—¿Mmm? —Pasa una mano por mi pecho y luego me pellizca el pezón.

—¿Estás bien? —Me encanta la atención, pero no puedo deshacerme del presentimiento de que algo lo está molestando. Cuando está preocupado, mi chico no siempre dice lo que hay en su mente.

—¿En serio? —dice con voz ronca, besándome de nuevo—. ¿Quieres hablar justo ahora?

—¿Contigo? Siempre. —Pongo mis manos sobre sus hombros, clavo un talón contra la cama y luego ruedo rápidamente. He vuelto las tornas, así que ahora estoy mirando su guapo y sobresaltado rostro—. Ahora escupe, cariño. No puedes tener este cuerpo sexy hasta que me digas por qué estabas tan callado esta noche. Quiero decir, ni siquiera reaccionaste cuando Blake declaró que esos sándwiches blandos Joe fueron nombrados por su tío.

Mingyu resopla.

—Eso ni siquiera me sorprendería si fuera verdad.

—Aun así no lo oíste. Y quiero saber por qué.

Vuelve su cabeza hacia el lado y suspira.

—Tuve un día raro, es todo. Pero no es nada que un par de mamadas no puedan arreglar.

—¿Raro cómo? —presiono—. Dime y entonces tendremos más tiempo para la diversión.

Sonríe, luego pasa una mano por mi pecho.

—No es tan importante, ¿bien? Tuvimos algunos reclutadores en la pista hoy.

—¿De dónde?

—Ottawa. —Mingyu bosteza antes de continuar—. El reclutador de porteros. Otra vez.

—Deben estar de verdad interesados en tu hombre Chambers. —Mingyu es el entrenador de porteros para uno de los mejores equipos en la liga de hockey de Ontario. Probablemente será nombrado primer entrenador para un equipo junior en unos años. Ha tenido tres espectaculares temporadas igual que yo—. Esto es excitante, ¿cierto? ¿Van a reclutar a tu chico?

Despacio, Mingyu niega.

—Eso es lo que pensé también. Pero entonces el reclutador me llevó a un lado y explotó mi mente. Dijo que tenían algunos problemas urgentes en su banquillo de porteros. Y que si consideraría ir a Ottawa con un contrato ambivalente para su equipo de la liga menor.

—Oh —digo en voz baja—. Como jugador. Eso es… —Me callo, porque no tengo ni idea de qué decir.

No debería ser todo tan sorprendente, ya que Mingyu fue un candidato para Detroit justo después de la universidad. Era un portero muy bueno. Es un portero muy bueno. Pero tomó la inusual decisión de renunciar a esa vida para entrenar a jóvenes jugadores de hockey.

Y para estar en Ontario. Conmigo.

—¿Vas a hablar con ellos sobre eso? Deberías —añado rápidamente, solo para que no piense que me molestaría.

—No estoy muy seguro. Quiero decir, probablemente estoy a días de distancia de una promoción que quiero de verdad. Y no fui a Detroit porque no quería esperar sentado por una oportunidad para jugar.

—Si te necesitan tan desesperadamente en Ottawa, tal vez no sería así, sin embargo.

Mingyu cubre sus ojos con una de sus manos.

—Sí, también se me ocurrió. No quiero pensar en esto ahora mismo. —Su mano cae al lado de nuevo y me mira—. Apuesto que te lo pensarás dos veces la próxima vez antes de apartarme de tu polla para tener una conversación en la cama. —La esquina de su boca se curva en una sonrisa—. ¿No es así?

—Sí, supongo que eso es verdad. —Desciendo sobre su cuerpo de nuevo—. ¿Sería insensible de mi parte preguntar dónde estábamos antes de que te interrumpiera tan groseramente? —Lo beso una vez. Dos.

Hasta que sonríe contra mi boca.

—No sería insensible en absoluto. Pero creo que estábamos… —Me empuja y le permito ponerme sobre mi espalda de nuevo—. Aquí —dice, colocando sus caderas contra las mías—. Ahora cállate por unos minutos para que pueda hacer lo que hago mejor.

Hago un gesto de cerrar mis labios con cremallera y soy recompensado con una boca ardiente besando mi cuello y mi pecho. Su lengua sale a jugar mientras desciende por mis abdominales. Separo mis piernas y gimo, revolviendo su suave cabello mientras su boca perfecta se acerca incluso más a mi polla rápidamente endureciéndose.

Mientras mi pulso salta, me sumerjo en el momento, intentando no pensar en cuánto extraño ya a Mingyu durante la temporada.

O cuán largo es un viaje desde aquí hasta Ottawa.