Capítulo 1
Corría y corría porque estaba siendo perseguido en los callejones sin luz, algunos gatos maullaban por miedo, mientras que los perros ladraban. Aquel chico se estaba cansado de correr, pero si se detenía a descansar su vida correría peligro.
Giró su cabeza para ver si aún lo seguían, al ver que ya no, se detuvo para tratar de recuperar el aliento, grave error. De pronto sintió como lo tomaban del cuello para después ponerle algo sobre su cabeza impidiéndole dejarlo ver.
Se desmayó por la falta de aire y cuando despertó, tenía el mismo trapo sobre su cabeza, intentó moverse pero se dio cuenta de que estaba amarrado a una silla.
Escuchó algunos pasos aproximarse hacia él, lo que provocó que su miedo aumentará.
Sintió como aquella persona le quitaba el trapo y soltó una risa que le provocó escalofríos.
—Al fin nos encontramos—era una voz grave.
El chico trató de enfocar su vista para ver quién era y su expresión cambió por una de temor, sus ojos temblaban mientras lo veía, era un tipo muy alto y grande, sus músculos resaltaban demasiado, sus ojos rojos mirándolo seriamente, y ese cabello hacía abajo, su físico le causaba miedo.
—¿Q-quién e-eres?—preguntó temeroso.
—No hables sin mi permiso—le metió un golpe en la mejilla provocándole un sangrado debido a los anillos que llevaba sobre sus dedos.
El chico solo escupió la sangre mientras regresaba la vista al pelirrojo que lo seguía mirando con odio.
—No creo que me recuerdes—lo tomó del cabello enredado sus dedos tirándolo hacia atrás—o tal vez escuchando mi nombre lo hagas. Eijiro Kirishima.
—N-no... no sé quién seas...
—Lo suponía—lo soltó para alejarse un poco, metió sus manos sobre el saco para sacar unos lentes y colocárselos—¿Y así?—dijo mientras lo miraba. —O espera, creo que me hace falta el acné y mi cabello negro, ¿no?
Aquel chico en cuanto termino de escuchar aquello su temor aumentó más.
—¿E-eres t-tú?—empezó a tartamudear.
—¿Al fin me recuerdas? Que bueno que no me olvidaste—sonrió—porque yo tampoco—su sonrisa desapareció y su rostro se volvió tan serio, provocando que el contrario sintiera más miedo.
—Torturenlo—le ordenó a unos hombres que salieron de la obscuridad—hasta que muera—se dio la vuelta y los demás finalmente se acercaron al chico.
Al salir de ese cuarto, segundos después escuchó como gritaba y suplicaba por piedad, pero era algo que Kirishima no accedería, se fue a su oficina para ver la carpeta entre sus manos y observar las fotografías que estaban en ella.
Días después, otros dos chicos se encontraban todos golpeados sentados en esa misma habitación, Kirishima fue a verlos para disfrutar de su sufrimiento, después de recordarles una vez más quién era, se disponía a dejarlos morir.
Y así estuvo por casi un mes, buscando a todos los chicos que tenía en su carpeta para hacerlos sufrir y así acabar con su sufrimiento.
Pues era Eijiro Kirishima, el sucesor de uno de los líderes de la mafia, su padre en cuanto murió le dejó el cargo, fue entonces que empezó a vengarse de todos.
No le importaba si tenían familia o estaban a punto de casarse, su corazón estaba lleno de sed por venganza.
Tenía 24 años y durante esos años no tuvo pareja oficial, solo andaba con chicas por diversión para después votarlas como basura, cosa que a ellas al inicio estaban de acuerdo, pero con el tiempo a su lado, se enamoraban y al final lo terminaban buscando, pero, él desaparecía para siempre de sus vidas.
Esa noche había mandado a matar al último en su lista, fue a ver el cuerpo y la sangre había manchado su calzado.
—Mierda, necesito que limpien esto.
—Sí señor—dijo uno de sus hombres más leales, Izuku Midoriya.
A veces se preguntaba cómo es que alguien con cara de bebé, hacía el trabajo sucio, pero necesitaba el dinero así que por eso creía que accedía. Era imposible creerlo, pero si, aquel chico pecoso era un criminal muy temido. Pero mientras estuviera bajo su mando, nadie podría hacerle nada.
Eijiro solo ordenaba a matar, pero casi no se ensuciaba las manos, al menos de ser necesario. Si llegó a matar a uno que otro en su lista, solo a los que les tenía más rencor.
Se sentía feliz por tener al chico pecoso, además de que era muy eficaz y ágil, él había sido quien consiguió toda la información de los hombres que había mandado a matar.
Miro una última vez el cuerpo de aquel hombre y sonrío, después de todo, se lo merecía.