Luna Roja (en pausa)

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Summary

Astrid siempre sospechó que era diferente. Creció en un orfanato humano, soñando con un mundo más allá de la ciudad que la rodeaba. Pero todo cambió en su décimo octavo cumpleaños, cuando una noche de luna llena desató un secreto enterrado en su sangre: no era humana, sino una mujer lobo. Ahora, mientras descubre los oscuros misterios de su linaje, Astrid se encuentra en medio de un conflicto que amenaza con destrozar todo lo que ama. Ronan, un alfa tiránico y despiadado, busca controlarla, mientras su propia manada está dividida entre el miedo y la esperanza de un futuro mejor. Junto a sus aliados más cercanos, Astrid debe aprender a liderar una manada fracturada y enfrentar los peligros que acechan en cada sombra. Pero la mayor batalla no es contra Ronan o las criaturas que él desata, sino contra las dudas dentro de ella misma. ¿Puede una joven loba, atrapada entre dos mundos, forjar su propio camino y unir a aquellos que han perdido la fe?

Status
Ongoing
Chapters
13
Rating
n/a
Age Rating
18+

Los tejados de la ciudad

Astrid

La vida en el orfanato es como vivir en una pecera: todo el mundo te observa, pero nadie realmente te ve. Me llaman Roja, por mi cabello, aunque últimamente pienso que también es por mi temperamento. Es difícil contener el fuego cuando parece que siempre estás encerrada.

Esta noche, como tantas otras, me escapé. Subí al tejado por la tubería oxidada detrás de la cocina y salté al edificio vecino. La ciudad de noche es peligrosa, sí, pero también es lo único que me hace sentir viva. Los suburbios son mi patio de recreo. Hay algo en ellos, algo oscuro y misterioso, que me llama.

Saltando de tejado en tejado, percibí un olor extraño: hierro y tierra húmeda. Me detuve. Abajo, en un callejón, vi figuras moviéndose en las sombras. No eran normales. Sus movimientos eran demasiado fluidos, demasiado rápidos. El miedo se clavó en mi pecho, pero también sentí una extraña excitación, una necesidad de acercarme más. Desde donde estaba, no podía ver bien lo que hacían, aunque algo en mi interior me decía que no debía acercarme, que era peligroso. Instinto, lo llaman.

Una de las figuras alzó la cabeza y me miró directamente. Sus ojos brillaban como fuego líquido.

—¿Qué eres tú? —murmuró con una voz que sonó más a gruñido que a palabras—.

Volví al orfanato corriendo como si las sombras me persiguieran. Pero no podía olvidar esos ojos. Parecían atravesarme, como si supieran algo de mí que ni yo misma entendía.

Eric estaba despierto cuando llegué. Es el único que nunca se rinde conmigo, aunque no entiende por qué siempre me meto en problemas. Le conté a medias lo que había pasado.

—Te vas a meter en un lío del que no vas a poder salir, Roja —dijo mientras me servía un vaso de agua—. Y dentro de poco saldrás de aquí. Deberías ir con más cuidado.

—Tú saldrás antes. ¿Estás emocionado? —quise desviar la atención a temas menos sombríos—. Si necesitas ayuda para la mudanza, dímelo.

Eric rió.

—Como si fueras a estar despierta para ayudarme temprano. Te pasas las noches corriendo por ahí y no hay manera de despertarte por las mañanas. No te preocupes, tampoco tengo tantas cosas que llevarme.

Eric estaba a punto de cumplir 18 años, y eso suponía que iba a dejar el orfanato dentro de nada. Le iba a echar de menos. Era el único con el que podía hablar abiertamente de casi todo. Mi consuelo es que yo le seguiría en breve; solo soy dos meses más joven que él.

Me despedí y me fui a dormir, o a intentarlo al menos. El recuerdo de esos ojos llameantes que me miraban en la oscuridad no me dejaba relajarme. Había algo inquietante en ellos. Inquietante y sobrenatural.

Esa noche soñé con el bosque otra vez. Corría, pero no como una persona. Mi cuerpo era diferente, más fuerte, más ágil. Olía el aire, y todo tenía un aroma tan vivo, tan real. Al despertar, sentí que los olores de mi sueño aún estaban allí.

En la esquina de mi habitación, justo al lado de la ventana, había una pequeña marca: cuatro líneas profundas, como si algo la hubiera arañado.