Prologo
Siempre había sido una persona pacífica, salvo cuando me hacían enojar.
Y vaya que lo habían hecho.
¿Quién habría creído, incluso en sus más retorcidos pensamientos, que una simple hierba podría provocar el sufrimiento de decenas...
...Y cuán hermoso era el cielo nocturno cuando estaba iluminado por el fuego abrasador?
Se lo merecen.