He sido un tonto
En el jardín de los sentimientos,
donde las flores no son mas
que mentiras bien contadas
y el amor se desangra
bajo la luz de una
farola rota,
danzamos como idiotas,
ciegos
ante la farsa que nos envuelve.
He sido un tonto.
Si, por supuesto,
uno más en la lista de tus adoradores,
esos que se amontonan en fila,
esperando tu mirada,
tu risa,
algo que hiciera de sus vidas
menos...
Lamentables.
Soñé con noches de insomnio,
vigilando las sombras que dibujabas en la pared,
mientras la distancia se reía en mi cara,
un océano entre nosotros,
y mi corazón...
Ahogándose en su propio ritmo.
Qué absurdo es todo esto,
querer tocarte,
sentir tu piel,
cuando sé que no soy más que un reflejo borroso en tus ojos.
Cruzar ese abismo
para decirte que te amo...
Sí, ¡claro!
como si el destino no tuviera ya su puñal afilado,
listo para cortarnos en pedazos, justo cuando nos creemos invencibles.
Un abrazo,
un maldito abrazo que debería ser un bálsamo,
pero no,
es solo otra broma del universo,
otra ilusión que se disuelve en el aire,
dejándonos con las manos vacías
y el corazón
hecho trizas.
Tu boca en la mía,
esa sinfonía que debería curar mi locura,
pero,
¿a quién engañamos?
El amor es una enfermedad,
una fiebre que nos consume,
y nosotros,
pobres diablos,
caemos en sus garras una
y otra vez.
Ser tu refugio,
tu confidente,
una fantasía que se desvanece
en el amanecer,
porque en este mundo
jodido y turbulento,
no hay espacio para nosotros.
Nos amamos desde la distancia.
Sí, pero solo porque el destino
es un sádico
que disfruta vernos arder en la dulce agonía
de esta separación interminable.
Así que
aquí estamos,
en medio de esta tormenta invisible,
amándonos
como idiotas,
sabiendo que el encuentro
es solo un espejismo,
mientras nuestro amor crece
como una planta venenosa,
fuerte y mortífera,
día tras día.