Caos Profano

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Summary

¿Qué pasaría si Alana se hubiese quedado con Cruz y no con Borges?, y se hubiese escapado de Daniel o estaría comprometida con el pianista desde el principio. Bueno esta pequeña invención mía no es canónica, pero sí va a ocupar un poco de tiempo.

Genre
Drama/Erotica
Author
Cami
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Caos Profano -1-


David Cruz.

De alguna manera, me encantaría haberme hecho espacio en su vida y, quedarme con ella, interferir lo suficiente para que me amara a mí y ser su primer amor. Aún recuerdo cuando miré en sus ojos que habitaba un anhelo refrescante de ser inocente sin daño, comenzando a decir todo lo que pasaba en su cabeza.

Lastimosamente, pasaron siete años después de que dejara a Alana sentada en una silla de ruedas en sus 15 años. Por cosas del destino y de la vida, ella esa misma noche decidió confesarse con su voz extremadamente melodiosa y encantadora. Esa chica era toda una princesa que tenía un encanto apenas en capullo; era una pequeña que se volvería la mujer más hermosa de Risaralda y sus alrededores.

—Quiero esperarte, quiero estar contigo, Cruz, sé que mi situación no es la mejor —se refería a la silla de ruedas, a sus intentos de ser capaz de ser una con el universo y con una sola ala, volar sin miedo. —Pero estaré aquí esperándote, ¿me permites esperarte? —Mi hermano estaba algo lejos, pero la dulce voz también le había calado y eso sería un problema muchos años adelante.

—¡Ali! —exclamé. En ese momento, mis manos picaban y mi boca deseaba robarle su inocencia y candor, pero no iba a ser fácil; deseaba cubrirla con paciencia de amor, pero era menor de edad, eso era un límite que respetaba.

Lo único que pude hacer fue abrazarla; no pude más que rogarle al cielo que su amor tan bonito e inocente se quedara conmigo.

—Volveré cuando seas mayor de edad, y estaré contigo, espérame, por favor —dije mirándola a los ojos y tratando de que las miradas se conectarán, que lo dicho en ese momento se quedara para siempre en ella.— Te extrañaré tanto, Ali.

Evidentemente, mi primo, Josmer Santana, decidió hacerse de guardaespaldas personal de la señorita Marco y yo, como el idiota enamorado que era de esa mujer, decidí esperar y volví con todo, pero todos cambiamos y de hecho las cosas se complicaron de una manera que, Alana, jamás entendería. No pude volver solo, la primera vez, y me encontré con que ellas eran primas. Que Alma Jaramillo era prima mayor de Alana.

El dilema existencial que iba a ocurrir cuando le contara lo que hice a Marco, también para destapar una olla de esta sociedad, haría que terminara odiándome. Recuerdo cuando mi hermano menor me contó que caminaba por sus propios medios devorando las primeras planas y los primeros destacados de las redes sociales; ella era una mariposa social. Era la más bonita de todas y siempre será de esa manera; yo solamente pude guardarme aún más cuando tuve de misión absurda enamorarme y/o enamorar a la monja.

Cuando solo pude asegurarme de que no había que hacer, además cuando volví a Colombia buscando a Alma y me encontré con la hermosa y fuerte que era Alana.

***

Recuerdo que enamorar a Jaramillo era una misión; no iba a ser el propósito de la situación, no quería hacerle daño a la niña que también había sufrido bastante, pero, aunque estaba con Alma, el recuerdo de Alana Marco me carcomía como un pecado.

A la escritora que le prometí una vida llena de amor y de letras, pero no… cuando descubrí que ya estaba comprometida y que ambas eran primas. Eso me rompió, no podría darle la cara a la niña que amaba de verdad, no podía ser la persona que la había ilusionado y no cumplir con eso y sé que Alma jamás me volvería a ver como su salvador, pues cómo podría si la dejé; además, estaba esperando un hijo mío.

Sé qué Ali me odiaría, pero muy en el fondo era lo que le podría ofrecer.

***

Al volver a Colombia, no localicé una pancarta con mi nombre, tampoco a mis familiares, ni a ella asomándose con una veta de luz en la cornisa. Solo encontré a Josmer y a Derek; este último respiraba con odio. Después de todo, yo me impuse cuando él le dio por coquetear a Alana.

Ese día nos rompimos la cara, y él se fue para Sevilla; ese día él me abrió los ojos. La escritora sería una huella en esta sociedad, sería la mujer que claramente amaría por muchos años. Derek me lo confirmó, cuando la volvió a ver en una portada de revista, siendo tan única como una rosa negra.

—¿Puedo saber por qué huyó de Alma? —preguntó mi primo, aun sabiendo cuál era mi respuesta. —Alana ya es una mujer fuera de su alcance.

—Usted sabe que hay una sola mujer a quien quiero con el corazón—dije, recordando la bonita mirada de la chica en la revista.

Cuando escuché algo salir de la boca de Borges, quien me miraba con odio como si supiera cómo era perder la vida por una mujer como ella. De hecho, mi hermano se había enamorado radicalmente de Ali, que, en el momento de la pelea, no le permití que se acercara más. Alana Marco Casanova, se volvió mi eterna debilidad.

—¡Ja! —esa exclamación de mi hermano era en son de guerra. —¿Me puede decir algo más que suene menos descarado? —Sabía yo que Derek estaba enojado y más cuando mi primo, Josmer Santana Cruz, me volvió a repetir en el puesto de conductor.

—David, ella se va a casar y usted deja a Alma embarazada —mirando por el retrovisor—, usted es un pendejo.

—Lo sé —respondí—. Voy a responder por mi hijo, pero no me pueden pedir que esté con Alma...

A pesar de también sentir cosas por la monja, por otro lado, sí, ahora ella se va a casar con Daniel Salerno, el hijo del político más corrupto de este país, y no puedo impedirlo. Según lo que yo sé y de lo que me arrepiento con la vida, de no escaparme con ella o tomar el beso que ella esperaba de mí.

***

Al día siguiente, estaba tocando la puerta de un apartamento lujoso cerca de la universidad del Ruiz. Niños de cuna, hijos de familias poderosas y, en parte, la gente más oscura del país estaba allí; llevaba un libro para regalárselo y tratar de hacer las paces.

De inmediato, sentí un olor tan fuerte y femenino, que sabía que era ella, pero había una combinación que no sabía que me volvería loco. No pasaron ni dos minutos y ella estaba en la puerta diciendo.

—Hola, tu hermano me dijo que ibas a venir…

Esa mujer, ya, no era la niña de la que había enamorado; se transformó en una dulce locura, en una hermosa epifanía.

Esa tarde, se encontraba con un vestido con un escote algo profundo, era bajita, aún más que Alma, pero tenía un fuego interno, una fuerza que tal parece había cultivado con los años. Entonces vi en su dedo un anillo, uno que tal parece era de compromiso, Alma, era una mujer despojada de toda cosa, mientras que Alana, era algo así como una fuente de fuerza.

—¿Qué tanto ves? —, pregunto la chica fingiendo desinterés.

—Me prometiste que ibas a esperarme —habló muy lento, después de un muy buen rato en un silencio incómodo— y me encuentro que te vas a casar.

—Se supone que... ibas a volver a mí. —Enseguida le abracé, sin importar lo que pudiese darme un golpe, aún más escucharla decir—: No sabes cuánto quise que estuvieras conmigo, que fueras mi amor bonito, pero decidiste ser como todos.

—Pero podemos intentarlo, ¿no crees? —Le besé en el hombro, no quería ser invasivo, pero moría por probar todo su cuerpo.

—No, David —me habló sujetándose de mi brazo como queriendo no alejarse de mí. La había abrazado por la espalda. La giré para que me mirara directamente a los ojos.

—Ali, no fue mi intención —la aprisioné más contra mi pecho, deseándola.

—Pero lo hiciste y me heriste —guardó silencio para continuar—. Cuando ella vino y me contó cómo le hacías el amor, evidentemente yo no podía decir nada, no podía decir que a mis quince años me moría por ti. Que te amaba con inocencia y, sobre todo, con las hormonas de una adolescente. —El verde selva de los ojos de Alana era tan diferente, el verde esmeralda, Alma. Era impactante el parecido de ambas y lo diferentes que eran. —De igual forma, me tendré que casar con Salerno; a él lo amo, además tengo un compromiso con él… Así que puedes volver con Alma, que está a punto de parir a tu hijo.

—No me digas que no luche, no me pidas que deje de amarte —tomé su rostro en mis manos, mirándola directamente, sin importarme que estaba en casa de la familia Hoyos. Le besé; había esperado tanto ese beso. Lo añoraba tanto, muchos años.

Probé su aliento; lo necesitaba tocando su piel con ese vestido que le hacía justicia. No había ropa interior, no había más que un cielo en esa piel, cuando más le deseaba, le quería... Ella me diría qué quería.

—Si me vas a seguir besando de esa manera —ella me besó, mordiéndome la boca, colocando sus manos en mi cintura, tratando de quitarme la camisa con un brillo totalmente diferente al de Alma. Alana era lujuria, era amor, era un fuego que no se apaga.—Tendrás que hacerlo conmigo y borrar de tu mente a Alma Jaramillo. Yo me encargaré del resto.— Se alejó bajando los tirantes de ese vestido y ante mí se encontraba el verdadero secreto de las mujeres Abadía. La belleza de la manera más hermosa que pude acercar a mí. Alana estaba parada ante mí, mirando mis labios y estaba desnuda. —¿Me tomarás? Lo harás o tendré que hacerlo yo.

Claro, no hable, le sujeté por las piernas para recostarla contra la pared, besando cada rincón de esa boca, mientras ella con sus manos me sujetaba del cabello. —¡Cruz!, llévame a mi cuarto, por favor. —Ella era un fuego diferente, de ese que uno sabe no encontrará dos veces en la vida.

Sin saberlo, mi ropa estorbaba y su piel se lastimaba con mi pantalón, marcándola, al cerrar la puerta con una mano, mientras con la otra le sujetaba la espalda… Era una cama grande, y tan cómoda, que no noté cuando ella me había quitado a sus ojos la incomodidad.

—Ven aquí —la escritora se volvió a aproximar más a mí; mientras me besaba otra vez, se sentó encima de mí, tratando de desvestirme—. Le debes una noche de pasión a la joven Ali de 18.

—No, una — lamí su cuello, colocando mi mano en sus senos y los apreté duro, jugué con ellos hasta que le escuché un gemido.—Esto será nuestro querido y esperado reencuentro. Amada mía.

—Cruz, si no más te lo recuerdo, que hace varios meses estuviste en mi mesa con mi prima jurándole amor eterno —ella me está reclamando cuando estoy a punto de cogerla… ¡Qué descarada!

—Y tú, le ibas a dar el beneficio a Daniel Hoyos, para tomarte.

—Es mi prometido —me acarició con una mano la bragueta y eso hizo que le jalara el cabello, para profundizar el beso, para jugar con su lengua, sintiendo cómo su entre pierna estaba mojada. Perfectamente, deliberada, hacerme caer.

—Buscaré el tesoro que hay dentro de ti —no tardé mucho en colocar una de sus piernas en mi hombro.

Le besé dentro de los muslos, mientras su olor íntimo me derretía. Frente a mí estaba la chica que adoraría moldear. Alana estaba llena de expectativa, y mi cuerpo respondía cada mirada. Y terminé con mi lengua en un lugar demasiado específico.

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