La tormenta
Londres estaba helado y nublado aquella tarde; el reloj marcaba casi las cuatro. Jake Brown, un hombre de 34 años, de 1.70 de estatura, ojos azules y cabello castaño, apuesto pero reservado, se encontraba en casa preparándose para salir. La salida, sin embargo, no le entusiasmaba demasiado, pues no era del tipo de persona que disfrutaba estar rodeado de mucha gente. No es que fuera antisocial, pero la multitud no era lo suyo. Claro, tenía amigos y podía ser una persona muy agradable y extrovertida cuando quería, pero los eventos sociales rara vez le emocionaban.
Por las mañanas, Jake trabajaba en una librería, un lugar que le brindaba paz. Estar rodeado de libros era para él un refugio, aunque no podía explicar del todo por qué. Simplemente, esos momentos entre estanterías llenas de historias le ayudaban a desconectar su mente, que solía estar siempre en constante movimiento.
Jake a menudo recordaba cosas que nunca había vivido, fragmentos que se repetían una y otra vez en sus pensamientos. Solía soñar con un pueblo que parecía estar en Rusia, aunque no sabía con certeza dónde. Sus sueños eran, cuanto menos, extraños. En ellos, siempre aparecía una chica cuya cara no lograba distinguir; solo podía escuchar su voz. Nunca les había prestado demasiada atención, pues no encontraba significado alguno en ellos. Para él, eran simplemente "pesadillas recurrentes", ecos sin importancia.
Estos sueños, que a veces le provocaban una sensación de déjà vu, lo acompañaban desde hacía años. Sin embargo, Jake nunca se había detenido a investigar su significado; no era algo que realmente le preocupara.
Su mente comenzó a experimentar un déjà vu una vez más.
-Maldita sea, otra vez... -murmuró con fastidio. No era algo que disfrutara; de hecho, le resultaba profundamente molesto. Estas experiencias, que surgían de la nada, lo alteraban hasta el punto de ponerlo de mal humor. Sin embargo, esta vez fue diferente. Por primera vez, el recuerdo no era un simple eco difuso; esta vez, fue claro.
Un destello repentino cruzó su mente: el rostro de una joven apareció frente a él, nítido, como si la tuviera justo enfrente. Era muy atractiva, al menos para sus ojos. Tenía el cabello castaño recogido en trenzas, un rostro tierno con pequitas, y aparentaba no más de diecisiete años. ¿Pero por qué su mente le mostraba esto? ¿Por qué, de pronto, trabajaba más rápido de lo habitual, como si intentara descifrar algo?
-Me duele la cabeza otra vez... -dijo en voz baja, llevándose la mano a la frente y masajeándola con los dedos en un intento de calmarse. Cerró los ojos por un momento, intentando poner en orden sus pensamientos.
-¿Quién será esa chica? No la conozco en absoluto... -murmuro nuevamente, casi como si esperara que alguien le respondiera. Suspiró profundamente, intentando aliviar la tensión que yacía en el.
-Necesito... -pausó, mirando hacia la ventana-. Necesito salir antes de que este dolor empeore.
Se levantó con torpeza, todavía sujetándose la frente, y comenzó a prepararse para salir, esperando que el aire fresco pudiera despejar tanto su mente como el malestar que lo invadía.
Jake tomó sus llaves y salió, caminando hacia las escaleras a toda prisa, bajando para que, al menos, el sonido de sus pisadas acallara su mente. Al llegar a la calle, suspiró casi aliviado, pues el ruido de la ciudad era suficiente para no prestar atención a sus pensamientos. Empezó a caminar por las calles sin rumbo, ya que aún era muy temprano para la reunión que tenía programada para la noche. Caminó y caminó hasta que decidió detenerse frente a una tienda. La miró y encogió los hombros. Entró y notó que era una tienda algo peculiar: tenía libros, hierbas y vinos en estanterías de exhibición.
-Qué rara combinación -murmuró Jake para sí mismo.
Mientras caminaba, fue hojeando muchos de los libros que había allí. Le parecieron interesantes, así que decidió quedarse.
Pasó alrededor de dos horas dentro de aquella tienda, perdido entre los libros que tomaba y hojeaba. Cuando finalmente miró su reloj, se sobresaltó: eran las 6:30.
-Mierda... -murmuró al ver la hora.
-¿Cuánto tiempo estuve aquí? -se preguntó en voz baja mientras devolvía los libros a las estanterías.
Decidió que no podía llegar con las manos vacías a la reunión que tenía pendiente. Optó por llevar un vino tinto, aunque no sabía mucho del tema. Escogió uno al azar, guiándose únicamente por la etiqueta, que le pareció elegante. Pagó en la caja y salió apresurado de la tienda.
Al cruzar la puerta, notó que estaba lloviendo. Suspiró, visiblemente irritado.
-Genial... Yo y mi estúpida costumbre de no revisar el clima -dijo mientras echaba un vistazo a su alrededor, buscando algún lugar donde refugiarse de la lluvia.
Se quedó bajo un pequeño alero, esperando con impaciencia que la tormenta apasigüara.
Al acercarse al alero, vio a una chica que también se refugiaba de la lluvia. Estaba abrazándose a sí misma mientras temblaba. Jake la observó y notó su estado. Frunció ligeramente el ceño y, con voz suave y amable, le preguntó:
-Hola... ¿te encuentras bien?-
La miró de arriba a abajo. Era obvio por qué ella temblaba: su ropa no era la más abrigadora. Llevaba una falda tableada negra, calcetas grises cortas, una blusa blanca y un suéter negro delgado.
-S-sí, estoy bien... Solo tengo, ya sabes, frío. No me puse la ropa adecuada -dijo mientras lo miraba, con su voz temblorosa. Sus dientes castañeaban por el frío que sentía.
Jake la miró nuevamente. Era una chica realmente baja de estatura, probablemente le llegaba hasta el hombro. Era muy atractiva; su piel blanca, sonrojada por el frío, destacaba. Su cabello largo y rizado, de color castaño, caía hasta la cintura.
-Sí, se nota... -sonrió levemente mientras se quitaba la chaqueta de cuero que llevaba puesta.
-Toma, te puedes resfriar si no te abrigas bien -dijo mientras extendía el brazo, ofreciéndole la chaqueta.
Ella lo miró, sin saber si tomar la chaqueta. Estiró la mano, pero dudó por un instante. Después de unos momentos, la tomó y se la puso. Le quedaba algo grande, pero, claro, ella era pequeña. Jake soltó una risita divertida, con un toque de ternura por la situación.
-Gracias... -dijo ella mientras sonreía y lo miraba.
-No hay de qué... -respondió él, metiendo las manos en los bolsillos. No sabía qué más hacer o decir, así que empezó la conversación más básica del universo para aligerar el ambiente y evitar el silencio.
-Disculpa -dijo Jake-, si no te molesta que pregunte... ¿Qué edad tienes?
-20 años... ¿Y tú? -dijo ella mientras intentaba calentarse las manos frotándolas.
-¡Wow! Emm... yo soy un poco más grande que tú -dijo él, aclarando la garganta-. Tengo... 34 años.
-14 años mayor que yo -comentó ella, sonriéndole.
-Sí... Básicamente -respondió él, sonriendo levemente mientras pasaba la mano por su cabello desordenado.
Los dos se miran, pero cuando pasa un carro, las luces iluminan la cara de la chica. Jake abre los ojos como platos, y su mente parece funcionar al cien por ciento nuevamente. Siente una extraña familiaridad con ella, como si ya la conociera, como si... ya la hubiera visto antes. Abre la boca para hablar, pero no le salen las palabras hasta después de unos segundos. Finalmente, logra hablar.
-Disculpa... ¿Ya nos habíamos visto antes? -pregunta Jake, viéndola con una expresión de extrañeza en su rostro, los ojos entrecerrados, como si intentara forzar a su mente a recordarla.
-Ummm, no... No lo creo. Es la primera vez que nos vemos -dice ella, mientras se acomoda los mechones que caen sobre su rostro y los pone detrás de su oreja.
-¿Estás segura? -pregunta Jake, intentando recordarla.
-Sí, estoy segura. ¿Por qué? -respondió ella, mirándolo con una sonrisa mientras esperaba su respuesta. Jake la observaba aún, intentando recordarla, pero su mente comenzó a bombardearlo con recuerdos. Fueron tan veloces que casi le daban ganas de vomitar.
-¿Te encuentras bien? Pareces... no lo sé, en shock -dice ella, al verlo algo aturdido. En su mirada se notaba que intentaba analizar lo que sucedía, pero los pensamientos eran tan rápidos que no tenía tiempo para procesarlos todos.
-Sí... sí, estoy bien, es solo que... no lo sé. Pareciera como... -la mira, pero no pudo terminar la frase. No quería quedar como un loco frente a ella. Por alguna razón, le importaba lo que ella pensara de él, y eso a pesar de que apenas la acababa de conocer.
-No es nada, solo un dolor de cabeza... ¿Cómo... cómo te llamas? -preguntó Jake, quería saber el nombre de esta chica, lo necesitaba, algo en él lo necesitaba.
-Ah... Mi nombre es Alice... Alice Miller,-dijo sonriente mientras estiraba la mano para estrechársela con la de él-. Mucho gusto, ¿cuál es el tuyo?
-Alice... -murmuró Jake. Era como si decirlo en voz alta lo hiciera recordar, pero solo sentía un sabor agridulce mientras lo decía. Estrechó la mano de Alice, pero al tocarse, escuchó un susurro en su mente: "Ethan". Se sobresaltó y soltó la mano de Alice de forma brusca.
-Lo... lo lamento, no quería hacer eso. Yo... yo me llamo Jake Brown... También es un gusto.
-¿Seguro estás bien? ¿No quieres ir a otro lado? ¿Sentarte tal vez? -comentó Alice intentando acercarse a él.
-No... Estoy bien. De todas formas, ya tengo que irme -se asomó para ver si la lluvia ya había cesado por completo. Ahora solo era una llovizna ligera.
-Ya tengo que irme... Fue un gusto conocerte, Alice... -dijo Jake mientras casi se daba media vuelta para irse, pero Alice lo detuvo.
-Espera, tu chaqueta... la olvidas -dijo ella, intentando quitársela torpemente. Trataba de sacar su brazo de la manga larga de la chaqueta de cuero, algo que nuevamente a Jake le causó ternura.
-No te preocupes, te la presto. De todas formas, soporto muy bien el frío. Luego me la devuelves, ¿qué te parece? -dijo Jake mientras la miraba con una suave sonrisa. Sus ojos se paseaban por el rostro de Alice, como si intentara memorizar cada detalle antes de irse.
-¿En serio me la prestas? -preguntó Alice mientras volvía a ponerse la chaqueta de cuero.
-Sí, no hay problema. Bueno, tengo que irme o llegaré tarde. Luego te veo -respondió Jake, empezando a caminar a toda prisa. Alice lo observó mientras se alejaba, perdiéndose entre el mar de gente y paraguas que inundaban la calle.
-Sí, claro... -murmuró Alice. Después de un momento, cayó en cuenta de algo: ¿cómo iba a devolverle la chaqueta si no tenían ni siquiera sus números telefónicos?
-¡Dios! Bueno, ya ni modo -dijo, encogiéndose de hombros con resignación.
Jake camina a paso acelerado, sintiendo cómo su respiración se agita. Su mente no le da tregua, bombardeándolo con sensaciones de déjà vu y recuerdos que no parecen suyos... o al menos, eso pensaba él. Al llegar al lugar donde se llevará a cabo la reunión, toca el timbre mientras intenta regular su respiración. Su hermana Janeth abre la puerta con una sonrisa, pero al verlo agitado, esta se desvanece de inmediato.
-Dios, Jake, ¿estás bien? -pregunta con el rostro lleno de preocupación. Nunca lo había visto así, tan alterado y fuera de sí.
-Estoy bien, Janeth... Solo me alteré un poco, nada grave - dijo Jake, pasándose una mano por la frente, tratando de calmar su mente.
-Si tú lo dices... ¡Ay! Pasa, la estamos pasando súper bien. Vino una amiga que quiero que conozcas - respondió ella con entusiasmo, tomándolo de la mano y guiándolo hacia adentro.
-Sí, como digas... Emmm, traje vino. No sé, no quería llegar con las manos vacías -comentó Jake mientras sacaba una botella de vino de la bolsa que llevaba, siguiéndola al interior de la casa.
-¿Vino? ¿En serio? -dijo Janeth, tomando la botella con curiosidad y examinándola. -Tú no sabes nada de vinos... pero este es bueno.
Jake miró a la multitud en la sala y suspiró, como si intentara mentalizarse para socializar. Caminó saludando a sus amigos y conocidos; entre ellos estaba su mejor amigo, Liam, sentado en el sofá junto a su novia, con las piernas entrelazadas. Jake abrazó a Liam, dándole unas palmaditas en la espalda, y continuó avanzando por la sala de estar.
Janeth lo condujo hasta su amiga Sarah, una mujer de cabello rubio, ojos azules, delgada y alta, con un estilo bohemio. Jake la examinó detenidamente y, aunque no era su estilo, decidió guardarse los comentarios sobre el aspecto de Sarah para sí mismo. El y Sarah estrecharon las manos cuando los presentaron.
-Ella es Sarah, mi amiga. ¡Lee cartas y la mano! ¿No es genial? Puede predecir tu futuro -comentó Janeth emocionada mientras los miraba a ambos.
-¿Como... una adivina? -soltó Jake con una risita incrédula. Para él, esas cosas eran una estafa, un engaño diseñado para darle a la gente una falsa esperanza a la cual aferrarse.
-Sí... como una adivina, pero no solo leo el futuro. También puedo decirte tus conexiones pasadas, y tú tienes una muy grande, Jake. Me impresiona el nivel de conexión que tienes con una vida pasada en particular -dice Sarah, notando lo escéptico que él es con lo que ella hace.
Jake frunce ligeramente el ceño y suelta una risa incrédula mientras la observa de arriba abajo, sosteniendo una copa de vino. Se tambalea levemente sobre sí mismo, con una sonrisa persistente en su rostro mientras la mira.
-Oh... ¿en serio? Bueno... -levanta ligeramente las manos-, ilumíname entonces. Hazme una lectura, sencillo. Dime qué tienes para decirme.
Janeth lo observa, notando la ironía en su tono. Ella sabe que su hermano suele ser algo brusco con este tipo de cosas, intentando demostrar que lo místico no existe, que solo es un invento para estafar a la gente y jugar con sus sentimientos.
-Oye, Jake, no deberías ser grosero con Sarah -murmura Janeth, dándole un codazo en el brazo para que detenga su actitud.
-No, Janeth, está bien. He tratado con personas como él, y siempre se quedan boquiabiertas. No creo que esta vez sea la excepción -comenta Sarah con una sonrisa, mirando a Jake con ansias de hacerle su lectura.
Jake, Janeth y Sarah se sentaron en una mesa apartada, lejos de la multitud que llenaba la sala, con el propósito de realizar una lectura sin tanto ruido. Jake y Sarah quedaron frente a frente, mientras que Janeth, ubicada entre ambos, observaba la escena con una mezcla de incomodidad y vergüenza por el comportamiento de su hermano.
"Ya no tiene 15 años, Dios mío... ¿Qué necesidad tiene de desacreditar a la gente?", pensó Janeth mientras suspiraba y daba un sorbo a su copa de vino.
Sarah sacó su mazo de cartas, lista para la lectura y para comunicar a Jake lo que tenía que decirle. Sabía con certeza que él no estaba preparado para recibir aquella información. Lo miró una vez más mientras barajaba las cartas. El sonido que producían al deslizarse unas sobre otras invadía la habitación: era relajante y rítmico.
Jake, por su parte, la observaba fijamente, apoyado en el respaldo de la silla y con los brazos cruzados. Mantenía su actitud irónica y escéptica, claramente dejando ver que no creía en lo que estaba por suceder.
Sarah lo observa mientras separa las cartas, una por una, colocándolas boca abajo sobre la mesa. Su mirada se cruza con la de Jake.
-Antes de empezar... -dice Sarah, recargando ambos codos sobre la mesa y apoyando las manos, una sobre la otra-. Quiero preguntarte algo: ¿Has experimentado déjà vu? ¿Recuerdos que sientes que no son tuyos? ¿Tal vez sueños muy vívidos?
-No lo sé... Tú dime -responde Jake, con un tono ligeramente prepotente.
-¡Jake! -exclama Janeth, intentando reprenderlo por su actitud.
Sin embargo, Sarah levanta una mano hacia Janeth en un gesto tranquilo, dejándole claro que tiene todo bajo control.
-Jake... Necesito que cooperes. No puedo hacerte una lectura si no te tomas en serio esto -dice Sarah con una voz firme.
-Vale, vale -responde Jake levantando ambas manos en señal de rendición-. Disculpa... Me lo tomaré en serio.
-Sí, ehm... he tenido sueños y déjà vu, pero ¿qué hay con eso? No entiendo qué tiene que ver con la lectura -dijo Jake mientras jugaba con la copa de vino que sostenía.
-¡Oh! Tiene mucho que ver, Jake, mucho que ver... -Sarah comienza a voltear las cartas frente a él. Entre ellas estaban: La Muerte, El Juicio, La Luna, El Mundo y La Sacerdotisa.
-Estas son tus cartas... -agrega Sarah, señalándolas una por una con el dedo mientras mira a Jake.
Jake se enderezó y se acercó para observar las cartas sobre la mesa. Las examinó una por una, levantando una ceja mientras suspiraba.
-Las veo... ¿Qué significan? -preguntó, volviendo a recargarse en el respaldo de la silla.
Sarah miró las cartas con una expresión seria, como si estuviera descifrando un código secreto. Luego comenzó a hablar con una voz suave y misteriosa.
-La Muerte... representa un final, un cierre de un ciclo. Pero no necesariamente es algo malo. Puede ser un nuevo comienzo, una oportunidad para dejar ir lo que ya no te sirve.
Jake la miró su ceja comenzaba a arquearse, claramente confundido, pero continuó escuchando atentamente las palabras y las explicaciones de las cartas que descansaban sobre la mesa.
-El Juicio... -continuó Sarah, deslizando sus dedos sobre la siguiente carta- es una llamada a la reflexión, a revisar tus acciones y decisiones pasadas. Es un recordatorio de que debes rendir cuentas de tus actos.
Hizo una pausa, mirando a Jake antes de señalar la siguiente carta.
-La Luna... es una carta de intuición y misterio. Representa la conexión con lo desconocido, con lo que está más allá de la realidad física.
Tomó aire antes de continuar.
-El Mundo... es una carta de completitud, de logro. Representa el final de un viaje, la culminación de un objetivo.
Por último, Sarah señaló otra carta, con una leve sonrisa.
-La Sacerdotisa... es una carta de sabiduría, de conocimiento. Representa la conexión con la intuición femenina, con la sabiduría ancestral.
Sarah entrelazó las manos sobre la mesa y fijó sus ojos en los de Jake.
-En conjunto, estas cartas me dicen que estás en un momento de transición, Jake. Estás dejando atrás algo que ya no te sirve y estás listo para comenzar algo nuevo. Pero debes reflexionar sobre tus acciones pasadas y rendir cuentas de tus actos. La intuición y la conexión con lo desconocido te guiarán en este camino. Y recuerda que la sabiduría y el conocimiento están dentro de ti; solo debes escuchar tu intuición.
Jake asintió lentamente, aún con el ceño fruncido, mientras las palabras de Sarah resonaban en su mente como un eco misterioso e inquietante.
-¿Y de qué decisiones pasadas estamos hablando exactamente? -preguntó Jake mientras se enderezaba en la silla, intrigado por las palabras de Sarah.
-Estás teniendo una conexión, Jake -respondió Sarah con un tono sereno, aunque cargado de intensidad-. Estás a punto de descubrir algo: respuestas en sueños lúcidos y recuerdos que no parecen tuyos. Estás conectado con alguien, Jake. Alguien con quien hiciste una promesa en una vida pasada. Estás muy cerca de descubrir más sobre esa vida. Solo deja que salga.
-A ver... a ver... a ver... -repitió Jake, interrumpiendo la explicación de Sarah mientras levantaba una mano, pidiendo tiempo para procesar lo que escuchaba-. ¿Me estás diciendo que estoy conectado con alguien? ¿Cómo? ¿Sarah, en serio? Perdóname, pero no creo en esas cosas. No existen las almas gemelas ni el destino. Todo lo que pasa en nuestras vidas ocurre por circunstancias y casualidades, no porque "el destino lo diga" o por alguna "promesa pasada" -dijo, remarcando la frase con comillas hechas con los dedos-. Esos son cuentos de hadas.
Janeth, que había estado escuchando en silencio, se dio un ligero golpecito en la frente, claramente avergonzada por el comentario de su hermano. Quería desaparecer en ese momento, especialmente al ver la paciencia en el rostro de Sarah, quien no se dejó afectar por la actitud de Jake.
Sarah se enderezó en su silla, sin apartar la mirada de Jake. Su expresión era tranquila, casi comprensiva.
-¿A qué le tienes miedo, Jake? -preguntó, con una voz tan calmada que desarmó la postura desafiante de él.
-¿Miedo...? ¿A qué te refieres -respondió Jake, pero su tono ya no tenía el mismo filo. Parecía tambalearse, como si la pregunta lo hubiera hecho dudar por un instante.
-Jake, puedo ver en ti una constante incertidumbre... Puedo ver que estás luchando con algo -dijo Sarah, su voz suave pero firme, como si tratara de atravesar las defensas de Jake-. Te lo diré simple y sin rodeos: estás experimentando recuerdos y déjà vu vívidos. Y hoy... -añadió, dando pequeños golpecitos con el dedo sobre la mesa-, precisamente hoy, tuviste uno claro. Dime algo: ¿conociste a alguien en particular hoy?
Jake la miró, sus ojos buscando algo en la habitación, como si las paredes pudieran darle respuestas o escapatoria. Su actitud comenzaba a flaquear con cada palabra que salía de la boca de Sarah.
-Bueno... si lo ponemos así, sí conocí a alguien hoy -respondió finalmente, con un tono dubitativo-. Pero fue mera coincidencia. Quiero decir...
Sarah levantó una mano, un gesto silencioso pero firme, interrumpiéndolo antes de que terminara de hablar. Jake se detuvo al instante, como si las palabras que tenía en la punta de la lengua hubieran perdido fuerza bajo la mirada penetrante de Sarah.
-¿Qué sentiste cuando la miraste? -pregunta Sarah, con un tono suave.
-N-no lo sé -responde, acomodándose nerviosamente en su asiento. Su mirada, antes esquiva, se torna vulnerable mientras intenta recordar esas sensaciones.
-Puedes decírmelo sin pena, no te juzgaré -añade Sarah, con una voz cálida y comprensiva.
-Bueno... si es así... -Jake desvió la mirada hacia Sarah, buscando las palabras adecuadas-. Hoy conocí a una mujer, joven, de baja estatura. Ella... no sé cómo explicarlo. Si te soy sincero, ni siquiera sé qué sentí. Solo supe que, al verla, algo en mi mente se descontroló. Sentí que la conocía. Había algo en ella... algo que no logro descifrar. Pero al tocarla... -Jake levantó la mano como si reviviera la sensación del contacto-, sentí un cosquilleo recorrer todo mi cuerpo.
Janeth lo miró con asombro; nunca lo había escuchado hablar así, mucho menos de una mujer. Sarah también lo observaba con atención, intrigada.
-¿Sufriste algún déjà vu? -preguntó Sarah, rompiendo el silencio.
-He tenido bastantes últimamente... tantos que a veces terminan por darme dolor de cabeza. -Jake suspiró, recargando el codo sobre la mesa mientras llevaba la mano a su frente-. Siempre son borrosos...
-Pero hoy... por la tarde -agregó Jake-, tuve uno claro. Era una chica... estaba frente a mí, pero parecía tener no más de 17 años. Tenía trenzas y pequitas. -Sin darse cuenta, Jake dejó escapar una leve sonrisa, como si hablara del amor de su vida.
-¿Andas con una de 17? -preguntó Janeth, algo ebria, dejando en evidencia la imprudencia de sus comentarios.
-No seas estúpida, Janeth... para nada -respondió Jake, negando con la cabeza y mostrando un gesto de disgusto ante el comentario.
Sarah ríe suavemente mientras niega con la cabeza ante el comentario de Janeth.
-No, Janeth, no creo que Jake ande con alguien de 17 años. Pero es interesante cómo esos recuerdos se manifiestan en ti. Necesito que dejes de reprimirlos. Si sigues haciéndolo, es obvio que terminarás con dolores de cabeza -dijo Sarah, mientras deslizaba la carta de la Luna hacia Jake-. ¿Por qué no te llevas la carta? Tal vez esta noche descubras qué significan tus déjà vu y esos recuerdos repentinos.
Jake tomó la carta entre las manos y, tras examinarla por un momento, suspiró con algo de resignación.
-Sigo pensando que este tipo de cosas... no son reales. No existen -dijo, dejando la carta sobre la mesa-. Puede que solo sean pesadillas o, quién sabe, algún problema psicológico mío.
-Jake, dale una oportunidad -insistió Sarah, tomando su mano-. Créeme, tus preguntas pronto tendrán respuestas.
-Está bien... Si tú lo dices, no me queda otra más que creerte -respondió Jake mientras se levantaba de la mesa y se acomodaba la playera-. Tengo que irme, me siento cansado.
Jake se despide de Janeth con un beso en la mejilla, y hace lo mismo con Sarah. Al salir de la habitación y dirigirse hacia la puerta, escucha a Sarah llamándolo.
-Espera, Jake... -dice mientras se acerca a él y le pone la carta en la mano-. En serio, llévatela. Dale una oportunidad, abre tu mente...
Jake mira la carta en su mano y luego vuelve a mirar a Sarah.
-Está bien, pero no prometo nada. Son solo simples alucinaciones mías... Alguna estupidez que mi mente está jugando para decirme algo. -Guarda la carta en su bolsillo.
-Tal vez sea solo tu mente gritándote y pidiéndote que lo escuches... -agrega Sarah con voz firme, pero suave.
-Tal vez... Nos vemos. -Jake sale de la casa y cierra la puerta tras él. Suspira mientras aprieta los labios, mira al cielo y murmura para sí mismo-: De verdad... qué estupidez.
Antes de poner un pie en la calle, Jake es golpeado por un recuerdo vívido, uno tan repentino que lo hace tambalear y chocar contra la pared. Este recuerdo solo trae consigo una melodía, algo que literalmente no tiene sentido. Fue tan inesperado que tomó a Jake por sorpresa.
-¡Maldita sea...! -exclama Jake, molesto-. ¿Por qué no puedes simplemente dejarme en paz? Estas alucinaciones me van a terminar destrozando. -Dice mientras intenta levantarse nuevamente. De mal humor, con paso decidido, comienza a caminar de vuelta hacia su casa.
Al llegar a casa, lanzó las llaves sobre la mesita y se dejó caer en el sofá, agotado y frustrado. Sacó la carta de su bolsillo y la miró fijamente.
-¿Cómo esta me va a ayudar? -murmuró para sí mismo, resignado. Comenzó a prepararse para dormir; después de todo, había sido un día largo. Se lavó los dientes y se fue a la cama, dejando la carta debajo de la almohada. Cerró los ojos y, por fin, se quedó dormido.