Luz de Luna

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Summary

Escapar fue la única opción que le quedó. Toda su vida estuvo marcada por decisiones que otros tomaban por ella: su destino, su matrimonio, su deber como hija de un rey. Pero esta vez, sería diferente. Robó unas monedas, montó a su yegua y huyó sin mirar atrás. Su plan era simple: esconderse en la escuela militar de Antion, el único lugar donde nadie buscaría a una princesa. Allí, donde el acero y la disciplina forjan a los guerreros, tendrá que ocultar quién es realmente si quiere sobrevivir. Pero su secreto no será lo único que deba proteger. Con enemigos acechando desde las sombras, un pasado que se niega a morir y una verdad que podría cambiarlo todo, pronto descubrirá que la lucha más difícil no es con una espada en la mano... sino contra su propio destino. Entre entrenamientos brutales, lealtades puestas a prueba y un enemigo que la observa muy de cerca, deberá decidir si sigue huyendo o si, por primera vez, toma el control de su propia historia. A medida que se enfrenta a entrenamientos rigurosos, pruebas brutales y secretos enterrados en la historia del reino, Leila deberá demostrar su valía, ocultar su identidad y luchar por su libertad en un mundo que no está hecho para ella.

Status
Ongoing
Chapters
17
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

cap 1

Cuando huyes, sientes una adrenalina similar a la que experimentabas cuando eras niña y jugabas al escondite, con el miedo latente de ser descubierta. Así ha sido mi última semana.

Escapé en la última semana de verano, cuando el frío aún no había alcanzado las tierras de Antion, donde me encontraba. Llevaba provisiones para dos semanas y la escuela militar de Antion estaba a tres semanas de camino a caballo. Por suerte, no solo me llevé a mi yegua, Aria, sino también cien monedas de oro de la habitación de mi hermano. Supongo que ser el futuro heredero al trono le otorga ciertas ventajas financieras que la “pobre” princesa, destinada a casarse con lord Ridlon, no tiene.

Por eso me escapé. Llevaban hablando de mi compromiso desde el día de mi nacimiento, pero ahora que el momento había llegado, el pánico se apoderó de mí. No porque lord Ridlon no fuera apuesto o agradable, sino porque no lo escogí yo. Como todo en mi vida, había sido decidido por otros. Siempre esperaron de mí que fuese una dama como mi madre, pero desde su muerte, fingirlo se volvió insoportable. Por eso decidí dirigirme a la escuela militar de Antion.

Antion es la tierra que quedó fuera de las murallas de los reinos cuando el mundo fue creado, cuando nacieron los tres dioses que le dieron forma. El rey Erin se quedó con Termen, donde ahora reina mi padre, Conan Linnon. Su hermano, el rey Mander, obtuvo Graxon, gobernado hoy por el rey Nolox, y el rey Persis se hizo con Andron, también conocida como la Tierra de Cenizas.

Al principio, Persis gobernó con sabiduría, como sus hermanos, pero la locura pronto se apoderó de él. En esos tiempos, los dragones y otras criaturas fantásticas surcaban los cielos. Persis creyó que podría dominarlas y utilizarlas para conquistar los otros reinos y derrocar a sus hermanos. Sus experimentos acabaron con la vida de todas esas criaturas y, hoy, solo existen en cuentos para niños.

Nadie sabe si estas leyendas fueron reales. Ocurrió hace más de mil años y la historia ha sido distorsionada. Lo único cierto es que Andron se ha convertido en un cementerio que nadie se atreve a visitar.

Mi plan de ir a la escuela militar no estaba del todo pensado. Sabía que todos los caballeros de Termen y Graxon se entrenaban allí y que el reclutamiento sería en unas semanas. También sabía que nadie me buscaría en ese lugar. Aún podía llegar si me daba prisa.

Cuando el sol comenzó a ocultarse, desmonté de Aria, le di comida y agua y me preparé para dormir.

El suelo estaba frío y duro. Se escuchaban los sonidos de la naturaleza y la luz del amanecer comenzaba a filtrarse entre las hojas de los árboles. Pero lo que me despertó no fue la luz, sino el crujido de ramas cercanas. De inmediato, desenvainé mi daga y la dirigí hacia la figura que se acercaba.

Era una chica. Vestía un vestido amarillo apagado que le llegaba hasta los pies. Tenía mi edad y me miraba con los ojos muy abiertos, conteniendo la respiración.

—Yo... yo solo quería saber si estabas viva —dijo, tragando saliva lentamente.

—¿Por qué no debería estarlo? ¿Acaso tengo cara de muerta? —pregunté con el ceño fruncido.

—No, no... solo que últimamente hay muchos maleantes por aquí. Saben que estamos fuera de las protecciones del reino y vienen en busca de “diversión” —dijo, mirando con nerviosismo la daga en mi mano.

Al notar que no representaba una amenaza, guardé el arma y me incorporé.

—Gracias por tu preocupación...

—Soy Lara Vizman. Vivo en el pueblo a las afueras de este bosque —se presentó con una sonrisa tensa, claramente incómoda con la situación.

—Yo me llamo...

Mierda. No había pensado en un nombre falso. Mi apellido me delataría, pero dudaba que muchos reconocieran mi nombre real.

—Leila Mizzell —improvisé.

Lara me observó con curiosidad.

—¿Puedo preguntar a dónde te diriges? No pareces de las afueras.

—¿Y qué te hace pensar eso?

—Tu ropa es demasiado buena para alguien de aquí. Además, tu acento... Es sutil, pero lo noto. Tenemos varios trasladados de Termen y es fácil distinguirlo.

Solté un leve suspiro.

—Voy a la escuela de Antion.

El rostro de Lara se tensó. Sus ojos reflejaron sorpresa y, por un instante, miedo. Tragó saliva de forma exagerada.

—¿No te gusta mi respuesta, o hay algo malo en ella? —pregunté, sintiendo un ligero fastidio.

—No creo que ese lugar sea para... gente como tú —murmuró, mirando al suelo y frotándose la muñeca.

—¿“Gente como yo”? ¿Y qué se supone que significa eso?

—Bueno... me refiero a señoritas —dijo con torpeza.

—No me conoces lo suficiente como para juzgar si lo soy o no.

Lara pareció dudar, pero luego continuó:

—Mi hermano también va a la escuela. Ninguno en mi familia está contento con su decisión, pero él quiere ser caballero para ayudarnos económicamente.

—¿Y por qué os molesta que vaya a la escuela militar?

Lara se removió, su respiración se volvió entrecortada.

—Porque los que no pasan las pruebas son marcados con una cruz en la mejilla. La vergüenza los obliga a quedarse en las afueras, sin futuro.

Esa información me dejó pensativa. Nunca había escuchado algo así, pero ya no había vuelta atrás. Tenía que llegar a la escuela y demostrar que era capaz.

Bueno Lara, ha sido un honor conocerte pero debo irme aun me queda un largo viaje por delante.- cargue las cosas sobre Aria y monte rápidamente para no entretenerme más de lo necesario.Ha sido un placer conocerte Leila, espero no volver a verte con la marca- su mirada irradiaba dulzura y sinceridad- Por cierto, mi hermano se llama Conor, por si os encontráis allí.

Me despedí con un saludo de cabeza y arranque la marcha.