Prólogo
Las Vegas nunca fue parte de mis planes.
Quiero decir, no es como si hubiera escrito en mi agenda: Ve a una ciudad llena de caos para cometer decisiones impulsivas.
Pero ahí estaba yo, con un vestido blanco que podía cegar a cualquiera que mirara demasiado tiempo, y una idea tan absurda de celebrar mi cumpleaños de una forma épica.
Nunca imaginé que esa noche lo encontraría.
Alex.
El tipo que había conocido años atrás en una campaña de moda.
El piloto con una sonrisa que podría derretir el hielo de cualquier hielo de Ártico.
El chico guapo, demasiado para mi propio bien, serio y tan distante que parecía siempre estar en su mundo.
No es que me hubiera fijado en él antes.
Claro que lo había hecho.
Pero una cosa era mirar desde lejos y otra muy diferente compartir un par de tragos con el, como si fuéramos dos personas absolutamente normales, a punto de cometer la estupidez más grande de nuestras vidas.
Entre risas y competencia, terminamos haciendo lo que nadie en su sano juicio haría: Casarnos.
Si, en Las Vegas.
En una capilla, con Elvis de fondo.