La melodía de Cristal - Allegretto

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Summary

Cristal no es una chica de una noche, pero parece que Dimas no opina igual. No ha contestado sus mensajes, mucho menos sus llamadas, y ahora deben aprender a convivir con el ingreso de Cristal a la banda Gray. Dimas es el apuesto vocalista de Gray con una voz privilegiada. Sin embargo, todo su talento se ve opacado por su corazón roto. Sus propios errores lo llevaron a sumergirse en una soledad que sólo merma con otras chicas. Es incapaz de reconocer los sentimientos sinceros, aunque los tenga en la cara y con el cabello azul celeste. El pasado pesa sobre los hombros de ambos, ¿podrán superar las adversidades o lo suyo está destinado a terminar antes de empezar? ¡Bienvenidos de nuevo a Arabella!

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Capítulo 1

El viaje en avión ayuda a disminuir los nervios que estrujan mis entrañas. Por desgracia, el viaje desde la capital a Mérida es corto; aunque la chica sentada a mi lado parece contar los segundos que faltan para pisar tierra firme.

No quiero aterrizar, enfrentarme a mi nueva vida; quiero permanecer volando por arriba de las esponjosas nubes. Aquí las cosas parecen insignificantes, sólo debo preocuparme por pedirle una botella de agua a la aeromoza que observa con curiosidad mi cabello azul. Desearía que fuera como enEl amor en los tiempos del cóleraen un ir y venir eterno…

Los rostros ilusionados, de las personas que me rodean, consiguen inyectar más nervios, ansían ver a esos seres queridos; algunos dibujan muecas de fastidio, esos deben viajar por trabajo. No sé qué expresión debo tener, es posible que sea la misma careta de indiferencia que he perfeccionado con los años; aunque en mi mente se tejen miles de caminos diferentes, uno más aterrador que el otro.

Apago mi lector electrónico cuando nos disponemos a aterrizar. Ni he conseguido avanzar en mi lectura de Saramago, mi voluntad lectora se quedó enraizada en la ciudad de México.

—¿También te asusta volar? —me pregunta la chica a mi lado.

No.

—Un poco.

Me dirige una sonrisa nerviosa. La realidad, es que me encanta viajar en avión, por eso siempre elijo los asientos en la ventanilla.

—Mis amigos quisieron venir ¿Sabes? —Se aferra al asiento cuando el avión hace una maniobra—. No pude llegar antes por el trabajo.

¿Y qué se supone que debo decir? Intento recordar la voz salvadora de Mike cada vez que un desconocido intentaba entablar una conversación conmigo, él siempre sabe qué decir.

—Es una ciudad agradable.

—Sí —suspira—. He venido varias veces… ¿Y tú?

—Una vez.

La chica levanta ambas cejas como si quisiera que dijera algo más, no pienso hablar sobre ello.

—El aire aquí es diferente —finalmente añade—. ¿Lo has sentido?

—Sí…

No soy buena para platicar. La chica parece comprenderlo, pues me dirige una sonrisa incómoda antes de girarse hacia el pasillo.

Mike y Nidia estarían muy desilusionados, se han desvelado escribiéndome frases de cortesía para entablar una conversación, olvidé recordarles que no poseo habilidades sociales; tampoco me interesa cambiar eso.

Intento que el azul del cielo no me recuerde los ojos de alguien, quiero pensar en Mike. Es la primera vez que nos separamos por tantos kilómetros.

Mike, Mike, Mike… Se avergüenza cuando recuerda que era una niña al conocernos. Nunca he pensado mal de él, pero sé que teme que lo haga. Me enamoré como sólo una niña de catorce años puedo hacerlo. Mike cuidó de mí, me protegió al perder a mi madre y a Camila; es la única persona que jamás me abandonó.

Camila, no planeé pensar en ella, pero aquí estoy sumergida en los recuerdos de la alegría de sus ojos iguales a los míos. Son esas viejas costumbres arraigadas a las células del cuerpo que no se marchan sin importar el paso de los años.

—Gracias, Dios mío —murmura la chica a mi lado—. Aterrizamos vivos…

—De cada diez millones de pasajeros al año mueren tres en accidentes —comento—. Según la probabilidad.

La chica me mira como si acabara de hablar en arameo, se limita a sonreír.

Como dije, no soy buena con las conversaciones superficiales. No las detesto, pero me cuesta adentrarme en una plática así; es lo que más me aterra de esta nueva vida.

Estoy a una llamada de pedirle a Mike regresar a casa, olvidarme de esto. No obstante, sé que no puedo ser egoísta. Necesita hacer su vida con Nidia, dejar de preocuparse por mí. Me ha cuidado todo este tiempo, es hora de aprender a hacerlo sola.

—Nos vemos —se despide la chica.

—Adiós.

Hablando de soledad…También es la primera vez que vuelo sin Mike y su deliciosa colonia que suele inundar mis sentidos. Estoy muy acostumbrada a él, casi espero escucharlo preguntar si tengo cigarros mientras abandono el avión.

Enciendo el celular dorado que ha sido un regalo de Nidia, luce una bonita manzanita en la parte trasera. El aparato recibe una decena de mensajes, aplazo los que son de quienes aguardan por mí en el aeropuerto. Primero me tomo un rato para contestar a Mike sus preguntas sobre cómo me encuentro y si quiero volver. Después a Nidia que desea saber todos los detalles de mi reencuentro con el dueño de esos ojos tono cielo, prometo que será la primera en enterarse.

Entonces reviso quiénes aguardan por mí… No sé por qué me desilusiona notar que él no está, ya sabía que sería así. Es decir, si no me ha contestado un solo mensaje en la semana, era bastante obvio que tampoco estaría aquí. No soy buena en demasiadas cosas, en especial en relacionarme con otras personas; es bastante probable que lo ofendiera sin percatarme.

Si no me convirtiera en una fumarola viviente cuando recuerdo la última noche que le vi, intentaría regresar sobre mis pasos y analizar cada fragmento, pero como me sonrojo de forma inhumana es mejor dejarlo así. Además, lo he analizado todos los días, sigo sin entender qué he hecho mal.

Al detenerme en la fila para recoger el equipaje me percato de lo desconsiderada que soy, pues haré esperar a Henrik y Bere más tiempo del necesario. Solicito un carrito o, mejor dicho, tartamudeo que necesito un carrito, el chico adivina lo que digo. Me ayuda a subir los dos estuches rígidos de mis guitarras, así como el sintetizador que me ha regalado Mike en el último, su valor sentimental es equivalente a que me regalara una de sus manos de músico.

Arrastro mi maleta de color azul porque, como si un poder superior se burlara de mí, es mi color favorito.

—¡Eh, Cristal!

Me encuentro con la sonrisa perfecta del guapísimo rubio que ya provoca discusiones en las parejas cercanas.

—¡Cris!

Berenice se precipita apenas abandono el pasillo, me envuelve en un efusivo abrazo que dispara un desagradable estremecimiento en cada molécula de mi ser. Tampoco soy buena en esto.

—Hola —musito cuando logro apartarme unos centímetros—. Perdón por hacerlos esperar.

—No pasa nada, linda —dice Henrik a una distancia prudente, sospecho que ha hablado con Mike más de lo que me gustaría—. Yo llevaré el equipaje, gracias.

El chico que me ayudara está boquiabierto con Henrik, asiente con más torpeza de la que soy capaz de demostrar.

Me veo sumergida en una conversación con respuestas genéricas. Me esfuerzo en recordar algunas de las frases que Mike y Nidia me anotaran, es como logro sobrellevar la plática sobre mi vuelo camino al estacionamiento. En el exterior la brisa cálida revuelve las hebras de mi cabello y el sol acaricia mi piel. Henrik y Berenice me regalan un par de tiernas sonrisas.

—El aire es diferente —me justifico al recordar las palabras de la chica—. Me agrada.

—Es cierto —admite Henrik—. Pero espera que lleguemos a las temperaturas de cuarenta grados, enloquecerás.

—¡Así es! —chilla la pelirroja—. Es terrible…

¿Cuarenta grados?

El Altima dorado de Henrik está cerca de la entrada al aeropuerto. El vikingo se encarga de subir mi equipaje, instrumentos incluidos. Nidia insistió en que trajera poca ropa para verme obligada a salir de compras. Lo que ella no sabe es que puedo elaborar cientos de combinaciones con la ropa que he traído, no le pediré a Aura salir de compras. No sé por qué quieren que entable una amistad con ella. Ya sé que se ha ofrecido aquella vez, pero lo hizo por compromiso. No llegaré a irrumpir su vida de recién casada, mucho menos al ser la ex novia de Dimas.

Listo, he pensado en su nombre.

—¿Ves? Ya tienes calor —bufa Berenice al notar mi rostro rojo—. Enciende el aire acondicionado, cariño.

—Claro, cariño.

Henrik me abre la puerta del asiento trasero, adentro es como un horno de microondas.

——¿Y cómo está Mike? —me pregunta el rubio mientras enciende el automóvil—. Me ha enviado como veinte mensajes.

—Está bien... Nos cuesta separarnos.

Berenice me mira a través del espejo retrovisor, sé que se pregunta si Mike y yo todavía tenemos algo. No puedo leer la mente, pero es la misma mirada que adoptan las personas cuando hablo de él.

—Bueno… —murmura el conductor—. Espero que no estés muy agotada…

La verdad, lo estoy.

—No, para nada.

—¡Perfecto! —exclama Bere—. ¡Porque te hemos organizado una fiesta de bienvenida!

¿Una qué?

—¿En serio? —me obligo a curvar las comisuras de los labios—. No tenían que hacerlo.

En serio, no tenían que hacerlo.

—Mike dijo que reaccionarías así —ríe Henrik—. Pero, linda… ¡Si vas a vivir aquí tienes que acostumbrarte a que pasamos la mayor parte del tiempo juntos!

Lo sé, por eso no quería bajarme del avión.

—Mike exagera.

No lo hace.

—¡Te divertirás! —insiste Berenice—. Es en casa de la familia Dogre —añade un tonito burlón en el apellido—. La feliz pareja.

Oh, genial.

—Qué bien —sonrío, ahora sí lo consigo sin parecer robot—. ¿No es mucha molestia?

—Aura ha insistido —me explica Henrik—. Antes de que Gabriel te prohíba hablarnos.

No creo que lo haga, al menos no explícitamente, pero sí he notado cierta rivalidad conMalaVenturaen las pocas pláticas que hemos tenido.

No sé qué más decir, me limito a hacer un gesto afirmativo con la cabeza. Por fortuna, la siguiente canciónque se reproduce en el estéreo parece encantarle a Berenice, pues sube el volumen y acaba con cualquier intento de conversación.

Llevo mi celular viejo en el bolso, pero sé que nadie me enviará ya mensajes ahí. El nuevo, por otro lado, tiene varios mensajes de Mike.

Mike: Cristal, si te sientes mal, en cualquier momento, llámame.

Cristal: Lo haré.

Mike: Lo digo muy en serio. No importa si es de madrugada¿Entendido?

Cristal: Lo entendí las primeras tres veces. Estoy bien.

Mike: Sí, claro que lo estás… Eso fue con sarcasmo.

Cristal: Bueno, estaré bien cuando me adapte.

Mike:¿Qué harás ahora?

Cristal: Fiesta, yupi. Eso también fue con sarcasmo.

Mike: Necesitas hacer amigos.

Cristal: Ya sé…

Mike: Entonces no seas una amargada, Cris. Diviértete.

Cristal: Lo intentaré.

Mike: Háblame al rato ¿Sí? Estaré pensando en ti.

Cristal: Gracias.

No es incómodo recibir mensajes suyos, estoy segura de que Nidia está a su lado. Mike es mi familia, es mucho más que un hermano o un amigo. Fue mi todo, creo que todavía lo es, no podría existir en un mundo donde Mike no está.

—¿Quién era? —pregunta Bere y gira en el asiento hacia mí—. ¿Empieza su nombre con D?

—Berenice —Henrik la reprende con cara de pocos amigos—. Déjala.

Por supuesto que Mike habló demasiado con Henrik sobre mí.

—No. Era Mike.

Berenice hace un mohín de desilusión. El sentimiento me contagia, reviso de nuevo mis mensajes con la tonta esperanza de haber pasado uno por alto, no es así.

Lo único que me tranquiliza es que no veré a Dimas en la fiesta, no creo que le guste ver a Aura y Eric como un feliz matrimonio. Soy la única que sabe lo mucho que le ha afectado que Aura se case, tal vez por eso me evita.

—Cambia esa cara —dice el vikingo al mirarme en el espejo retrovisor—. O si te sientes mal podemos ir al departamento para que descanses. Los demás lo entenderán ¿Verdad?

—Sí, Cris ¿Estás muy cansada?

—Estoy bien… Me gustaría saludar a los demás.

—¡Así se habla!

Bere grita mucho.

Henrik empieza a contarnos su ajetreada mañana acomodando la que será mi habitación, antes fue su estudio. Mike le ha enviado dinero para comprarme muebles y un automóvil, un beetle azul cielo espera por mí en el estacionamiento del departamento.

Azul cielo… ¿No podía ser azul eléctrico? ¿Azul oscuro? ¿Cualquier otro tono de azul?

No puedo negar que es agradable escucharlos platicar, aunque me cueste muchísimo intervenir con algunapalabra. Prefiero observarlos y reírme de sus ocurrencias, son muy divertidos; pero estoy muy cansada. Me agoto con mucha facilidad, es como si mi batería se descargara cuando me rodeo de personas y necesitara unas horas para reponerme.

Un vuelo, vida nueva y una fiesta de bienvenida. Necesitaré una semana para cargar la batería; sólo cuento con unas horas, pues mañana empezaré a ensayar conGray.

Un día para enfrentarme a Dimas luego de que ignorara todos mis mensajes.


La casa de Aura y Eric es muy bonita, me recuerda a la casa que compartí con Mike y después también con Nidia. Ya hay varios automóviles aparcados en las calles, me arrepiento de jamás preguntarle a Dimas por el modelo de su auto, así sabría si pretende continuar fingiendo que le alegra que Aura y Eric se casaran.

—Adelántate —le pide Henrik a Bere, la chica se cruza de brazos—. Por favor.

La baterista nos mira y suelta un bufido, entra a la casa y anuncia a los cuatro vientos que hemos llegado.

—Oye… —me dice el chico—. Si quieres irte en cualquier momento puedes decirme con confianza ¿De acuerdo?

Asiento, no sé qué decirle.

Henrik me da una leve palmada en el hombro como si temiera que en cualquier momento corra al otro lado del país. Me avergüenza que sepa lo mucho que me desagrada que me toquen, por otro lado, agradezco que así sea.

Los únicos contactos que me agradan son el de Mike, Nidia y Dimas. No debería agradarme que el último me tocara, pero así es…

Si tan sólo Dimas supiera lo difícil que ha sido para mí buscar su contacto, pero tengo este candado en la lengua que no me deja decir todo lo que pienso. Mi boca dice algo y mi mente otra cosa, puedo escuchar ambas oraciones al mismo tiempo mientras hablo. Nidia siempre me aconseja decir las cosas que pienso porque, de lo contrario, termino por aislar a las personas, pero no sé cómo… ¡Me atoro cuando intento ser sincera!

—Están en el jardín —señala Henrik—. Te abrazarán mucho.

Vuelvo a asentir con una pizca de resignación un segundo antes de abandonar la hogareña casa y verme rodeada de brazos que me estrujan de un lado a otro. Ni si quiera relaciono las palabras con esos brazos, sólo quiero correr hacia un sitio apartado.

Aura, Eric y Sofía son los únicos que no me tocan, los saludo con un tímido hola. La última parece una muñeca humana con su cabello rubio claro y largas piernas, me gustaría tener su estatura.

—Mike nos dijo que tu bebida favorita es la limonada con soda —me dice ella—. Así que no te muevas…

La preciosa rubia me hace un guiño y regresa al interior de la casa; me deja con la feliz pareja de casados.

En lugar de Dimas también me sentiría mal, son una pareja de bonitos y que, además, se adoran. Es fácil de deducir con el leve roce de Eric en la espalda baja de Aura y las miradas dulces que intercambian.

—¿Quieres comer algo? —me pregunta Aura—. Cedric es el encargado de la comida.

—Estoy bien, gracias…

Eric tiene unos ojos negros que, según Nidia, son espeluznantes; a mí me parecen inquietantes. Me gusta observarlos, creo que ese fue el primer malentendido cuando intentó algo años atrás, no recuerdo frenar a nadie más antes o después de él. No suelo permitir que se acerquen tanto como para hacerlo.

—Tu cabello se ve… —comenta Eric con esa voz rasposa que es agradable, no combina con la mía como para un dueto—. ¿Podría fotografiarlo?

—¿Quieres más fotografías de Cristal? —pregunta Aura con las cejas levantadas.

Eric se sonroja, no entiendo… Ah… Ya entendí...

—No —murmuro—. Esas fotos… No te preocupes.

Aura ríe y niega, la bonita melena castaña se agita con el movimiento. Es injusto que tenga esa sonrisa encantadora y la piel bronceada. No es una chica simplemente guapa, sino que es una talentosa escritora; soy su admiradora.

—Estoy bromeando —dice dándole un codazo a Eric—. Ve por tu cámara, yo iré a ver a Cedric.

—Cruel.

Eric detiene de la muñeca a Aura cuando intenta apartarse y le planta un beso cargado de ternura. Me giro sobre los talones para darles espacio.

Minerva está sentada a un costado de una larga mesa blanca, señala el asiento a su lado que está vacío. He platicado un poco con ella, es un sitio seguro donde estar sin muestras de cariño.

—Te acostumbras —Enciende un cigarro—. No pueden estar sin besarse o tocarse o mirarse o cualquier cosa que implique proximidad.

Gabriel se sienta a mi otro lado. Busco con la vista a Henrik por ayuda, no le veo por ningún sitio.

—¿Y estás lista para empezar mañana? —me pregunta el líder de Gray—. Nicolás está eufórico… ¿Verdad?

—Sí —suspira Minerva—. Ya le he enviado un mensaje diciéndole que estás aquí, gritó por mensaje, mira.

La violinista me enseña su celular donde Nicolás ha escrito la letraAunas treinta veces. Sin embargo, al regresar a la pantalla anterior noto que tiene un mensaje de Dimas.

Es ridículo que alguien como yo se encuentre en una fiesta de bienvenida con dos de las ex novias del chico que… del chico que nada, ni nos hablamos.

Sin saber muy bien cómo o por qué, noto que comenzamos a rodearnos de los demás, mi conversación parece ser sumamente interesante. Me preguntan por mi colaboración conThe Witchery la amistad que tenemos. También por un festival en el que participóDreamersen Los Ángeles, están tan emocionados con mis escuetas narraciones que ignoran a Nicolás al entrar.

—No sé si saludarte o pedirte tu autógrafo —saluda Nicolás.

Él no me abraza, se limita a sonreírme y hacerse un sitio en medio de los demás. Sospecho que le agrado un poquito más de lo adecuado, me entristece porque sé que se debe a mi físico. Las personas que ven más allá de lo que proyecto terminan por apartarse, como Dimas.

—Ya, la están agobiando con preguntas —me rescata Henrik—. ¿Cuándo se van a grabar el álbum?

—A finales de marzo —responde Gabriel—. Tenemos poco menos de un mes.

Entran en una serie de lamentaciones por el poco tiempo que tenemos para adecuarnos, eso me tiene sin cuidado. Soy muy mala en demasiadas cosas, pero no en lo que amo hacer. No digo que sea un talento legendario, sino que puedo pasarme sin dormir varios días hasta que las cosas salgan como deseo. Es justo lo que necesito, volcarme en la música, olvidarme de todo lo demás. Olvidarme del ridículo que hice con Dimas.

Sofía me entrega mi limonada con soda, doy un pequeño sorbo de la pajilla; la plática técnica es interesante, no deseo interrumpirlos. Aura tiene cara de perdida, Eric le explica al oído queGrayutiliza una afinación más baja para algunas canciones. No sé si esa seré yo o Dimas, parece que tendremos que hablar bastante para trabajar…

No somos buenos hablando, eso es mutuo. Lo intenté, fue un desastre; tartamudeé lo suficiente para que fuera imposible entenderme. Dimas me hace sentir como una niña nerviosa, una más nerviosa de lo normal, si es eso posible.

Sonrío, creo que alguien dijo algo gracioso, aunque no los escuché. Estoy ocupada intentando mantener al margen el recuerdo de la boda sin conseguirlo. El regalo deThe Witcherpara la pareja de recién casados fue un concierto privado en el que también canté la canción que incluirán en su nuevo álbum; me pareció interesante que realicemos una colaboración, pues los conozco desde hace mucho. Mike y yo cantamos unas cinco canciones antes de ellos, como en los viejos tiempos, y fue un espectáculo memorable. Incluso se publicó un artículo en una revista de la capital sobre nuestras presentaciones.

Nidia estuvo también, pero se sentía mal y decidieron marcharse temprano. Yo me quedé porque quería platicar un poco con Dimas sobre cualquier bobería. Llevaba la noche entera ideando alguna forma de entablar una conversación. Él me saludó, no volví a verlo por mucho rato, no parecía muy emocionado de verme. No debió deprimirme, tampoco es que pareciera muy alegre cuando le enviaba mensajes y me respondía con monosílabos.

Ni yo misma me reconozco… Jamás pensé que podría enviarle mensajes a un chico que me agradara, pero Nidia me animó a intentarlo, no resultó. Dimas no me mira, tampoco lo hará, no mientras Aura sea la única chica a la que quiere ver.

Aura y Eric están un poco apartados platicando, ella se ha sonrojado tanto como yo puedo hacerlo. Eric la mira de la misma forma en que Mike observa a Nidia o viceversa, con demasiado amor.

Sé que nadie me creería que Dimas continúa enamorado de Aura, pues ha hecho todas esas cosas maravillosas para la boda, pero creo que está más enamorado que nunca.

Esa noche me aparté de la fiesta cuando no vi a Dimas por ningún lado, Mike ya no estaba y comenzaba a sentirme cansada. Necesitaba un rato a solas, así que empecé a vagar por la hacienda, nunca antes había estado en una. Encontré un pasillo que conducía a otro jardín donde no había nadie, decidí sentarme un rato en una de las bancas; estaba un poco decepcionada por no lograr platicar por más de un minuto con Dimas. Entonces lo vi. Atravesó el jardín con paso apresurado y se internó por otro pasillo que llevaba a la zona de las habitaciones. Pensé que podría tomar un poco de valor al estar solos, sin que nadie más me viera enrojecer con cada palabra, así que le seguí. Muy tarde me percaté de que él lloraba y, cuando me he girado para irme, rompí un jarrón.

Dimas me vio, me paralicé con su mirada azul fría, esa sí es espeluznante. No supe qué hacer o decir, así que cuando me pidió que lo acompañe me pareció sencillo obedecer. Me condujo por unas escaleras hasta la segunda planta, noté que iba un poco borracho, no quise procesar el por qué lloraba.

Entramos a una habitación con una cuidadosa decoración rústica. La cama con dosel me pareció que podría pertenecer a una princesa. El olor a madera inundaba todo el lugar, las luces amarillas añadían la calidez que me abandonó cuando recibí la mirada de Dimas.

Él se sentó al lado de una mesa circular donde estaba una botella de whisky y se sirvió en un vaso. No recuerdo todo lo que dije o intenté decir, estaba muy nerviosa; tartamudeé tanto que el recuerdo me avergüenza. Me senté a su lado, intenté buscar su mirada sin éxito, tampoco me contestaba cuando le hablaba.

Creo que permanecimos así casi una hora, él bebía, yo lo observaba. Su cabello estaba despeinado, se había deshecho el nudo de la corbata, parecía devastado. Me dolió verlo así, tampoco quise preguntarme por qué me produjo ese sentimiento.

—¿Estás triste? —le pregunté.

Dimas me miró y tragué saliva, triste era poco.

—Ahora es oficial —dijo.

Era por la boda como mi conciencia me dijo desde que le descubrí llorando. Tomé su mano con fuerza, me sorprendí por atreverme a tocarlo. Mi corazón se aceleró cuando me acarició con el pulgar.

Quise decirle que podía contar conmigo para hablar, pero no conseguí articular ni una sola palabra, mucho menos una oración.

Las cosas son algo confusas al recordarlas, cada vez que vienen a mi mente descubro algo nuevo. Antes no recordaba cómo acabé en su regazo, ahora sé que tiró de mis manos, ni pasó por mi mente oponer resistencia. Estaba borracha de emociones.

Los intentos por organizar mis pensamientos se desvanecieron cuando me besó en el cuello, miles de imágenes regresaron como un gancho al hígado. Recordé a Camila con los ojos inundados de lágrimas mientras ese hombre la tocaba y pedía perdón como cada noche. Mi cuerpo temblaba, se me perló la piel de sudor y quise llorar, nadie más que Camila me ha visto llorar.

Dimas no paró de depositar besos suaves sobre mi piel. Estaba tan nerviosa que me preguntó si era virgen, me avergoncé mucho más de lo que pensé que podría. No lo soy, estuve con Mike algunas veces, pero tampoco es que fuéramos muy apasionados. A veces creo que es por eso que se enamoró de otra, me cuesta disfrutar de las relaciones sexuales al recordar a Camila.

Dimas consiguió que me olvidara de Camila… Logró que me olvidara de mi vergüenza, la timidez, mi temor a que me toquen o me lastimen si permito que se acerquen demasiado. Olvidé muchas cosas así no me mirara, cerró los ojos casi todo el tiempo; sólo los ha abierto al final, no sé si se decepcionó al encontrarme en lugar de la mujer que ama.

Unas cosquillas desagradables cubren mi corazón con el recuerdo de esa noche.

Fue maravilloso,para mí. Sonreía cuando Dimas ha vuelto a llorar, lo abracé hasta que se durmió. Acaricié sus rizos, delineé el tatuaje que baja por su brazo, es el hombre que me ha atraído más que nadie. No podía creer lo que acababa de suceder, ni la emoción que latía feroz en mi pecho. Tardé mucho rato en dormirme conmovida, inquieta por estar de nuevo con alguien.

Me desperté por la mañana, al instante supe que ya no estaba en la cama, creo que ni en la hacienda. Tenía varias llamadas perdidas de Mike preguntándome en dónde estaba, nuestro vuelo salía en unas horas. Intenté llamar a Dimas, pero me desvió las llamadas y apagó el celular. No tenía mucho tiempo para meditar lo sucedido. Al salir de la habitación me encontré con una mucama esperando para hacer la limpieza, creo que dejó instrucciones.

Llamé un taxi y le envié un hola por mensaje de texto, jamás respondió. Nidia supo al instante que algo pasó, se ha puesto como loca de alegría cuando le conté. Me compró la píldora del día siguiente y me tranquilizó al decirme que era posible que Dimas no contestara porque estaba durmiendo; le creí. Envié otro mensaje por la noche y un par al día siguiente. Significó demasiado para mí, quería que lo supiera, pero no respondió a los mensajes. El último que le envié fue para preguntarle si hice algo para enojarlo, continúa sin respuesta en mi celular; no sé qué pasó.

—¿Te sientes bien?

La voz de Gigi a mi lado me sobresalta, no sé en qué momento se ha levantado Minerva para dejarle el asiento libre a la soprano.

—¿Se te bajó la presión? —me pregunta Paolo a mi otro lado—. Estás muy pálida.

—¿Quieres algo de beber? —Es Cedric al frente—. Te ves mal.

Me siento mal.

—No, es el clima.

Gigi asiente con exageración, me cuenta lo mucho que le costó adaptarse. Al parecer esas famosas temperaturas de cuarenta grados pueden hacer vacilar al más fuerte.

—Espera cuando vea a Dimas mañana —canturrea Bere.

—¡Berenice! —la reprende Aura y Henrik mientras dejan algunos platos con frituras al medio de la mesa.

Recibo una sonrisita tierna de la que es el amor imposible de Dimas. Ya sé que sospechan que algo sucedió, pero algo como un beso, no lo que en verdad pasó. La realidad es que lo único que no ha pasado es eso, besarlo. No nos besamos, quise hacerlo, pero se apartó cada vez que lo intenté.

No fue romántico, sino desesperado y melancólico. Yo apartando mis fantasmas, él imaginando que era la mujer que ya nunca podrá tener. No sé cómo sentirme con eso, tampoco se lo he contado a Nidia, ella vendría a asesinarlo.

Aura me pide que la siga hasta un costado de la piscina donde está Eric con la cámara fotográfica. Es un chico demasiado atractivo para no mirarlo un par de veces cuando Aura no ve, pero encuentro más guapo a Dimas.

No sé qué tiene Dimas que me ha interesado desde el primer video suyo que vi. Al conocerlo en el festival me mantuve apartada, si me acercaba mucho me sonrojaba y empezaba a decir tonterías. Él fue muy amable ese día,supongo que malinterpreté las cosas.

Me enamoré, es una emoción muy diferente a la que sentí con Mike. Ahora no sé si pueda mirarlo a la cara durante el ensayo, ya que es obvio que no se ha significado lo mismo para él. Sólo fui un desahogo que estaba al alcance.

—Sonríe —me dice Eric—. Parece que te acaban de informar que alguien murió.

Mi autoestima.

—Eso hago…

Aura me pregunta si puede abrazarme, sé que debo hablar con Mike. Me alegra que no me toquen demasiado, pero tampoco deseaba que todos supieran lo rara que soy.

—Claro.

La escritora pasa un brazo sobre mis hombros, Eric nos pide sonreír. Mi sonrisa no es ni la sombra de bonita que la de Aura. Ella mira hacia la cámara con el corazón casi rebosando por sus poros.

—Una más —nos dice su esposo.

El movimiento alrededor de la mesa me distrae por un mortal segundo. Mis vagos intentos por sonreír colapsan. No estaba preparada para ver esa mirada celeste hasta mañana o, mejor dicho, nunca más.