U𝚗𝚘

—Bien, los he reunido de manera urgente porque una de las mayores marcas de vinos del país está buscando agencia para lanzar una nueva variedad de cepa, —explicaba Niall Horan, alfa jefe y director de cuentas de Global Connect, una de las mejores empresas de publicidad del momento.
—¿Qué están buscando? —Preguntó Louis Tomlinson, uno de los dos directores creativos y alfa.
—Llegar a más público, mostrar sus productos como algo más familiar. Quitar un poco la imagen del alcohol y quedarse con algo más hogareño.
—¿Hay alguna pauta o es de libre creación? —Indagó Harry Styles, el otro director creativo y omega.
—Es a libre elección, solo hay un gran problema y es que necesitan la propuesta en tres días a contar de hoy.
—Por lo que, —dijo Zayn Malik, el director artístico y alfa, —necesito sus propuestas mañana por la tarde para que tengamos tiempo de afinar detalles y ya saben, pulir en caso necesario o buscar otras alternativas.
—Exactamente, pueden retirarse y por favor, intenten hacer un excelente trabajo como estamos acostumbrados. Es una cuenta importante y sería un gran triunfo trabajar con ellos.
Todos se levantaron de sus puestos y se dirigieron a sus oficinas.
—Bien, —habló Louis a su equipo, —empecemos a tirar líneas. Tenemos poco tiempo.
A eso se dedicaron casi dos horas, hasta tener una idea general del proyecto.
En la sala de al lado, estaba Harry y su gente. —Necesitamos crear un concepto antes de pensar en la imagen, ¿se nos ocurre algo? —Preguntó con su amabilidad habitual.
Era Harry, un omega un poco particular. Era en extremo agradable, pero no te dejaba entrar en su vida. Era cálido en su trato, pero sus ojos tenían una frialdad que más que miedo, evocaba a tristeza profunda. Había llegado a la agencia hace un año, y nadie conocía su historia, solo sus excelentes referencias laborales. Su delicado aroma a granadas calmaba a quien estuviera cerca, excepto, al parecer, a Louis, quien contrastaba por completo en energía y trato. Louis era mucho más dinámico, enérgico y acelerado. Un verdadero alfa con aroma a vino blanco que podía ser avasallador. Estaba en la empresa hace dos años, y se jactaba de haber aplastado al anterior director creativo hasta hacerlo salir del lugar.
Debido a eso, es que entre Harry y Louis había una tensión negativa. No se llevaban bien, apenas se toleraban e intentaban no tener mucho acercamiento. Las pocas veces que tuvieron que sociabilizar por obligación era en algún evento de la empresa, pero apenas cruzaban un par de palabras y Harry buscaba como salir de esa situación. No toleraba la arrogancia de Louis, quien, desde el primer momento, se sintió amenazado con la presencia de Harry, no esperaba que el nuevo director creativo fuera tan bueno en su trabajo. La empresa había invertido mucho para llevarlo a ese lugar, y Harry había estado a la altura. Era muy capaz, y se dedicaba por completo a su trabajo, no tenía familia. No propia, por lo menos. Su padre había muerto hace cinco años y su mamá vivía en Preston, pero no tenían una buena relación porque ella lo culpaba de la tragedia que habían vivido hace tres años y de la que Harry se rehusaba a hablar.
Esa tarde, cuando ya todos se habían ido, Harry se quedó trabajando en los bosquejos de su idea. Había formado un gran equipo de trabajo y se sentía bien estando a cargo de ellos a pesar de ser un omega, lo que era bastante curioso, sobre todo en un ambiente donde los alfas predominaban.
Le gustaba conectarse de verdad con los productos a los que les diseñaba las campañas publicitarias, por lo que al salir de la oficina se fue a una vinoteca, donde pudo revisar los diseños actuales de las botellas, los colores y texturas utilizados en las etiquetas y llevó dos para degustar en su departamento. Cuando los probó, pudo conectar mejor con lo que buscaba, y sonrió satisfecho al sentir que las ideas aparecían sin forzarlas.
Contrastaba su manera de trabajar con la de Louis, que a esa hora estaba en un bar bebiendo todo lo que estuviera a su alcance. Era su panorama diario y lo hacía temprano para poder levantarse sin problemas y mantener su imagen perfecta y excepcional frente a los demás. Le gustaba ser admirado, pero por sobre todo, respetado. Sabía que era más que excelente en su trabajo, por algo se había mantenido en él, y le gustaba infundir un poco de miedo en sus “oponentes”. Nunca terminaría de entender por qué Niall insistía en tener dos directores creativos, si él podía hacer todo el trabajo sin dificultad.
Al llegar la mañana, se encontraron en la entrada Louis y Zayn.
—Hey, tu cara apesta, —dijo el director artístico de la agencia.
—Se me pasó la mano con los tragos anoche y casi no pude dormir. Me llevé un omega a la cama, pero ni me acuerdo de él.
—No cambias. Cualquier día de estos te van a venir a reclamar la paternidad de algún cachorro.
—No es mi problema, si alguno queda esperando es por andar de fácil y no tomar bien sus anticonceptivos.
—A veces me pregunto cómo podemos ser amigos, con razón a Liam no le caes bien.
—Pues tu esposo no es que sea santo de mi devoción tampoco, pero qué flojera estar hablando de esto.
—¿Cómo vas con la campaña de los vinos?
—Todo marchando. Los chicos adelantaron bastante ayer, creo que va a salir algo más que bueno de nuestra reunión.
—Eso espero. A las cinco necesito tu propuesta, nos vemos.
Zayn caminó hasta llegar al lado de Liam, su esposo hace diez años, y juntos caminaron hacia sus respectivas oficinas. Liam era el analista de mercado y tenía que ver con todo lo que involucraba a los consumidores, analizaba datos y creaba estrategias.
Cuando Louis llegó a la sala de reuniones de su equipo, se sorprendió de ver a Harry ya trabajando y se maldijo por haber tomado de más. Lo peor y lo que más le preocupaba, era lo promiscuo que se estaba volviendo. Las últimas noches había amanecido con omegas a los que ni siquiera les había preguntado el nombre y Zayn tenía razón, podría dejar a cualquiera preñado y era lo que menos quería para su vida. Los hijos eran un estorbo. Se prometió ser más cuidadoso y asegurarse de tomar a tiempo sus propios anticonceptivos y usar condón siempre. Claro que era algo que solo lo sabría él, no podía ser que alguien supiera que el alfa Louis Tomlinson tuviera ese tipo de preocupaciones. Se sentó y tuvo que esperar diez minutos a que llegaran todos quienes conformaban su equipo, y eso ya estaba mal. Apenas llegaron todos, los reprendió duramente.
—¿Qué tienen en la cabeza? ¿No se dan cuenta de que estamos en pleno desarrollo de las ideas y que necesitamos un tiempo que no tenemos? ¿Qué explicaciones me van a dar? ¿Saben qué? No me interesan, nos ponemos a trabajar de una vez y espero que sus cabezas funcionen o de lo contrario, pueden largarse a sus casas.
Tres horas estuvieron trabajando bajo un ambiente hostil y desagradable. Lastimosamente, era lo normal en el equipo de Louis, que cambiaba bastante seguido de profesionales, a pesar de que Niall ya había hablado con él en innumerables ocasiones.
En cambio, en la oficina de Harry la atmósfera era distinta. Todos estaban trabajando muy comprometidos, porque se habían acostumbrado al trato amable de Harry y no querían perderlo o que los cambiaran al grupo de Louis, conocido por todos por lo tenso que era.
A la hora de almuerzo, se encontraron en el restaurant de la esquina, donde acostumbraban comer la mayoría de los empleados de la agencia. Estaban en la fila Harry, Liam y Zayn, y más atrás, Louis con Niall.
Se sentaron en mesas contiguas, pero Louis se preocupaba de que su voz alcanzara la mesa de Zayn.
—Vas a ver Niall, mi propuesta va a ser mucho mejor que la de cierto director creativo. Son beneficios de ser tan inteligente y brillante.
Zayn y Liam, a pesar de estar acostumbrados, se sentían incómodos con la situación. Sabían de sobra lo desagradable que podía ser Louis, pero ya estaban hartos de hablar con él.
—Eso espero, aunque debemos hablar del trato que le estás dando a tu equipo, —dijo Niall muy serio.
—A veces se portan como unos ineptos y es necesario recordarles quiénes son.
—No voy a tener esa conversación contigo en este momento, pero te quiero en mi oficina mañana a las ocho de la mañana.
—¿No puede ser más tarde?
—A las ocho, Louis.
El aludido resopló, molesto. Pocas cosas le molestaban tanto como que le llamaran la atención frente a los demás, sobre todo si estaba Harry presente.
Niall terminó de almorzar y se devolvió a la oficina. Louis se giró y le preguntó a Zayn si podía sentarse con ellos.
—Claro que no, —le contestó Harry, con voz seca.
—No te estaba hablando a ti, —dijo Louis.
—No empiecen, —pidió Liam.
—Es el omeguita el problemático.
Harry dejó caer su tenedor, que se estrelló en el plato ya vacío. —¿Disculpa? ¿Cuál es tu problema?
—Tú, tú eres mi puto problema, ¿por qué no te largas a tu casa y te dedicas a lavar la ropa?
—¿Por qué no te preocupas de ti? ¿Tan mal está tu vida que tienes que meterte conmigo? Ni siquiera me conoces, no te acepto que me hables en ese tono.
—Uy, pero si se molestó, muy delicado, ¿no?
—No, la delicadeza no es lo mío, remedo de alfa ordinario, —dijo levantándose, y pasando frente a Louis sin siquiera mirarlo.
—Se te está pasando la mano, —habló Zayn, incómodo. —Te recuerdo que mi esposo también es un omega, y uno que es profesional y que hace muy bien su trabajo, al igual que Harry.
—No te molestes en hablarle. Debe tener tapados los oídos con su ego. Nos vemos en la oficina.
Liam salió también.
—¿Por qué andan todos tan sensibles?
—Tú estás más insoportable que nunca. En serio ya baja tus revoluciones o Niall te va a terminar echando. Recibió tres quejas de tu equipo esta mañana, y agradece que Harry no le ha hecho ningún comentario negativo, a pesar de que el mismo Niall se ha dado cuenta de cómo te comportas con él. Te lo digo como tu amigo, sé más amable, no quisiera tener que alejarme de ti.
—¿Y por qué lo harías?
—Porque eres tan despectivo con los omegas, que olvidas que Liam es uno, y si tengo que elegir, mi respuesta es clara. Siempre voy a preferir a mi esposo, espero que lo tengas claro.
—Lo que digo nunca incluye a Liam, pero está bien. Intentaré calmar mis comentarios.
—¿Hay algo que te molesta o que te tiene estresado?
—Supongo que la presentación para la nueva campaña.
—¿Te sientes inseguro?
—No quisiera decirlo así, pero Harry es un buen director creativo y llegó para alterar las cosas. Yo debería ser el único.
—¿Y no te has puesto a pensar por qué no lo eres?
—Porque Niall es un estúpido a veces.
—No, Louis. Buscó otro director porque tu desempeño es impecable, pero tus relaciones con los demás apestan. No puede confiar en tu criterio a la hora de formar equipos, y en este trabajo es más que necesario el buen ambiente laboral.
Louis se quedó en silencio, y así caminaron hacia la agencia.
La tarde la pasaron todos afinando detalles para la presentación, hasta que dieron las cinco de la tarde. El primer grupo en exponer fue el de Louis.
—Por favor, comiencen con la presentación, —pidió Zayn.
—Bien. Intentamos cambiar la perspectiva, como lo necesita el cliente, y nos enfocamos en crear una campaña más sofisticada, con líneas elegantes. Una visión más adulta. La imagen sería en tonos más oscuros, con especial énfasis en la calidad de las botellas y una nueva etiqueta mucho más vistosa para que pueda llamar la atención de los consumidores.
—Bien, gracias Louis. Hoy a las seis y media tendremos una opinión de las dos campañas. Pueden retirarse, y por favor, avísenle a Harry que es su turno.
En el pasillo estaba Harry, hablando con su grupo, cuando salió el de Louis.
—¿Nervioso? —Le preguntó a Harry, con cizaña.
—Claro que no.
—Deberías.
Harry lo miró de abajo hacia arriba y pasó por el lado.
—Cuando quieran, —dijo Niall.
—Primero, las botellas y las etiquetas que está utilizando el cliente, son demasiado clásicas y en tonos muy oscuros, llamando la atención del público equivocado, ya que lo ven como un producto para gente de mayor status. Nuestra propuesta incluye un nuevo envase, con líneas más modernas y una etiqueta más colorida y, por supuesto, ecológica. La campaña incluye muchas tomas familiares, para que se asocie el producto con, por ejemplo, las celebraciones en conjunto. Volver a brindar con la familia, hacer un momento inolvidable, reunirse. Nuestra idea abarca no solo a este producto en específico, también hicimos una propuesta para los otros dos vinos que se encuentran en el mercado, y que pueden incluir a futuro, nuevos productos.
Zayn y Niall se miraron.
—Muy bien. En una hora o menos tendremos la decisión tomada. Pueden retirarse, —dijo Niall.
Cuando Harry se retiró, estaba Louis esperándolo.
—Te demoraste. Estoy seguro que te diste mil vueltas para presentar un bodrio, —sonrió con malicia.
—Sí, tienes toda la razón. Estaba demasiado nervioso, —contestó Harry, intentando no pegarle para borrarle la sonrisa falsa de su fea cara.
—Pobrecito, ojalá y no te pongas a llorar, ya sabes, los de tu casta son tan débiles que siempre terminan haciendo berrinches, como los estorbos.
—¿Estorbos?
—Sí, estorbos.
—¿Te refieres a los cachorros? —Preguntó comenzando a alterarse.
—Estorbos y cachorros son lo mismo.
—Eres un malnacido, —masculló Harry, empujándolo.
—¡No me toques! ¿Qué te pasa?
—¿Qué me pasa? ¿Cómo puedes vivir así? ¡Eres un estúpido y un idiota que no tiene idea de nada!
Se fue caminando rápido a encerrarse a su oficina, dejando a Louis completamente pasmado.
Lo peor de todo, es que la escena fue presenciada por Niall, Zayn, Liam y los dos equipos de trabajo. Todos miraban a Louis.
—¿Qué me ven? —dijo caminando hacia el baño.
Frente al espejo, Louis se miraba pálido. No esperaba la reacción de Harry. La verdad es que nunca esperaba una respuesta de alguien, estaba acostumbrado a tirar su mierda en cualquier tema y sentir la incomodidad aparecer. Le gustaba eso, se sentía poderoso porque nadie lo contrariaba. Zayn le tenía una paciencia infinita, Liam no le hablaba, y los demás, casi le tenían miedo. No esperaba ese efecto hostil de un simple omega. Y pese a esa sensación de poder, sabía que las palabras de Zayn a la hora de almuerzo eran ciertas. Tenía que cambiar y dejar de ser tan desagradable, por lo menos en el trabajo. Afuera, de noche, y con alcohol en su sangre se volvía un alfa menos tosco y algo más agradable, pero lo hacía para lograr cautivar a algún omega y poder tener con quien pasar la noche.
De más está decir que el tiempo de espera para saber qué campaña se había elegido, se hizo eterna. Cada persona de la agencia intentaba adelantar otros trabajos o buscar información o simplemente parecer ocupado. A las seis y media en punto, Niall llamó a su oficina a Louis y a Harry.
—Antes de hablar de la decisión que tomamos, quería decirles que no voy a tolerar otra escena como la ocurrida en el pasillo. Mañana y cómo te había dicho, Louis, te quiero aquí a las ocho de la mañana y a ti, Harry, a las ocho y media, —dijo notoriamente enojado. —Ahora, las dos campañas tienen cosas buenas, pero tienen visiones y proyecciones muy diferentes. Una de ellas, sin embargo, creemos que se acerca más a lo solicitado por el cliente, y esa es la desarrollada por el equipo de Harry. Necesito que la pulan y terminen para mañana a mediodía, y preparen la presentación. Los clientes llegarán a las tres de la tarde, ¿entendido?
—Sí señor, —habló Harry, avergonzado por lo del encontrón con Louis.
—Pueden retirarse, buen trabajo.
Harry y Louis se levantaron y salieron en silencio y se encerraron en sus respectivas oficinas, a solas.
Harry, sobre todo, se sentía abochornado por la situación, tanto que había olvidado que su campaña había superado a la de Louis. Jamás le habían llamado la atención por alguna actitud en un trabajo, no a sus 34 años, no por pelearse con un compañero y sabía que fácilmente le podía significar salir de la agencia y tener una mala referencia en su hoja de vida. Y pese a todo, no podía evitar sentirse molesto con Louis, por hablar de esa forma de los cachorros. Podía entender que no quisiera hijos, era su derecho, pero había límites y para alguien con su historia no dejaba de ser doloroso. Intentó calmarse, tomando respiraciones profundas y lentas, pero su pecho dolía, una vez más dolía y no era el lugar para quebrarse, tenía que esperar a llegar a su departamento. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, se levantó y reunió a su equipo para darles la noticia, pero con tanta tristeza en su voz, que nadie celebró. Simplemente se dedicaron a trabajar duramente en todo lo que faltaba, con tantas ganas que lo terminaron esa misma tarde.
Esa noche, ya en silencio y en oscuridad, estaba Harry tomando una copa de vino sentado en el sofá, pensando y recordando, mientras amargas lágrimas recorrían sus mejillas.
Louis, extrañamente, estaba también a solas en su departamento, pero con todas las luces encendidas y ya llevaba cuatro copas de vino tinto. Las lágrimas también eran su única compañía, además de la música al azar en su computador. Tenía varias fotos enmarcadas, en las paredes, sobre algún mueble y en ninguna estaba él.
Los dos apenas durmieron, y cuando lograron conciliar el sueño, tuvieron pesadillas.
Louis estuvo a punto de reportarse enfermo, pero no quería dejar de poner la cara y responsabilizarse por la estúpida pelea del día anterior. Había hecho un compromiso con él mismo de ser lo más profesional posible en el trabajo.
A las ocho en punto, y con un gran tazón de café sin azúcar, estaba golpeando la puerta de Niall, quien ese día estaba en la oficina desde las siete y media.
—Adelante.
—Buenos días, Niall.
—Siéntate. No me gustaría tener esta conversación, ni contigo ni con nadie, pero has sido tú mismo quien se ha puesto en esta situación. Tres personas de tu equipo se quejaron de tu mal trato para con ellos y con el grupo en general. Además de eso, no creas que no me he dado cuenta cómo tratas a Harry o lo despectivo que eres con los omegas que trabajan con nosotros. Sabes que si sigues aquí es porque eres un excelente publicista, pero tu temperamento está trayendo problemas y provocando que nuestro ambiente de trabajo se vea empobrecido.
—Lo sé, lamento mucho mi actitud, te ofrezco mis sinceras disculpas.
—Espero, de verdad, que cambies, porque esta conversación no se va a repetir. Una queja más y te vas, ¿entendido?
Louis palideció. —Entendido.
—Ahora ve a trabajar en los proyectos pendientes.
En silencio salió Louis de la oficina de Niall, donde, diez minutos después, entraba un Harry cabizbajo.
—Antes de que me digas algo, —habló Harry, —lo siento mucho, nunca me pasó algo así antes....
—Mira, sé que Louis puede ser un poco difícil y que muchas veces quisiéramos tirarlo por la ventana, pero si tienen algún tipo de problema, no es aquí el lugar para solucionarlo. No pueden estar dando estos espectáculos.
—Lo sé, lo lamento. No volverá a ocurrir.
—Eso espero, no quisiera tener que dejarte ir porque eres un excelente publicista y tu equipo de trabajo solo me ha dado buenas referencias de ti. Me gustaría que te mantuvieras con nosotros, pero no voy a tolerar este tipo de conductas, de nadie. Puedes retirarte.
—Permiso...
Harry llegó a su oficina, donde botó todo el aire retenido con fuerza. Necesitaba un café urgente, pero no quería salir aún, necesitaba calmarse. Sabía que mucho de lo que le estaba pasando tenía que ver con que se acercaba una fecha horrible, un año más de lo peor que le ha pasado en la vida, el tercero desde aquel fatídico día que le cambió su mundo por una pesadilla de la que aún no logra recuperarse del todo y que seguirá siendo parte de su vida... Porque lo que le pasó, será parte eterna de su ser.
Respiro profundamente varias veces, hasta que logró mantenerse tranquilo. Salió de su oficina y caminó hacia la máquina de café, donde se preparó una taza con el agua muy caliente y muy amargo.
—Hey, felicidades por la campaña, —felicitó Liam a Harry en el pasillo.
—Gracias, no lo esperaba.
—Eres excelente, deberías estar acostumbrado.
—Gracias de nuevo, pero jamás he creído que soy bueno en lo que hago.
—Deberías empezar a creerlo. ¿Te gustaría salir a tomar una copa? ¿Alguno de estos días?
Harry se iba a negar, tal como lo había hecho en las últimas cinco oportunidades, pero algo le hizo dudar, quizás su soledad o sus ganas de tener un amigo. —Sí, vamos el viernes, —dijo sonriendo tímidamente.
—¿En serio? ¡Por fin! Te voy a llevar a un lugar muy tranquilo, nada de música estridente ni borrachos. Será una tarde de omegas, me encanta.
Harry no contestó, le gustaba Liam, era siempre igual de genuino, su cara no podía engañar cuando algo le molestaba o no le parecía, y quizás por eso sentía que podrían acercarse más.
—Nos vemos después, tengo mucho trabajo.
—También yo, nos vemos en un rato.
Cada uno caminó hacia sus oficinas.
Harry y su equipo a la una de la tarde hicieron un ensayo, para Niall y Zayn, de la presentación que darían a los clientes un par de horas después y realmente no tuvieron que cambiar nada, estaba muy bien planteada, por lo que esperaban conseguir al cliente.
A la hora acordada llegaron los representantes de la marca de vinos, y quedaron más que satisfechos con el planteamiento dado por la agencia. Firmaron sin dudar el contrato, para alegría de todos.
Una vez que los invitados se fueron, Niall celebró junto a su gente con una copa de champagne, era un triunfo enorme para la agencia, estaban todos felices, excepto Louis, que seguía pensando que su campaña era mejor, y la de Harry, muy cursi.
El equipo de la campaña ganadora recibiría un bono de dinero al finalizar el mes, sin embargo, Harry se acercó a Niall ese día antes de salir.
—Permiso, —dijo entrando a la oficina de su jefe. —¿Podemos hablar?
—Claro que sí, ¿pasa algo?
—Sí. Quería saber si es posible que en vez de darme el bono, ¿me des un día libre? ¿El próximo jueves 13 de abril?
—¿Estás seguro? Sabes que me complica que se tomen días libres.
—Lo sé, pero es una fecha muy difícil para mí. Agradecería mucho que puedas ayudarme. —La tristeza, una vez más, aparecía en el semblante de Harry.
—Está bien, tenemos un trato. Lo voy a dejar anotado para que no haya problemas. ¿Algo más?
—No, Niall, muchas gracias, permiso.
Después de eso, pudo Harry por fin, ponerse feliz por el éxito de su equipo, a quienes felicitó fervorosamente, y agradeció por su trabajo, compromiso y dedicación.
Al día siguiente, era viernes y Liam estaba muy ansioso por salir solo con Harry. Le hacía falta un amigo, otro omega que pudiera entenderlo y que lo sacara un poco de sus obligaciones del trabajo y de su casa. No lo malentiendan, pero a veces se aburría, sobre todo cuando Zayn debía salir o llegar tarde por alguna reunión o alguna junta entre alfas.
Se reunieron a la salida, cerca de las seis de la tarde, porque estaban terminando pendientes para el lunes y se habían demorado más de lo esperado. Sin embargo estaban felices.
Liam los llevó a un bar, que tal y como lo había dicho, se notaba que era muy tranquilo y servían un Martini de granada absolutamente delicioso. El más contento era Harry, ya que nunca salía, y tampoco había probado alguna bebida con su aroma. Estaba encantado.
—Cuéntame, —empezó Harry. —¿Cuánto llevas con Zayn?
—Nos conocimos en un bar, cuando estábamos en la universidad, en una fiesta que habían organizado. Apenas lo vi supe que era mi destinado, era perfecto para mí. Me invitó a bailar, y estuvimos toda la noche conversando. Pasaron tres meses hasta que me pidió ser novios, y luego de eso, un año más para casarnos. Nuestras familias se enojaron un poco con nosotros, porque no los invitamos, —dijo riendo y con su mirada enamorada. —Llevamos diez años de casados.
—¿Y? ¿Muy felices?
—Sí, muy felices. Zayn es un alfa maravilloso, siempre me cuida mucho, me respeta... Me siento muy amado.
Los ojos de Harry se llenaron de lágrimas.
—Lo siento, ¿dije algo malo?
—No, no, no... Disculpa, es que me emocioné... ¿Y cachorros? ¿Quieren tener?
—Yo quiero una docena, y Zayn dos docenas, pero queremos esperar a los treinta.
—¿Y cómo lo vas a hacer con el trabajo?
—Mi idea es trabajar medio día presencial y medio día teletrabajo. Tengo a mi mamá a diez minutos de nuestro departamento y ella me va a ayudar; también los padres de Zayn. Tenemos mucha suerte.
El alcohol había surtido efecto en Harry, por cuyas mejillas corrían las lágrimas como una cascada silenciosa.
Liam no sabía qué hacer, estaba muy preocupado.
—Lo siento, no sé qué me pasa, —intentó explicar Harry. —Es decir, sí lo sé, pero no quería que esta salida fuera así...
—No te preocupes por eso. Si estamos aquí creo que es porque buscamos lo mismo, un amigo, ¿no? Yo quiero que seas mi mejor amigo, ¿qué dices?
—Me encantaría... Me va a costar un poco soltarme, porque no tengo amigos hace muchos años... Vas a tener que tenerme paciencia.
—Eso no es problema. ¡Salud!
—¡Salud!
—No te voy a preguntar todo lo que quiero saber, pero ¿puedo hacerte algunas preguntas? Acepto monosílabos como respuesta, por ahora.
—Está bien.
—¿Tienes alfa?
—No.
—¿Tuviste uno, muy importante?
—Sí...
—¿Cachorros?
—Tres... —Harry se derrumbó. Lloró abrazado a Liam por varios minutos. Luego se secó las lágrimas y botó el aire, se había sentido bien llorar mientras alguien lo contenía.
—Cambiemos el tema mejor. ¿Te has sentido bien en la agencia?
—Muy bien. Sería mejor si no estuviera Louis, pero ni modo. No podía ser perfecto.
Liam rio. —Estoy de acuerdo contigo. Nunca he entendido porqué es tan desagradable.
—Parece que nos odiara solo por el hecho de ser omegas.
—Lo hace, aunque también lo he visto ser así con los alfas que intentan parecer superiores. Es conocido el caso de nuestro anterior director creativo, prácticamente lo sacó de la agencia.
—¿Y cómo lo hizo?
—Jugó con sicología. Lo empezó a minimizar, a decirle comentarios humillantes. Le hablaba incluso de su apariencia física, creo que Niall debió despedirlo en ese momento, pero Louis había aportado tres campañas seguidas completamente exitosas.
—¿Cómo puede ser Zayn su amigo?
—Mejores amigos de hecho. No lo termino de entender. Solo sé que Zayn siempre me dice que hay un porqué, una historia detrás de la mala actitud de Louis, pero creo que entonces, debería ir a terapia. Zayn me dice que sí, que debería, pero Louis siempre se ha negado y conociéndolo, es capaz de tratar mal hasta a un profesional.
—Bueno, tu esposo tiene razón y tú también. Algo debe haber en la historia de Louis que lo hace ser tan desagradable, pero no puede escudarse en eso para seguir comportándose como un estúpido.
—¿Por qué se pelearon el otro día?
—Me dijo algo, no lo recuerdo bien, pero algo como que seguramente lloraría como un estorbo. Le pregunté si se refería a un cachorro, y me dijo que cachorro y estorbo eran lo mismo, y simplemente no pude soportarlo.
—Entiendo, no me asombra... Ojalá nunca tenga hijos, no se los merece.
—Así es, pero en fin, no perdamos nuestro tiempo hablando de él.
Pasaron un buen rato conversando de todo un poco. Harry lo intentó, pero no pudo abrirse con Liam, sin embargo, sabía que era cosa de tiempo. Estaba feliz de haber aceptado la invitación, y estaba seguro de que sería la primera de muchas.
Así empezaron a ser sus días. Mucho trabajo en la semana, un día o dos para salir con Liam, y el resto, su tristeza de siempre. Su fiel compañera.
Cuando llegó el día que pidió libre, Harry era un mar de lágrimas en su departamento. Era un día en el que respirar dolía y cerrar los ojos era volver a revivir la pesadilla que fue su vida y que la convirtió en martirio. Se permitió llorar, maldecir y pelear con Dios, con el universo y con quien quisiera escucharlo durante toda la mañana. Después, se bañó, se vistió, y salió. La tarde estaba cálida, la primavera se mostraba en todo su esplendor. Tomó un taxi, y viajó por veinte minutos hasta llegar al cementerio de Londres, donde compró tres rosas blancas y una roja, como cada año, hace tres.
Caminó por los senderos de tierra, se sentó en alguna banca, se escondió del sol a ratos, hasta llegar a su destino. Una pequeña bóveda de piedra, muy limpia y bien conservada. Se sentó en el suelo, y con las rosas entre sus manos, lloró una vez más. Media hora estuvo ahí, solo, en silencio. Eran tres años de esa rutina y no había dejado de doler, y estaba seguro de que nunca dejaría de hacerlo. Se levantó finalmente, y le dio un beso a cada flor antes de dejarla encima de la losa con los nombres de quienes fueron su familia.
El resto del día fue solo estar tirado en la cama, sin comer, sin mover un dedo, solo respirar con dificultad y volver a llorar por ratos largos, o cortos, daba igual.
Al día siguiente, volvió a trabajar como si nada hubiese pasado.
Dos meses pasaron muy rápido, estaba de a poco llegando el verano, y se notaba con las mañanas un poco menos frías y a veces, más luminosas. Ese tiempo fue como cualquiera en la agencia. Tenían pequeños clientes que los mantenían a todos ocupados.
Louis había moderado bastante su lenguaje y su forma despectiva de dirigirse a los demás, pero había algo que le costaba mucho y era no molestar a Harry. Aún no olvidaba cómo el omega lo había tratado de estúpido y le dolía lo bueno que era en el trabajo. Las cosas no deberían ser tan difíciles, era en el lugar donde todo tenía que fluir, no ser un espacio para seguir peleando. Porque Louis estaba cansado de pelear, de pelear sin cesar con la vida.
Cada día al levantarse, solo tenía soledad. Esa era su pena. A sus 36 años, no tenía a nadie a su lado. Lo abandonaron primero, y luego él mismo los había alejado. No sabía lo que era amar. Su único vínculo real era el que mantenía con Zayn, pero ni siquiera a él le había podido contar sobre su pasado, apenas algunas pinceladas de su vida, pero incluso después de dos años le costaba hablar del porqué de su actitud. Con Harry, en especial, tenía una fijación extraña. Al principio no se dio cuenta, pero en algún momento de una noche cualquiera, despertó sintiendo el aroma a granadas y supo que lo que pasaba con ese omega, es que le había despertado un algo que pensó jamás volver a sentir. Harry era potencialmente alguien de quien podría enamorarse, lo sabía por su aroma, por su belleza, por la admiración que le tenía y lo disimulaba en forma de groserías y mala actitud. Lo único que tenía que hacer era aburrirlo con sus malos modales y así Harry se iría de la agencia y él podría volver a respirar tranquilo.
Por lo mismo, por su soledad, es que cada noche se perdía en el alcohol, y en los besos deslavados de algún omega. Le daba igual todo, solo necesitaba sexo. No importaban ni el aroma, ni la apariencia, ni los temas de conversación, solo el buscar un cuerpo necesitado de un poco de acción. Pero cada amanecer era peor que el anterior, cada vez se volvía más difícil recordar el placer sentido, y es porque no había placer en sus acciones. Se había vuelto mecánico, robótico, frío y aburrido, el deseo real era un algo que había perdido hace mucho.
Sólo una vez se permitió pensar en Harry de manera sexual, y luego de eso, se juró eliminarlo de su mente y de sus recuerdos. No quería sentir, ya no más, nunca más. Menos a alguien como ese omega, que parecía tan seguro y resuelto; era lo que menos necesitaba en su vacía vida.
Sabía que no podía insultarlo a viva voz, pero sí podía hacerlo sutilmente y jugar con su mente, así como ya lo había hecho otras veces con quienes le estorbaban.
En la fila para almorzar, en un pasillo, en el baño. Todo lugar era bueno si no había testigos. O eso pensaba, no sabía que Niall lo estaba vigilando de muy cerca, casi como si fuera un adolescente conflictivo. Y debido a que les tenía un gran cariño a los dos, además de aceptar que eran igual de talentosos, tomó una decisión.
Una mañana, ya entrado el otoño, Niall reunió a su gente.
—Como podrán suponer, si los he reunido aquí es porque tenemos una campaña que crear para una cuenta importante. Es una marca enfocada en los bebés.
—Estorbos, —murmuró Louis, ya molesto.
—Quieren renovar su imagen, llevan muchos años en el mercado y se están quedando atrás en el tema publicitario, —explicó Zayn.
—Están recibiendo propuestas, así es que es bastante libre la exigencia. Y, como es una cuenta grande, he decidido que Louis y Harry trabajarán juntos. Crearán una sola propuesta, por lo que deberán elegir a su equipo, y quiero ver algunos resultados antes de una semana.
Los aludidos estaban pálidos. Harry a punto de renunciar y Louis a punto de asesinar a su jefe.
—¿Es una broma? —Preguntó completamente serio, el omega.
—¿Me ves riendo? Por supuesto es en serio, Harry, no hay tiempo de juegos.
—Perdón, no quise que sonara así, pero es que no tiene sentido.
—Estoy de acuerdo, —dijo Louis, sorprendiendo a todos. —Puedes tener dos ideas en vez de solo una, no tienes por qué hacernos trabajar juntos.
—Puedo hacerlo y es lo que estoy haciendo. Que les quede claro que no estoy haciendo preguntas, ni sometiendo a votación esta decisión, ¿lo entienden?
—Sí, Niall, —hablaron al mismo tiempo los directores creativos.
—Bien, entonces espero propuestas antes del viernes. Tenemos tiempo, pero siempre es bueno ir adelantando, vayan a trabajar.
Harry se levantó rápidamente y salió hacia su oficina. Louis hizo lo mismo, faltaban solo diez minutos antes de salir, no era mucho lo que podían hacer en ese tiempo. Se encontraron a la salida, mientras Harry esperaba a Liam.
—¿Estás asustado? —Molestó Louis, mirándolo de arriba hacia abajo.
—¿De qué? ¿De ti? No existes Louis, ya deja de pensar que eres importante.
—Lo soy, si no, no hubieras reaccionado así.
—Porque trabajar contigo debe ser un infierno, no me puedo imaginar cómo vamos a hacerlo.
—Lo único que se me ocurre, para que además no te estreses y sufras, es que cada uno muestre una propuesta al otro y de ahí decidamos cuál presentar a Niall.
—Primera vez que no dices una estupidez, me parece.
—Se me olvida lo sensible que eres, que son ustedes, los omeguitas.
—No empieces otra vez, mira que no estoy de humor para aguantarte.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Ponerte a llorar? ¿O rasguñarme?
Harry no lo volvió a mirar ni a hablarle. Lo ignoró olímpicamente, provocando la furia de Louis, que estuvo a punto de empujarlo. Por suerte llegaba Zayn con su esposo, que habían escuchado la última parte de la discusión.
—Ya basta Louis, —pidió Zayn.
—¿Vamos por una cerveza? —Le preguntó Liam a Harry, sacándolo de ahí. Se fueron caminando rápidamente.
—¿Qué pasó ahora? ¿Hasta cuándo lo vas a molestar?
—Hasta que se vaya.
—Pensé que tu cambio había sido real, pero veo que me equivoqué.
Louis se quedó callado. Por primera vez sintió ganas verdaderas de contarle algunas cosas a Zayn. —¿Vamos por una cerveza, también?
—Vamos, pero no al mismo lugar que los chicos.
—Por supuesto que no, yo sé a dónde.
Tomaron un taxi, lo que le extrañó a Zayn, ya que cerca de la agencia había mucha variedad de pubs y bares muy buenos. Quedó perplejo al llegar afuera de un local que se veía demasiado elegante.
—¿Dónde estamos?
—Solo sígueme.
—Buenas tardes señor Tomlinson, —saludó en la puerta el guardia del local. —Hace tiempo no lo veía por aquí.
—Buenas noches James, he estado muy ocupado.
—Su mesa está a su disposición.
—Gracias.
Caminaron por un bonito pasillo, y al fondo estaban las mal llamadas mesas. Eran una especie de círculos que daban mucha privacidad, y solo eran para dos personas. La música era suave, el ambiente relajado pero al mismo tiempo se notaba que era un lugar costoso. El sitio de Louis estaba hasta el final.
—Buenas noches señor, ¿quisieran ver la carta?
—Buenas noches, por favor una botella de vino tinto y algunas entradas. El chef sabe mis gustos.
—Por supuesto, enseguida. Permiso.
Zayn estaba pasmado, sin entender.
—Este lugar es uno de los tantos que tienen mis padres.
—Vaya, tienen mucho dinero.
—Más del que puedas imaginar. Incluye a tu lista yates, hoteles, automóviles, joyerías... Lo que quieras... Pero es lo único que tienen.
—¿A qué te refieres?
—Son eso, un matrimonio con dinero. Tuvieron cinco hijos, ¿a cuál quisieron menos? No lo sé. ¿Cuál está a su lado? Ninguno. ¿Les importa? No... —Suspiró.
—¿Nunca quisieron a sus hijos?
—Nunca. No nos criaron, para eso existían niñeras. Una tras otra, tras otra... ya olvidé la cuenta y sus nombres y sus caras. Ni cumpleaños, ni vacaciones, ni navidades, ni graduaciones, o días de la madre, apenas de vez en cuando llegaban a supervisar que la casa seguía en pie y sus hijos vivos. Tuvimos profesores particulares de todas las materias, porque ninguna escuela era lo suficientemente cara para ellos, tuve todos los juguetes que puedas creer y más. A los quince me regalaron mi primer Ferrari. A los dieciocho tenía diez autos de lujo...—
Zayn no podía creer la frialdad que se escuchaba en la voz de Louis, y todo comenzó a tener sentido. —¿Y cuándo ustedes crecieron? ¿Cambiaron las cosas?
—No, al contrario. Nos dieron dinero para vivir solos, así les quitábamos la gran presión de preocuparse de nosotros. Ellos hasta ahora siguen teniendo tiempo solo para ellos, no nos vemos, no nos hablamos. Con mis hermanos es la misma relación, no tenemos idea de lo que pasa con el otro. Lo único que nos une es una tarjeta llena de dinero, que por lo menos yo no he usado.
—¿Nunca la has tocado? ¿Ni siquiera para estudiar?
—No, —contestó con seguridad. —Trabajé y estudié al mismo tiempo, busqué trabajo como cualquier persona. Vivo de mi sueldo igual que tú.
—¿Y tus autos y esas cosas?
—No lo sé, quizás las vendieron, quizás siguen ahí...
En ese momento llegó el mesero con el pedido y lo sirvió. Apenas lo hizo se retiró.
Zayn no sabía qué decir. Sentía que estaba en un terreno muy delicado y no quería perder la oportunidad que le estaba dando Louis de conocerlo en toda su profundidad.
Bebieron una copa de vino de una vez, sintiendo la astringencia en sus bocas.
—¿No hubo alguna persona que se preocupara de ti, alguna vez?
—De mi familia no... Pero cuando estaba en la universidad lo conocí a él... Al amor de mi vida, a André. Era un omega precioso, me ganó con su dulzura, él me conquistó, —contó sonriendo por primera vez, y apurando una segunda copa de vino. —Olía a duraznos y lentamente me enamoré. Nunca había sentido algo parecido, mi vida parecía perfecta, nos llevábamos más que bien. Queríamos formar una familia, pero todo empezó a cambiar cuando me dijo que no quería que lo marcara, lo que me pareció un poco extraño si estábamos pensando en hijos... Pero lo dejé pasar. A los tres años de relación me dijo que estábamos esperando un cachorro y yo era el alfa más feliz de esta tierra, estaba ilusionado, lo acompañé a todas las revisiones, compré mucha ropa y juguetes, y me juré ser el mejor padre que pudiera, que iba a estar siempre presente. Incluso empecé a ir a terapia. —La tercera copa estuvo acompañada de algunas lágrimas. —Cuando nació, él estaba muy nervioso, y yo no entendía por qué, hasta que apareció un alfa en el hospital preguntando por él y por mi hijo, y lo supe... Cuando lo enfrenté, admitió que me engañaba hace más de dos años porque yo no era lo que él esperaba y necesitaba...
—Respira, quizás deberías dejar de tomar, ¿te pido un vaso de agua?
—No... Estoy bien.
—Sigue.
—No podía creerlo. Me había esmerado cada día, le di lo mejor de mí, lo apoyé, era detallista... Le reclamé y simplemente me dijo que el otro era mejor, que yo era muy débil, muy sensible para ser alfa... Y mi mundo se derrumbó. Él me hizo ser mejor, y al mismo tiempo me volvió el peor. Me echaron de la clínica, y con todo mi dolor fui a nuestro departamento. Rompí todo lo que estaba a mi alcance y boté lo demás. Rompí la chapa y puse un candado para que no pudieran entrar. Al día siguiente arreglé la puerta y lo entregué a una corredora de propiedades. André tuvo el descaro de llamarme para gritarme, ¿puedes creerlo? —Una carcajada amarga lleno la boca de Louis. —Después de eso me juré no volver a confiar, volverme el tipo frío que era antes de él y aquí estoy. Solo, destruido... ¿me entiendes?
—Lo hago, y lamento mucho todo lo que has vivido, pero amigo, ¿la terapia no es opción?
—¿Y para qué? Sé perfectamente de dónde vienen mis problemas, sé cuáles son.
—Pero no sabes resolverlos. Hazlo por ti, Louis, por favor... Te lo mereces.
—No quiero, no me da la gana.
—Inténtalo, un mes, solo un mes.
—¿Y qué ganas tú con eso?
—Louis, eres muy valioso, eres inteligente, resiliente, creativo. Y cuando quieres eres amable, simpático... No lo ves y te escudas en esas actitudes de mierda que solo alejan a las personas de ti. Y lo entendería si no te gustara el contacto físico, pero te gusta, llamas la atención y lo sabes, ¿por qué no intentar tener una relación más sana contigo y los demás? Quizás la terapia te ayuda y logras ser el único director creativo de la agencia.
—Jamás dejarían ir a Harry, yo no lo haría, —confesó ya completamente ebrio.
—¿No lo harías? Pensé que lo odiabas.
—Lo hago, pero es muy bonito... Tiene piernas largas y su pelo se ve muy suave, aunque es un omeguita idiota y estúpido, —se corrigió al darse cuenta de lo que estaba diciendo.
Zayn entendió. —Creo que sería todo por hoy. Dame las llaves de tu departamento, vamos por un taxi.
Louis estaba quedándose dormido. Confesarse con Zayn lo había agotado emocionalmente. Nadie sabía lo que había pasado en su vida, ni siquiera el que fue su omega conocía su pasado. Siempre se lo reservó, hasta ese día con su mejor amigo.
—No creas que estoy ebrio, aún resisto otra ronda, —dijo hipando, y sin poder mantener el equilibrio.
Cuando despertó el sábado en su cama, no recordaba cómo había llegado hasta ahí, pero poco a poco los recuerdos fueron apareciendo, haciendo que se sonrojara violentamente. Sintió mucha vergüenza de haberle contado todo a Zayn, aunque fueran amigos, nunca pensó poder abrirse con alguien. Se quedó todo el fin de semana en la cama, no tenía ganas ni siquiera de salir a buscar compañía.
Solo se paseó por su departamento, mirando tantas y todas las fotos que tenía, y que una vez más, se recordaba, no era parte de ellas. Había fotos de sus padres, y de sus hermanos. Eran antiguas, no tenía idea de cómo se verían ahora y ¿le importaba? La verdad es que no. Sentado en su bonito sofá recordó cuando estuvo en terapia. El psicólogo le había dicho que debía perdonar, no para beneficio de sus padres, sino para el propio. Y eso le pareció tan estúpido y tan injusto que nunca más volvió a confiar en el terapeuta para hablar de ese tema. Hablaba de otras cosas pero nunca volvió a ser lo mismo.
¿Sería buena idea volver a intentarlo? ¿Y si volvía a salir mal?
No quería seguir con esa vida, cada vez era más consciente de que necesitaba cambiar. Estaba harto del alcohol, harto de su soledad, harto de su amargura y de su mal humor. Harto de vivir como un estúpido sabelotodo, harto de su vacío.
Esa tarde de domingo se dedicó a buscar a alguien que pudiera ayudarlo. Se dio cuenta de que las cosas eran diferentes y había muchas opciones, incluso muchos hablaban del no perdón, y le pareció muy interesante.
El día lunes llegó irremediablemente. Apenas llegó a su oficina, se encontró con Harry.
—Hola, te quería decir algo.
—¿Alguna de tus idioteces? —Preguntó el omega.
—No, quería saber si hoy antes de la hora de salida nos reunimos para comparar propuestas.
Harry lo miró con desconfianza. —Sí, te busco en la tarde.
Se separaron y cada uno a solas tiró líneas sobre sus ideas principales.
A las cuatro y media estaba Harry golpeando la puerta de la oficina de Louis.
—Pasa, siéntate, —pidió el alfa.
—¿Empiezas tú?
—Sí. Mira, —dijo mostrando en su portátil algunas imágenes. —Mi idea es más que nada cambiar colores, leí que a los bebés les llaman la atención los colores fuertes, y creo que eso podría ser bueno.
—Sí, me gusta la idea, pero además, pensaba en incluir en las cajas de cartón, que deben ser no tóxicas y reciclables, juegos en la parte posterior, algo como para recortar y armar por ejemplo.
—No lo había pensado.
—Quizás, si estás de acuerdo, podemos ir juntos al supermercado.
—¿A qué?
—Es algo que hago siempre con mis ideas. Voy a mirar los productos del cliente y de paso los de la competencia. Así sé cómo destacar.
—Es una buena idea... Pero no sé si pueda ir contigo, tengo algo que hacer.
—Está bien, puedo ir solo.
El aroma a granadas se sintió ligeramente amargo, al igual que el del vino blanco.
—Mañana nos podemos juntar de nuevo, ¿te parece?
—Sí, búscame cuando avances para poder formar un equipo de trabajo.
—Ya lo tengo decidido.
—No depende de ti, tenemos que hacerlo los dos y no es opción. Mañana lo hablamos.
—Como quieras, pero no voy a cambiar de opinión.
Harry suspiró y salió de la oficina de Louis, y luego de arreglar sus cosas salió hacia el supermercado a hacer su pequeño estudio.
Al día siguiente estaba Louis en la oficina de Harry. Le llamó la atención lo ordenado y limpio que estaba todo en ese lugar. También le llamó la atención una foto, donde había tres bebés. ¿Harry tenía cachorros? No tenían la confianza para que se contaran esas intimidades, pero se quedó con una gran duda.
—Bien, ayer me di cuenta de que hay mucha competencia, Conté cerca de diez marcas de artículos para bebé y hay de todo. Lo de los colores es muy acertado, todas las que vi usan colores pasteles, todo muy suave.
—Quizás podríamos usar diferentes colores para distintas etapas y rangos de edad. Deberían ser colores neutros tal vez, —opinó Louis, sin dejar de mirar la propuesta de Harry.
—Solo una de las marcas que vi tenía envases no tóxicos y dos ofrecían esta especie de juegos en las cajas.
—¿Podemos incluir juguetes dentro de las cajas?
—No, son peligrosos. Aunque quizás con cinco envases de un mismo producto podría canjearse algún peluche o algo así, habría que pedirle ayuda a Liam para que nos ayude con los costos.
—Tienes razón, pero no creo que unos peluches sean muy caros.
—Tienes que pensar que deben tener un tamaño mínimo y ser hipoalergénicos. Ver que figuras utilizar y muchos pequeños detalles.
—Es mucho trabajo esta campaña, —dijo Louis, mareado con tantos papeles que le mostraba Harry. —Necesitamos ya empezar a trabajar en equipo.
—Quiero ver a quienes elegiste.
—Solo elegí a mi equipo.
Harry suspiró, echándose hacia atrás en su silla. —No puedes solo descartar a mi equipo porque sí. Tienes excelentes profesionales, pero yo también. Te propongo que tomemos a la mitad cada uno, al azar.
—Mi equipo es mucho mejor y más preparado.
—No lo voy a discutir Louis, entiéndelo. Si no cedes en esto, simplemente hago mi propuesta con mi equipo y que Niall se vaya al demonio.
Louis dudó un momento, sabía que estaba siendo un idiota, pero a veces las ganas de cambiar no son suficientes. —Entonces que la mayoría sea de mi equipo.
—Parece que la comprensión y tú se odian. Dije mitad y mitad, es lo justo.
—Me da igual lo justo, ¿ya vas a empezar con tu sensibilidad de omeguita?
—Sabes que no tiene nada que ver una cosa con la otra, y te voy a pedir, por última vez, que dejes de denigrarme por mi casta. Todos somos importantes, no solo los alfas con el ego inflado de estupidez. —Habló muy serio y muy molesto. Su aroma a granadas empezaba a sentirse amargo, a diferencia del olor de Louis que se sentía extrañamente suave.
—Está bien, —contestó levantando las manos en señal de derrota. —Mitad y mitad. Supongo que antes de mediodía podremos reunirnos.
—Me parece bien.
—Nos vemos, —dijo saliendo de la oficina.
En su oficina, a solas, Harry pensaba en el porqué de la suavidad del vino blanco en el ambiente. ¿Es que acaso Louis se traía algo entre manos? Por sus antecedentes nada le extrañaría, incluso que quisiera seducirlo para luego burlarse de él. Por si acaso, se mantendría alejado lo más posible para poder observarlo bien.
Pasadas las doce, estaba el equipo definitivo en la sala de reuniones, listo para empezar con la creación de la campaña. Liam estaba presente, por lo de los costos extra.
Pese a todo, e increíblemente, una vez que comenzaron a trabajar, Louis y Harry funcionaban muy bien, demasiado bien de hecho. La tranquilidad de Harry mantenía un ambiente relajado, y la intensidad de Louis, los tenía activos y creativos al máximo. Liam estaba sorprendido. Cerca de las cinco de la tarde terminaron tres propuestas diferentes, y estaban agotados y hambrientos, no alcanzaron a almorzar.
—¿Crees que podamos mostrarle mañana las propuestas a Niall? —Preguntó Louis.
—Puede ser, depende de Liam y su investigación. Apenas las tengamos podemos hacer una pequeña presentación.
—Está bien, me avisas cualquier cosa.
Louis salió de la sala, dejando a Harry otra vez con una extraña sensación. Pero no tenía tiempo de seguir pensando en ese alfa, por lo que arregló sus cosas y salió de la agencia, dispuesto a buscar algún lugar donde comer un sándwich, porque tenía mucha hambre.
Caminó un par de cuadras y llegó a una bonita cafetería, con asientos altos que daban mucha privacidad. Se sentó en una mesa y pidió un jugo, una ensalada y un trozo de pastel de naranjas. Estaba comiendo muy feliz, cuando escuchó una voz que se le hizo conocida, al parecer hablando por teléfono.
—Hola, quisiera agendar una hora con el psicólogo Chris Damon, por favor... No, es primera vez... Sí, debe ser después de las seis de la tarde si es posible... Sí, está perfecto... Louis Tomlinson... No, solo eso, muchas gracias.
Harry ahora sí que estaba confundido. ¿Sería posible que el cambio del alfa fuera real? ¿Por qué buscaba un sicólogo? ¿Qué traumas o miedos tendría? Ya le parecía que algo había en su forma de ser, pero que buscara ayuda le daba un calor a su corazón que no sentía hace mucho. Sabía por experiencia la importancia de la terapia, aunque en su caso no fue efectiva, sí lo ayudó mucho.
Terminó de comer y luego se fue a su departamento. Louis ya se había ido.
A las once de la mañana del día siguiente, Liam tenía todos los costos listos.
—Gracias Liam, —dijo Harry sonriendo y mirando los datos. —Creo que hay una que se ajusta a lo que buscamos, ¿qué dices? —Le preguntó a Louis.
—Definitivamente sí, y lo mejor, es que calza perfectamente con cualquiera de las tres propuestas. Gracias Liam.
Liam se miró con Harry, ¿Louis dando las gracias?
Esa tarde le dieron un primer bosquejo a Niall y a Zayn, que quedaron bastante satisfechos. Esperaban que el resultado final fuera de verdad increíble.
Esa tarde, al salir del trabajo, Louis se fue rápidamente a su departamento y luego salió hacia la consulta del sicólogo. Fueron casi dos horas en esa primera sesión, donde habló mucho y pudo desahogarse y también hablar de lo que esperaba de la terapia. Le gustó Chris, era un alfa cálido que logró que se sintiera en confianza. Desde ahí se fue a un bar, necesitaba un poco de distracción después de tanta emocionalidad que no le venía bien. No por ahora.
Se tomó una cerveza, recordando su niñez. Cuando iba a empezar la segunda, un bonito chico se sentó a su lado, pidiendo una copa de vino tinto.
—Hola, —saludó el desconocido.
—Hola, —contestó Louis.
—¿Cómo estás? ¿Buscando algo esta noche?
Louis sonrió, le parecía muy atrevida la manera de ser del omega. —Ya sabes, mucho trabajo y necesito despejarme un poco.
—¿Te puedo ayudar? —Sonrió coqueto.
—Claro, ¿cómo te llamas?
—Charles.
—Mucho gusto Charles, soy Louis.
—¿Tu departamento o el mío?
—El mío, está más cerca.
Se fueron juntos y así pasaron la noche. Al día siguiente, temprano, Charles se fue, después de compartir el desayuno con Louis.
El alfa estaba gratamente sorprendido, Charles había superado sus expectativas y habían tenido un buen encuentro. Nada super especial, pero bastante bien para alguien como él, ya tan apático con los encuentros sexuales. No se sorprendió cuando a media mañana recibió un mensaje del omega, preguntándole si repetían esa noche, lo que aceptó sin problemas.
Se sentía extrañamente feliz, no sabía cuán necesitado de afecto estaba hasta que esa mañana, en que un simple mensaje lo hizo sonreír. Se había sentido bonito, pero al mismo tiempo era consciente de que no podía hacerse ilusiones por algo tan repentino y superficial. Y alguien como él, con tantas heridas, no era fácil de conquistar, lo sabía y le gustaba que fuera así. Entendió que eran sensaciones que le llamaban la atención por la falta de ellos en su vida.
El resto del día y de la semana se dedicó a trabajar codo a codo con Harry, y se dio cuenta, de que el omega era mucho más creativo de lo que pensaba, además de amable e incluso simpático. Se habían reído un par de veces, y Louis estuvo a punto de caer cautivo en esa sonrisa tan luminosa. Pero había algo en Harry que seguía llamando su atención, y que tenía que ver con esa tristeza en el fondo de sus ojos y él, que conocía de tristezas, sabía que Harry también era un alma herida por la vida.
Dos semanas después, Louis estaba saliendo oficialmente con Charles. Se dio de manera natural cuando empezaron a compartir la cama cada noche. Sus sesiones con Chris iban avanzando bastante bien, de a poco y lentamente, pero a paso seguro.
Niall estaba más que satisfecho con el resultado que le habían mostrado al cliente esa mañana, y se dio cuenta de lo bien que habían trabajado sus dos directores creativos juntos. Sabía que en muchos aspectos los había llevado al límite, pero el experimento había resultado bien y era lo importante para la agencia que había ganado mucha más notoriedad. Decidió que de vez en cuando repetiría la experiencia, sobre todo con cuentas grandes que necesitaban mucha más experiencia. Solo esperaba que el cliente les asignara la campaña.
Esa semana, el día viernes al salir del trabajo, Harry fue con Liam a tomar un café. Harry llevaba días en que le daba vuelta poder desahogarse con Liam, tenía necesidad de un poco de cariño, de un poco de entendimiento, de que alguien le dijera que no era culpable de lo que pasó, así como lo pensaba su mamá y que cada vez que hablaba con ella, insistía en recordarle. Haber escuchado a Louis buscar ayuda con terapia, pensó que debería hacer lo mismo, pero sus ganas se desvanecían, no se sentía preparado aún, y al mismo tiempo solo quería poder hablar de lo que pasó sin tanto dolor.
—¿Cómo estuvo la semana? —Preguntó Liam.
—Bien, bastante bien, muy tranquila. Creo que el hecho de que Louis esté siendo menos tonto nos ha ayudado a todos.
—Tienes mucha razón. Me ha pedido ayuda dos veces más y no puedo creer su amabilidad. ¿Le estará pasando algo?
—Ojalá sea algo bueno, ¿Zayn no te ha contado algo?
—Zayn es terriblemente buen amigo, no me cuenta ningún secreto de Louis, a pesar de amenazarlo con dejarlo sin sexo por un mes. Termino buscándolo yo, —contó riendo.
Harry se rio con él. —Yo, no quiero ser imprudente o algo así, pero lo escuché hace unos días, sin querer, pidiendo hora con un sicólogo. Quizás eso le ha hecho bien.
—¿Louis? ¿En el sicólogo? Eso sí que ni me lo esperaba, pero Dios quiera que sea eso y que tenga ayuda. Si la buscó es por algo.
—Sí, no es fácil buscar ayuda... Incluso cuando la buscas a veces no es suficiente.
—¿Quieres cambiar el café por una copa?
—Sí, por favor...
—Vamos, hay un bonito bar a media cuadra que es lo que necesitamos.
Pagaron y se fueron. El lugar era realmente lindo, la decoración y las luces eran perfectas, y aún había poca gente. Pidieron dos cocteles, dos piñas coladas para empezar.
—Entonces, —dijo Liam, —cuéntame de ti.