Capítulo 1
El gran salón del palacio está repleto de nobles, generales y sacerdotes del reino. Y en el centro de todo se encontraba un elegante trono, pero sin una Emperatriz sentada en aquella.
Hoy, el peso del imperio recaerá sobre sus hombros, convirtiendo sé en la nueva y por ahora la última heredera de la Familia Rosi Petrov. Mientras tanto, el sumo sacerdote practicaba el discurso que tenía para la nueva emperatriz, cuál aún no llegaba y estaba siendo buscada por los guardias.
Edgar- Mi señora, ya debe salir. Los cortesanos, y gobernantes de otros reinos, ya están esperando ansiosamente su llegada.
Erlea- Joven Edgar, déjeme terminar este poema y salgo.
El guardia y mejor amigo de la Emperatriz se posiciona al lado de aquella para observar el poema.
Edgar- Mi señora, este es el famoso poema que le ha estado escribiendo a la Joven ama.
Notoriamente emocionado.
Erlea- Exacto, Pero me apena tanto que mi amada no quiera saber de mí, a pesar de ser la concubina principal.
Termina de escribir aquel poema de amor.
Edgar- Me permitirá leerlo, mi señora.
Erlea- Claro, pero ten cuidado aún no se ha secado la tinta.
Edgar- Claro, seré cuidadoso.
Empieza a leer aquel poema.
Edgar- No fue el trono quien me guio a ti,
fue el destino escrito en las estrellas.
Desde antes de nacer ya te amaba,
como la luna pertenece a la tierra.
Las constelaciones susurraba tu nombre,
el viento me traía tu risa de niña.
Antes de que fueras mi reina en el reino,
ya lo eras en mi alma infinita.
Una dulce lágrima cayó por su mejilla.
Edgar- Es tan romántica, mi señora.
Cierra el pergamino que ya estaba seco.
Erlea- Como sea, ya apresúrate, los invitados esperan.
Caminó hacia donde se encontraban los invitados, El sumo sacerdote dio la orden que la coronación ya estaba por empezar.
Pov Erlea- Gobernaré con justicia y fuerza, sin olvidar nunca a quien realmente soy y a quienes amo en verdad. Que mi corazón y mi alma me guie en las decisiones complicadas.
Camina y hace una reverencia al sumo sacerdote.
Sumo Sacerdote- Hoy, Queridos hermanos, no solo empezará una nueva historia para este reino, sino que nos llegará una emperatriz que nos ayudará y cuidará con todo su corazón y coraje.
El sumo sacerdote levantó ambas manos para que los murmullos de los líderes pararan.
Sumo Sacerdote- Aquí con esta espada da inicio la nueva era de los Rosi Petrov.
Entregando la espada a Erlea, luego esta misma levanta la espada en señal de respeto y honor, mientras que el Sumo Sacerdote toma la misma mano y pronuncia.
Sumo Sacerdote- Hoy, ante los ojos de los dioses y de nuestros ancestros, proclamamos a Erlea Scarlet Rosi Petrov como nuestra Emperatriz. Que su reinado traiga justicia, paz y gloria a este imperio.
Los nobles inclinaron la cabeza en señal de respeto mientras los sacerdotes preparaban la corona imperial, un símbolo de poder y sacrificio. Erlea avanzó con la mirada firme, pero en el fondo de su alma, sabía que esto estaba a punto de empeorar.
Sumo Sacerdote- Como primer deber real, debe elegir a 7 de todas sus concubinas para que pueda engendrar a su heredero.
El sacerdote ordenó que todas aquellas concubinas bajarán hasta ahí. Desde lo alto, entre los invitados, ella buscó una mirada en particular. Su concubina. Pero la joven permanecía inmóvil, con los labios apretados, sin aplaudir ni sonreír. Al observar tan fría imagen de su amada, solo bajo la cabeza mientras todas las concubinas bajaban de donde estaban, incluyendo a Julieta.
Las concubinas avanzaron en silencio, cada una con su mejor atuendo, sus rostros adornados con serenidad forzada.
La joven Julieta caminaba con elegancia, pero sin brillo en los ojos. Se detuvo al frente, junto a las demás, sin atreverse a levantar la vista.
Sumo Sacerdote- Emperatriz, enfrente de usted se encuentran las 20 concubinas que ha elegido al pasar de su vida, ahora esperamos su orden para saber cuál será las 7 que engendraran a su heredero.
Erlea- Mis queridas concubinas, han estado conmigo en todo momento y en cualquier circunstancia han apoyado al reino. Ahora aquí elegiré a 7 de ustedes para que engendren a mi primogénito, el resto de ustedes podrán quedarse en el palacio hasta incluso podrán casarse con el general, noble, o guardia que ustedes más deseen.
Apretaba aquella fría espada porque sabe que cualquier decisión traerá una consecuencia en el futuro, cerró sus ojos y soltó un leve suspiro.
Erlea- En primer lugar, está Julieta Brambilla. Mi concubina, más preciada, tendrás el honor de engendrar a mi heredero.
Julieta camina hasta enfrente de la emperatriz, levantó la mirada y después de varios años por fin pudo ver los ojos de su amada, aunque sea por unos pocos minutos. Pero al ver aquellos dulces ojos pudo ver dolor, tristeza y rencor en aquellos ojos verdosos.
Julieta- Gracias por su generosidad, Mi Emperatriz.
Dio una suave y elegante reverencia y caminó hasta al lado de la emperatriz, pero era obvio por su expresión de que estaba molesta por aquella orden, pero no debía desobedecer a la emperatriz. Y Erlea lo sabía, aunque Julieta cubría su mayor parte del rostro, ella podía ver las expresiones en su mirar.
Sin más demora siguió eligiendo al resto de concubinas. Al pasar el tiempo, el resto que no fueron elegidas se retiraron, y las que sí dieron un paso en frente y la primera concubina dio unas palabras.
Julieta- Mi Emperatriz, Todas nosotras como sus concubinas les juramos lealtad y estamos muy honradas en engendrar a su heredero.
Todas las concubinas hicieron una reverencia hacia su emperatriz. Y al fondo sonaron aplausos de sus invitados que mostraban gratitud y aprobación por aquellas elecciones.
La ceremonia prosiguió, y tras el protocolo, se iniciaron los banquetes, la música y la danza. Todo debía parecer un momento glorioso. Sin embargo, Erlea no podía ignorar la presencia de Julieta a su lado.
Ella no hablaba. No la miraba. Solo sostenía la copa de vino sin apenas tocarla, en un momento toda la sala estuvo en un bullicio por la música y risas de los invitados.
Erlea- Yo no fui quien lo hizo, sabes muy bien que nunca haría eso sabiendo que te dolería.
Dio un pequeño susurro que escuchó Julieta. La concubina no respondió de inmediato. Se limitó a apretar los labios contra la copa y, tras unos segundos de silencio, susurró.
Julieta- Mi emperatriz, el pasado queda en el pasado. No tengo nada porque deba disculparse.
Pov Erlea- ¿El pasado queda en el pasado?
Apretó sus labios por la ira de la frase que dio su amada.
Erlea- Julieta, acompáñame.
Se levantó del trono.
Julieta- Emperatriz, su deber es quedarse hasta que el festejo acabe.
Se quedó sentada sin mover un músculo.
Erlea- Como tu emperatriz te ordeno acompañarme.
Julieta apretó los labios en señal de enojo, porque no podía desobedecer a una orden de la emperatriz. Así que la siguió hasta donde Erlea quería.
Guardias- Lo siento emperatriz, No puede salir sin un guardia que los proteja.
Y debido al festejo todos están ocupados, discúlpenos.
Erlea- Edgar.
Edgar- ¿Sí, mi emperatriz?
Apareció en un segundo.
Erlea- Él nos acompañará.
Los tres caminaron hasta un pequeño jardín en donde florecían rosas blancas que brillaban a la luz de la luna.
Erlea- Edgar, danos un poco de privacidad.
Ella y yo vamos a hablar de un tema que no te conviene.
Dijo sin siquiera mirar a su guardia, pero el guardia entendió y caminó varios metros hasta donde no podía escuchar nada de lo que hablaran, pero en donde no corriera peligro ambas y les dio la espalda.
Julieta- ¿Mi emperatriz, Para qué me necesita?
Erlea- Deja de esas formalidades, aquí no hay nadie que nos escuche.
Viendo el rostro frío de Julieta.
Julieta- ¿Para qué me trajisteis aquí?, tú y yo no tenemos nada de que hablar.
Erlea- ¡YA DEJA DE MIRARME COMO QUE SI FUERA UNA MALDITA BASURA!
Dio un fuerte grito, y cayó de rodillas a los pies de Julieta.
Julieta- ¡¿Qué haces?!
Dijo enojada.
Erlea- Yo no maté a tu Hermano, te lo juro que yo no lo mate.
Sostiene una parte del vestido, mientras unas pocas lágrimas empezaron a caer.
Julieta- Si tan solo pudiera creerte.
La alejó y dio unos pasos hacia atrás.
Erlea- Te lo juro, yo no lo mate.
Julieta- ¿Si no fuiste tú, quién fue?
Viendo a una Erlea de rodillas enfrente de ella.
Erlea- Él me protegió de tu mejor amigo, Fabián.
Julieta- ¿Qué?
Erlea- Él me hizo prometer que no te lo diría hasta que estés a salvo.
Pero no puedo más, No puedo seguir soportando esa mirada de miedo y enojo que siempre tienes cuando me miras. Quiero que aquellos ojos dulces y adorables vuelvan.
Julieta- Si eso es verdad, debiste decírmelo hace tiempo.
Erlea- No tenía el valor, ni el coraje para estar frente a ti después de ese día.
Se levantó del suelo y tomó las manos de Julieta.
Julieta- Ya, no te preocu…
No pudo terminar la frase, porque al segundo una espada atravesó su estómago.
Erlea- ¡JULIETA!
Dio un grito al ver a su amada siendo atravesada por una espada, rápidamente sostuvo a su amada en brazos, manchando aquellas rosas blancas de un color carmín.
Julieta- Duele.
Río un poco.
Erlea- No es momento para eso, Julieta.
Con un notorio pánico presiono la herida para que deje de desangrarse. Pero al alzar la mirada vio una extraña sombra que desaparecía rápidamente y en el viento se escuchó un susurro de “Por tu debilidad ella sufrirá las consecuencias”.
Erlea- ¡EDGAR, LLAMA A LOS MÉDICOS!
Dio un grito para que su guardia corriera a llamar a los médicos, este se dio la vuelta y entendió rápidamente.
Erlea- Tranquila, estarás bien.
Casi al punto de desmoronarse en lágrimas.
Julieta- Me alegra mucho que me lo hayas dicho, te perdono.
Sonrió débilmente.
Erlea- No digas eso, ya falta poco.
Los médicos ya están cerca, No te duermas. Por favor.
Sus lágrimas caían en el rostro de Julieta.
Los médicos llegaron corriendo con urgencia. Edgar, con el rostro pálido por la preocupación, se inclinó junto a su emperatriz. Mientras con su magia espiritual comenzó a limitar que el poder de esta concubina se quede en ella.
Edgar- Apresúrense, su magia espiritual es débil.
Los médicos empezaron a limpiar la herida y poner un parche mágico para que la herida no se infecte.
Médico- Mi emperatriz, es necesario que la joven ama valla a sus aposentos. Aquí es peligroso sanar a la joven ama.
Al escuchar esto, Erlea, alzó en brazos a Julieta y caminó por el medio de aquel festejo hasta llegar a la salida. Mientras escuchaba a los guardias que estaban con el general.
General- Señores, revisen cada rincón del palacio y no pararán hasta encontrar al culpable.
Ordenó.
General- Nadie entrará, ni nadie saldrá hasta encontrar al culpable.
Erlea llegó a los aposentos de Julieta y cuidadosamente acostó a Julieta en su cama. Pero sintió que su corazón ardía de ira y desesperación. Alguien había intentado arrebatarle a Julieta, y no descansaría hasta encontrarlo, y hacerlo sufrir mil veces peor.
Mientras los médicos trabajaban en la herida de Julieta, Erlea permanecía junto a su lecho, con las manos temblorosas y los ojos fijos en el rostro de su amada. La ira ardía en su pecho como un fuego incontrolable, pero el miedo la atenazaba aún más.
Julieta respiraba con dificultad, pero su mirada se mantuvo en Erlea, a punto de decirle algo.
Erlea- Amor mío, no te esfuerces tanto. Debes descansar.
Posó la mano de Julieta en su frente.
Julieta- Erlea, si muero…
Erlea- Ni se te ocurra decir eso.
Levantó la voz.
Los médicos intercambiaron miradas de preocupación, pero continuaron con su labor. El ambiente en la habitación era denso, cargado de un temor que ni siquiera la autoridad de la emperatriz podía disipar.
Médico- Mi señora, la joven Julieta ya está fuera de peligro. Tan solo debe recargarse su magia espiritual, eso suele tomar tiempo de 3 a 4 meses.
Erlea- ¡¿Por qué tanto tiempo?!
Médico- Lo sentimos, pero su magia espiritual tuvo una fuga descomunal. Existen 2 maneras para que se recargue su magia espiritual.
Una es descansando en cama, y la otra es que alguien le ayude en eso.
Erlea- Yo lo aré.
Dijo rápidamente.
Médico- Pero eso puede afectarla. Su energía puede disminuir.
Erlea- Entonces enséñeme como hacerlo sin afectarme tanto, pero solo quiero que ella sane rápido.
Aún tomada de la mano de una dulce y dormida Julieta. Después de la amenaza de la emperatriz, el médico le explicó cómo administrar su magia espiritual a Julieta.
Después de un rato, Edgar entró a la habitación con el ceño fruncido.
Edgar- Mi señora, el palacio está cerrado. Nadie entra ni sale hasta que demos con el responsable.
Erlea asintió sin apartar la vista de Julieta. Ya se notaba algo cansada y adormilada.
Erlea- Quiero un informe detallado de todos dentro del palacio. Nadie pudo haber entrado sin que alguien lo viera. Además, averigua la posición de “él”.
Edgar- Así se hará. Pero, mi señora, hay algo más.
Dudoso en decirle.
Edgar- Encontramos el emblema de la familia brambilla. Justo en donde estaban usted y la señora Julieta.
Y no parece ser de la Joven ama.
Erlea finalmente apartó la mirada de Julieta para encontrarse con los ojos serios de su guardia.
Erlea- ¡¿Qué?!
Julieta- ¿Mi familia?
Pronunció débilmente.
Erlea- No te preocupes, querida. Tú tan solo descansa.
Acariciando suavemente la mejilla a Julieta. Para luego mirar a Edgar.
Erlea- Averigua todo sobre los portadores de los emblemas, y házmelo llegar mañana en la mañana. Estaré en mi oficina.
Se levanta de la cama.
Julieta- Emperatriz.
Agarrándole la mano, pero segundos después tose un poco por el esfuerzo que hizo.
Erlea- Julieta, debes descansar.
Acostándola nuevamente.
Julieta- Solo prométeme que no harás algo imprudente.
Le toma la mano débilmente.
Erlea- Solo encontraré al culpable y lo voy a hacer pagar por lo que te hizo.
Beso la mano de Julieta y la miró con unos ojos tan fríos como el mar azul, lo cual quería decir que no se detendría hasta matar a aquella persona.
Julieta- Solo cuídate o no te lo perdonaré nunca jamás.
Julieta suspiró, pero ya no tenía fuerzas para discutir. Luego la emperatriz se inclinó y besó su frente con ternura.
Erlea- Lo aré, además tenemos que engendrar a un heredero antes de mi muerte.
Río un poco y salió de la habitación junto a Edgar.
Pov Julieta- Eres una idiota, Erlea.
Un poco sonrojada, miro aquel hermoso colgante que le regaló Julieta en su primer aniversario de amigas.
Julieta- Espero que sea cierto.
Beso el colgante.
Continuará.