EL PROYECTO
Aranza tuvo una temporada de descanso, me escribió y acordamos una cita para vernos.
–Alex tenemos que ver todo lo relacionado al lanzamiento de tu libro y yo puedo aprovechar que estaré una semana de descanso para checarlo contigo porque me iré a España un mes.
–Está bien dime en donde te veo. Mi pulso se aceleraba con solo pensar en el hecho de que nos veríamos por fin cara a cara. Los nervios me comian la cabeza. Me citó en una cafetería.
–Nos vemos en el Starbucks que está en Horacio en Polanco. –Te veo el viernes de la próxima semana a las 10 AM.. –No quiero excusas, me interesa que tu proyecto vea la luz antes de que termine el año.
–Ya veo cómo me las ingenio para llegar.
No tenía ni idea de cómo es que iba a llegar a ese lugar, normalmente no era de salir sola y menos para verme con una persona que solo conocía por redes sociales.
Pasaron los días y tuve que viajar para verla. Sabía cómo era por fotografías, pero normalmente son aún más bonitas en persona. Le insistí que era una mortal más. No quería que se hiciera ideas erróneas respecto a mi.
Llegué al lugar de la cita unos minutos antes, pero no lograba verla, estaba tan nerviosa, sentía que mi corazón se salía del pecho. Tenía todo lo que había planeado en el ipad. Los nervios que solo eran comparables a mis épocas de estudiante cuando me pasaban al frente a exponer y no tenía ni idea de qué hacer. Entré en la cafetería, compré agua simple y les comente a los chicos que iba a ordenar unos minutos más tarde porque estaba esperando a una persona. Miraba mi reloj a cada instante. Decidí salir a tomar un poco de aire, me senté en una de las mesas cercanas a la puerta. Comencé a darle un repaso en mi teléfono a lo que iba a mostrarle a Aranza, hice un par de notas más. Estaba tan inmersa en mi tema que no me percate en qué momento llegó, solo pude escuchar una voz dulce pronunciar mi nombre.
–Alex!!! Levante la mirada y no pude evitar sonreír.
Vi aquella cabellera rubia contra los rayos de sol. Si fuera música sonaría en mi mente como la melodía de piano y violines << Golden hour>> de Jvke.
–Hola Aranza. –Los nervios no me dejaban pensar con claridad. –Me levanté de mi silla. Cuando estaba por extenderle la mano para saludar ella me abrazó como si me conociera de tiempo. Pude notar su altura, sencillamente era algo que no pasaba desapercibido, fácilmente estaba en el 1.75. Sin mencionar que ella traía unas zapatillas deportivas.
–Que rico hueles. –Las primeras palabras que salieron de su boca eran un elogio a mi perfume. –Me ruborice ante el comentario.
–Gracias por el cumplido. –Pero toma asiento por favor. –Jale la silla del respaldo para que pudiera sentarse..
–¿Ya ordenaste algo? –Fue lo primero que preguntó al ponerse cómoda.
–¡No! De hecho te estaba esperando. –¿Quieres que te pida algo? Yo invito.
No acostumbraba a beber café en ese tipo de lugares, pero era la cortesía básica por sus atenciones.
–Un latte venti de vainilla con leche deslactosada por favor.
Tenía buen gusto para elegir su bebida. Yo era demasiado simple, un cappuccino mocha.
–Ok. –¿Puedes mientras checar lo que estoy planeando para avanzar un poco en lo que regreso con los cafés? –Saqué mi ipad y dejé abierto lo que llevaba del proyecto. Realmente no quería quitarle demasiado tiempo y entre más rápido pudiéramos checarlo, ella estaría libre para hacer sus cosas. Me apenaba mucho quitarle el tiempo.
–Claro, le daré un vistazo. –Me miró entrecerrando los ojos como si intentara adivinar algo.
Entré a la cafetería y mientras ordenaba pude ver de reojo que me observaba por los cristales. Eso me puso aún más nerviosa de lo que ya estaba, así que comencé a dar pasos de un lado a otro y dando pequeños golpecitos en mis manos.
No me esperaba que a una ex reina de belleza le gustara vestir como los mortales. Llevaba puesta una chaqueta estilo universitaria, pantalones cargos de mezclilla y los Jordan plateados.
–¿Es ella verdad? Uno de los chicos de la caja puso frente a mi la pantalla de su celular. –Era el instagram de Aranza. –Es bellisima.
–¡Si!. –Asentí con la cabeza.
–Es que yo la amo, soy su fan. –El chico se veía emocionado de verla mientras tomaba mi orden. –¿Te la puedo llevar yo cuando esté lista? Lo que pasa es que quiero una foto con ella.
–¡Supongo que sí! –Me encogí de hombros, pagué los cafés y salí de la cafetería.
Me causaba nerviosismo el que la vieran conmigo. No pude evitar sonreír recordando las palabras del chico.
–Te vieron adentro y se ofrecieron a traer los cafés. –Supongo que es el pretexto para conocerte.
–Bien ya cuando venga seguramente nos tomaremos la foto. –Me guiño el ojo.
–¿Pudiste revisar el avance? –¿Tienes alguna sugerencia? –no sabía qué decir para poder hacer platica.
–Voy a revisar nuevamente a detalle. Agrandaba la pantalla como si realmente estuviera prestando atención. Unos minutos antes cuando la vi por el cristal, me di cuenta que no había ni siquiera visto la pantalla durante el tiempo que estuve dentro.
–Disculpame, no te pregunté si querías algo para acompañar tu café. –se me había pasado por completo. –Mi cerebro no estaba funcionando bien.
–Mmmmmm!!! déjame pensar.
–Creo que los nervios me traicionan. –Agaché la cabeza. –la sinceridad se había adelantado a salir por mi boca.
–Me gustaría un Cheesecake Brulee con frambuesa.
–Ok ok... –Asentí con la cabeza, lo repetí varias veces en mi mente, porque no quería olvidarlo por estar pensando en otra cosa –Pero esperaré a que traigan los cafés, no quiero quitarle a los chicos la oportunidad de la foto, vi al chico bastante emocionado por verte. Ya después entraré por los postres.
–Cierto los chicos ya están por venir.
–Agradezco que te tomes el tiempo para poder revisar esto. –Prometo no quitarte mucho. – quería decírselo desde un inicio pero apenas lo pude recordar.
–La verdad no me molesta, por el contrario, me da gusto poder apoyarte para publicar tu primer libro. –volvió a mirarme de una forma un tanto extraña, parecía un detective tratando de descubrir la verdad.
–La difusión que tengo pensada es la que te acabo de mostrar.
–Ven de mi lado para que me la expliques. –Al escucharla me volví a poner nerviosa.y los colores se me subieron al rostro.
–Mejor leelo tu y si tienes alguna duda yo te explico.
No quería que los nervios me jugaran una mala pasada y hacerla pasar un momento incómodo.
–Te dije que vengas y me expliques. –Su voz parecía la de un sargento dando una orden.
–Si ya voy. –La voz me temblaba.
Comencé a explicarle mi plan, pero parecía distraída.
–Sus cafés, escuche una voz interrumpir. –Era uno de los trabajadores. –Aranza es un placer tenerte aquí con nosotros. –¿Me regalas una foto?
–Con gusto. –La vi levantarse de su asiento para la foto. –Aproveché el momento para salir corriendo a la cafetería. Necesitaba un respiro, sus actitudes me resultaban extrañas y me ponía de nervios.
Me puse a platicar con las chicas e incluso comenzamos a bromear. Pero trataba de mirar por los cristales para estar pendiente de ella.
–¿Se conocen desde hace tiempo? Una de las chicas preguntó, pero por distraída no logré comprender..
–¿Perdón? No entendi?
–¿Que si tu y Aranza se conocen desde hace tiempo? –Lo que pasa es que nunca la habíamos visto por aquí, si vienen famosos, pero no la recuerdo a ella.
–Tenemos relativamente poco de conocernos, pero me está apoyando con mi proyecto para lanzar un libro.
–¿Eres escritora?
–Estoy en eso, este será mi primer lanzamiento y ella es mi hada madrina.
–Mucho éxito. Me dio los postres y salí de la cafetería.
El hablar con ellas me había hecho que liberara un poco la tensión que sentía.
–Aquí tienes. –Extendí mi mano para darle el postre. –Si quieres algo más, no dudes en decirme.
Quise darle unos minutos para que comiera su postre mientras revisaba las anotaciones en el ipad me quite las gafas y al hacerlo su mirada fue directamente a mi, lo cual me puso muy nerviosa. Comencé a explicarle otras partes del proyecto sin levantar la mirada.
–¿Puedes mirarme a los ojos cuando hablamos? Parece que estoy hablando con el cristal si no me miras. Sus palabras sonaron en mi como un balde de agua helada.
–Perdón. –Levanté la vista. Aranza era imponente y me costaba sostenerle la mirada.
–Entiendo que quieras tomar en serio tu proyecto, que según tú no quieras quitarme el tiempo, pero Alex eres muy distinta a la chica que conocí por instagram. La vi suspirar. –Ella sonaba como una amiga. Su mirada se volvió triste y yo me sentí mal por ello. –Aquí pareciera que es una cuestión de negocios solamente.
Tome valor y le dije lo que sentía.
–Honestamente no sé cómo comportarme, no quiero incomodarte de ninguna forma o que pienses que soy acosadora o algo así.
–Jamás lo he pensado. –Si así fuera creeme que no estaría aquí. –Pero pareciera que hablas con una extraña.
Aranza se veía triste. Bajé mi mirada, lo que me dijo me hizo sentir mal y comencé a darle vueltas a mi cafe.
–No quiero ser descortés, tal vez si me dices como quieres que hablemos lo podemos hacer.
–Normal, solo eso. –Pero tu comportamiento de hace un momento, incluso pareciera que te da pena que te vean conmigo.
–No, eso nunca. –Vamos a comenzar de cero. Le extendí mi mano en son de paz.
Pero note que sus ojos se aguaron y me preocupé, pero pasó enseguida.
–Está bien Alex comencemos de cero. –Me dió la mano. –Ahora ven aquí y explicame que es lo que haremos. –La vi sonreír nuevamente.
Continuamos con lo de mi proyecto y me hice algunas observaciones. Mientras estábamos trabajando algunas personas se acercaban a pedir foto, yo no sabia que hacer cuando estas con alguien del medio artístico, simplemente me hacía a un lado, trataba de darles su espacio, sabía perfectamente que ella se debía al público. En un momento nuestras miradas se cruzaron y la vi sonreír de forma cómplice. Terminamos antes de tiempo con las observaciones.
–Vamos a comer, tengo hambre. –Se estiró un poco en su asiento.
–¡Si! –¿Qué deseas comer? No tenía ni idea que es lo que comía una reina de belleza, tal vez una ensalada, pero preferí preguntarle.
–Vamos a Tango y Milonga, está aquí cerca.
Supuse que era algún lugar conocido para ella.
–A donde tú quieras, yo no conozco mucho la ciudad. –Comencé a recoger mis cosas y no puse objeción. –¿Tomamos uber?
–¡No! Está aquí a un par de cuadras. –Bien podemos ir caminando. No tenía problema con caminar, pero tal vez alguien podía reconocerla e ir conmigo, no creo que fuera una buena idea, no dije nada, simplemente la seguí.
–Bien lo haremos como tu digas. –Yo no conozco Polanco.
Me tomó del brazo y comenzamos a caminar.
–Aranza!!!! ¿Me regalas una foto?
Cuando escuché eso lo primero que se me vino a la mente, fue quitarme de ahí, di unos pasos hacia atrás pero ella me jalo del brazo para que no me alejara.
–Solo ponte a un lado, no es necesario que salgas huyendo. –Su mirada era una clara expresión de... Pobre de ti si te mueves de aquí.
–¡Claro! Solo que llevo un poco de prisa. –Escuché que le dijo al chico.
Se tomaron la foto y continuamos caminando.
–Alex he notado algo, al parecer te incomoda cuando se acercan las cámaras y celulares por fotos. –Ahora entiendo por qué rechazaste la invitación a mi cumpleaños. –Mi pregunta es.... ¿Cómo le vas a hacer cuando lo que escribas tome fuerza y tengas que presentarte en alguna conferencia? ¿En las entrevistas? ¿Cuando te toque asistir a un programa como invitada para darle difusión a tus proyectos? No te puedes esconder. –Necesitamos trabajar en tus inseguridades.
–No sé cómo lidiar con ello. –Me encogí de hombros y bajé la mirada.
–Recuerda que soy tu hada madrina y también puedo ayudarte con eso. –Tomó mi brazo y me dio unas palmaditas
Llegamos al restaurante y enseguida nos ofrecieron mesa.
–Yo invito, siéntete con la libertad de pedir lo que te gusta. –Me estas ayudando con mi proyecto y es lo minimo que puedo hacer para agradecerte. –Agaché la cabeza haciendo reverencia como signo de respeto.
–Si algo del menú no lo conoces preguntame y te explico. –Pero no te quedes callada, que yo también desconocía cosas y tuve quien me enseñó. Su sonrisa se volvió cálida
–Gracias. –Hace tiempo conocí a alguien que me enseñó un poco y vendada de ojos no estoy. –Pero te agradezco.
Ordenamos nuestros platos y mientras esperabamos...
–¿Pareja? Levantó la ceja de forma interrogante.
–Si y no. –Realmente no quería hablar de mi pasado. Sentí como me invadió la melancolía y al parecer ella lo notó.
–Cambiemos de tema. –Quería contarte que en unos meses se va a estrenar en pantalla un proyecto en el cual participé y me gustaría que pudieras venir.
Me emocionaba profundamente que un proyecto del que ella era parte pudiera por fin estar en pantalla.
–Si puedo con gusto vendré. –Felicidades por eso, me da gusto ver que te estás desarrollando cada vez más. –Estoy orgullosa de ti.
–Tendrás que venir, porque ya estarás en deuda conmigo esta vez. –Te estoy apoyando en el tuyo.
Sin pensarlo dos veces le di respuesta.
–Yo lo haré. –Tienes mi palabra.
–Para celebrar ordenó un vino, un Grand Tuscan Passaia. –El vino corre por mi cuenta, fueron sus palabras.
Con la primera copa me relaje y comenzaba a fluir la plática, me enfoque en nuestros proyectos. En saber ¿cuáles eran sus sueños? ¿Que seguía para su carrera?
Mientras me contaba, podía ver su mirada llena de ilusión.
–Aranza que gusto verte.
Vi a un tipo parado detrás de ella, no lograba reconocerlo, pero su cara me parecía un tanto familiar.
Aranza se levantó para saludarlo y al intentar presentarnos.
–Te presento a...
–Su próxima asistente, un gusto. –Le extendí la mano.
La cara de Aranza era de desconcierto pero afortunadamente me siguió el juego.
–Hará su servicio universitario conmigo y la estoy entrevistando.
–¿Con vino? –Su cara parecía desconcertada.
–Sabes como soy. –Se encogió de brazos. –Al parecer notó que estábamos ocupadas y se despidió.
–¿Así que mi próxima asistente? –Aranza entrecerró los ojos.
–No supe qué decir. –La sonrisa en mi rostro era la de una persona traviesa que se había salido con la suya.
–Yo pensaba presentarte como escritora. –Debería de hacer valer ese título de asistente.
–Estoy para ayudarte. –Le guiñé el ojo y nos volvimos a sentar.
Continuamos la charla.
–Y... ¿A quién le presumes que nos conocemos?
Casi me atraganté con el sorbo de vino que tenía en la boca.
–En realidad eres mi secreto. –Me quedé contemplando la copa de vino. –Me daba vergüenza mi actitud, pero era un tanto celosa con las personas a las que les hablaba.
–¿Por? –La cara de Aranza era incertidumbre.
–Soy muy cuidadosa con las personas que hablo, no me gusta que la gente se entere. –Así que de ti solo saben mi madre y mi hermano. –Abrió sus ojos como si le estuviera declarando un crimen.
–Ya no sé si sentirme halagada o preocupada. –Volteo a mirar para otro lado con cara de indignación.
–No tienes porque, para mí tu confianza es importante. –No la voy a tirar por la borda solo por alardear.
–Te creo. –Es solo que me causa intriga. –Normalmente si conocemos a alguien del medio le pedimos foto, subimos historias, lo gritamos a los cuatro vientos por la emoción.
–Realmente no soy así, sé que no tengo mucho que ofrecer, pero la confianza y la lealtad son muy importantes, las valoro mucho. –Por eso puedes estar tranquila de que no diré nada. Prefiero reservarme la exclusividad.
–¿Puedo hacerte una pregunta incómoda?
Mi corazón comenzó a acelerarse rápidamente y me acomodé en mi asiento.
–Tira el dardo. –Respiraré hondo.
–¿Usas algún tipo de ropa interior levanta pompa?
No entendía a qué venía esa pregunta. Yo esperaba cualquier cosa, menos eso.
–¡No! Es solo tela. –Mi cara era de desconcierto.
–Es que las tienes muy paraditas. –Me causó curiosidad desde hace rato.
Me sonroje un poco con su confesión y me causó risa al mismo tiempo.
–Solo hago ejercicio. –No hay truco ni telón.
Ambas nos comenzamos a reír.
–Hubieras visto tu cara de seriedad. –Comenzó a reír más.
–Pues me asustas con tus palabras. –Solo movía mi cabeza de un lado a otro sin poder creer cómo caí en su juego.
–No era mi intención, pero sí tenía curiosidad. –Me recuerdas a alguien, pero no entiendo el porque, si físicamente no se parecen. –La vi terminar su copa de vino de un solo trago, al parecer era un tema difícil.
–Espero que sea alguien que te trae un buen recuerdo. –Lancé un comentario al aire para averiguar un poco su reacción.
–Viví cosas bonitas a su lado pero no hubo un buen final.
Su mirada se volvió triste como si se tratara de algo que realmente la había lastimado
–Perdón Aranza. –Nunca ha sido mi intención hacerte sentir mal. –Presione el botón equivocado.
–No eres tú, simplemente hay algo que conecta y no logro descubrir que es.
Parecía confundida, como si el hecho de que yo estuviera ahí le causara alegría y conflicto al mismo tiempo.
–Ahora entiendo el porque me mirabas de esa forma. – Sentí alivio al escuchar su respuesta.
–Entonces... -¿Te diste cuenta?
–¡Si! Desde que estábamos en la cafetería, por eso me puse nerviosa, aunque yo pensé algo totalmente distinto. –Supuse que querías saber si mis intenciones eran buenas.
Podía comprender si en algún momento había pensado que podía representar alguna especie de peligro.
–Ahora sabes que no es así. –Me da mucho gusto que por fin logremos comunicarnos con fluidez y más confianza. –Me sonrió.
–El suero de la honestidad. –Levante mi copa.
Quería ser totalmente honesta y que ella decidiera si era confiable o no.
–Me parece que nos vamos a llevar muy bien tu y yo.
–Mi lealtad y confianza es lo que puedo ofrecerte. –Pero tiempo al tiempo.
Ella cerró los ojos y movió la cabeza.
–Te creo y ya veremos. –El vino se ha terminado, ahora quiero ir por un helado.
Me parecía increíble que quisiera continuar la charla después de todo.
–¡Si! A donde tú quieras. –Tomamos nuestras cosas y salimos. –Aquí enfrente hay unos. –Señalé el local.
–Quiero ir por uno de Santa Clara, está a un par de cuadras de aquí. –Me gusta el de vino tinto.
Ahora sabía que su sabor de helado favorito era ese. Iba descubriendo de a poco sus gustos.
–Te sigo. –Al caminar con ella pude notar que se acercaba un poco más a mi.
–¿Qué helado te gusta? –Quiero conocerte un poco.
No pensé que a ella pudiera llegar a interesarle algo como eso.
–No suelo comer helado. –Pero de Santa Clara me gusta el de “menta con chocolate”.
Su cara parecía de sorpresa ante mi respuesta.
–Me pasas tu dirección, te voy a enviar unas cosas a tu casa.
Me puse pálida y un poco nerviosa. ¿Para qué quería mi dirección?
–Vivo en provincia, a duras penas llega la paqueteria. –Le dije intentando bromear con eso.
–Vamos Alex, no iré a tu casa, ni la buscaré en maps.
Comenzamos a reírnos. Se la había enviado por mensaje directo.
Llegamos a los helados y tal cual pedimos nuestros sabores. Mientras esperábamos se acercó una adolescente a pedirle una foto.
Yo me ofrecí a tomarles varias fotos y la niña se marchó. Me fue inevitable sonreír al darme cuenta de que no solo hombres y mujeres la admiraban, sino que las niñas también la tenían como un referente.
–¿Qué ocurre? –Me miró a los ojos con algo de confusión.
–Me da gusto ver qué las personas te reconocen y te admiran igual que yo. –Mi sonrisa se volvió aún más amplia.
–Hablando de eso... ¿Que admiras de mi? Su pregunta no la veía venir, pero trate de darle mi respuesta más honesta.
–La inteligencia, la facilidad con la que te desenvuelves, eres una especie de camaleón que se adapta dependiendo el lugar, tu persistencia, la valentía para enfrentar los retos y la nobleza de tu corazón.
–Olvidaste decir guapa. –Levantó la ceja.
–Cierto y muy guapa. –Asentí con la cabeza.
Había olvidado ese pequeño detalle, tal vez se debía a los nervios, pero ni siquiera la había nombrado dentro de las cualidades de mi lista.
–¿Por qué decidiste apoyarme? Su rostro cambió a ser de total seriedad, esperando escuchar algo que posiblemente sonara convincente.
–¿Podría hacerte la misma pregunta? –Aunque yo tengo clara mi respuesta, fue porque tus conferencias llegaron a mi cuando necesitaba motivación.
Ella había aparecido en videos cuando más oscuro se veía el camino y no encontraba un norte. –Fuiste como la velita que estaba en medio de la oscuridad.
–Yo decidí apoyarte porque económicamente no me afecta ni beneficia y realmente ví un interés por tu parte, uno genuino. –Algunas personas se acercan a mi para utilizarme como trampolín y conocer a otros y justamente por eso te invite a mi fiesta de cumpleaños y para mí sorpresa declinaste. Ahí me di cuenta de que no era ese tu interés. –Y lo que tú necesitas para sacar adelante tu sueño es un camino que yo ya recorrí y si te puedo facilitar el viaje con gusto lo haré. –Se me antojo tu helado.
Su respuesta me sorprendió, pero el final de esas palabras fue lo que me causó risa.
–Pruébalo antes de que yo lo haga. –No quiero que sepas mis secretos.
La sonrisa que hace un momento tenía, se borró en automático de su rostro.
–¿Aranza estás bien? –Si quieres te compro uno de este sabor, pero no te pongas así.
Los ojos se le habían puesto llorosos. Me puse frente a ella y agite la palma de mi mano frente a su rostro para sacarla de sus pensamientos.
–Está bien. –Comeré del tuyo.
Puse mi helado lo más cerca posible de sus manos. Por primera vez trague saliva, la forma en la que se llevó el helado a la boca era demasiado sensual.
–Vamos al parque.
Caminamos un poco pero cuando estábamos por cruzar la calle Aranza se quedó inmóvil, como si hubiera visto un fantasma. Voltee hacia donde se dirigió su mirada y alcance a reconocer a su ex compañera de trabajo. Era una conductora con la que había trabajado hace un tiempo, se rumoraron muchas cosas pero lo cierto es que no había evidencia de nada. No quería que ella pasara un mal rato, así que le pregunté.
–¿Aranza quieres ir al parque o caminamos por otro lugar?
Al ver que no me contestaba. –No quiero ir al parque, quiero caminar por la calle.
La tomé del brazo y caminamos en otra dirección.
–Perdón Alex, hay cosas que aún no puedo procesar del todo.
Entendía que había una situación difícil para ella.
–No te haré preguntas, pero tampoco te llevaré hacia cosas que te lastimen.
No hice preguntas, no necesitaba saberlo, con solo ver el dolor en sus ojos me era más que suficiente.
–Gracias por comprender. –Aun su mirada era triste.
–Ya casi tengo que irme, aún me quedan tres horas para llegar a casa.
De solo pensar que tenía que irme sentada tres horas en el autobús me daba flojera.
–Ya veo, entonces te acompaño mientras pides tu Uber a la estación. –Te voy a enviar por paquetería unas cosas y te veo aviso cuando saldrá en pantalla mi proyecto para que me acompañes.
–Gracias, tienes mi palabra.
Llegó mi Uber y nos despedimos, para mi sorpresa me dio un abrazo, pero era como si no quisiera soltarme. La vi respirar hondo.
–¿Cuál es tu perfume que huele delicioso?
–Baccarat Rouge 540. –Un regalo de mi hermano. –Gracias por todo Aranza, ha sido un verdadero placer conocerte. Tome su mano y le di un beso como despedida. Entré en el uber y me fui a casa.
Me había llevado un buen sabor de boca al conocerla en persona, además de guapa era muy amable. Y yo estaba realmente emocionada porque ella me apoyara con mi proyecto. Sabía que lo hacía de corazón porque creía en mí.
Solo me quede con la intriga respecto a la situación del parque.