Wakfu COLLISION

Summary

Con las secuelas del ataque de los necromos aun cicatrizando, solo queda una cosa por hacer: terminar de sanar. Más responsabilidades le esperan al Rey Selatrop. Ahora adulto y con su rol asumido, está decidido a velar no por uno, sino por los que ahora son sus dos pueblos, lo que incluye cientos de miles de niños mágicos integrándose a una cultura devota a su bosque. Por suerte, no estará solo, ya que la última decisión que les ha permitido este hito en la historia del mundo de los doce, fue consentida por su nueva Reina, con quien comparte un vínculo cada vez más sólido, más allá del deseo de dos jóvenes enamorados. Y mientras la consolidación de su romance está al punto de traer más de una no muy grata consecuencia, para sus vidas, su reino, y para un planeta entero, los nuevos monarcas solo desean disfrutar de su momento de regocijo, mientras dure. Ya que, para dos aventureros como ellos, la paz no será para siempre.

Status
Ongoing
Chapters
46
Rating
n/a
Age Rating
18+

Pilot

-Pareces feliz, padre.

El eco de la voz de Oropo casi hizo que Yugo, el selatrop, fallara el bloqueo del arma de su oponente. Por suerte, había aprendido a hacerlo por inercia, su cuerpo respondiendo, aunque no prestase atención, como parte de su naturaleza. Su agresor, sin embargo, estaba más que concentrado y ensimismado en la coreografía de espadas. Con el triple de su tamaño y masa corporal de puro músculo, se había abalanzado sobre él con esa enorme risa viciosa, solo para encontrarse con el menudo escudo en su muñeca.

-¿A qué te refieres? – volteó de forma casual, las armas hechas de puro wakfu, rechinando como lo harían si fuesen metálicas.

-¡Maldita sea, poeta, quieres dejar de intervenir! – farfulló el enorme Caldo.

-Oh, no es nada – el fantasmal selotrop levitaba lejos de ellos, pero se escuchaba como si estuviese justo a su lado – solo señalo lo enérgico que estás estos días, a pesar de toda la actividad que has tenido, diría incluso que luces… revitalizado, ¿o me equivoco?

-¡Tonterías! – clamó el gigante, y lo señaló con un grueso dedo – ¡está tan enano y flacucho como siempre!

Exasperado, Yugo puso los ojos en blanco y de un manotazo empujó la espada de su oponente hacia atrás, e hizo desaparecer su escudo.

-La verdad – dijo, frotándose el cabello, con cuidado de evitar las alas de wakfu que sobresalían de ambos lados de su cabeza – es que estoy cansado, pero eso tú ya lo sabes.

Pudo percibir que levantaba una ceja en su dirección:

-Eso es verdad, padre, aun así, en lugar de disfrutar de un placentero sueño, vienes aquí, cada noche, desde la derrota de los necromos. Cada noche enfrentas a alguno de nosotros, después largos días de controlar los daños de una guerra, en lugar de descansar.

-Pfff, siento que vuelve a hablarme en acertijo – Caldo se echó hacia atrás, apoyándose de alguna pared invisible.

Yugo se frotó los ojos, luego las sienes:

-Entonces, ¿cómo te parezco revitalizado?

El selotrop sonrió, con esa versión más anciana y sagaz de su mirada:

-Como si hubieses llegado a un acuerdo contigo mismo después de tanto evitarlo.

-Pfff –imitó el gesto del gigante – ahora me vas hacer estar de acuerdo con Caldo.

-¿Ves? – exclamó efusivamente el aludido - ¡alguien que me comprende, eso me conmueve tanto!

Notó cuando Oropo se deslizó con su habitual silencio hasta su costado:

-¿Por qué has tardado tanto? – la pregunta vino en voz baja, plana.

Yugo lo vio de soslayo por un momento y volvió a caminar sin rumbo, porque no podía quedarse quieto:

-Hay cosas más importantes ahora mismo.

-Es lo que has deseado desde hace ya mucho tiempo.

-¿Y un par de meses harán la diferencia?

-Han sido cuatro, y sí, parece que lo está haciendo.

Se detuvo, y la presencia junto a él.

-¿Cómo puedo siquiera planteármelo? Todo lo que existe, el mundo como lo conocemos está a punto de cambiar ¿y en que pienso? Si alguien que ha perdido tanto es capaz de aceptar a alguien más en su vida, si es capaz de aceptarme – resopló con frustración – No hay forma de que pueda ponerla en esa posición.

El silencio de Oropo solo significaba que estaba a punto de soltar alguna de sus frasecitas reflexivas o tal vez alguna de sus premoniciones encriptadas. Y no decepcionó, como de costumbre:

-¿Es a ella quien temes que no te acepte, o eres tú quien no termina de aceptarse?

Yugo se limitó a poner los ojos en blanco, mientras Caldo hacía rechinar los dientes con impaciencia:

-¿Sabes? – escupió con sorna – algunas mujeres prefieren tomar la iniciativa, pero otras se irritan si no lo haces tú.

-¿Y tú desde cuándo eres el experto, Caldo? – le dedicó una risa torcida al gigante.

-Solo digo – se rascó la barbilla – le das muchas vueltas a algo que ya está resuelto – luego sonrió de oreja a oreja – solo hay que ver la carita que te pone, jejeje. ¿Lo querías así o más evidente? En serio, si fuese yo, ya habría… y más con ese pedazo de cu…

El láser de wakfu pasó casi rozando sus sienes, haciéndolo callar. Algo de humo quedó del rastro de la estela azul luminiscente. La expresión de Caldo pasó, del puchero al ver las puntas chamuscadas de su cabello aun flotando, a una risa ladeada cuando silbó por lo bajo:

-Vaya, vaya, alguien es más posesivo de lo que aparenta… más rápido y casi más ágil con las manos que con su espada, también. Buenas noticias para tu dama, debería decir, jejeje.

En efecto, las manos de Yugo aún humeaban en azul neón, y su rostro era una máscara inexpresiva:

-Y yo cuidaría mis palabras para referirte a ella si fuera tú.

Por su bien, decidió ignorar la risita que Oropo estaba conteniendo.

-Oye – lo apuntó su oponente, con grueso dedo acusador – no soy quien se la pasa echándole el ojo… o las manos cada que tiene chance – se frotó la parte del pelo chamuscada. – Al menos ya sabemos qué es lo que te saca de tus casillas. No es como si no lo supiésemos de antes, ¿verdad, poeta? Estar en su cabeza no hace la diferencia de todas formas, habría que estar ciego…

-Tan típico de ti echar sal a una vieja herida – dijo Oropo con voz plana. Luego se volteó a Yugo, quien se estaba frotando las sienes, con fuerza – a menos que ya lo hayas superado. Pero no creo que sea el caso.

-Por favor – los detuvo, alzando las manos – sé que están en mi cabeza y comparten mis pensamientos y emociones: pero solo es un mínimo de privacidad, es lo único que necesito… espero que no sea mucho pedir.

-Tranquilo padre, no podemos ir a ningún lado, pero siempre puedes ignorarnos, al menos mientras…

-¡Está bien! – estalló, pero se obligó a respirar hondo para calmarse – lo he entendido: no irán a ninguna parte, puedo vivir con ello, de verdad. Pero a ella – apuntó a uno y luego al otro en tono severo – ¡la respetan! ¿Queda claro?

Oropo sonrió:

-Como el agua.

-Pfff, sí, como sea – Caldo se limitó a resoplar, golpeando su espada contra su hombro - ¿volvemos a pelear, o qué?

Más tranquilo, pero no menos irritado, el selatrop usó sus dedos para echarse el cabello hacia atrás, sus alas luminiscentes titilaron cuando las rozó por poco:

-Nah, mañana. Como ya sé que saben, estoy agotado ahora mismo.

-Cieeerto – Caldo arrastró las palabras, lanzándole una mirada cómplice al otro selotrop – tendremos un día ocupado mañana también, ¿no es así? Muuuy, muy ocupado.

Estuvo a punto de responderle algo cortante, pero eso solo haría esa risa socarrona suya más amplia, y ya tendría tiempo para quitársela. Mañana, en cuanto terminara lo que tenía que hacer.

Lo que, de seguro, no podía seguir posponiendo.

Si se lo permitían.