Capítulo 1: Hermana.
Es…
Regi…
vi…
Espe… o… d… …tes.
El sol se estaba poniendo. Así es, ese día, el sol se estaba poniendo.
Parecía que iba a ser como cualquier otro, y no me habría molestado que así fuera. Sin embargo, creo que, de haber sido así, habría vivido arrepentido el resto de mi vida.
Luego de terminar la preparatoria, ingresé a la universidad, pero debido a mis malas decisiones, la abandoné.
Mi padre me consiguió un trabajo en un supermercado cualquiera y aquel día, me dirigía hacia allí, con los ánimos bastante bajos.
“Maldición. Yo quería jugar juegos hoy…”
Acababa de llover y mientras más observaba mi reflejo en los charcos de la calle, más me decepcionaba de mí mismo.
¿Por qué decidí dejar la universidad? Me pregunté. A pesar de que yo ya sabía la respuesta.
No tenía confianza en mí mismo.
“Oh, allí está.”
Observé el supermercado en la cual empezaría a trabajar y me apresuré para llegar. En ese momento, el semáforo marco rojo, así que decidí detenerme. Después de todo, no había prisa. No era algo que yo quería hacer, solo me forzaban a hacerlo.
Entonces, en un solo instante, un camión de carga paso delante mío a gran velocidad y chocó contra una de las máquinas de una construcción que se encontraba al otro lado de la calle.
“Cielos… Estuvo cerca.” —me dije a mi mismo con alivio, agradecido por haberme detenido a tiempo.
Una persona parecía querer salir del camión, pero mi mente decidió ignorarlo. La luz del semáforo frete a mí cambió a verde, así que decidí seguir caminando.
¡BUM!
Cuando estaba a pocos metros de llegar, la maquinaria con la que había chocado el camión explotó junto con este.
Volví a voltear hacia dónde se encontraba y noté como aquella máquina, era la responsable de levantar una viga de acero que estaba suspendida en el aire. Y en ese mismo instante, la cuerda de acero conectaba a la viga, empezó a tambalearse de un lado a otro.
Y tan solo unos segundos después, se rompió.
“¿Eh?”
Solo eran unos metros.
Solo me faltaban unos pocos metros para llegar.
¿Habrá sido por no querer ayudar a ese hombre? ¿De mi pereza por no querer ir a la universidad? No estaba seguro del todo, pero lo siguiente que supe, fue que ahora aquella viga de acero iba directa hacia mí.
¡CRACK!
…
…
…
Luego de unos segundos rodeado de oscuridad, empecé a sentir el viento soplar en mi rostro y cuando abrí los ojos, me encontré con un sol brillante en lo más alto del cielo.
“¿Qué… rayos?” —exclamé asustado. —“¿No estaba nublado debido a la lluvia?”
Tenía un fuerte dolor de cabeza y detrás de mí noté como había un gigantesco árbol y frente a mí, muy lejos de dónde estaba, un amplio bosque que se extendía de izquierda a derecha.
“¿Dónde estoy…? ¿Cómo llegué aquí?”
Cuando me levanté, me di cuenta que el árbol estaba sobre una colina y antes de llegar a aquel bosque, podía observar ciertas casas de material humilde parecidas a las que encontrarías en el campo.
Esto me pareció extraña, pues hasta dónde sabía, siempre había vivido en una zonas urbanas.
Me observé a mi mismo y noté que seguía teniendo la misma ropa de cuando salí de casa. No parecía tener ningún rasguño y ni siquiera sentía algún tipo de cansancio; lo cual me llevó a creer que de alguna manera me habían traído hasta este lugar.
O al menos eso fue lo que pensé en su momento.
“No entiendo nada. Debe ser alguna clase de sueño.”
Sobre mí, podía observar a las aves volando tranquilamente y blancas nubes que parecían cubrir todo el cielo. Era una vista hermosa. Si realmente era un sueño, era la primera vez que tenía uno tan placentero.
Kusu kusu.
“¿Eh?”
De pronto, un arbusto cerca de mí, empezó a hacer un ruido extraño.
Había algo ahí.
Yo me asusté y retrocedí, pues pensaba que quizás era un animal salvaje o algo parecido.
“Mmmm… ¡Ah! ¡Qué buena siesta!”
“¿Qué? Esto… no puede ser.” —dije mientras sentía como las piernas me empezaban a temblar.
Pero lo que me encontré, fue algo que jamás me habría imaginado.
Levantando los brazos para estirarse, como si hubiera dormido por mucho tiempo, una pequeña niña de cabellos negros de 11 años que llevaba su uniforme escolar con moños rojos, salió del arbusto.
Aún llevaba su mochila color roja favorita para ir a la escuela y no lucia confundida ni preocupada.
“¿Eh? ¿Dónde estoy?” —dijo la niña después de ver a su alrededor.
Sus ojos irradiaban una inocencia infinita, igual que todas las veces que veía un animal nuevo en el zoológico. Sus cabellos negros estaban lisos y tan cuidados como siempre. Y su mochila estaba llena de figurillas de su serie favorita.
¿Cómo sabía tanto de ellas te preguntaras? La respuesta, era sencilla.
Era mi hermana.
“Lyza… ¿Lyzabeth? No, no… es imposible.”
El terror me invadió.
Caí al suelo por el pánico y empecé a retroceder, tratando de alejarme lo más que pudiera de ella, antes de que me notara. Cada vez que observaba su figura, su rostro, sus accesorios, la cabeza me daba vueltas y sentía como se me cerraba la garganta.
Este comportamiento quizás te parezca extraño e incluso exagerado, pero mi cuerpo no podía actuar de otra forma.
Después de todo…
Mi hermana estaba muerta desde hace ya 4 años.