Cristina
Abrí la puerta del despacho de Javier, el director y un golpe a… ¡qué coño! un olor a viejo que te cagas me golpeó la nariz. No entendía muy bien porque estaba otra vez allí. La profesora de gimnasia la había tomado conmigo por no querer asistir a sus clases. Pero ¿cuándo me había perdido? Desde principio de curso ella nos había dado la opción de no asistir a sus clases y a final del trimestre entregarla un trabajo del que nos haría un examen.
Claro que, si ahora que yo había escogido esa opción y la fastidiaba, no era mi problema, que no la hubiese dado. Ahora se vería obligada a… leerse mi trabajo de 20 páginas sobre “el desarrollo de la musculatura sobre el Kayak”. ¿Que qué sé yo de kayak y musculatura? Pues nada, pero por 15 pavos era el que vendían en internet.
-Puedes prestarme un poco de atención Cristina.
-¿Eh? Perdón decía – contesté saliendo de mi ensimismamiento.
-Estamos otra vez con las mismas…
-Si es por la asistencia a la clase de gimnasia, desde el principio ella nos dio esa opción.
-¿¡Qué faltas de asistencia!? Estas aquí porque en el suelo del baño hay pintadas y te han visto a ti haciéndolas
-Si no hay pruebas …
-Cristina estoy cansado de tus juegos. Así que, antes de que llame a tu madre, coge el trapo, el cubo y la fregona que hay allí y nos vamos al limpiarlo.
-¿Me vas a ayudar? – repiqué.
-¿Qué te voy a ayudar? Voy a comprobar que hagas el trabajo, porque estoy al cien por cien seguro de que te vas a escaquear.
Se puso en pie y salió de su despacho sin decir nada más. Me encogí de hombros y le seguí, no sin antes haber cogido todos los aparejos que me había dicho. Íbamos llegando a las escaleras para subir a la primera planta, cuando Pilar su secretaría, se había plantado delante de nosotros cortándonos el paso.
-Javier recuerda que ahora tienes la reunión con los que van a coger el bar del instituto… y ya están aquí – se levantó las gafas que se le escurrían por su delgada nariz con el dedo índice de su mano derecha.
-¡Maldita sea! Me había olvidado completamente.
-Bueno no te preocupes podemos dejar esto para mañana – le tendí el trapo, mostrándole una sonrisa de oreja a oreja.
-Ah no, señorita… lo vas a hacer hoy porque tienes el don de escabullirte de todos. Pilar llama al jefe de estudios y que venga aquí para que cumpla el castigo. Le dices que Cristina tiene que limpiar los dibujos que hay en el suelo del baño. Y usted señorita ni se la ocurra moverse hasta que llegue Santos.
¡Joder! Hoy no me iba a librar del castigo, la miré retorciendo los ojos y me senté enfurruñada esperando en uno de los sofás negros que estaban dispuestos para uso de todos en el pasillo. Saqué un chicle de fresa, de uno de los bolsillos que tenía mi falda y me lo metí en la boca después de desenvolverlo. De los cinco años que llevaba en aquel instituto nunca había visto o coincidido con el jefe de estudios. Cada vez que pasaba algo me mandaban directamente al despacho del director.
Al lado de Pilar venia un morenazo de metro ochenta de unos cuarenta años, vestido con unos vaqueros y una camiseta de pico ajustada de color azul. Podía notar el nerviosismo de la secretaria al ir al lado de un tiarrón como aquel, seguro que le iban temblando las piernas… joder… no era para menos. Se pararon ante mí y antes de empezar a hablar Santos cruzó los brazos delante de su pecho haciendo que sus bíceps se marcasen en la camiseta.
-Madre mía Santos- pensé para mis adentros.