Capítulo 1
(Darío)
Todos en casa estábamos mudos, desde que recibimos la noticia de que mi padre había muerto, mi madre se encerró en su habitación y lloraba al recordarlo, mi hermano, a pesar que también estaba muy triste le llevaba platos de comida para que comiese un poco, se sentaba a su lado para que no comiera sola.
Yo tuve que comenzar a trabajar pronto, pues ahora que mi padre ya no estaba, yo era quien debía sostener mi hogar. Sentía acostumbrarme, a pesar que no dejaba de pensar en mi madre, habia intentado quitarse la vida dos veces, mi hermano cuidaba de ella para que no lo intentará más, admito que me asustaba perderla a ella también.
Trataba de mantenerme fuerte pues no queria que mi hermano viera como todo esto era más grande que yo y no podía lidiar con eso, yo debía ser ahora su ejemplo de fortaleza, como lo fue alguna vez nuestro padre para ambos. Hasta que una mañana todo cambió.
—Darío, ¿ese no es Jasper?—Señala a lo lejos a mi hermano menor que viene corriendo a gran velocidad.
—Darío hay un montón de hombres vestidos de negro en nuestra casa, mamá está muy asustada, parece que conocieron a nuestro padre, preguntan por ti.
—¿Qué? ¿De que hablas?
—Estan en casa y mamá me mandó a buscarte, debemos apresurarnos, se ve que no son buenos.
—Mamá no puede estar sola, y menos con esas personas.
No dijimos más y me regrese corriendo junto a mi hermano directo a mi casa, al llegar realmente habían 9 hombres vestidos de negro, había uno en especifico que permanecía observando nuestros retratos familiares. Dio media vuelta y mostró una ligera sonrisa al verme.
—Tú debes ser Darío, el hijo mayor de nuestro querido Gonzalo. – Dice mientras se va acercando hacia mí dando pasos lentos. —Yo y tu...padre éramos colegas, ¿lo sabias?
—¿Como conocieron a mi esposo?—Interviene mi madre algo delicada, pero a la vez a la defensiva.
—Tu padre..—Voltea a ver a mi madre.—Su esposo...Trabajaba para mí y para mi padre. Lastimosamente él ya no está para presentarse como tal, pero si estoy yo, vine a informarle que su querido esposo está en deuda conmigo y vine a tomar lo que me corresponde.
—No tenemos dinero, no tenemos nada que sea de mucho valor, desde que mi padre murió no hemos conseguido mucho, solo unas cuantas monedas. —Respondo sin mucho remedio.
—Yo no vine a pedirles dinero, vine a llevarte conmigo, a que trabajes para mí.—Dice con una sonrisa algo aterradora.—Tu padre pertenecía a nosotros, los Orge Superbia, nos dejó a su hijo como cambio si algo le sucedía.
—¿Los Orge Superbia? Nunca nos comento nada sobre eso.¿Quienes son realmente?
—Eso no te lo responderé ahora, porque no importa, igual vendrás conmigo, la deuda de tu padre muerto... Te corresponde ahora a ti, y no pienso perder más mi tiempo—chasquea los dedos—nos vamos.
—¡¿Que?! Yo no pienso irme a ningún lado.—De pronto siento como dos sujetos me sostienen de los brazos.—¡Suéltenme!
—¡Darío!—Grita mi madre acercándose desesperadamente hacia el que parece ser el líder de los desconocidos presentes.—Por favor se lo suplico, no se lleven a mi hijo. Si mi marido le debía algo, está bien, se lo pagaremos, pero no se lo lleve.
—Señora esto no depende de usted, ni del dinero, entienda la deuda de su esposo no era monetaria, es una vida por otra vida, ¿No se da cuenta?. Su esposo vendió a su propio hijo.
Mi madre negó con la cabeza, eso era imposible, mi padre no pudo haber hecho algo así, sería incapaz de solo pensarlo.
Terminaron sacándome de mi casa, lo último que pude ver de mi familia fue a mi madre desconsolada mirando cómo me llevaban y el rostro de mi hermano completamente asustado, lo último que vieron mis ojos hasta que cubrieron mi cabeza con un saco. Fuí golpeado en la cabeza y al despertar ya no sabía dónde estaba.
—¿Dónde... Dónde estoy? —Pregunto algo aturdido.
Rápidamente noté que estaba atado a una silla.
—¡¿HOLA?!? ¿Hay alguien allí?¡Pueden ayudarme por favor!
No recibí ninguna respuesta, necesitaba escapar de allí. Trate de zafarme de la cuerda que amarraba mis muñecas, intente desatar el nudo, pero no lograba soltar al menos una parte. De pronto escuché pasos, y el sonido de unas llaves, parecía que venían a donde yo me encontraba, un miedo frío me recorrió desde la punta de los pies hasta la punta de mi cabeza y trate de zafarme nuevamente y de repente...
—Escapar te será inútil, solo hay dos maneras de salir de aquí, muerto o muerto—lanza un bufido—Pero tú te ves más inteligente no como el incompetente de tu padre.
—No te atrevas a nombrar de esa manera a mi padre. —Intento zafarme nuevamente, pero sin obtener resultado.
—Pensé que serías más astuto, pero viendote sacar las garras por él solo deja ver que eres otro—hace una pausa y me mira con desprecio, para rodar los ojos—como te decía solo hay dos maneras de salir de aquí o bueno de alargar tu tiempo de vida, una es sirviéndome y la otra es la muerte. Es un buen trato—Comenzaba a jugar con un reloj que saco de su bolsillo—no sería tan necio si fuera tú. Podría decapitar a tu madre si quisiera, ¿sabes? —comienza a rodear la silla donde estoy atado y comienza a afilar una navaja que tenía guardada. —Tú decides ahora. —Con esto último coloca la navaja muy cerca de mi cuello.
—¿Qué es lo que quieres que yo haga? —Digo tratando de no moverme tanto para no cortarme.
—Asi me gusta... —Hace una sonrisa macabra—quiero que asesines al matrimonio real.